Corriendo tras

meditacion_corriendo“¡Vive Jehová, que correré tras él a ver si obtengo alguna cosa!” 2 Reyes 5:20 final.”

Si pudiéramos ver desde un plano superior, las intenciones del corazón de los actores sociales de un conglomerado social, veríamos a todos correr de un lado a otro. Todos corren ‘tras algo para ver si se obtiene algo’. No hay un plan definido, no hay un objetivo definido, se corre por correr, y se esfuerza para ver si se logra algo, y, lo más interesante es que se hace en el nombre de Dios. Podemos refutar esta afirmación diciendo que algunos sí tienen un plan definido, y lo aceptamos, pero corren para ver si obtienen algo, porque lo hacen convencidos que lo que obtendrán no les satisfará. Podemos también refutar que, no todos están en estas situaciones que hemos planteado, y tenemos que aceptar, que sí, es cierto y modificamos la afirmación diciendo, que son algunos, ¿los más?, no sabemos pero en un concurso, ganan los semejantes al criado de Eliseo.

El caso de este siervo lo hemos analizado en muchas formas y, hoy, propondremos otra enseñanza. Notemos que no hablaremos sobre el resultado que obtuvo por su ambición, ni analizaremos sobre su falta de concepción de su posición y la de su señor Eliseo. Vamos a centrarnos en esto que dijo y que impulsó la tarea de alcanzar a Naamán el general del ejército sirio, que fue leproso. Veamos. Jura en el nombre de Jehová, tiene claro el objetivo que era precisamente el general sirio, puso en práctica una estrategia: alcanzar a Naamán y pedirle, pero, pero, no sabía lo que quería, por eso expresa ‘a ver si obtengo alguna cosa’, además, notemos que no estaba seguro de obtener algo. Dicho de otra forma ‘no estaba seguro de obtener lo que no sabía qué quería’. Esto me hace recordar una frase del Doctor Peter que he mencionado alguna vez, La gente no sabe lo que quiere, pero se mata por conseguirlo.
Lo primero que traeremos a escena es la expresión, ‘correré’. Ya lo dijimos en la introducción, es impresionante darse cuenta que todos corren, de aquí para allá, pero corren. Todo el día se la pasan corriendo, para bañarse, para desayunar, para ir al trabajo, para salir, para divertirse, para volver a casa y para dormir, y, algunos hasta duermen de prisa. Es irónico descubrir que en lo único que no se corre es cuando se realiza el trabajo, y, si se corre, queda mal hecho. Se corre, se corre y se vive de prisa, y luego, al terminar la vida, se tiene la certeza de que ¡a saber que se hicieron los años, los días y la vida! El ingrediente de la prisa se llama preocupación, mediante la cual, se pretende que amanezca más temprano.
La siguiente expresión es ‘tras él’. Este siervo tenía claro a quien tenía que alcanzar, pero ¿sería la instancia adecuada? ¡Qué tremendo pasar la vida tras algo o alguien y al final darse cuenta que no valía la pena, o que no era la instancia adecuada! Se corre tras el placer, tras doctrinas falsas, tras ambiciones, tras la riqueza, tras las pasiones, y tras muchas instancias, que llevan a la perdición. Sabemos de gente que corre de prisa tras la jubilación y se mueren a los días de haberla obtenido y así, hay muchas historias de resultado frustrante.
La otra. ‘A ver si obtengo’ No hay seguridad, no hay certeza, y, por lo mismo se corre sin fe. Se ora, para ver si Dios contesta. Se busca a los miembros del Cuerpo de Cristo, a ver si el cónyuge cambia. Un día alguien me contó entusiasta que había logrado que un siervo de Dios hablara con un familiar, a ver si así cambiaba de actitud. La gente corre tras algo para ver si obtiene lo que no está seguro.
Y, el colmo: ‘alguna cosa’; Dios quiere darnos los deseos del corazón, pero, y ¿si no sabemos que deseamos? Así anda la gente, sin saber que quiere y lo que sea está bien, pero, para quejarse.
Pero lo más dramático es que declaran actuar en nombre de Dios. Isaías dice que muchos tienen a Dios en su boca, pero lejos del corazón. Jesucristo dijo, no todo el que me llame Señor, entrará en el Reino. Corriendo tras, sin saber que se quiere, conformándose para quejarse: esto no debe reflejar nuestra vida.

¡Tremendo análisis!, ¿no crees?
Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, la Palabra ¡tiene tanta enseñanza!

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