Fui invitado para una entrevista en una radio argentina sobre “Cristianismo y cultura”. Propuse corregir el título de la misma a “Cristianismo en la cultura” porque la “y” sugiere que ambos conceptos van por diferentes carriles y tal noción me parece incorrecta. El cristianismo es un componente de la cultura, no algo diferente y ajeno a ella.
Tal vez valga la pena precisar que cristianismo no es lo mismo que Cristo, Hijo de Dios encarnado. El cristianismo es la expresión humana institucional de quienes se reconocen a sí mismo como seguidores del Cristo. Por eso es correcto afirmar que es parte integrante de la cultura y no algo distinto. Es importante señalar esto porque como en todos los “ismos”, los cristianos se ven tentados a absolutizarse ellos mismos en tanto cristianos. Pero ese es el lugar de Dios, no el de ellos.
En tanto componente cultural, el cristianismo forma parte del acervo religioso al igual que las otras religiones. La religión es uno de los componentes de la cultura, tales como la tradición y las costumbres, el lenguaje, la educación, la política, la economía, la ciencia y el arte.
Desde sus comienzos y hasta más o menos el siglo 16 el cristianismo era una fuerza cultural predominante en Europa y en todos los territorios conquistados por ella. Formaba parte integral de la vida individual y social. Concedamos que hubo épocas oscuras de su acción en la cultura, pero no podemos negar que así y todo fue determinante en la historia de los pueblos que llegó a tocar.
Desde el Renacimiento hasta hoy, el cristianismo fue cediendo su posición como protagonista y referente de la cultura hasta quedar reducido a una de las tantas opciones religiosas disponibles hoy. El despertar que tuvo con la Reforma protestante se fue apagando en la medida que resolvió confinarse al ámbito de la salvación personal, la vida cristiana institucional y una actividad evangelística y misionera que ha tocado a poco más del 10% de la población mundial.
Si el cristianismo va a volver a ser una fuerza cultural importante en la sociedad va a exigir a los cristianos a retomar la idea de la Biblia como una cosmovisión integral y a Dios como soberano sobre todas las cosas humanas y no sólo las referentes a la salvación y la evangelización. Si eso no sucede, el cristianismo seguirá siendo un actor secundario en la cultura contemporánea.

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(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

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