“Si en el mundo sagrado no se encuentra el problema de la rebelión es porque, en verdad, no se encuentra en él ninguna problemática real, pues todas las respuestas han sido dadas de una vez. La metafísica está reemplazada por el mito. Ya no hay interrogaciones, no hay sino respuestas y comentarios eternos, que en tal caso pueden ser metafísicos. Pero antes de que el hombre entre en lo sagrado, y también para que entre en él, y desde que sale de él, y también para que salga, hay interrogación y rebelión.” (El hombre rebelde, Albert Camus).

A veces se encuentra uno con una lectura que expresa cristalina y magistralmente aquello que dentro de uno fue balbuceo, inquietud, trabajosa interrogación. En unas pocas palabras resumen lo que uno ha sentido, oscuramente, por tanto tiempo. He aquí, en esta cita un poco extensa para este espacio tan breve, algo que explica con magistral brevedad y precisión, esas cuestiones que me han abrumado por tanto tiempo: ¿Por qué la gente “de la fe” no se hace preguntas? ¿Por qué no se enoja y no se levanta contra lo que está mal, incluso dentro de su propio universo? ¿Por qué esa displicencia, esa desidia, esa indiferencia ante el crimen impune, la violencia, la opresión, la injusticia, el abuso, la discriminación flagrante?

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Por eso: porque todas las respuestas han sido dadas de una vez, aún aquellas que respondían lo que la gente nunca se había preguntado. Está todo asegurado, está todo explicado. No hay más metafísica: hay fe, hay mito, hay leyenda, hay tradición, hay teología definitiva. No hay angustia existencial, no hay confrontación. Hay obediencia ciega, hay resignación, hay sumisión completa ante los dirigentes y guardianes del sistema.

La interrogación y la rebelión son antes de entrar en el reino. Y si uno se interroga y se rebela dentro del reino, la única consecuencia es la salida, el extrañamiento, el exilio o el autoexilio, la expulsión, la excomunión. Es decir, la pregunta y la rebelión sólo son posibles fuera. El reino es intangible, intocable. Como bien anota Camus, las respuestas y los comentarios son eternos. Por lo cual, todo aquello que esté mal dentro del sistema, quedará silenciado, disimulado, resignado. Y todo eso se hará en nombre de la integridad del sistema, el nombre de los superiores intereses de la misión, el nombre de la continuidad de la arquitectura jerárquica, imprescindible para que todo continúe adelante…

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