Uno tiene miedo

ICVCLAVOZ – Uno tiene miedo de arriesgarse, de soltar las amarras, de abrir las puertas y las ventanas para que entre otra luz. Uno tiene miedo de equivocarse, de hacer lo incorrecto, de fracasar. Uno tiene miedo de ser hombre, mujer, joven, niño.

Uno tiene miedo de estar en el lugar equivocado, de hacer la cosa equivocada, de pensar el pensamiento equivocado. Uno tiene miedo de creer en los otros, de entrar en su mundo, de tropezarse con ellos, caer en sus brazos y aprender a amarlos.

Uno tiene miedo del castigo, de la sanción ejemplar, de la disciplina, del extrañamiento, de perder la vida. Uno tiene miedo de hablar, de decir, de pensar, de cuestionar, de decir no porque no quiero, y entonces uno dice “no se puede, no se debe, no está bien…” Uno tiene miedo de no arrepentirse, de decir como Edith Piaf “No, je ne regrette rien”.

Uno tiene miedo de los epónimos, de los dirigentes, de las potestades superiores. Uno tiene miedo de levantar la voz, de preguntar, de pronunciar una crítica, de opinar, de ser irreverente, de ser inoportuno, de ser impertinente, de ser insumiso, de ser rebelde. Uno tiene miedo de decir la verdad tal cual. Uno tiene miedo de las consecuencias, de lo que le va a pasar si traspasa el límite, del justo pago, del pasado – del doloroso pasado.

Uno tiene miedo del dolor, del desapego, del ostracismo, de la soledad, del exilio, de estar en disciplina, de ser descontinuado, de ser destituido, de ser dado de baja, de ser expulsado. Uno tiene miedo de la crítica, del desprestigio, de la vergüenza, del ludibrio público, del escarnio y del rechazo.

Uno tiene miedo de dejar de ser considerado amigo, que le quiten el saludo, que vuelvan el rostro cuando pasan, que no lo inviten más a sus celebraciones, que nadie se siente a su lado, que lo dejen solo hasta que uno se vaya… solo. Uno tiene miedo que hablen detrás de uno, que cuchicheen a sus espaldas, que le endilguen sonrisas burlonas o miradas despectivas.

Uno tiene miedo de escribir poesía, de beberse un universo entero de buganvillas y cielos crepusculares. Uno tiene miedo de escuchar canciones de amor, de decir te quiero, de abrazar a un niño, de ahogarse de pasión en el mar de unos ojos puros. Uno tiene miedo de jugarse, de darse a los otros a pesar de tener el alma destrozada.

Pero en el fondo, allá adentro, muy adentro, uno ya está harto de tener tanto miedo…

Ilustración: Carreod, Serie Colors, Iván Pierotti – www.ivanpierotti.com.ar

Benjamín Parra

Benjamín Parra

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

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