El amor que disciplina

picturedevoCVCLAVOZ - Martín y Simón eran fieles amigos desde la infancia y aunque sus diferencias sociales y económicas eran muy marcadas, esto nunca fue un obstáculo en su inquebrantable amistad. Al pasar el tiempo se graduaron en la misma escuela, pero ese fue el último festejo que tendrían juntos. Una semana después Simón se fue a otra ciudad para comenzar sus estudios  de Abogacía en la Universidad, mientras que Martín siguió viviendo en su ciudad natal.

Con el paso del tiempo Simón se convirtió en un notable abogado y luego en un juez de intachable trayectoria. Una mañana como tantas otras, comenzó un juicio, se trataba de un individuo que había cometido varios delitos criminales. Al ver entrar al acusado se percató con gran sorpresa que se trataba de Martín, su entrañable amigo de la infancia.

Atónito, Simón decidió en ese instante continuar con el juicio, tratando de disimular el impacto. Al llegar la hora de emitir el veredicto, el juez decidió fallar en contra de su amigo Martín,  quien en consecuencia, debía cumplir una condena de prisión por su crimen.

Al terminar el juicio, Simón se encerró en su oficina y luego de meditar un rato, se lo vio salir presuroso, había decidido pagar una cuantiosa fianza por la libertad de su amigo. Era tan buen juez que no se dejó influenciar por su íntima amistad con el acusado y simplemente aplicó la ley impartiendo justicia. Pero al mismo tiempo era tan buen amigo como para pagar un alto precio por la libertad de Martín.

Al igual que en esta historia, las consecuencias de nuestros actos siempre nos alcanzarán, no podemos huir de ellas.

David siendo rey de Israel, pecó contra Dios tomando a Betsabé y matando Urías, su esposo. Este pecado trajo maldición a su familia, 2 Samuel 12:7-12. El rey David, un hombre conforme al corazón de Dios, no estaba exento, ni tampoco su familia,  de recibir las devastadoras consecuencias de sus pecados.

David fue confrontado por sus  transgresiones y finalmente se arrepintió genuinamente de toda su maldad. Entonces Dios restauró y perdonó no solo a David, sino también a Betsabé, ya que años más tarde daría a luz a un hijo,  Salomón, 2 Samuel 12.24. Si bien David tuvo que soportar las consecuencias de sus pecados, esto produjo en él arrepentimiento como un punto de partida para una gloriosa restauración de su familia.

Hebreos 12:7-11 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?  Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Dios nunca dejará de ser un juez justo o un Padre que en su amor, disciplina a su hijo para enderezar sus caminos, pero sabemos que aunque esto duela en el momento, con el tiempo dará a luz  frutos preciosos y duraderos.

Recuerda que si bien las consecuencias del pecado nos alcanzan, Dios al igual que el juez de la historia, no te deja atrapado en tus errores, sino que mandó a Jesús para pagar tu “fianza”. El pagó un alto precio, de una vez y para siempre para que tengas libertad.

 

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Héctor Colque

CVCLAVOZ

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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