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Contagia tu alegría

“Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría”. Salmos 94:19 NVI

Nuestro diario vivir siempre estará  lleno de cosas buenas y malas, pero es nuestra decisión dejar que esto nos derrote y crezca al punto de afectar todo nuestro ser. Si sientes que esto pasa, la Palabra nos dice: “Dejen todas sus preocupaciones a Dios” 1 Pedro 5:7-9 (DHH) al depositar todo lo malo en Dios, el cambia nuestro semblante por un gozo que no solo nos bendice, sino contagia a nuestro alrededor.  Decide dejar que Dios te inunde con su alegría.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Siente con el corazón

“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Romanos 12:15 (RVR1960)

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro para saber lo que siente; hoy vivimos en una sociedad menos empática e indiferente, que a veces parece no tener corazón. Dios quiere que seas  más sensible con lo que pasa al tu alrededor, alégrate con aquel que está feliz, llora con el que esta triste; siente con el corazón y se genuino cuando te gozas o consuelas a alguien.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

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¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué me siento triste?

¿Te ha pasado que una que otra vez sientes un desánimo que no sabes de donde viene? Todo te está saliendo bien y sin embargo no logras sentirte satisfecha, no logras quitarte esa especie de nube oscura que sientes sobre ti.

Hay muchas causas que te pueden hacer sentir así. Siempre se trata de un déficit o falta de algo. A veces puede ser incluso deshidratación.

El trastorno también puede ser causado por las hormonas, o puede ser por un exceso de calcio. Si consumes muchos lácteos, te sobreviene una hipocalcemia, y entre tantos otros factores que afecta, te puede poner triste o irritable. Otro de los síntomas de éste déficit son calambres en las extremidades.

El cuerpo debe estar siempre con un balance entre el calcio y el magnesio para que esto no ocurra.

Cuando no conseguimos la razón de nuestra desazón, de nuestra falta de alegría, y si no es por largos períodos, puede ser este único factor.

Analiza si has comido un exceso de lácteos o si has ingerido grandes cantidades de comidas ricas en magnesio, como almendras, salvado de trigo, semillas de calabaza, nueces de Brasil o semillas de girasol.

Y mucho más allá… cuando no has tenido un encuentro con Jesús, si no dedicas un tiempo a diario con Él y por ende no llegas a saber, a descubrir tu propósito en la vida, eso te puede hacer sentir así, vacía. Pero Él está ahí a tu lado. Sólo tienes que hablarle y pedirle que entre en tu corazón.

Déjame saber qué te pareció el blog o si deseas conocer más acerca de Jesús y tu propósito.

Dios te bendiga.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Crees que reír mucho atrae llanto?

Hay personas que han crecido con dichos como ese. Desde pequeños les inculcan que reír mucho trae lágrimas o que no deben hacerlo porque atrae todo lo contrario.

Son supersticiones. Son cuentos. Pero confieso que yo por muchos muchos años tuve ese chip en mi cabeza. No tengo la menor idea dónde lo recogí. Y por los giros de la vida, que de pronto estás muy feliz y de pronto te vienen razones para estar triste o llorar, creía que eso era cierto. Era como un sentido de culpa por ser muy feliz aunque fuera por solo un momento. ¡Es increíble pensar en las cosas con las que uno puede cargar desde chico y sin siquiera saber por qué ni de donde vienen!

Lo cierto es que si has sentido así como yo, sea porque alguien te lo inculcó o porque lo escuchaste tanto que te lo creíste, te tengo muy buenas noticias:

Nuestro Dios, Jesús es un Dios que nos libera de todo tipo de cadenas, incluso de cositas como esas que nos han sembrado en la mente y que a veces nos limita el ser felices. Desde que recibí a Dios en mi vida, he sentido lo que llaman con mucha certeza “el gozo del Señor”. Y buscando Escritura para respaldar mi sensación encontré en Salmos 16:11 Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”

Eso me confirmó que no debo sentir ninguna culpa por reírme demasiado, más bien de inmediato pienso que es Él, ya que nos llena de alegría con Su Santa Presencia.  Haz la prueba. Recibe a Jesús en tu corazón. ¡Va a ser la mejor decisión de tu vida!

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡No dejes de reír!

En muchos lugares veremos que la risa es el mejor remedio del alma. Y es cierto. Reír es maravilloso.

Cuando he estado con amigas que se sienten deprimidas, yo les digo que hagan el gesto de sonreír. Aunque sea forzado, porque ¡resulta que al mover esos músculos de la cara, le pasamos la información al cerebro de que nos estamos sintiendo bien!

Cuando nos reímos se activan las endorfinas. Las endorfinas son neurotransmisores que se activan al mover ciertos músculos de la cara…los que usamos para reír o sonreír. Esas endorfinas nos hacen sentir más felices y menos estresados.

Reír también ayuda a expandir los pulmones. Al reír además relajamos los músculos del cuerpo.

Una risa a carcajadas puede ser una maravillosa manera de liberar emociones. Hay muchas personas que se pasan la vida reprimiendo sus emociones y reacciones, ya sea por las normas sociales o muchas veces porque son tímidas. Al reír a carcajadas se liberan de tanta represión. Incluso luego de reír, a partir de ese momento de risa, todo lo que viene después en nuestro día, nos parece mejor. Le vemos el lado positivo.

La risa hace a las personas más atractivas. Es decir, la gente a nuestro alrededor se sienten atraídas hacia los que reímos. Sienten que somos más accesibles y la actitud alegre y positiva, la buena disposición es contagiosa. Por tanto, con la risa haremos sentir mejor a todos a nuestro alrededor.

Hay que reír a diario, es saludable, positivo, contagioso y nos da felicidad.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Alegría desbordante

Hoy en nuestras oficinas tuvimos una vez más el día de Ayuno y Oración que llevamos a cabo una vez al mes, y en este día, tenemos la bendición de adorar juntos a Dios, y en Su presencia, hacer peticiones por nuestros amigos, familiares, la audiencia de CVCLAVOZ y yesHEis y por los países del mundo.

El mensaje que nos dio nuestro pastor, Daniel Morales, se refería al Salmo 95 donde  el salmista pide que aclamemos con júbilo al Señor Jehová. Y es cierto, es así que Dios quiere que lo adoremos, que le dediquemos canciones con emoción, con algarabía, gozo, felicidad. Tenemos sobradas razones para estar felices. Le conocemos y sabemos Sus promesas. Sabemos que somos salvos y vamos a vivir con Él, nuestro único Rey eternamente, sin enfermedades ni dolor. Él siempre ha cumplido Sus promesas.

Y hoy te pregunto a ti que estás leyendo este blog: ¿has ido a conciertos o competencias deportivas y has aplaudido y gritado por tu artista o equipo favorito deportivo en ellos?

¿Y te avergüenza acaso hacer lo mismo por Jesús? ¿Por qué? ¿Será porque no lo puedes ver?

Pero Él a ti si. Él te puede ver en lugares públicos y en la privacidad de tu hogar. Y en cualquiera de los dos, si te provoca, no solo puedes, lo DEBES hacer. Ese es nuestro Rey, nuestro Salvador, nuestro Amor Sin Igual, nuestro Maestro, y mejor que todo eso, es nuestro AMIGO.

Tengamos pasión por nuestro Creador, por el que nos redimió y se entregó como sacrificio para que nosotros no tuviéramos que pagar por nuestros pecados. Regocijémonos a diario porque tenemos ese mejor de los amigos en la vida. Podemos pasar por pruebas, por momentos terribles, pero no dejemos jamás de alabar a nuestro maravilloso, asombroso, inigualable y único Dios Todopoderoso.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una vejez observada

“El oficial civil me preguntó tres veces si aceptaba a Victorino como esposo. Mis primas me pellizcaban por detrás para que hablara. El oficial dijo que si no respondía a la siguiente vez iba a cancelar la ceremonia. Así que dije que sí.” Mi mamá tiene casi noventa años y de repente relata con una lucidez asombrosa hechos que ocurrieron – en este caso – hace siete décadas. Hace un rato se miró las manos y se preguntó en voz audible: “¿Cuántos panes habrán amasado estas manos?”
La miro y me pregunto si mi mamá habrá sido feliz. Toda su vida trabajó en tareas de casa. Primero de adolescente donde unas tías bastante poco amables; luego como esposa, madre y además como empleada en una casa ajena. Sus únicos placeres – si pudiera nombrarlos así – eran su siesta sagrada e ir a la iglesia casi todas las noches.
Por cierto, uso la palabra feliz no en el sentido banal que hoy tiene sino como un estado de vida en el que a veces hay algunos buenos momentos y otras, que pueden ser bastantes, malos. Recuerdo pocas sonrisas en su rostro. No tuvo una vida fácil. Hoy confiesa que ha vivido demasiado y suspira: “Quisiera que el Señor ya me llevara”.
Una vez le preguntaron al patriarca Jacob cuántos habían sido los años de su vida. Con una singular sabiduría respondió algo como “pocos y malos han sido los años de mi vida y no alcanzaron a los años de la vida de mis padres”. En la mentalidad presente esa respuesta sería considerada muy poco positiva, pusilánime, perdedora. Hay una intoxicante obsesión que atraviesa toda la cultura por estar bien, por ser feliz, por tener todo resuelto, por vivir la vida con alegría. Si expresas la más ligera pesadumbre te sugieren el psicólogo, alguna terapia de flores o decoración, algún cursillo de filosofías orientales o una academia de baile entretenido. No me provoca discutir lo bien o no que hagan esos ejercicios del cuerpo y de la mente. Me intriga ese horror por cualquier vestigio de sufrimiento.
¿Fue feliz mi mamá? La verdad no puedo decirlo. No llegamos a tener una relación que permitiera explorar esas profundidades. En esos ratos de casi ensoñación que vive sentada en su sillita en el patio del frente, buscando la tibieza de unos mezquinos rayos de sol otoñal, estoy seguro que medita en la respuesta de esa cuestión.

La buena tristeza

“Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.” Eclesiastés 7:3

La película IntensaMente es la historia de Riley, una joven niña que está en su transición de la niñez a la adolescencia y mientras se da ese cambio personal, su vida cambia al mudarse de su acogedor pueblo de Minnesota a San Francisco; un lugar muy diferente, extraño, que hace que todas las emociones que viven en su interior estén fuera de control.

Alegría trataba todo el tiempo de que Tristeza no toque los controles para mantener feliz a la niña y en un momento ellas dos terminan muy lejos del cuartel general donde estaban los controles de personalidad de Riley, quedando Furia, Desagrado y Temor a cargo, y como consecuencia la personalidad de la pequeña poco a poco se desmorona, lo que hace que quiera escapar a su antigua ciudad. Después de una serie de obstáculos Alegría y Tristeza  logran volver al Cuartel y es ésta última quien hace desistir a Riley en su plan porque atrae recuerdos con sus padres y esto hace que los extrañe.

Casi siempre deseamos estar felices, sin problemas o no sentir tristeza de ninguna manera, pero en ocasiones es bueno dejar que esta emoción invada nuestro corazón para que reaccionemos de alguna manera. En el caso de Riley, si no hubiera sido Tristeza quien influía/influenciaba en los recuerdos la pequeña hubiera escapado de casa, o pensemos cuando un ser querido enferma, hay tristeza y valoramos más su vida, o cuando herimos a alguien querido, la tristeza nos ayuda a darnos cuenta que hemos cometido un error.

La Biblia dice: “Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual.” 2 Corintios 7:10 (NTV) La tristeza hace que volvamos nuestro corazón a Dios. Un profesor de psicología en la Universidad de California en Berkeley, Dacher Keltner dice que la tristeza es una emoción fortalecedora de relaciones (Wikipedia)

Aprovechemos ciertas ocasiones de tristeza para meditar cómo está nuestra vida, nuestras relaciones con el prójimo y sobre todo con Dios, permitamos que la tristeza nos lleve siempre a nuestro Señor porque su consuelo y guía es superior a cualquier cosa.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La diferencia

“A veces la soledad es un amparo secreto, un remanso plácido y sutil. Otras, un latigazo feroz, una compañía indeseable, una sombra doliente.”
Así es nomás. Lo que para uno es alegría no disimulada, para otros es condena atroz. La vida en dos caras, anverso y reverso en la misma existencia. Cómo coincidir en este misterio. Siempre algo a contrapie, todo el tiempo una disonancia. El sueño de cóncavo y convexo de la canción de Roberto Carlos es eso, un sueño. En el paroxismo de los cuerpos pareciera que todo se funde y se hace uno, pero una vez pasadas esas eternidades regresa un desasosiego, la insoportable aspereza de la otredad.
Solía pensar, en la edad de la inocencia, que la diferencia era el ambiente perfecto de la unidad. Hasta que se hizo querella constante, reproche inaudible, gesto visible de la molestia. Lo que fuera atracción de los opuestos devino martillo de la discordia, argumento recurrente de la refriega. Y lo otro, lo mismo; ser tan iguales con el tiempo se hizo aburrimiento, mímica atosigante. Es que somos tan parecidos resultó ser la cara oculta de un espejo enervante.
“Vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo. Las viejas discusiones se van perdiendo entre las razones. A todo dices que sí, a nada digo que no, para poder construir esa tremenda armonía que pone viejos los corazones.” ¿Será eso, al final? Algo parecidos, algo diferentes tal vez resuelva la vieja cuestión.
Hay tantas adversidades todo el tiempo. El ruido destructivo de la ciudad, la noticia corriente del robo a mansalva y el latrocinio de empresarios, clérigos y políticos, el hedor de la suciedad y el humo sofocante de las usinas, la violencia que no da tregua en callejones y bulevares, la inquina y el maltrato de jefes y patrones, la insolencia de dependientes y funcionarios, las manifestaciones con su inventario de calles cortadas, vidrieras rotas y gases lacrimógenos, las querellas que se expiden en cartas-documento y que se despachan en las oficinas del tribunal, la estridencia de opinólogos, panelistas y expertos de utilería en radio y televisión, la chapucería y la ignorancia rampante por todos lados.
Tanta abrumadora diferencia inevitable, ¿no justifica que uno quiera elegir la soledad como amparo secreto, como remanso plácido y sutil?

Y, ¿no es irónico que a final de cuentas la soledad es la única que no nos dejará… solos?

(Fotografía: Inti y yo, sombras en el campo)

¿Alegría o aflicción?

La aflicción hace referencia a un profundo sentimiento de tristeza, pena, dolor o sufrimiento, y muchas situaciones adversas de la vida aportan a sentirnos de esa manera, tales como problemas familiares, matrimoniales, económicos, espirituales, etc. Y esto hace que los días se vuelvan pesados y difíciles de sobrellevar.

No obstante es inevitable sentir dolor o tristeza en un momento dado, pero si se puede evitar vivir el día a día derrotado.

Proverbios 15:15 dice: “Todos los días del afligido son difíciles; mas el de corazón contento tiene un banquete continuo.”

Mantener el corazón contento a pesar de las aflicciones no es fácil porque es una batalla entre el ver una luz en medio de la tormenta o solo ver la obscuridad de los problemas. Además como dice el Proverbio que el corazón contento trae alegría continua, eso nos ayudará a ver soluciones y la vida desde otra perspectiva.

¿Cómo podremos lograr el contentamiento? Siendo agradecidos, porque el corazón agradecido siempre verá el favor antes que el obstáculo, la gracia antes que la disciplina, la abundancia en vez de la escases, la fe a antes que el miedo, a Dios Todopoderoso y misericordioso.

Si hoy despertaste con un corazón afligido y ves la vida de manera muy negativa, necesitas confiarle a Dios tus problemas y preocupaciones, agradece de corazón todo lo que tienes tanto lo bueno y lo malo, y a cambio recibirás su paz y gozo para que sigas adelante.

¡Decide que tus días sean de alegría continua junto a Dios!

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa.” Isaías 41:10 (NTV)

 

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