Responsabilidad digital

CVCLAVOZ  – La máquina, antes identificada con motores, combustión y actividad industrial, hoy invade todos los ámbitos de la vida a través de la tecnología. En la revolución digital, la máquina adquiere diversos rostros, gracias a elaborados y fascinantes programas de computadora. Casi olvidamos que más allá de su rostro amigable en la pantalla y de sus delicados mecanismos y dispositivos, sigue siendo máquina.

Quienes operan la tecnología en el campo de las comunicaciones tienen un permanente desafío: Recordar que el centro de la realidad es el ser humano. Tan seductor es el poder de la tecnología que podemos incurrir en la tentación de ver al hombre al servicio de la máquina. Es una iniquidad que no podemos cometer.

La revolución digital transforma el modo en que la gente piensa respecto de sí y del mundo. Está transformando también el modo en que nosotros pensamos al hombre. Tenemos que aceptar la noción de que el futuro ya no es el futuro. El futuro es presente.

Y frente a este hecho inevitable habría dos responsabilidades cruciales. Una, es entrar todos juntos al futuro. En el constante afán de servir al ser humano, no deberíamos olvidar que hay aún inmensos segmentos de la sociedad que no tienen los accesos básicos al mundo digital. Vamos a ser justos servidores de nuestra generación si abogamos por una inclusión justa en el acceso a las tecnologías que dominan la comunicación y el desarrollo social. Educación y medios materiales serán los más importantes recursos para este logro.

La segunda responsabilidad es fundamentar nuestro quehacer en una sensibilidad ética sin compromisos. La máquina es un medio; el fin es el hombre. No tiene sentido hablar de medios de comunicación social, si el componente social a que alude no contribuye consistentemente a mejorar los días de la gente.

Ante la imposibilidad de construir un mundo perfecto, el poder tecnológico de los medios de comunicación debe funcionar como una palanca para mejorar la realidad presente, promoviendo la inclusión, la justicia, la equidad, la dignidad de las personas. Nuestros medios deben ser un canal abierto para que las personas puedan expresarse y plantearse con ventaja frente al imperio a veces omnipotente del sistema político, económico, cultural o social, siendo ellas protagonistas de su propia historia. Nuestras máquinas y nuestra tecnología deben ser, de nuevo, el medio. Nuestra cultura ética y nuestra excelencia profesional serán los más importante recursos para este logro.

Benjamin Parra

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