Sí, fuego de las entrañas que concita todas las esperanzas, todos los deseos, todas las frustraciones, todos los anhelos, todos los sueños truncos, todas las evidencias del cuerpo que se deteriora.
Fuego que no se acaba a pesar de que las palabras mueren en el recinto las más de las veces. El esqueleto ardido y la mente agotada a causa de la profecía que tiene que decirse aunque no provoque más que algún aleluya o un gloria a dios (que no es más que la pronunciación del desconcierto del que dice por la chita este hermano que habla tan bonito pero no le entiendo un pomo).
Fuego lento de las facturas antiguas que ya fueron canceladas pero que siempre guardan una copia en el archivo de atrás al que de repente uno acude porque a veces no se explica por qué las personas queridas sufren más de la cuenta y no hay manera de esquivar la idea de que algo tiene eso que ver con los condoros que uno se mandó tiempo atrás.
Fuego que se enciende en medio de la noche cuando aparece una idea que debe ser dicha pero dónde por el amor de Dios porque igual la gente sigue preguntando leseras y sigue diciendo las mismas cosas que han dicho desde hace quince lustros y no han cambiado un milímetro al poder temporal, a la cultura de masas, a la apropiación indebida de las mentes para que sirvan a los dioses de este siglo dócilmente y compren todo lo que tienen que comprar y crean todo lo que tienen que creer que no tiene nada que ver con lo que dicen que creen en el nombre del Señor.
Fuegos que se avivaron alguna vez por algunas horas y entonces nada, quién llama a mi puerta amor en esta noche le pregunto a mi almohada mientras pienso, no llama nadie amor ella responde sólo el silencio.*
Fuegos que finalmente se van enfriando y hay que comprar una camiseta manga larga de algodón de caffarena para conjurar la humedad de este invierno que había olvidado que podía ser tan terriblemente invierno justo el 21 de junio por estos lados del mundo.
Finalmente, fuegos de los cuales se puede hablar los días viernes cuando por una indulgencia que me concedo sin haber preguntado nada a nadie hablo cosas que no edifican a la grey.

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* Poema que leí en una antología de autores de Valdivia, Chile.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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