Volviendo a mi flagelante costumbre de meterme en líos quisiera ofrecer algunos pensamientos sobre aquello de que “Dios tiene un plan para tu vida”. Menudo conflicto, porque la mayoría de los evangélicos sostiene esto con una fortaleza evidentemente más emocional que conceptual.

Esta convicción se sostiene en una variedad de versículos de prueba, costumbre bastante arraigada en nuestros círculos, esto es, sustentar una idea en apoyos de versículos aislados en vez de una fundamentación que se sostenga en todo el texto.

Cuando era estudiante universitario, cumplía horario como administrador de una biblioteca de la Facultad de Ingeniería. A veces me tocaba pasar a máquina los apuntes de los profesores. En el área de Administración de Empresas se enseñaba PERT/Camino Crítico, Carta Gantt y SOP (Study Operation Plan). Eran sistemas de control de avance de los proyectos. La idea era entrenar a los ingenieros para que aseguraran el cumplimiento del plan operativo, fuera construir una represa o desarrollar un sistema de información para una fábrica de carrocerías para buses de pasajeros. Todos estos conceptos provienen de la mentalidad estadounidense o europea. Es casi imposible hallar el origen de estos conceptos en las culturas africanas, orientales o latinas. Es un atributo propio de los “occidentales”.

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Esta orientación a la rigurosidad en el cumplimiento de un proyecto fue introducida – según yo – a la teología y la enseñanza bíblica. El numen occidental no pudo sino atribuir a un plan todo lo que Dios hace, convirtiéndolo así en una especie de súper manager, un gerente estelar que se pasa el día chequeando cómo va desarrollándose el plan que tiene con cada uno de sus hijos y también con el mundo entero.

Soy consciente de cuánto puede molestar a la audiencia que cuestione una doctrina considerada intocable. Es tan reconfortante saber que todo está orquestado y definido por una mente perfecta y que todo lo que sucede es ni más ni menos que el desarrollo del plan que a cada uno le ha sido asignado.

Me parece que así la espontaneidad, el descubrimiento, la sorpresa, la novedad y el aprendizaje que le da sentido a lo humano – entendido como imagen de Dios – todo ello se licúa en la continua y estricta verificación de que el plan se está cumpliendo y en la intervención soberana del administrador para corregirlo cuando se sale del curso previsto.

Para pensar, no para armar una guerra…

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