Josías reinó en Jerusalén treinta y un años, durante todo ese tiempo, hizo lo que era agradable a los ojos de Dios, no se apartó de lo que era correcto. Desde el duodécimo año, empezó a purificar Jerusalén, destruyó todos los santuarios y altares paganos, los ídolos tallados y las imágenes fundidas. Nunca hubo un rey como él, que se volviera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.

El rey Saúl hizo todo lo contrario. La misión que Dios le dio fue destruir por completo a toda la nación amalecita, pero él sólo destruyó lo que no tenía valor, lo que era de mala calidad; le perdonó la vida al rey de Amalec, se quedó con lo mejor del ganado y con todo lo que le atrajo, poniendo como excusa que serían para sacrificarlos al Señor. Por esta razón, Dios lamentó haberlo hecho rey, porque no le fue leal y se negó a obedecer su mandato.

La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos. 1 Samuel 15:23ª (NTV)

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¿Qué tipo de actitud estás teniendo tú? ¿Estás esforzándote como Josías por agradar y amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente? ¿O estás igual que Saúl, negándote a destruir algún ídolo en tu vida: tu pareja, hijos, dinero, posesiones, profesión, etc.?

Es mejor que ahora renuncies a todo lo que sabes que te está apartando de Dios y te está impidiendo cumplir con la misión que te encomendó, para que más adelante no sea Él quien te rechace por haberlo desobedecido.

Nada ni nadie puede ocupar el lugar que sólo a Dios le corresponde en tu vida ni tampoco ningún sacrificio puede agradarle más que tu obediencia.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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