Pronto vamos a hablar del libro “La cabaña”, me sugiere Angel en nuestra entrevista de los jueves en su programa de CVCLAVOZ. Así que ayer lo he conseguido en un café literario de mi ciudad y he comenzado la lectura.

Es siempre para mí un tema complicado comentar un libro, una película, un poema o una canción realizada por cristianos. En el entorno de la fe hay como una regla no escrita y es que todo lo que hacen los cristianos debe ser considerado bueno porque – precisamente – ha sido hecho por cristianos. Es decir, ¿quién podría hacer una mala crítica de alguien que amparado en versículos bíblicos o en palabras de alabanza y adoración realiza un trabajo creativo? Bueno, yo lo he hecho. No es una pose, sin embargo. Aprendí tanto en la universidad como en mi propia educación personal que cualquier producción creativa debe cumplir algunos requisitos mínimos.

Uno de ellos es que el aspecto técnico sea de un nivel aceptable. El contenido puede ser bueno pero si está mal escrito, mal musicalizado o mal producido no puede considerarse un trabajo “bueno”. Aquí los cristianos se defienden diciendo que si dice la verdad, es irrelevante su calidad técnica pero ese es un flojo justificativo.

Además, el contenido debe representar adecuadamente la visión que la autora o el autor tengan del mundo. Al final la audiencia debe quedar con una noción más o menos clara de cuál es la imagen del mundo que el artista sostiene.

Por otra parte la obra debe consistente con las convicciones de quien la crea o, dicho al revés, la persona que la crea debe ser consistente con lo que su obra representa. Solían decirme que lo importante era lo que se representaba, no la vida del creador; es decir que vida y obra podían ir por carriles diferentes, pero tengo muchas dudas al respecto.

Respecto de los libros la cosa es complicada porque aún diciendo cosas verdaderas, la calidad literaria puede ser bastante precaria. La mayoría de los libros cristianos son “técnicos”, es decir explican cómo se debe vivir esto o aquello. Son informativos o inspiracionales y por lo general están escritos de un modo bastante elemental. Desde el punto de vista estético, no son buenos libros. Pero el hecho es relegado a un plano de poca o ninguna importancia porque “lo que dice es cierto”.

Vamos a ver qué pasa con “La cabaña”…

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