Treinta mujeres asesinadas en treinta días. Durante abril una mujer fue violada, asesinada, quemada, abusada cada veinticuatro horas en el país donde vivo.
No hay palabras para responder a quienes le echan la culpa a la herencia cultural, a la Biblia o a las condiciones sociales y a los perturbados que critican que las chicas se exhiban en las redes sociales y que “provoquen” a los hombres. No recuerdo alguna otra época donde tanta estupidez, tanta hipocresía y tanta cobardía se haya concitado para intentar explicar lo inexplicable: Están matando a las mujeres. Toda persona buena comprenderá la gravedad de esta declaración.
Atraeré seguro mala prensa con la siguiente afirmación pero dada la urgencia de una inexistente acción directa de los cristianos vale la pena el riesgo: Frente a esta real masacre social, secretamente amparada por oscuros intereses en la policía, la justicia y el sistema político, ¿es posible que gente cristiana todavía piense que es relevante preguntarse sobre el baile o la vida en cielo?
¿No lucimos aterradoramente ausentes y descolocados?
Hace unas semanas tuve un breve pero intenso debate con presentadores de un medio cristiano sobre esta inquietante cuestión: más horrible que la presencia del mal es la ausencia del bien. Hace unos días planteé la siguiente cuestión a la presentadora de un programa de radio cristiana: “Hay un grupo de gente que dice que tiene la mente de Cristo, que su misión en la tierra es la redención de las personas, que dice que el libro que sustenta su fe es la palabra auténtica de Dios y que ella es la portadora de ese mensaje formidable. Te pregunto: Teniendo en cuenta esto que está pasando aquí hoy, este verdadero genocidio de mujeres, ¿qué gente es la que supuestamente debería estar presente en la palestra social con palabra y acción responsable para promover la detención de esta maldad?” Mi amiga calla un momento y entonces responde: “Nosotros”.
Ni una menos ha sido el lema que propone detener estos feminicidios. Como un sobrio y dramático complemento a esta potente declaración, tal vez valga éste: Ni uno más. Ni un violador más en la calle. Ni un tratante de personas amparado en la mafia del poder. Ni un asesino más suelto. Ni un delincuente sexual más sin juicio y castigo efectivo. Ni un asesinato más.

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(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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