Inquisitoria y exilio

inquisitoriaCVCLAVOZ – Soñé reformas conceptuales, nuevos caminos para las viejas preguntas. Propuse reformular, repensar, cuestionar los sagrados decretos y preguntarse si habría otros senderos por los cuales encaminar ese desasosiego, ese enorme desacomodo entre doctrina y realidad.

Fui convocado a las alturas del Olimpo para responder a los dioses acerca de esta peregrina pretensión. Tuve que llenar los formularios de su aristocrática burocracia. Hice antesala en sus inmensas oficinas y repetí las reverencias que prescribía el protocolo.

Primero me examinaron con los elaborados azotes de su lógica draconiana y sus preceptos del Supremo Comentario. En seguida me sometieron a exhaustivos escáneres para determinar si no tendría alguna herida que requiriera los sofisticados procedimientos de la sanidad interior. Cuando comprobaron que era inútil persuadirme de renovar los sagrados votos iniciáticos, me fijaron por todas partes unas papeletas amarillas y un educado dispositivo de seguridad me puso puertas afuera de su estupendo edificio institucional.

Tal vez todo ocurrió de otro modo y esto nada más lo soñé una noche complicada. La cuestión es que finalmente mi pequeña casita rural ampara este exilio, implícito mutuo acuerdo con los dioses. Ellos continúan con sus proyectos universales y yo me tomo un té a las siete de la tarde en la terracita de atrás, mirando cómo los álamos pasan de verde a ocre y de ocre a gris oscuro hasta que terminan por desaparecer en el color de la noche.

Confío en el viejo axioma de que uno se acostumbra a todo. Hay realidades que me han costado un poco más de lo esperado pero de a poco se hacen parte de mi cotidianeidad. De tanto en tanto, buenas personas se acercan a mí para invitarme a pensar algún huracán, alguna ventisca que cambie el clima del mundo que dejé atrás. Como a los caballos viejos me viene por ahí el vibrante olor de antiguas batallas y me brillan los ojos un ratito. Pero se me pasa. “La esperanza enloquece a los hombres” dice Morgan Freeman a Tim Robbins en The Shawshank Redemption.

(Tengo que ver que Leo me termine de hacer el jardín; quiero poner un escaño de esos de plaza debajo de los bambúes y un farolito. No tengo que olvidar lo de las cortinas y terminar la mesada del desayuno que quedó con los trocitos de cerámica pegados pero le falta el fraguado. Todavía hace calor. Pero lo bueno es que siempre refresca en las tardes…).

Benjamín Parra

Benjamín Parra

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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