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La mirada en lo eterno

“Porque nosotros no nos preocupamos por lo que nos pasa en esta vida, que pronto acabará. Al contrario, nos preocupamos por lo que nos pasará en la vida que tendremos en el cielo. Ahora no sabemos cómo será esa vida. Lo que sí sabemos es que será eterna.” 2 Corintios 4:18 (TLA)

El comentarista John Trapp , relató sobre Basil (un escritor Cristiano de antaño que) “Nos cuenta como los mártires fueron lanzados en la noche de invierno, a punto de ser quemados por los gentiles, al día siguiente, se consolaban uno a otros con estas palabras:…El frío es duro, pero el paraíso es dulce; la senda de vivir por Cristo es difícil, pero el fin de nuestra jornada será placentero; aguantemos el frío un poquito, y ya pronto en el seno de Abraham nos calentará; que se nos queme el pie un rato en las llamas paganas, para que bailemos después con los ángeles; que caiga nuestra mano al fuego pagano, para agarrar la vida eterna

Así como estos mártires, y otros también, el Apóstol Pablo pasó por flagelos, abandono, sufrimiento, dificultades, prisión, y finalmente fue decapitado por Nerón, pero jamás claudicó de su fe, su mirada no estaba en las circunstancias buenas o malas que pasaba sino que apuntaba hacia lo que le esperaba en lo invisible, en lo que Dios ha prometido a sus fieles.

“…Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:1-2 (LBLA)

Quizá por los muchos afanes o preocupaciones fuimos desviando nuestra atención de lo eterno hacia lo que es temporal, olvidando o teniendo en poco lo que realmente importa en la vida.

Así que dediquemos nuestros días a hacer lo que a Dios le agrada, en las cosas que nos llevarán a gozar en el cielo junto a Él, donde no habrá más sufrimiento ni lágrimas, allí está el gran tesoro que debemos anhelar.

¡Que hoy y siempre tu mirada esté en lo eterno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

3 consecuencias del pecado

Pecar es muy fácil, tal vez sea por ese motivo que minimizamos las consecuencias que tiene, y sólo nos damos cuenta de ellas cuando llega el tiempo de enfrentarlas. C. S. Lewis escribió “Tenemos una extraña ilusión de que el mero tiempo cancela el pecado. Pero el mero tiempo no hace nada ni al hecho ni a la culpabilidad de un pecado.” En la Biblia encontramos que el único que puede perdonar y olvidar nuestros pecados es Dios; sin embargo, esto no nos hace exentos de sufrir las consecuencias.

En Génesis 3 se relata la historia de cómo Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén debido a su pecado. A partir de ese entonces, todos sus descendientes (nosotros), fuimos privados de gozar de muchos privilegios. De esa misma historia podemos aprender que el pecado tiene los siguientes efectos:

1. Te aleja de Dios:

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron de Dios. Esto demuestra que después de pecar, quien se aleja es el hombre y no Dios. Romanos 3:23 (TLA) dice: “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Dios no puede habitar en donde hay pecado. Además, cuando uno está en falta y ama lo malo del mundo, se vuelve enemigo de Dios (Santiago 4:4).

2. Te destruye:

El pecado afecta a la persona mucho más de lo que puede creer. El pecado trajo miedo y vergüenza a Adán y Eva; y eran sentimientos que ellos nunca antes habían experimentado. Usualmente cuando se comete un pecado procura esconderlo y mantenerlo en reserva; sin embargo, se ha comprobado que el guardar secretos es dañino para la salud y paz mental. Los pecados generan sentimientos negativos y destructivos para la persona; los cuales pueden llegar a ser difíciles de reparar.

3. Arruina tu relación con los demás:

Adán culpó a Eva, y ella a la serpiente. El pecado arruina la relación que tenemos con otros, no solo porque a veces preferimos culpar a otros; sino también porque la misma acción daña a los demás. Por ejemplo, las familias sufren por la infidelidad de uno de los cónyuges, un grupo se ve divide por un chisme o una mentira, el crimen de alguien afecta a la comunidad, etc.

¿Qué podemos hacer?

El pecado tiene una solución: Jesús. 1 Timoteo 2:5 dice que el único mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús; por lo tanto, si uno quiere ser perdonado de sus pecados debe acudir a Él y confesar todas sus faltas. 1 Juan 1:9 (NTV) dice: “pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” Dios es amor y quiere restaurar todas las consecuencias que trae el pecado. Para Él no hay nada imposible; sin embargo, no obliga a nadie a aceptar su amor. Dios te dice ahora Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.” (Apocalipsis 3:20, TLA)

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprovecha tu vida y tiempo

“Tú has determinado la duración de nuestra vida. Tú sabes cuántos meses viviremos, y no se nos concederá ni un minuto más.” Job 14:5 (NTV)

Todos estábamos en casa a punto de cenar, de repente entró una llamada al celular de mamá. En ese momento me di cuenta que algo estaba ocurriendo porque su rostro y voz empezaron a cambiar. Una vez que colgó nos dijo que el hijo mayor de su mejor amiga había fallecido. Por unos segundos quedé en shock, no lo podía creer, no hace mucho había hablado con él y lo veía tan bien y lleno de salud. Tenía 18 años.

Esta noticia y otros mensajes que recibí la semana pasada, de personas desconsoladas sin tener una explicación del porqué sus seres queridos tuvieron que morir, me llevaron a reflexionar sobre la vida y el tiempo que estaremos en este mundo.

Lo cierto es que no sabemos cuándo partiremos, pero habrá un día en que lo haremos. Allí estaremos delante de Dios y rendiremos cuentas de todos nuestros actos. Moisés en su oración le decía al Señor: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” Salmos 90:12 (NTV)

Cuán importante es vivir sabiamente, porque ninguno de nosotros sabe la cantidad de días que le queda, ni qué puede ocurrir horas después. El salmista David decía: «Señor, recuérdame lo breve que será mi tiempo sobre la tierra. Recuérdame que mis días están contados, ¡y cuán fugaz es mi vida! Salmos 39:4 (NTV)

Saber que la vida es breve es razón suficiente para vivir y disfrutar de nuestros seres queridos, amar lo que hacemos y ser felices con todo lo que nos rodea. Pero sobre todo, nuestra prioridad debe ser vivir bien delante de Dios, porque de todo lo que hagamos en esta vida un día le daremos cuentas. (Eclesiastés 11:9)

Quizás hasta hoy has desperdiciado tu vida estando enojado con la persona que te lastimó, trabajando más de lo necesario, estando lejos de la familia y sobre todo alejado de Dios. Hoy te animo a que reflexiones acerca de la vida que tienes y tomes decisiones sabias para no desperdiciar más tu vida. Nada es más importante que Dios y tu familia, dedícales tiempo.

Si estás lejos de Dios no esperes a mañana para volver a sus pies, ni dejes de ponerte a cuentas con tu prójimo si necesitas hacerlo.

Y si aún nos has recibido a Jesús en tu corazón como tu Señor y Salvador, hazlo ahora mismo. Dile: “Señor Jesús yo (tu nombre completo) reconozco que soy pecador, pero hoy me arrepiento y te pido perdón por cada uno de mis pecados. Necesito de ti y sé que sólo tú puedes darme una nueva vida. En este día te acepto como mi único Señor y Salvador de mi vida, te pido que entres y tomes control de todo mi ser. Por favor, escribe mi nombre en el libro de la vida y gracias por esta salvación tan grande que hoy has dado a mi vida. Amén.”

¡La vida es pasajera, aprende a vivir sabiamente!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Alguien necesita oír de Jesús

Charlie Frederick Peace fue un hombre nacido en Inglaterra en el año 1830. Lamentablemente, después de haber sufrido un accidente industrial, cuando era niño empezó una vida de delincuencia que lo llevó a un final fatal.

En 1854 fue encontrado culpable de múltiples robos y condenado a cuatro años de trabajos forzados. Poco después de salir de prisión se fue a la ciudad de Manchester en la que perpetró un asalto hiriendo terriblemente a un oficial de policía. Al ser capturado fue condenado a seis años. Con todo esto Charlie no aprendió la lección porque al salir volvió a la vida criminal, y fue nuevamente arrestado y condenado a ocho años.

En el año 1876 cuando ya estaba una vez más fuera de la cárcel, cometió un asesinato contra su vecino. Esta vez huyó a Londres para esconderse, pero la necesidad lo llevó a robar varias veces hasta que por fin fue detenido en 1879.

Durante el juicio Charlie Peace decidió confesar todos sus crímenes. El juez lo sentenció a morir ahorcado.

Según relata el libro de Harry Brodribb Irving titulado “Delincuentes Notables”, un día antes de su ejecución Peace recibió la visita de su familia. En el lugar todos juntos se arrodillaron y oraron durante media hora, luego bendijo a cada uno por separado y cuando se fueron comenzó a llorar inconsolablemente.

En la mañana del día siguiente, continúa relatando el libro, se comió un desayuno de tocino y con tranquilidad esperaba que lo llamaran para ser ejecutado. Cuando llegó el momento fue escoltado por el capellán de la prisión quien estaba leyendo en voz alta sobre la esperanza que tenía la humanidad de ir al cielo y no al infierno. Entonces Peace le dijo: “Señor, si yo creyera lo que usted y la iglesia de Dios dice, incluso si Inglaterra estuviera cubierta de vidrios rotos de costa a costa yo caminaría, si es necesario, de manos o de rodillas y pienso que valdría la pena hacerlo sólo para salvar un alma de ese infierno eterno.” Luego fue ejecutado.

La historia es verídica y fue usada para hacer algunas películas no muy populares, sin embargo aunque no tenga mucha relevancia para el mundo en el que vivimos, contiene una llamada de atención para toda la iglesia.

Charlie Frederick Peace fue condenado a muerte en 1879. En los 47 años que tuvo de existencia usó casi las tres cuartas partes para cometer muchos crímenes, pero recién al margen de su vida, mientras caminaba por un pasillo rumbo a la horca logró escuchar por primera vez la existencia de un lugar llamado infierno y la esperanza de llegar al cielo.

Quizás el oír de un Dios que amó tanto a la humanidad que dio a su Hijo para salvación de todos los que le reciben, habría sido suficiente para que se aleje de la vida criminal que lo llevó a una muerte prematura.

Ha pasado el tiempo y la comunicación ha cambiado radicalmente. Hoy en día es más fácil llevar un mensaje, pero aun así sigue existiendo gente que muere sin conocer a Dios. Aún existen personas que sólo saben de una deidad sólo por cultura general pero nada más.

La verdad es que la necesidad está más cerca de lo que parece. Está en las calles, en un vecino, en un compañero de trabajo, en la escuela, en la universidad, en el desconocido con el que se comparte un asiento en el transporte público, en la tienda de la esquina, en el puesto ambulante de la plaza, etc. Todos son candidatos aptos para recibir el evangelio y aunque no haya una reacción al principio, Dios promete que su palabra nuca volverá vacía.

Hechos 13:47 dice: “Porque así nos mandó el Señor, diciendo: Te he puesto como luz de las naciones, para que lleves mi salvación hasta las partes más lejanas de la tierra.” Versión Dios Habla Hoy

No dejes de hablar de Jesús, alguien cercano podría necesita mucho.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Todas las preguntas del mundo

Con motivo de ciertas entrevistas radiales que he estado dando en una emisora argentina recibí varias preguntas que la conductora del programa me pide que responda en una emisión especial.
A poco de comenzar mis reflexiones – esquivo hasta donde sea posible el lugar de “respondedor de preguntas” – me di cuenta que las consultas sobrepasaban largamente el rango de temas que habíamos tratado en los programas previos. También me fijé que las preguntas han sido hechas mayoritariamente por gente joven. Así que el cuadro que se me presentó es éste: la gente joven tiene muchas – demasiadas – inquietudes que no han sido tratadas en el entorno de sus iglesias.
Me llamó mucho la atención además que casi ninguno de ellos me haya preguntado sobre problemas “espirituales”, familiares, económicos, eclesiásticos , emocionales, que seguramente los tienen.
Querían saber qué pensaba Dios de la guerra, del abuso contra las mujeres y de la esclavitud y por qué en la Biblia no parece que El repruebe estos males sociales.
Querían saber por que los cristianos no aparecían involucrados en el nacimiento de la ciencia.
Querían saber si era posible ser cristiano y marxista.
Querían saber por qué algunas grandes figuras de la historia habían sido criadas en hogares cristianos y se habían alejado o se habían hecho militantes contra la fe cristiana.
Querían saber por qué muchos jóvenes cristianos que cursan en la universidad se alejan de Dios.
Querían saber por que los cristianos están en contra de algunas guerras y a favor de otras.
Querían saber por qué la iglesia no trata de estos temas que hacen a la vida “real”.
No me da el espacio para colocar aquí todas las inquietudes que he recibido de ellos. Son preguntas ardientes. Son preguntas angustiadas. Preguntas que vale la pena abordar porque la gente joven es confrontada con ellas todos los días – y nosotros también deberíamos. Son preguntas que se encuentran en extrema orfandad de respuestas. No son preguntas poco espirituales. Son preguntas similares a las que se hicieron los profetas bíblicos.
La gran pregunta – ya que éste es el tema – es: ¿Cuándo vamos a abordar éstas y muchas otras cuestiones importantes en la formación de nuestros creyentes? ¿Hasta cuándo seguirá siendo tan importante enseñar cómo podemos ser felices y cómo podemos asegurarnos un lugar en la iglesia y en el cielo?
Como en tantos otros temas que trato aquí, ofrezco la palabra.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Elogio a la libertad

El tema de la libertad es recurrente en mi contacto con diferentes personas y grupos cristianos en conferencias, entrevistas y encuentros informales. Lo hemos abordado aquí ya varias veces y se me ocurre que una vez más se hace necesario.
Sigo observando con preocupación la dependencia que muchos cristianos tienen de la palabra de los líderes, orientadores y maestros. Desde consultas tan superficiales como si mi mascota se iría al cielo cuando muera hasta por quién debería votar en la próxima elección, las consultas y solicitudes de consejería tratan de asuntos sobre los cuales los cristianos deberían tener la luz de la palabra de Dios, bien leída y bien entendida.
¿Qué tiene esto que ver con la libertad? Mucho. Jesús resumió un tema ampliamente tratado en la Biblia de la siguiente forma: “Y conocerán la verdad y la verdad los hará verdaderamente libres.” El conocimiento de la verdad no solamente ofrece libertad respecto de los efectos del pecado o un pase seguro hacia el cielo; otorga un fundamento sólido para el discernimiento, el pensamiento crítico y para la toma de decisiones sin estar dependiendo continuamente de señales y consultas a los correspondientes gurús.
Así que por un lado tenemos que la mayoría de los creyentes no tiene acceso a esa libertad porque ignoran su fuente principal que es la Biblia. No me cansaré jamás de criticar a quienes declaran solemnemente que la Biblia es la palabra de Dios y jamás la han leído entera al menos varias veces. Impresentables excusas intentan justificar semejante negligencia pero resultan inútiles a la hora de la verdad.
Por otro lado resulta intrigante que quienes tienen la responsabilidad de dirigir al pueblo cristiano no instruyan a sus seguidores a obtener ese grado profundo de libertad en su pensamiento y en su quehacer diario. Es como si les conviniera que la gente siga dependiendo de ellos en todos los aspectos de la vida. Se me ocurre que es porque eso mantiene la vigencia y el financiamiento de la estructura institucional.
No hay nada que justifique que una persona cristiana que se supone tiene “la mente de Cristo” dependa continuamente de otras fuentes para sus decisiones, su equilibrio espiritual, su capacidad de establecer relaciones maduras con el dolor, con el mundo de los otros y con sus responsabilidades privadas y públicas.
Parafraseando a un antiguo jefe mío que elogiaba la realidad, diré: “No hay nada mejor que la libertad”.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Quiero ser cristiano porque no quiero ir al infierno

Cada uno tiene un motivo por el cual decidió entregarle su vida a Jesús, y aunque cada caso es especial, hay una razón errónea por la cual muchos se involucran en el cristianismo: el miedo al infierno.

Por medio de la Biblia aprendemos que sólo somos pasajeros por este mundo y que nuestro destino final es el cielo. El deseo de Dios es que todos seamos salvos y pasemos la eternidad con Él; sin embargo, los que rechazan el sacrificio de amor que Él hizo por medio de Jesús, automáticamente ya han elegido pasar la eternidad sin Él.

¿Qué sucede cuando eres cristiano solo porque no quieres ir al infierno?

Amar a Dios solo porque tienes miedo al infierno es igual que estar en una relación sentimental solo porque tu pareja te da dinero. Dios nos ha dado la libertad de escoger y Él nunca obliga a nadie. Pretender amar a Dios para evitar el infierno es un acto egoísta y es una manera de burlarse de Él. No obstante, nadie puede engañar a Dios (Gálatas 6:7) pues Él lo sabe todo (Salmos 139).

¿Amarías a Dios aún si no existiera el cielo o el infierno?

El «Soneto a Cristo crucificado», también conocido como «No me mueve, mi Dios, para quererte», es un poema que data del siglo XVI. Aunque se desconoce la identidad del autor, por sus palabras se puede decir que era una persona que amaba profundamente a Dios y que no necesitaba saber del cielo o el infierno.

Después de leer este poema, ¿podrías decir lo mismo que este autor? ¿Qué es lo que te motiva?

Si eras cristiano por temor al infierno o porque quieres ir al cielo, aún estás a tiempo de cambiar. Acude a Dios en oración y cuéntale tus temores, dudas, y pecados. Él te conoce mejor que nadie y te ayudará a comenzar una nueva vida sincera y llena del verdadero amor que solo Él puede dar. Cuando comiences a amar a Dios por quien Él es, y no por lo que pueda ofrecerte, verás que tu vida cambiará en todos los aspectos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Las mascotas van al cielo cuando mueren?

A finales de los años 80 se estrenó una película llamada “Todos los perros van al cielo”. Del título se puede deducir que la historia se centró en la idea de que las mascotas van al cielo después de morir, y aunque este film es solo ficción, en cierta manera creó una especie de incertidumbre con respecto al tema.

Los que tienen, o han tenido, mascotas alguna vez, saben lo difícil que es enfrentar el deceso de un animal querido. Las mascotas se convierten en parte de nuestra vida y, por lo cual, es doloroso entender que una vez que se hayan ido, jamás volverán.

¿A dónde va mi mascota cuando muere?

En la Biblia no hay alguna parte que nos indique cuál es la eternidad de las mascotas. El cielo y el infierno están diseñadas para los seres humanos únicamente, pues, solo nosotros tenemos la capacidad de aceptar o rechazar la salvación de Dios. En Juan 3:16 nos especifica que la salvación está disponible para quienes crean en Jesús: “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.” Los animales no tienen la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Ellos actúan por instintos, en cambio, los humanos actuamos con pleno conocimiento de nuestras acciones.

¿Veré a mi mascota en el cielo?

A modo de consuelo, en ocasiones decimos que tenemos podremos ver a nuestras mascotas en el cielo; no obstante, esa afirmación no puede ser confirmada. Hay varios pasajes en la Biblia que indican que en el cielo habrán animales y que todos conviviremos en armonía. Sin embargo, lo que no precisa es que si podremos ver o no a nuestras mascotas allí.

¿A Dios le importa mi mascota?

Dios se preocupa por toda su creación. A Él le importa lo que ocurre no sólo con los humanos, sino también con los animales, plantas y naturaleza en general. El hecho de que no sepamos qué destino les depara a nuestras mascotas después de la muerte, no significa que Dios tampoco. Sólo Él sabe qué es lo mejor y también conoce cuánto amamos a nuestras mascotas. Lo único que nos queda es confiar en su sabiduría y poder, después de todo, los animales también son creación suya y Él sabe cómo disponer mejor de ellas.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una tibia sensación

Hace muchos años el ya extinto Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsyn escribió,

No tengo ninguna esperanza en Occidente… La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón.

Me viene la imagen cuando en mi país vivimos una dramática recesión. El dinero escaseaba producto de un feroz ajuste económico. La pobreza y la desocupación bordeaban, cada una, el 30%. Caminaba cuarenta cuadras de ida al trabajo y cuarenta cuadras de vuelta porque no alcanzaba para el colectivo. Al almuerzo era un poco de sémola con leche y la cena una taza de té y un pan. No pocas veces anduve con los zapatos agujereados. La mayor parte de los fines de semana de invierno la pasaba metido en la cama para escapar al frío porque no había para el gas de la calefacción. No era flaco por necesidad estética: había muy poco que comer.
Pero ardía de pasión. Tres veces por semana íbamos a predicar a diversos puntos de la ciudad. Teníamos una agrupación de estudiantes universitarios que se ocupaba de pensar el país y ofrecer ideas cristianas a los urgentes problemas. Algunos trabajaban clandestinamente para salvar gente de los servicios de seguridad de la dictadura y sacarlos del país. Ibamos a los campamentos de pobreza a hacer trabajo voluntario y enseñar la Palabra a los que querían saber más de Cristo.
Pasó el tiempo y los días trajeron progresiva prosperidad. Empezó a haber más comida que hambre. Acudía a la tienda cada tanto a comprar ropa y zapatos nuevos. Conseguí buenos trabajos. Me fui poniendo rellenito y más relajado. Me fui acomodando, porque “Tampoco la pavada, ¿me entendés?, hay que preocuparse de uno mismo y del futuro.”
La pasión fue reemplazada por la emoción. El compromiso fue desplazado por la membresía. El ardor de la existencia devino tibia sensación de paz. La redención de todas las cosas, no sólo las que están en cielo sino también las que están en la tierra no fue más una cuestión fundamental. Lo importante era prosperar y tener paz y seguridad, porque “tengo derecho a ser feliz”.
—————
Me despierto y me doy cuenta que era sueño. Me miro angustiado en el espejo del baño y tiemblo. Ojalá fuera frío o caliente, cualquier cosa, pero no tibio. Alguna vez leí en el Libro acerca de esa condición abominable.
Tiemblo de nuevo…

(Este artículo fue escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Danilo Montero: Cuando las personas mueren ¿duermen o nos pueden ver desde el cielo?

La pérdida de un ser querido con frecuencia causa interrogantes con respecto a lo que ocurre con ellos. Algunos piensan que los difuntos entran a un estado parecido al de la inconsciencia, y otros creen que ellos pueden ver desde el cielo a las personas que aún viven.

Para ayudarnos a entender este tema, Danilo Montero utiliza la Biblia y nos explica lo que allí se dice al respecto.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Inseparable de ti…

¿Tienes un amigo inseparable? Es decir, no te imaginas la vida sin su existencia, han vivido momentos inolvidables, confían mutuamente a tal grado que no existen secretos entre ambos, están tan unidos que sólo pensar en que un día este amigo no estuviera sería pensar en un día sombrío.

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Génesis 5:24

La Biblia hace referencia a que Enoc “caminó con Dios”. Caminar con alguien es ir en una misma dirección, al mismo ritmo, en unidad y comunión,  de tal manera que ambos se acompañen y ninguno quede atrás. Es decir, Enoc vivía una amistad genuina con Dios, estaba su lado, caminando junto a Él en una relación estrecha como si  fuera su mejor amigo.

Enoc estaba tan unido al Señor, que Dios decide llevárselo ¿No te gustaría tener esta misma amistad con Dios? La larga vida de Enoc terminó de forma maravillosa al ser arrebatado repentinamente a los cielos.

Los hijos de Dios tenemos la misma esperanza de ser arrebatados al cielo para encontrarnos  con el Señor.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:16-18

¿Eres amigo de Dios? En este momento examina si estás siguiendo los pasos de Jesús, en unidad y comunión con Dios, de lo contrario, te animo a ser como Enoc.

Un día Dios nos llevará en un abrir y cerrar de ojos para encontrarnos con Él. Si te desviaste nunca es tarde para volver a sus sendas y empezar a ser amigo, y si te encuentras en la dirección correcta te aliento a seguir adelante porque Él cumplirá su palabra.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás listo para irte al cielo?

Una enfermedad  crónica o terminal induce a que la persona piense en el final de su vida, pensar que la muerte está a pasos de distancia ocasiona un sufrimiento muy grande. Sin embargo, no es necesario padecer una enfermedad para pensar en el fin, el tiempo de irse ha llegado a muchos jóvenes y niños cuando se encontraban en el estado más enérgico y saludable de sus vidas.

Por tanto, ya sea que nos encontremos saludables o con una terrible enfermedad tenemos que estar preparados para ir al lado de Dios ¿Estás listo?

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:16-21

Este hombre estaba viviendo un tiempo de prosperidad y aún tenía planificado mayor abundancia para el futuro, lamentablemente en su vida sólo se ocupó de hacer riquezas y se olvidó de Dios, perdió lo más importante: salvar su alma.

Si estás enfermo no te tortures pensando en el final del camino porque todos pasaremos por eso,  no te preocupes solamente por sanar tu cuerpo sino por salvar tu alma. Si pides a Dios que te sane es posible que recibas una respuesta afirmativa, sin embargo, también es posible que tu tiempo haya llegado y lo importante será que estés preparado para irte con Él.

El tiempo de partir puede llegar en cualquier momento, seas anciano, joven o niño, estés enfermo o sano, aunque te encuentres en prosperidad y abundancia, nada impedirá que te vayas si ha llegado el tiempo; por tanto, actúa con sabiduría y realiza tus planes de la mano de Dios, seguro de irte al cielo si en este momento concluyera tu vida en este mundo.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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