Los deportistas que están participando en los Juegos Olímpicos Río 2016 saben mejor que nadie lo que se requiere para llegar allí. Su participación en las Olimpiadas no es producto de la casualidad o la improvisación; sino que es un reflejo de años de esfuerzo y trabajo.

En su carta a los Filipenses, Pablo compara a la vida del cristiano con la de un deportista: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Debido a que los cristianos y los deportistas tenemos esto en común, hay lecciones que podemos aprender de los ganadores Olímpicos anteriores:

1. Tomar riesgos:

“El que no es lo suficientemente valiente para tomar riesgos, no logrará nada en la vida” Muhammad Ali, medallista de oro en box.

Quedarnos en nuestra zona de confort es fácil, pues es seguro y nos hemos acostumbrado a ella. No obstante, esto puede privarnos de obtener nuevas experiencias en la vida. Lo mismo sucede con el evangelismo. Incluso las acciones que parecen insignificantes, pueden ayudarnos a conectar con las demás personas y compartir el mensaje de Jesús a otros.

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2. Estar preparados:

“Si fallas en prepararte, estás preparado para fallar” – Mark Spitz, ganador de siete medallas de oro en natación.

Jesús no nos prometió un camino fácil. En Hechos 14:22 dice que “es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios”. Por lo tanto, debemos estar en constante comunicación y comunión con Dios; para que cuando esos momentos lleguen, estemos firmes y no estemos prontos a caer.

3. Nunca rendirse:

“‘Respira, cree, y batalla’ Mi ex entrenador, Troy Tanner, nos decía antes de cada partido. Respira- tienes que estar en el momento. Cree- ten fe en que puedes levantarte por encima de ella. Batalla- tienes que estar preparado para ir el tiempo que sea necesario” – Kerri Walsh, dos veces medallista de oro en voleibol de playa.

No se puede llegar a la meta si es que no se avanza. Si nos rendimos a medio camino, o abandonamos, nos convertiremos en simples espectadores de los triunfos de los demás. En la vida del cristiano, este trayecto no es solo por un premio pasajero, sin por uno que durará por la eternidad.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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1 Comentario

  1. Muy buena la reflexión! Dios es maravilloso.

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