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noticia feb 02CVCLAVOZ“… vinieron unos amigos que conozco hace algunos años a pasar una tarde recreativa en el parque de la casa donde vivo. Entre ellas estaba la tía Hilda. Solía ser una mujer vital, activa, siempre pendiente de las necesidades de los demás. Su historia es una crónica de servicio y de amor hacia su familia y parientes cercanos. Hacia fines del año recién pasado le descubrieron un agresivo cáncer muy extendido. Ningún tratamiento ya es posible. Aparte de algunos medicamentos convencionales, debe tomar unas controladas dosis de morfina para aliviar algo el dolor.”

Este fragmento es de una nota que escribí aquí hace unos días titulada “Otra tarde”. Ayer recibí un correo de mi amigo que me hacía saber que el sábado pasado la tía Hilda falleció; esa es la palabra que él usó y me hizo bien. A estas alturas de la vida ya no me acomodan los eufemismos. “Partió”, “descansó”, “pasó a la presencia…” me parecen fintas inútiles. Igual evocan la inevitable cuestión: murió. Ya no está. No hay seguros contra ese extrañamiento feroz.

Los comentarios bienintencionados y esperanzas plus ultra no son suturas suficientes para la rasgadura salvaje de la separación. Así es como lo siento y así es como espero que lo entiendan mis deudos cuando termine todo para mí. Encarar el dolor de frente, nombrándolo, quizá deje constancia de que algunos me quisieron bien y que mi ausencia va a dejar un agujero real y no un consuelo ligero que me relegue ceremoniosamente al olvido.

Ya no está más la tía Hilda y no hay manera de esquivar la pregunta de por qué una persona que sólo hacía bien ya no está. Sé que entre quienes leen este blog habrá aquellos que deseen aclararme que esos son designios superiores con los cuales no se debe interferir o que alguna razón moral debe haber existido que justifique su fin. Como ya conozco harto todos esos recursos académicos, se pueden ahorrar el tiempo de hacérmelo notar. Gandalf el Gris reflexiona así: Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. Pero si se fijan bien, aún estas palabras, a pesar de la franqueza que proyectan, parecen un intento regulador para un hecho que no es otra cosa que brutal y definitivo.

 

Ilustración: El grito (mi versión), DafneArt – www.arteyfotografia.com.ar

Benjamín Parra

Benjamín Parra

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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