Cicatrices sin dolor

Cicatrices sin dolorCVCLAVOZEl abuso sexual es uno de los temas mas solicitados en pastoral juvenil. Más de 2 millones de niños sufren abusos cada año, esta estadística corresponde nada más a America Latina.  Cada 15 segundos, hay un abuso infantil en Argentina, cuatro casos por minuto.

Si bien las estadísticas suelen ser frías, nos sirven para ejemplificar una realidad a la que solemos ser indiferentes. Y en el medio de estos números, en realidad hay personas, historias de dolor, familias destrozadas, jóvenes que durante años lloran en la almohada sin encontrar un hombro que oficie como restaurador, mujeres denigradas, hombres solitarios, en fin, personas, seres humanos que quieren ver la luz de Dios llegando a su densa oscuridad.

El abuso sexual es definido como cualquier actividad sexual entre dos o más personas sin consentimiento de una persona. Puede producirse entre adultos, de un adulto a un menor (abuso sexual infantil) o incluso entre menores. Esta mencionada actividad sexual refiere a cualquier tipo de penetración de órganos genitales en contra de la voluntad, o aprovechando la incapacidad de un menor para comprender ciertos actos; inducir u obligar a tocar los órganos genitales del abusador, o incitar al menor a escuchar o presenciar contenido sexual impropio (observar al adulto desnudo o mientras mantiene relaciones sexuales con otras personas, ver material pornográfico o asistir a conversaciones de contenido sexual, por ejemplo).

Hay cosas que resultan inexplicables, inentendibles. ¿Por qué las personas que deberían cuidar de los niños son justamente las que los maltratan y abusan? La gran mayoría de los abusos son realizados por alguien cercano al menor.
¿Por qué se silencia esta situación como si nunca hubiera ocurrido? Muchos casos no son denunciados. 

Su llanto se escuchaba a varios metros de distancia. Un ataque de angustia como pocas veces he visto en mi vida. Su mente revivía vez tras vez cada segundo, cada hecho, como si fuera una película sin botón de “Stop”. Normalmente quíen es abusado rechaza la proximidad de otra persona, por temor. Pero esa mañana la presencia de Dios descendió tan fuerte sobre todos, que el exploto. Exploto, como quíen durante años escondía lo mismo, empujándolo vez tras vez pero vez tras vez también reflotaba. Había sido abusado de muy niño. Solo la sanidad de Dios, el renunciar y el perdonar lo había de liberar completamente. El fin último, ya no será el tratar de olvidar, sino el recordar sin dolor. Las cicatrices quedarán, pero ya no dolerán. Dios restaura definitivamente.

Martín Carrasco

Martín Carrasco

 

 El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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