Crisantemos

crisantemosCVCLAVOZ - Unos crisantemos amarillos y blancos crecen en medio de la descuidada mata de arbustos secos y pasto inculto. Hace muchos años, estábamos en una clase de filosofía en la universidad y alguien preguntó cuál era el sentido práctico del color de las flores. Si el color, argumentaba mi compañero, sirve para atraer a las abejas para que realicen su antigua labor de polinización, no hay diferencia alguna si eran celestes, fucsia o marrón; perfectamente podrían todas las flores del mundo ser blancas y las abejas igual haría su trabajo…

A través de la ventana de mi cuarto-estudio veo que el sol ya empieza a amarillear las copas de los álamos. Hace frío todavía. Me arropo las piernas entumecidas y me dispongo a contarles alguna historia, a compartirles algún sentimiento, a dejarles saber algún desconsuelo o, como ocurre raramente, a confesarles alguna alegría pasajera.

Los crisantemos me recuerdan la anécdota aquella sobre la utilidad del color y el sentido práctico. No recuerdo para nada en qué terminó aquella disquisición académica. De tanto en tanto, alguien se incomoda porque no encuentra aquí alguna enseñanza útil, edificación, referencias al Buen Libro o mensajes que aclaren – una y otra vez – las mismas cosas que hace milenios ocupan a las personas que creen. Y por enésima vez, porque no recuerdo exactamente cuántas son, les hago saber que si en este portal hay cien artículos edificantes y sólo uno como éste, todavía no puedo entender por qué tienen que fijarse en él y ocupar su valioso tiempo en dejarme saber que no obtuvieron ningún provecho aquí. Tienen cien otra ocasiones para ser servidos en su interés.

Digamos que estos artículos son como estos crisantemos que tengo frente a mi ventana. Debe haber miles de personas a las cuales les importan un comino estas flores. Nadie vendría a este recóndito lugar donde vivo, al cual no llega el correo, no tiene acceso a Internet y está fuera de los sistemas urbanos que sostienen la vida de la ciudad para ver estos crisantemos, a menos que les fascinen. Por todos lados hay geranios, rosas, petunias, nomeolvides, pitósporos, aromos y qué se yo cuántos otros que satisfacen el interés y el gusto de la inmensa mayoría. ¿A qué ocuparse de crisantemos amarillos y blancos sin ninguna utilidad excepto fascinarme, a veces hasta las lágrimas, por lo lindos que los encuentro en medio de la nada? A lo más que aspiro es que los amantes de los crisantemos se alegren conmigo cuando los vean…

Benjamín Parra

Benjamín Parra

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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