Los desastres naturales son fenómenos que los seres humanos no podemos controlar. Se pueden tomar medidas de precaución, tratarse mientras ocurre y controlar los daños posteriores; sin embargo, no se pueden evitar. Las personas que sufren directa e indirectamente las consecuencias de estos desastres, no sólo se ven afectadas en el área material, sino también en su salud física, emocional y espiritual. Pese a la dificultad de la situación, éste también es un momento de comunión y generosidad. Todos los que no enfrentan esta situación pueden ayudar de distintas maneras, y una de ellas es con la oración.

A los que están fuera del Perú:

Invitamos a los que se encuentran en distintas partes del mundo a orar por todo el Perú y practicar lo que dice Mateo 18:19: “Les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo, aquí en la tierra, para pedirle algo a Dios que está en el cielo, Él se lo dará.” Roguemos a Dios por ese país y por cada uno de sus habitantes. El Fenómeno del Niño está afectando en muchos aspectos al Perú, y debemos mostrar solidaridad con aquellos que sufren.

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A los que están en el Perú:

Les dedicamos Salmos 46:1-2, que dice: “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad. Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos y las montañas se derrumben en el mar” (NTV). Queremos recordarles que no están solos en estos momentos. Aunque no podamos estar físicamente con ustedes, están presentes en nuestras oraciones diarias. Dios no se ha apartado de ustedes y tampoco los dejará en abandono. Las aflicciones y tiempos difíciles no duran para siempre, y el único que puede ofrecernos paz, amor, seguridad y salvación eterna es Dios.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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