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Esta juventud

A lo largo de la historia, los adultos siempre han reprobado las costumbres de los jóvenes… Toda la vida ha sido igual: lo viejo está contra lo nuevo. Y cuando la novedad por fin es aceptada, tiene los días contados: pronto se propondrá otra cosa.
(Constanza Gutiérrez, Por qué los millennials somos distintos (y muy parecidos) a ustedes, La Tercera, 25 de agosto de 2017)

Cada cierto tiempo entro en crisis con las cuestiones que creo y me pasa que debo ponerlas en remojo. Otras miradas suelen mostrar nuevos relieves, matices o desafían frontalmente las creencias. No todo el tiempo pero sí a veces es necesario.
El artículo que cito y que sugiero leer con atención revive la discusión de si la juventud de antes fue mejor que la de hoy y si estas chicas y chicos podrán afrontar el mundo del que se tienen que hacer cargo.
Por más que comparemos lo que nosotros hicimos – y no hicimos – cuando éramos jóvenes con las acciones de la actual gente joven, vamos a tener que llegar la sobria conclusión de que nuestra época era diferente a la de nuestros padres y a la de nuestros hijos y que cada una tuvo sus propias luces y sus propias sombras. Y que ellos nos criticaron nosotros y nosotros criticamos a nuestros hijos e hijas.
El viejo consejo del Eclesiastés viene a cuento: Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca esto preguntarás con sabiduría. En otras palabras, es necio creer que el pasado fue mejor. Fue distinto en cuestiones externas, sin duda. En mi época los viejos teléfonos análogos eran un lujo que sólo los más afortunados del barrio disponían. Hoy cada persona en el mundo – casi – tiene un teléfono digital. Pero en cuanto a la condición humana, los tiempos fueron iguales.
Es inevitable que me pregunte cómo la gente joven ve el mundo, cómo lo va a manejar una generación que no lee, que no tiene paciencia, que no está dispuesta a sufrir rigores disciplinarios, que no reconoce verdades permanentes o ni jerarquías ordenadoras.
Es necesario profundizar el diálogo. Hubo una época en que me costaba mucho tratar con la juventud. Con el tiempo he llegado a entender que es por ahí donde hay que buscar la esperanza y el cambio.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

 

Tú eres un factor importante para el cambio

A diario nos preguntamos por qué el mundo está en el caos que vemos a diario en las noticias. Nos preguntamos repetidamente, ¿por qué? Y diariamente, también nos preguntamos qué podemos hacer.

Tú puedes contribuir con el cambio. Así como una piedra lanzada al agua ocasiona un movimiento que puede tener consecuencias que no imaginamos, tú puedes ser como un cerillo que enciende la llama de la pasión por ayudar al prójimo.

Hay días que me he sentido baja de ánimo, seca de humor y no entiendo a qué se debe. Esos días lo que hago es que tomo la decisión de bendecir a cada persona que se cruza conmigo. Sin que ellos lo sepan. Solo lo hago. Sean conocidos o no. Estoy segura que los beneficia a ellos de muchas maneras y con honestidad, me hace sentir mejor a mi también.

Y es que vemos las injusticias en el mundo y nos preguntamos, qué podemos hacer. Sentimos que el caos es demasiado y qué puede hacer una persona como uno que no tiene ningún nexo gubernamental ni está relacionado con alguna institución que pudiera contribuir. La verdad es que hay mucho que podemos hacer.

Yo normalmente evito ir a eventos de caridad o ayuda donde se publicite lo que voy a hacer. Evito lo más que puedo ir a eventos donde hay reseñas en la prensa o un canal de televisión acerca de la ayuda que se va a dar. Y entiendo que en parte hay que dejar saber que hay gente ayudando y que puede ser una inspiración para otros, pero siempre pienso que satisface mucho más hacer ese tipo de cosas cuando nadie sabe lo que estás haciendo.

Aunque sea a un solo niño que no conoces que decidas apadrinar a la distancia a través de instituciones que se encargan de cubrir sus necesidades básicas, estás haciendo mucho. No pienses que un solo chico que ayudes no va a cambiar el mundo. Sí lo cambia, porque hay familias alrededor de ese chico que ayudas que pueden ver que aún hay humanidad, y eso les da esperanza. Eso les da inspiración para también brindar ayuda si llegan a salir de esa situación.

Tratar bien a las personas, ayudar a quien veas en problemas en la calle, a una anciana que veas perdida en un estacionamiento, a un desamparado que notes que está hambriento, darle una mano al vecino que está bajando cosas pesadas de su auto, en fin, cada gesto, cada disposición a ayudar que hagas a conciencia, causa un efecto maravilloso en los corazones de quienes te vean o de esos a quienes ayudas. No dejes de hacerlo cuando sientas que debes.

Entiendo que hay quienes se aprovechan de la bondad de muchos y debemos cerciorarnos, sobre todo si somos mujeres solas, de que sea cierto que necesitan ayuda. O para estar claras, no vamos a montar a un desamparado en nuestro auto, porque no conocemos su estado mental. Pero si podemos comprarle algo de comer y dejárselo cerca u ofrecérselo sin bajarnos del auto por ejemplo.

No te sigas quejando de cómo anda el mundo si no tomas la iniciativa de hacer algo a diario al respecto. Déjate guiar por tu buen espíritu teniendo tus sentidos bien alertas para tomar decisiones correctas. Dios te ayudará a saber si hay peligro o no.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cambio

La dinamita es una sustancia volátil muy potente compuesta principalmente por nitroglicerina, un líquido inestable que al ser absorbido en un medio sólido se convierte en un explosivo. Su inventor fue Alfred Nobel en el año 1866, en ese entonces la dinamita sustituyó rápidamente a otros compuestos en la excavación de montañas, la construcción de carreteras, demoliciones y en general cualquier obra pública que requiriera el movimiento de masas rocosas.

Sin embargo su uso como arma de guerra no se dejó esperar. La dinamita se utilizó por primera vez en el año 1870 durante el enfrentamiento franco-alemán y pronto se extendió a las revoluciones hispanoamericanas.

Desde ese momento los combates armados nunca más fueron iguales. La invención de un explosivo pequeño, fácil de manipular y con un gran poder de destrucción, lo cambiaría todo.

La Biblia también habla de un evento que cambió radicalmente la vida de un puñado de hombres y la historia de la humanidad.

Hechos 2:2-4 dice: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Versión Reina-Valera 1960

Cualquiera en ese entonces podía decir que Jesús hizo un trabajo poco eficiente en la vida de sus 12 discípulos: uno se suicidó, otro lo negó y todos salieron huyendo. Parecía todo un fracaso hasta que vino sobre ellos el Espíritu Santo.

Muchos ministerios a lo largo de la historia de la humanidad no comenzaron verdaderamente a tener un impacto con la predicación de la Palabra de Dios sino hasta después de recibir la promesa del Espíritu Santo.

No fue el compromiso o la motivación de sus integrantes, ni las buenas ideas o las intenciones que tenían, no fueron sus recursos o la gran cantidad de contactos que poseían, fue Espíritu de Dios actuando a través de ellos.

Los discípulos por ejemplo pasaron de cobardes a ser hombres aguerridos y dispuestos a predicar la resurrección de Jesús sin miedo a la muerte.

Hechos 2:14 dice: “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras…” Versión Reina-Valera 1960

Así como la pólvora cambió la forma de hacer la guerra, el potente toque del Espíritu Santo de Dios puede cambiar definitivamente a un hombre en su forma de ver la vida y de enfrentar al mundo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

10 preguntas que debes hacerte todos los días

Los niños tienen la habilidad de maravillarse de todo. Cuando son pequeños, todo es nuevo y fascinante para ellos. Sin embargo, cuando comienzan a crecer, se acostumbran a lo que se encuentra a su alrededor y ya no se asombran con facilidad. Si antes les parecía extraordinario la manera en que funcionan las cosas, una vez que aprenden cómo se realiza, ya no tienen más admiración por ellas.

De adultos, estamos tan acostumbrados a despertar y seguir viviendo, que olvidamos que el simple hecho de abrir los ojos cada mañana es un milagro. Al entender esto, debemos aprender a ser más considerados y agradecidos con cada nuevo día. De esta manera, podremos vivir de manera diferente y productiva. Estas son algunas preguntas que ayudan a reflexionar sobre la vida y a darse cuenta de lo que realmente importa:

  1. ¿Qué aprendí de ayer?
  2. ¿Qué puedo cambiar hoy?
  3. ¿En qué pienso invertir mi tiempo libre?
  4. ¿Cómo puedo mejorar mis relaciones interpersonales?
  5. ¿Las decisiones de hoy tendrán repercusión a largo plazo?
  6. ¿Estoy orgulloso de los planes que tengo para hoy?
  7. ¿Tengo algún problema con alguien que deba solucionar?
  8. ¿Qué puedo hacer para ayudar a otros?
  9. ¿De qué manera quiero recordar este día?
  10. ¿Qué mal hábito debo cambiar hoy?

Tampoco debemos dejar de lado la oración, el ejercicio y la lectura de la Biblia. Ésos son los tres ingredientes para comenzar el día de la mejor manera posible.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por amor…

En una ocasión me encontraba en compañía de mi padre cuando se descargó la batería de la movilidad;  lamentablemente estuvimos detenidos bastante tiempo porque nadie quiso parar para ayudarnos, hasta que finalmente un señor se detuvo para proporcionarnos auxiliarnos, y cuando lo hizo, no tardo en cobrar por su ayuda.

Es interesante pensar que nadie quería hacer un favor y el único que se detuvo fue esperando recibir algo a cambio.

Generalmente uno “espera recibir algo” después de brindar un servicio o un favor, de lo contrario es probable que no se haga nada. Sin embargo, es interesante analizar ¿Qué haría Jesús? Él ayudaba por amor, por esto daba sin esperar, se encontraba en el momento de necesidad y no le importaba si recibía algo por su esfuerzo, sino que se preocupaba en apoyar al que lo necesitaba.

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” 1 Corintios 15:58 (RVR 1960)

A veces sucede lo mismo en el servicio a Dios, esperamos algo a cambio por parte de los líderes o pastores, como un aplauso, unas palabras como: “lo hiciste bien, eres el mejor”, y cuando no recibimos aquello, nos desanimamos y vacilamos; por esto, en este pasaje el Señor nos pide que sigamos adelante, firmes y constantes, porque el trabajo que realizamos para Dios no es en vano.

Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.” Hebreos 6:9-10 (RVR 1960)

Cuando sirves a Dios No esperes aplausos, tarima o que te tomen en cuenta, sírvele por amor. Dios sabe lo que haces, y Él no es injusto para olvidar el trabajo que realizas con amor; aunque el hombre no reconozca tu trabajo, hay un Dios que sí lo hace, que está viendo tu trabajo.

Te animo a servir al Señor con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, sin esperar nada a cambio de tus autoridades o de la persona a quien estás apoyando, sirve con un corazón humilde y seguro porque en su tiempo recibirás la recompensa y no de un hombre, sino de Dios.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El gatito y la foto

Voy en el metro a la casa de mi hija. He conseguido un asiento y me acomodo porque debo llegar hasta el final del recorrido. Hay dos chicas sentadas frente a mí que llevan un gatito de días. Una de ellas le va haciendo pequeños videos que supongo va a poner en su red social favorita. En un momento le hace una foto fija, la mira y dice: “¡No, no me gustó!” La borra y saca otra.

Ese simple gesto me traslada a la época en que yo tendría la edad de esa chica, unos trece o catorce años. Entonces, sacar una foto requería una serie de pasos hoy impensables para ella: tener una cámara aunque fuera pequeña; había que ir a una casa fotográfica y comprar un rollo de película, quizá de 24 exposiciones, de 400 ASA. En una situación similar, buscaría un ángulo y un momento oportuno para sacar la fotografía deseada.

En este punto, las distancias con este cuadro frente a mí se hacen casi infinitas. Tendría que esperar a terminar el rollo de película, llevarlo a la misma casa fotográfica y pedir un revelado que en el mejor de los casos en aquellos días sería “rápido” en 48 horas. Recién entonces, tal vez una semana o dos después de tomar la fotografía del gatito, podría decidir si me gustaba la fotografía… o no.

Sé que parece una reflexión algo insustancial, pero quisiera explicarles por qué no lo es. Lo que ha sucedido frente a mí en el metro es un acontecimiento de gigantescas proporciones y que aunque los expertos lo discutan y lo divulguen no alcanza a tocar la conciencia de la gente en la forma que debería. El tiempo, definitivamente, es algo relativo. Una vez, tomar una foto suponía días de espera para saber el resultado; hoy, apenas unas décimas de segundo.

No es sólo que el tiempo se ha reducido. Han cambiado inmensamente las expectativas que la gente tiene respecto de cuándo deben ocurrir las cosas y cómo. La instantaneidad implica un cambio en la valoración de las relaciones humanas, la duración de los compromisos, el significado de la espera, el espacio que debería ocupar la vida en nuestras mentes y en nuestros sentimientos.

Cuando todo ocurre tan rápido, ¿es posible esperar que la verdad y los compromisos permanentes con ella sean cosas por las cuales valga la pena poner la vida?

Les dejo la palabra…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Al final del día

Algunas grietas quedan en el día por donde todavía es posible entrar en busca de un amparo leve. En este espacio mínimo de tiempo disponible se encuentran aún algunas fuerzas para concretar un proyecto pacientemente construido. Queda tiempo quizá para unas palabras finales que den cuenta de cierta madurez adquirida a golpes. Prolífica y persistente, la memoria remite a los días de la ingenuidad y la pasión, aquella época en que las razones y el deber no habían asaltado aún la plaza.
En lo que resta del día se llevan a cabo recurrentes balances y se analizan las cuentas de la vida en el libro del debe y el haber. ¿Se pudo haber hecho aquello que nunca se hizo? ¿Se hizo lo que nunca se debió hacer? Tormentos inútiles, porque el pasado es una página sobre la que no se puede volver a escribir. Sólo queda elegir el remordimiento o la paz, el dolor o la esperanza.
Se van reduciendo tranquila y pausadamente las posibilidades. Lo que hasta hace un tiempo era camino abordable devino muro y cerrazón. Los años reclaman inexorablemente los réditos de su inversión. Nos van reduciendo de a poquito el aliento y las ganas. Nos otorgan, tacaños, unos gramos de sabiduría a cambio de la vida que se llevan.
Y sin embargo lo que hasta ayer se pensaba imposible vino a la luz de un modo inesperado. Aprendemos a querer las cosas simples que antes consideramos vulgares y sin valor: lugares y personas, estados de ánimo y pensamientos, emociones y silencios, soledades y rutinas. Se convierten en querencias unos sitios en los que nunca antes quisimos estar. Se temperan algunas inclinaciones y otras se resisten. Reflexionar en la suma de los días vividos y la resta de los que quedan por vivir es una matemática inofensiva en tanto sea nada más que un sobrio pasatiempo.
Todo va cambiando. Pero la paradoja es ésta: si uno mira todo desde una cierta altura no hay un cambio esencial. En todos los tiempos y en todas las personas la vida es tal cual. Sólo resta, estoica o militantemente, esperar el inevitable desenlace de la historia.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Ejemplo transformador

Cuentan que un niño fue una vez a una escuela de chicos de escasos recursos; en el lugar le lavaron la cara y al volver a su casa la madre, viendo el rostro tan limpio del pequeño, no pudo menos que creer que el suyo estaba bastante sucio, así que se lavó también.

Cuando el padre vio las dos caras limpias; se lavó igualmente. Luego comparó desfavorablemente el  cuarto en el que vivían  con las caras limpias, de manera que la madre se puso a  fregar y limpiar el polvo.

Otra mujer que vivía en otro cuarto en la misma casa, viendo el cambio de sus vecinos, se decidió a emplear los mismos medios de limpieza. Pero el cambio no se limitó  a estas  dos familias sino que toda la vecindad se reformó. Y todo esto fue el  resultado de haber lavado la cara a un pequeño.

Lavarle el rostro a un pequeño puede parecer una acción casi insignificante, podríamos creer que más allá de evitar enfermedades y de que se vea bien no hará ningún otro cambio significativo, lo cual es una gran mentira.

Cada una de  nuestras acciones tiene repercusiones y muchas veces no llegaremos a conocer el alcance que tuvieron, pero sin duda habrán afectada la vida de una o más personas. Nunca olvides que aún la cosa más mínima  que hagas puede cambiar la vida de alguien, edificándola o destruyéndola. Y lo mismo sucede con nuestras palabras, todo aquello que digamos repercutirá en los demás.

Las familias en las que hay amor y respeto tienen niños que tratan de la misma forma a los demás; y aquellas en las que la violencia física o verbal está presente tienen miembros agresivos con otros y esto tiende a ser una cadena en crecimiento.

Procuremos que nuestras palabras y acciones transformen la vida de los demás, que puedan verse en nosotros como en un espejo, que podamos inquietarlos a cambiar y a ser mejores, a corregir sus caminos y ayudar a otros.

“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos.  Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios”. Efesios 5: 1, 2 (NTV)

Busquemos que en todo tiempo ser buenos imitadores de Dios, que nuestras vidas reflejen su amor y podamos ser agentes de cambio de personas, familias y hasta comunidades.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Zaqueo! ¡Bájate de ahí!

“Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: «¡Zaqueo! —le dijo—. ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa».” Lucas 19:5 (NTV)

Jesús iba pasando por la ciudad y al enterarse esto un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, tenía el anhelo de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, y por otro lado, era pequeño de estatura, por ello se adelantó para subirse a un árbol sicómoro para ver al maestro de quien todos hablaban.

Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, lo vio, y le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. (Lucas 19:5) Seguramente por su mente pasó la idea: Si habían tantas personas alrededor mío, ¿cómo fue que me escogió y me llamó por mi nombre? Todos saben muy bien que soy un funcionario que me hice rico a expensas de ellos. Entonces bajó del árbol y un gozo inigualable pintaba el rostro de Zaqueo al escuchar estas palabras que venían de Jesús.

El deseo de Zaqueo, era ver a Jesús, ya sea por curiosidad o por ser testigo de algún milagro pero sin importar la razón que tuviera lo buscó, de igual manera nosotros en nuestra necesidad de empleo, de una restauración familiar y aun económica vamos a buscar a Dios. Pero la pregunta es ¿Cuán dispuesto está tu corazón para hallarlo y permitir que Dios lo transforme?

Como los pensamientos de Dios son mayores que los nuestros, Él escudriña el corazón. Jesús vio el anhelo y la disposición de Zaqueo, lo que lo llevó a tener a Jesús en su propia casa.
Dios conoce tu corazón y de lejos puede llamar tu nombre para hacer el milagro que esperas, pero antes Él necesita ver la disposición que hay en ti, sin ello no podrá hacer nada.

No pierdas la oportunidad, Jesús está pasando por tu lugar y está mirando el deseo de tu corazón, Él está atento a tu voz, a tu alabanza, está viendo el anhelo con el que lo buscas, Dios lo está mirando todo. Aun sin importar los errores que hayas cometido Él desea entrar a tu casa y cenar contigo, podrá haber gente a tu alrededor que murmure tus pecados y no acepten la idea de que hoy Jesús desea transformarte y hacerte un instrumento útil en sus manos. Aun a pesar de ello, ábrele las puertas de tu casa. Sus planes son perfectos para ti.

Este varón jamás pudo imaginarse lo que Jesús ya tenía reservado para Él, todo ese esfuerzo invertido no quedó sin fruto. Desde el momento en el que Jesús entró a su casa también lo hizo a su corazón. Fue entonces que decidió cambiar, enfrentar errores pasados y sus consecuencias, si las hubo; pero todo por agradar al Señor.
Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. (Lucas 19:8)

¿Estás dispuesto al cambio? Jesús está frente a ti y te dice date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
Tal vez le abriste la puerta y lo hiciste esperar en la sala, pero Él desea entrar en tu habitación, no tengas miedo y deja de estar viendo desde un árbol lo que sucede, conviértete en un protagonista y toma la decisión de bajar, de prepararte porque el Maestro quiere algo contigo hoy, este es el momento y es necesario que aceptes el reto de que Jesús entre a tu casa y habite por siempre en ella. Dios está dispuesto para ti, sin importar tú pasado, quién eres, lo que hiciste o qué piensas. Sólo déjalo entrar…

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3: 20)

Por Ruth Mamani

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La esencia del amor

El paso del tiempo no sólo cambia personas o sociedades, modifica conceptos y definiciones y el más grande cambio que el tiempo hizo fue la definición del amor y de cómo se demuestra.

Lamentablemente muchos relacionan el amor con el sexo y esta confusión está teniendo consecuencias desastrosas como: abortos, embarazos no deseados, la desintegración de la familia a causa por el adulterio, suicido, etc.

Pero nosotros que conocemos a Dios sabemos del verdadero amor, “pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor 1 Juan 4:8 (NTV) y estamos conscientes de que la más grande demostración de amor fue en una cruz,  “pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores” Romanos 5:8 (NTV)

La palabra dice que ÉL ES AMOR, es decir que es la esencia misma y por ello al hablar del amor también debemos mencionar a Dios, esta gran verdad anula la definición errónea que tiene este mundo.

Amor no es sexo, si alguien dice amarte verdaderamente, entonces antes de llevarte a su cama te llevará al altar y prometerá ante Dios y los demás amarte por el resto de su vida, 1 Tesalonicenses 4:3 dice: “La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual” (NVI)

El Amor es decisión.  Dios  dio a su hijo para que nosotros tuviésemos acceso al perdón y a la vida eterna, ese acto de amor fue determinante para el hombre porque nadie obligó a nadie sino que fue por voluntad propia, “Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. (…)” Mateo 10:18 (NVT). Amar como Él lo hace implica respeto, misericordia, perdón, pureza, compromiso, etc.

Si alguien dice amarte: te respetará, se comprometerá contigo, te cuidará y te acercará más a Dios porque conoce la esencia del amor.

Si dices amar, entonces respeta a tu compañera(o) de vida, tus hijos, tu familia, tu prójimo y sobre todo debes ser fiel.

¡Para dar amor verdadero y sincero conoce el amor perfecto de Dios!

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué dicen sobre mí?

Cuando nos preguntan: ¿Cómo eres? Es sencillo evaluarnos y decir: “soy bondadoso, honesto y fiel”, pero es interesante analizar cómo te calificarían las personas que te rodean, la realidad es que ellos serán una evidencia de cómo realmente eres.

En una ocasión fueron a buscar a una mujer que profesaba ser seguidora de Cristo, la sorpresa fue grande al observar que ningún vecino tenía una imagen buena de ella, la conocían como una mujer mala y problemática. ¿Cómo te conocen a ti? ¿Qué imagen tienen de ti tu esposo (a), hijos, parientes, amigos y vecinos?

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” Efesios 5:1-2

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8

Una persona que realmente ha conocido a Cristo manifiesta un verdadero cambio, precisamente porque ha tomado la decisión de renunciar a las tinieblas y ser luz, vivir la vida imitando a Cristo y dando amor en lugar de problemas.

Esto me recuerda a la historia del amigo de mi padre, este hombre estaba a un paso de divorciarse, porque era violento y en su relación solamente existían gritos e insultos. Un domingo fue a jugar fútbol y al no llegar el equipo contrario regresó temprano a casa; como su esposa se había ido a la iglesia la puerta estaba cerrada y tuvo que ir a buscarla. Al esperar escuchó parte de la enseñanza, se puso de rodillas y se entregó a Cristo.

Esta anécdota no termina ahí ¡este hombre era otra persona! su familia, amigos y vecinos dan testimonio del cambio que tuvo, es hombre hogareño, en su casa ya no se escuchan gritos sino risas, sus hijos están contentos porque su padre ya no es violento sino cariñoso. ¿Cuál es tu historia?

Si eres una persona que ha decidido aceptar a Jesús ¡tienes que saber que tu historia no termina ahí! ¡Si antes eras tinieblas ahora debes ser luz! Si en este momento tu testimonio está por los suelos te animo a empezar de nuevo, vuelve a entregar tu vida a Cristo, ¡pero esta vez hazlo en se
rio! Muestra a todo el mundo que eres diferente.

¡Muestra a todos que Dios está en tu vida!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La curiosidad no mató al gato

La Biblia relata la vida de un hombre llamado Zaqueo que era jefe de los cobradores de impuestos, era una persona que tenía riquezas y vivía sin carencias.

A pesar de que tenía todo, él sentía una falta en su corazón que debía ser llenada de amor. Zaqueo no era del agradado de las personas porque se aprovechaba de ellas. Un día cuando Jesús estaba pasando por la ciudad de Zaqueo quiso ver quien era Él.

¿Has escuchado el dicho que dice: La curiosidad mató al gato? Estoy seguro que sí, muchas veces es mencionado en momentos cuando alguien es entrometido en lo que no le concierne.

En esta oportunidad la curiosidad de Zaqueo no lo mató, es más, por causa de esto la salvación llegó a su casa y su vida fue transformada para bien.

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham”. Lucas 19:8-9

La curiosidad de este hombre lo llevó a subirse a un árbol, ahí fue donde Jesús lo vio y le dijo que era necesario que Él entrara en su casa. Hoy necesitas hacer un poco de esfuerzo porque el Señor quiere entrar a tu corazón para cambiarlo y limpiarlo, sé un curioso de las cosas de Dios y de su palabra porque eso no te matará; sino te dará vida eterna.

“Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová”. Proverbios 8:35

Por Miguel Ángel Veizaga

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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