►Luces de colores
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no lo dominaron.” “Él no era la luz, sino testigo de la luz. La luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo.” San Juan 1:4-5 y 8-9 (Es subrayado es mío.)
Desde hace días el ambiente ha estado adornado de luces de colores, e influenciados por el colorido todos actúan bajo un espíritu diferente al que priva en el resto del año. Esto lo sienten aún los escépticos y los que quieren escapar de la celebración, ya porque creen que la vida ha sido injusta y no se sienten con ánimo para participar, ya porque no creen que deban hacerlo, o ya, porque han confundido en la mente el tipo de celebración, y, se sumergen en un vacío practicando un escapismo al estilo ‘embriaguez’. Pero, nadie se escapa a un sentimiento en la boca del estómago y hasta se disfraza disculpándose que no se cree en la celebración. Pero, repetimos, nadie se escapa de que en algún lado, alguien, aunque no exista conocimiento previo, le diga ¡feliz navidad! como tampoco se escapa que, al comprar algo, se lo envuelvan en papel de arco iris y, ¡vamos!, las luces de colores divulgan una costumbre social de muchos, pero muchos años, que no pasan de dos mil. Invitaciones, convivíos, protocolo y los famosos aguinaldos danzan en un ambiente de luces de colores.
Pero pocos se dan cuenta, pocos lo aceptan y pocos se atreven a ser diferentes, y si bien las luces de colores aparecen por cualquier lado, solo unos pocos de los que fueron llamados, son testigos de la luz, como lo fue Juan el Bautista. El no era la luz, él lo sabía y por eso la anunció y enseñó a reflejarla cuando la luz vino: “Yo a la verdad os bautizo en agua, pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (San Lucas 3:16). Entonces al ser bautizado la luz que vino al mundo seguirá reflejándose en todos los que tienen el Espíritu Santo y el fuego por dentro.
Por eso, el considerar si es bueno hacer caso a las luces de colores y si, se puede dar y recibir regalos, dar y recibir saludos, y participar de la algarabía, no es importante, lo que es trascendental es reflejar la luz del Hijo de Dios por medio del Espíritu Santo y el fuego: en celebraciones de navidad, en tribulaciones, en victorias sociales, en medio de intelectuales, en la vida de pareja, dentro de la familia, en fin, a donde quiera que se vaya y en medio de las circunstancias que sean, “porque en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. Para sustentar esto el apóstol Juan declara lo que es una profundidad que debe imperar en nosotros en estas fechas y en todas las fechas, atendamos: “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron.”
Quiere decir que, si el Espíritu Santo está y el fuego es parte de esta Presencia, la luz resplandece en nosotros y las tinieblas no la dominan. ¿Vemos que profundidad? Nuestra luz es más fuerte que las luces de colores y no tenemos solo la alegría que motiva este arco iris de resplandores, tenemos el gozo y la paz de la Luz Admirable aprovechando el espíritu de esta época para bendecir y divulgar el por qué, actuamos así todo el año. Vamos, no se que hiciste ayer, no se si cenaste a las doce, si fuiste a la iglesia, si diste y recibiste regalos, si gritaste por todos lados ¡feliz navidad!, lo que quiero saber es si reflejaste la luz verdadera del Hijo de Dios alumbrando en medio de las tinieblas que normalmente impera en las celebraciones de los actores sociales. Y, no lo quiero saber por mí, sino por ti, porque eres hijo e hija de Dios y tu responsabilidad, así como la mía es alumbrar con la luz de Cristo, sobre las luces de colores.
¿Luces de colores?, vamos que importa, lo importante es que seamos testigos de la Luz.
EN SERIO, ¿LO FUISTE?
Tú no eres la luz, eres testigo: por eso alumbras con la luz de Cristo.
Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¡otro testigo!
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