Por: Lic. Edwin Bello  (Esposo, Padre, Abogado, Autor, Conferencista)

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual…

Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos. Marcos 2:22 

Durante décadas, caminé por esta vida dando tumbos, embriagado con el vino viejo de la lujuria sexual. Y de tanto emborracharme con este vino viejo, me convertí en un odre viejo; odre coartado y reseco, llenos de remiendos.  Así, mi embriaguez me despojó día a día de la posibilidad de ser transformado.  ¿Por qué?  Porque me acostumbré a ser odre viejo.  Porque este conformismo con mi atadura de pecado me cegó; me quitó toda esperanza de ser un hombre capaz de cambiar.

Y en mi caminar lleno de tropezones y caídas, no acababa de entender la sencilla pero profunda parábola de los odres y los vinos.  El enemigo me engañó, haciéndome creer que por ser odre viejo, estaba condenado al vino viejo que me desgastó por dentro.  Pero si reflexionas en la parábola de Jesús, verás que su mensaje está tejido con hilos de esperanza.  Ciertamente, un odre viejo no podrá recibir un vino nuevo, porque el nuevo vino romperá el odre desgastado, causando que el vino nuevo se pierda y acabe derramado en el piso.

Pero Cristo nos dice más.  Él también nos dice que un odre nuevo podrá recibir el vino nuevo sin que éste se pierda.  Aún más, en esta simple enseñanza, podemos ver el Amor de Dios por sus viejos odres.  Porque El no quiere que estos odres llenos de sequedad y remiendos se pierdan.  El anhela que estos odres sobrevivan, pero mediante la milagrosa transformación que solo Dios puede hacer en ellos.

¿Puedes ver tu vida reflejada en esta parábola? Engañados y borrachos por el viejo vino del pecado que nos añejó, muchas veces pensamos que podíamos recibir un vino nuevo, con nuestra condición de odres viejos.  Así, vez tras vez, las consecuencias de nuestra embriaguez fueron desastrosas.  Nuestro odre viejo se desgarró.  El vino nuevo se perdió.  Y en lugar de desechar ese odre viejo que nos causó tanta perdición, optamos por remendar la piel rasgada; decidimos poner parchos que nunca curarían la ruptura. Nos resistimos a descartar lo que ya no servía; porque en nuestra negación, pensamos que un remiendo solucionaría el problema.

Pero hoy, las palabras de Jesús vienen a enseñarnos, a confrontarnos con amor, y a darnos esperanza.  Porque no es cualquier persona quien te habla.  Cristo es el Vino Nuevo, el fruto de la vid del nuevo pacto, hecho hombre por amor a la humanidad.  Porque todos éramos odres viejos antes que Él llegara con su nuevo Evangelio.  Porque Él se nos ofreció como el Nuevo Vino que rompió con todo lo pasado.  Pero para recibirlo, Él necesita de ti.  Él necesita que el viejo hombre que te esclavizó sea enterrado para siempre y que un nuevo hombre surja a la vida.

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¿Puedes entender ahora la parábola de Jesús?  Porque más que una parábola, Cristo se presenta como el Vino Nuevo que anhela compartirse con la humanidad.  Porque Él anhela llenarte.  ¿Qué tendrás que hacer?  Descarta el odre viejo.  Descarta el vino viejo que embriagó tu vida con la borrachera del pecado.  Aleja de tu boca ese vino viejo que te esclavizó y que erosionó tu pureza hasta convertirte en un hombre débil y lleno de remiendos. Ahora, hoy, tú puedes ser un odre nuevo.  Hoy Cristo está dispuesto a transformarte.

Porque Él sabe que su nuevo vino necesita un nuevo odre.  Él sólo necesita la actitud de un corazón dispuesto y arrepentido; un corazón rendido ante su misericordia.  Entonces, y sólo entonces, serás un odre nuevo; un odre limpio y puro, capaz de resistir el poder restaurador del Espíritu Santo de Dios.  Porque habrás llegado a los pies de Jesús sin falsos pretextos, si disfraz de hombre nuevo tras el cual todavía se esconde el hombre viejo. Entonces, tu odre nuevo, intacto, sin hedor al pasado, sin mancha, estará listo.

¿Qué faltará?  Que abras tu odre.  Abrelo lo más posible y recibe el Vino Nuevo que Cristo te ofrenda; llénate de su perdón restaurador y llénate de su Amor, porque ya nunca más tendrás que ser un odre viejo.  Y dejando atrás la pasada embriaguez del pecado que te ató, embriágate ahora de su presencia transformadora; embriágate de su incomparable libertad.  Sí; anhela este Vino Nuevo con la pasión y el compromiso de un odre nuevo.  Anhela tanto recibirlo, como Él anhela recibirte a ti.

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Nota: El Ps y Lic. Edwin Bello estará presentando en la edición de Expolit 2015 el taller: “Pureza Sexual ¿Cómo mentorear en la congregación a personas adictas a la pornografía? – Jueves 30 abril 4:30pm  MACC 201

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2 Comentarios

  1. Solo Jesús me libra de todo mal y me da las fuerzas para ser un odre nuevo cada día !!

  2. Que el vino nuevo de Jesucristo renueve nuestra vida y seamos odres nuevos para recibirlo

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