A pesar de todo, brotó una mínima rosa en el jardín.

Sin pretensiones se abrió un poquito cuando yo no estaba. La vi, pequeñita bajo la lluvia cuando recién llegaba después de una breve ausencia. La había esperado por un par de semanas, desde que apareció la forma de un brote chiquito. Es casi blanca, con un poco de rosado en las puntas. Dicen que los locos hablan solos. Tal vez es así; igual le hablé algunas cosas que sólo conciernen a ella y a mí. No va a durar mucho seguramente. Una rosa es un asunto breve. Pero me alegró la tarde, cuando ya oscurecía.
No sabría decir con precisión por qué me hizo bien verla. Es posible que se trate del empeño de la vida a pesar de las pocas opciones que hay. Una idea, una tentativa de proyecto, una posibilidad arroja un poco de luz. Una puerta entornada, un curso de acción posible mueve algo dentro de uno. Se aguza el oído, se guarda silencio, se espera expectante un movimiento al otro lado. ¿Es posible que alguien haya descifrado el mensaje?
O tal vez sea porque aunque siempre hubo rosas, ésta era una posibilidad incierta y sin embargo deseable. Una señal. Era francamente una rosa improbable en un rosal descuidado. Se presentó cuando había desistido de esperarla. Y vino justo ahora la tormenta. Truenos, relámpagos, una lluvia enorme. Tal vez no sobreviva pero no voy a cortarla. Dejemos que todo pase como debe. Hay una cierta belleza trágica en este destello sublime de vida que nace y muere así tan de repente.
Mirado desde esta parte de los años, el tiempo parece algo tan mínimo. Tan desesperantemente fugaz. Eso que parecía un mundo interminable ahora no es más que un pañuelo. Tan leve, un suspiro a lo más. Y tanta vida que supuso sin embargo. Tantas cosas acumuladas en sus pliegues que se necesitaría otra vida entera para siquiera empezar a comprenderla, a descifrar su sentido, a encontrarle el significado.
Si pudiera uno hacerse tan pequeño para entrar en el mundo de la rosita ésta y pudiera explorarla de principio a fin, qué inmensa parecería. Se perdería uno en su universo de filamentos, de humedad, de color, de nervios, de aroma. Entonces no parecería tan leve. Valdría la pena haberla conocido así. Y tal vez uno ya no tendría conciencia de esa cosa tan breve y pesada que es el tiempo.

ARTICULOS RELACIONADOS

Dejar una respuesta