Amor, o Amor al Poder.
CVCLAVOZ – Antes de comenzar, pongámonos en contexto. Cuando Jesús comienza su ministerio, lo hace basado en un mensaje de amor, permanentemente repetía que debíamos amar al prójimo como a nosotros mismos, y que el vino a buscar lo perdido. Luego de resucitar, les dice a sus discípulos que vayan y hagan discípulos a todas las naciones. Cuando llega el Espíritu Santo, se forma la Iglesia. Comienza la persecución por parte del Imperio Romano, y salen a varias naciones del mundo conocido a predicar de las Buenas Nuevas.
Llegados al año 313, y mediante el Edicto de Milán (conocido como “La tolerancia del Cristianismo”, el Imperio Romano, decide no perseguir más al pueblo cristiano, dando libertad de religión. Ya en el año 380, se dicta el Edicto de Tesalónica, mediante el cual el cristianismo es adoptada como la religión oficial del Imperio Romano. Solo que en este punto, lo que comenzó siendo un mensaje de amor, terminó siendo un mensaje de amor al poder. El cristianismo se expandió por todo el mundo, afectando tremendamente a la cultura, aunque revirtiendo el mensaje y espíritu con el que Jesús comenzó su misión.
Ya en este punto, la Iglesia cristiana y el liderazgo no estaba puesta al servicio de la gente, sino que era al revés. La gente estaba pensada en función de beneficiar a la Iglesia y al liderazgo. De alguna manera, debemos hacernos la pregunta: ¿Por qué estoy en las relaciones que estoy? Es muy sutil, pero esta implícito en las relaciones humanas. Muchas veces, las relaciones humanas se tornan luchas por ver quien ostenta y mantiene el poder y el control. En lugar de amar a las personas, amamos el poder. En lugar de pensar en dar, pensamos en manipular para beneficio propio. Por eso, repitamos las dos preguntas: ¿Por qué estoy en las relaciones que estoy?
Cuenta la historia que el apóstol Juan, el mismo que quiso incendiar a los samaritanos, pasados los años entendió que no se trataba de un mensaje de amor al poder, sino de amor a las personas. Volcó este principio en todos sus escritos. Y no solo quedo ahí: en sus años de ancianidad, Juan solamente mencionaba este mandamiento de Jesús: “ámense los unos a los otros”. Amemos a las personas, y no amemos al poder ni a la manipulación de las personas.
Martín Carrasco
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