Spleen

spleenCVCLAVOZ - La masa gris del nublado trae su mensaje de lluvia. Ahora sí que el frío se mete entre los huesos mientras busco las esquivas palabras aquí en el escritorio frente a la ventana. La música de Sabina aporta la medida precisa para completar esta mixtura controlada que fomenta la creación. Es un buen día para estar triste.

Las grandes victorias de la vida no han sido más que ventiscas de nieve que no tarda en disolverse. Los grandes momentos son cuadros fijos en los cuales solazar de tanto en tanto la memoria y por ahí echar alguna lágrima arrinconada. La juventud… esa soberbia de ser que desconoce, pobrecita, lo poco que dura.

Las grandes decisiones, los grandes movimientos del alma, los compromisos que creímos eran para toda la vida, los aprendizajes demoledores, las esperas en la terracita a la hora de la tarde, todo se va disolviendo y se desdibuja con una simpleza abismante. Alguien dijo una vez que ni el sabor de la clara del huevo podía mitigar los tormentos del ayuno del alma. Nunca comprendí esa lectura hasta estos días. Es curioso cómo en la miseria del alma uno encuentra semejantes incluso en las lejanas arenas del tiempo.

Violeta Parra le reclamó una vez a Dios por qué le daba sombrero con tantas cintas a quien no tiene cabeza. Muchas veces le endilgué arrogantemente aquella sentencia a personas que pensé que no merecían tantos recursos para hacer tan poco. Hoy me doy cuenta que en realidad ese asuntito tiene más que ver conmigo que con aquellos a quienes critiqué tan duramente.

Me parecía que mi cabeza estaba llena de pensamientos enormes, aspiraciones a las cuales ni el horizonte podría contener, estremecimientos que podrían poner patas arriba la realidad (es decir, imaginaciones mías no más). Por algún tiempo creí que todo ese corpus alocado y febril podría devenir libros y movimientos en la base del inmenso edificio institucional.

Patadas laterales, confusión de sentimientos, confrontaciones colosales, tropiezos profundos y locuras crepusculares le fueron quitando sistemáticamente las cintas al sombrero aquél. Cuando ya no le quedó ninguna, lo envolví cuidadosamente en papel de regalo y lo puse a disposición del Honorable Consejo de los Sabios Ultramarinos. Capaz que a alguno de ellos le quede bien.

No remonta el sol. Parece que va a llover no más, tal como anunciaron en la tele. Hora de ir por otro café…

Benjamín Parra

Benjamín Parra

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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