Cada día debemos tomar decisiones y, aunque algunas tienen más repercusión que otras, nuestro futuro depende de ellas. Hay situaciones en las que es bueno escuchar a nuestro corazón y dejar que él nos guíe; sin embargo, hay otras en las que es mejor no dejarnos llevar fácilmente por los sentimientos y decidir con la cabeza. A los que hacen esto se les denomina mentalmente fuertes.

Estas personas piensan bien antes de tomar una decisión y siempre tienen en cuenta a Dios. Ellos reconocen que si dejan sus preocupaciones, problemas y planes ante Él, todo trabajará para bien. Asimismo, ellos ponen en práctica algunas buenas costumbres de las cuales todos podemos aprender:

1. No tenerle miedo a los desafíos:

Es natural tenerle miedo a lo desconocido, a fallar, a no hacer un buen trabajo, etc. A veces podemos ser muy perfeccionistas, demasiado críticos con nosotros mismos, o tenemos la mala costumbre de poner altas expectativas y compararnos con otros. Todos estos malos pensamientos impiden que uno se atreva a aceptar nuevos desafíos y retos. Las personas mentalmente fuertes saben que, si bien es cierto que existe una probabilidad de fracasar, si no se arriesgan, nunca podrán aprender ni a superarse.

2. Aceptar los cambios:

La monotonía es cómoda y segura, pero también es una trampa. Cuando uno se encierra en algo y se resiste a los cambios le está dando la espalda a nuevas posibilidades. Los cambios nunca son fáciles, pero tienen una gran recompensa en el proceso y en el resultado. Si un cambio es arduo de llevar, lo mejor es trabajar en equipo y juntarse con alguien que sea de apoyo. Otra manera efectiva es orar constantemente para que Dios provea la sabiduría y paciencia necesarias.

3. Buscar oportunidades:

A veces, las oportunidades llegan a nosotros; a veces, hay que salir a buscarlas. Las personas mentalmente fuertes saben que la persistencia es la clave del éxito. Si una situación no sale como esperaban, ellos continúan en la búsqueda de nuevas posibilidades y no se rinden hasta encontrarlas. Ellos conocen de primera mano que si fallan una y otra vez, no quiere decir que sean fracasados, sino que no han intentado lo suficiente.

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4. Tener una mente positiva:

Las personas que se dejan guiar por sus emociones se predisponen ante una situación sin haberlo intentado. Esta mala actitud les impide ver el lado positivo de la vida y paraliza su progreso. Es importante entender que toda circunstancia tiene un lado positivo y, que si uno se concentra en ella, es mucho más sencillo tener un comportamiento más asequible y eficiente.

5. Saber manejar la crítica:

Alguien dijo una vez que las críticas duelen como una lluvia de ladrillos. Recibir un golpe así deja heridas y marcas; sin embargo, si se sabe aprovecharlos, con ellos se podría construir una casa. No toda la crítica suele ser cierta, pero en todo momento se puede aprender de ella. En lugar de tomar los comentarios negativos como un desaliento, se debe verlos como un incentivo para mejorar y salir adelante.

6. Aprender de los errores:

Muchos inventores a lo largo de la historia tuvieron que hacer muchas prácticas de prueba y error. Si ellos se hubieran rendido al primer intento, jamás habríamos podido disfrutar de las cosas que tenemos hoy en día. De igual forma, las personas mentalmente fuertes ven a sus errores como un intento más, pero no como el resultado final. Ellos hacen que sus fallas los guíen a buscar la excelencia en todo.

7. Depositar la confianza en Dios:

Gran parte de ser mentalmente fuerte es reconocer que eres débil (2 Corintios 12:9). Como seres humanos tenemos diversas capacidades y talentos, pero el dueño y creador de la sabiduría es Dios. De nada vale tener las mejores intenciones al momento de tomar una decisión; si no está en los planes de Dios, es seguro que tendrá malas consecuencias. Poner a Dios primero y a lo demás después, es la mejor práctica para tener una vida con propósito y ser una persona de bien.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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