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Mi arbolito de Navidad

Mi arbolito de navidad.

por Sarai Llanes

Cuando yo era niña, en mi país, no se permitía celebrar la Navidad. Si le preguntas a los niños cubanos de mi generación, pocos tendrán memoria de esta fecha. Simplemente no existía. Pero mi infancia fue un poquito, un poquito diferente.

Crecí literalmente en una iglesia, mi abuelo era el pastor y mi casa era el templo, así que si en algún lugar del pueblo hubo siempre Navidad fue en mi hogar.

Uno de los recuerdos que me quedan de esa época es el momento de armar el arbolito. No era como ahora, que los venden en las tiendas con lucecitas y todo. Nuestro arbolito nunca fue un pino tampoco. Nos íbamos al campo a cortar algún arbusto sabe Dios de qué especie, que tenía unas hojitas chiquiticas que se caían y llenaban todo el piso.

Primero cubríamos el arbusto de algodón, algodón que se reciclaba de año en año, porque a mi abuela siempre le gusto el árbol blanco, y porque además tampoco aquellas ramas eran muy tupidas, apenas unos gajos tristes, así que había que rellenar.

Luego le poníamos las bolas. Nosotros teníamos guardadas desde tiempos inmemoriales, fácilmente anteriores a 1959, unas bolas de cristal, algunas de hecho ya medio rotas y reparadas que teníamos que poner de lado para que no se viera el arreglo. Como eran pocas, tocaba hacer adornos caseros, con papel aluminio, lazos, estrellas, lo que se nos ocurriera. El asunto era que el árbol tenía que brillar. Nuestros árboles siempre fueron muy, muy humildes. Nunca tuvieron lucecitas, si acaso un bombillo incandescente disfrazado de una estrella hecha a mano. Y bajo el árbol un pesebre, sin María y sin José, solo un pesebre que mi abuelo, pastor y también carpintero, había construido y que mecía a uno de mis muñecos.

Aquella imagen rústica ahora pudiera parecer intrascendente, cuando todas las calles se llenan de luces y los árboles compiten en belleza y altura. Pero en ese entonces, por ser único y prohibido, y porque nadie tenía, durante todo diciembre pasaba el pueblo entero a ver aquel arbolito de mi casa.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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