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Carlos Arredondo, el héroe vaquero de Boston

299587287_640CVCLAVOZ - Una llamada le cambió la vida hasta llevarlo a querer deshacerse de ella. Cuando levantó la bocina le informaron que su hijo Alexander Arredondo, marine combatiente en la guerra de Irak en 2004, había muerto. Carlos Arredondo colgó y tomó una decisión sin retorno. Se encerró en su furgoneta con veinte litros de gasolina y le prendió fuego con una antorcha de propano. El calor fue incontrolable, tan feroz como el dolor que recorría su cuerpo, pero al despertar notó que respiraba, que de algún modo, sin haberlo buscado, le habían salvado la vida antes de que las llamas lo convirtieran en ceniza.

Fue como una invitación a renacer después del dolor por el hijo perdido. Carlos decidió volverse un promotor de la paz, una especie de super-héroe que no viste trajes ajustados ni se debilita ante la kriptonita. Desde entonces se ha dedicado a buscar el bien. Una historia publicada por The New York Times relata que Carlos, inmigrante costarricense, viajó montado en una camioneta alrededor del país con un ataúd tapado por la bandera estadounidense, fotos de Alexander, un balón de futbol soccer y un muñeco de peluche de Winnie Pooh.

Y aunque su amor de padre volvió a desafiarlo cuando otro de sus hijos, Brian, de 24 años, se mató de una sobredosis en 2011 por no haber superado el fallecimiento de su hermano, Carlos no se alejó del script que él había decidido para sí y fortaleció su convicción con botas de plomo.

1366109852552.cachedAcudió al Maratón de Boston para ver correr a otro de sus hijos, quien tenía decidido ofrendarle la carrera a su hermano soldado muerto en Irak. Vestía pantalón de mezclilla, playera gris de manga larga y un sombrero de vaquero que lo hacía destacar del resto. Cuando escuchó las explosiones, Carlos corrió decidido a la zona de desastre, removió los escombros y ayudó a cuanto sobreviviente hubiera sobre el ardiente pavimento de Boston.

Más temprano que tarde atrajo la atención como un protagonista de las imágenes que al instante se reproducían a través de las redes sociales. Su sombrero de vaquero lo ayudó involuntariamente a ser fácil de identificar en medio de la tragedia. Una imagen en particular, tan cruda que muy pocos medios se atrevieron a reproducirla, lo mostraba como el personaje secundario que transportaba en silla de ruedas a un joven que había perdido las dos piernas. “Yo me mantuve hablando con él, le decía ‘quédate conmigo, quédate conmigo”, mencionó Arredondo al Maine Today respecto a aquella fotografía.

Tiempo después, se supo por un amigo de la víctima que el joven al que ayudó se llamaba Jeff. Ese mismo amigo escribió que “Carlos no debería pagar por ninguna copa en esta ciudad a partir de ahora”. Carlos Arredondo se convirtió en héroe y mantiene firme su promesa de no permitir que se olvide la muerte de su hijo Alexander en el campo de batalla.

Fuente: voces.huffingtonpost.com

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