Abismo

abismo marzo 5CVCLAVOZ - Se tiende en la cama y su mirada se detiene un buen rato en la manchada superficie del techo. Los sonidos de la calle llegan ininteligibles, mezclados. Voces, ladridos, vehículos, sirenas, todo entra como un sordo runrún y se confunde con el ritmo sostenido de los latidos en su cuerpo.

Lo agobia el calor húmedo de la pampa en medio de la cual se levanta aquella remota ciudad de provincias. Ha pagado por adelantado una habitación en un pequeño hotel de paso y ha pedido a la mujer de la recepción no ser molestado hasta el día siguiente. Agradece en silencio que no le ha pedido el documento ni ha registrado su nombre.

Se agitan en su mente los acontecimientos de los últimos días. Todo se ha derrumbado en cuestión de horas. La condición que ha erosionado los fundamentos de su existencia ha evolucionado lentamente, sin embargo. Las cosas no terminan  tan de repente porque sí. Ese asunto que no se resuelve, una antigua querella, ese hábito que se enquista en el alma y se hace carácter, un cansancio enorme, un tedio pesado y estéril, todas esas cuestiones actúan silenciosamente, se refugian en el tiempo, disimulan detrás del velo de la hipocresía de todos los días. Cual termitas invisibles hacen su trabajo secreto hasta el día en que las gruesas vigas del ser se desploman con un estruendo feroz. Entonces, es un pequeño acontecimiento, un temblor imperceptible, un gesto casual lo que desbarata todo en un instante.

Salió con una valija y el automóvil sin tener idea a dónde dirigirse, pero decidido alejarse para siempre. Familia, casa, trabajo, amigos, proyectos, todo se ha precipitado a un abismo inmenso, una sima sin forma ni fondo. Se imagina toda su vida desplomada allá abajo, como esos cuerpos que quedan en una posición grotesca al chocar contra el piso.

De a poco los ruidos se van acallando. El ventilador del techo gira con una lentitud enervante y prefiere apagarlo. Una leve brisa agita la cortina de cretona deslucida, pero no refresca. La noche ya ha emparejado la penumbra del cuarto con la de su mente. El vendaval  parece amainar y se deja caer sobre su cuerpo un cansancio espeso pero extrañamente dulce y se duerme.

Mañana va a pensar cómo salir del fondo del abismo…

Benjamín Parra

Benjamín Parra

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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