Cada persona tiene secretos que no quiere que los demás sepan. Éstos pueden ser desde pequeñas acciones que no afectan a nadie, hasta problemas legales y morales. Por tal motivo, no es sorprendente que la mayoría prefiera guardar sus secretos y no compartirlos con nadie. Sin embargo, un estudio demostró que guardar un secreto propio es dañino para la salud.

Un artículo publicado en Journal of Personality and Social Psychology afirma que guardar secretos causa estrés. Esto no se debe a la presión por no divulgar la información, sino porque las personas no dejan de pensar en ella. La tensión que esto causa puede llegar hasta convertirse en depresión.

Los investigadores realizaron un total de diez estudios a personas de 33 años en promedio; de los cuales identificaron 38 tipos diferentes de secretos. Los resultados revelaron que las personas piensan en su secreto tres veces más de lo que se preocupan por esconderlo. Esta acción generó mala salud y la disminución del bienestar. Además, guardar un secreto hacía que las personas perdieran su autenticidad y se sintieran inconformes con sus vidas.

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Que los secretos escondidos tengan malas consecuencias, no significa que uno debe cargar con ese problema para siempre. Cada persona tiene la opción de buscar ayuda en un familiar, amigo, consejero, etc; no obstante, todos ellos son seres humanos y en algún punto pueden fallar. Por lo tanto, es mejor acudir al único ser que jamás traiciona y es fiel con quienes le aman: Dios. Mateo 11:28 (TLA) dice: “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar.” Jesús está dispuesto a perdonar tus pecados y hacerte libre de tus cargas. Aún es tiempo de aceptar su oferta y vivir sin ataduras.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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