Cuando era adolescente, tenía una efectiva fórmula para conseguir ropa nueva: Utilizaba las mismas prendas viejas toda la semana y le pedía insistentemente a mi padre que me comprara nueva indumentaria. Al principio, él se negaba y me decía que aún tenía ropa y que no iba a comprarme más. Sin embargo, con el paso de los días, se cansaba de verme con la misma vestimenta y terminaba por acceder a reemplazar mi ropa.

Al igual que yo, todos los hijos tienen distintas formas de conseguir lo que quieren de sus padres. No obstante, no todos llegan a obtenerlo porque desconocen cuál es la mejor manera de acercarse a ellos; y aunque no hay una regla que lo dicte, los que son hijos saben que si se quiere algo hay que ser persistente en ello.

Con Dios ocurre del mismo modo. La oración es el método de comunicación con Él; sin embargo, hay que ser perseverantes. Algunos oran solo cuando la circunstancia lo requiere, pero luego se olvidan de hacerlo otra vez; y cuando no ven resultados, creen que Dios no los escucha.

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¿Por qué Dios quiere que oremos continuamente?

No es que Él no haya escuchado la primera vez que oramos. De hecho, Él ya sabe lo que le vamos a pedir incluso antes de que lo hagamos; pero la persistencia en la oración nos ayuda a:

En 1 Tesalonicenses 5:17-18 dice que la persistencia en la oración debe estar acompañada de agradecimiento: Nunca dejen de orar. Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús.”

Si has orado una vez, no te conformes y hazlo las veces que sean necesarias. Incluso cuando parezca que no tienes respuesta, no te rindas y sé constante. A veces, Dios no contesta de la manera que queremos, pero sus acciones van más allá de nuestro entendimiento porque es el único que conoce el futuro. Así que, confía y nunca dejes de orar.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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