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¿Ayudarás o mirarás?

“Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.” Mateo 4: 23.24 (NTV)

Es impresionante la actitud de todas estas personas que escucharon el mensaje de Jesús y vieron lo que Él hacía. No esperaron con los brazos cruzados a que llegara el milagro a sus seres queridos que necesitaban ayuda, al contrario, no tardaron en transmitirles lo que habían oído y los llevaron a Él.

No les importó la distancia que tenían que recorrer, ni el tiempo que tardarían en llegar a Jesús, simplemente la compasión y el amor que tenían por sus seres queridos los impulsó a emprender ese viaje. Ellos sabían que no era en vano llevarlos a Jesús, porque Él estaba sanando a todos los que se le acercaban.

¿Acaso tú no harías lo mismo si alguien de tu familia estuviera enfermo, sabiendo que Jesús es la única solución? ¿No le dirías que Jesús puede liberarlo si tan sólo se acerca a Él? ¿Serías tan egoísta que viendo su estado, pasarías de largo?

Tristemente muchas veces actuamos mal, vemos a nuestros familiares, amigos, personas en la calle con problemas, sin esperanzas, enfermos, adictos, etc. y no somos capaces de acercarlos a Jesús. Sabemos que  “Jesucristo nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre.” Hebreos 13:8. Y que sigue sanando, restaurando y dando vida a todo el que se le acerca, pero preferimos pasar de largo y los dejamos ahí con su problema.

Olvidamos que Jesús está en todas partes y que no es necesario recorrer largas distancias para que el enfermo o necesitado llegue a Jesús, sólo basta con compartirles del amor de Dios y de lo que puede hacer en sus vidas.

Pedro y Juan, estaban de camino al templo y en la puerta un hombre cojo y  necesitado les pidió dinero; entonces Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». Una vez que le dijo eso, Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-11)

Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda, si ves en tu familia, círculo de amigos o en el camino a alguien que necesita de Jesús, acércate, ofrécele tu apoyo y comparte el plan de salvación que Dios tiene para su vida.

Recuerda que nada de lo que haces para el Señor es en vano. (1 Corintios 15:58) y que todo lo que hagas por una persona, es como si  ayudaras a Jesús mismo. (Mateo 25:40)

Oremos:

Dios amado, te pido perdón por mi actitud equivocada frente a la necesidad de mi familia, amigos y personas en la calle. Perdóname por no compartirles de ti y de lo que puedes hacer en sus vidas. Por favor cambia y renueva mi corazón, lléname de tu amor que cuando vea la necesidad de las personas pueda correr y transmitirles tu palabra. Quiero ser como tú, siempre dispuesto a ayudar, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Para que ore

Se llevan en el alma como fuego inextinguible. En un viejo desván al final del corazón, un poco más allá de la dignidad, se guardan por meses, por años, toda la vida. Diariamente nos entregan su pequeña cuota de vergüenza, de culpa y de miedo. Silencios del alma, mudez de los sentidos, severa mordaza de la memoria. Triste y cotidiana constatación de nuestra incompletitud.
Porque así vivimos algunos de nosotros. Como analfabetos del perdón, iletrados de la misericordia, eternos alumnos aplazados de la cátedra de la compasión. Desconociendo la violenta manifestación de eso que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. No sabíamos nada de eso aunque lo proclamábamos como cosa aprendida. Nos quedamos en la orilla, anhelando la inmensidad de un océano que nunca surcaremos.
Y qué va a hacer. No nos apretó el abrazo hermanable que funde todos los pecados. No recibimos la mirada dulce y paciente del otro en nuestra desnuda realidad. No nos venció la bondad, administrada como sutura imprescindible a la hora de la violencia perpetrada en nuestra carne desesperadamente imperfecta. No hubo un trapo doliente que enjugara la sangre, el sudor y las lágrimas.
Nos dijeron una vez cuando niños que alguien allá arriba lo había hecho por nosotros. Pero no los hermanos y por eso no supimos cómo hacerlo a los hermanos.
Así que nos pusimos las máscaras de la alegría, nos vestimos con atuendos de santidad, nos ataviamos con dones y talentos y entramos en la corte para llevar participar en la mascarada semanal. Nos contamos historias de éxito y nos decimos “aquí estamos todos bien”. Aprendimos a sonreír convenientemente, a decir la palabra justa, a sancionar – mesuradamente si era posible – los desvaríos ajenos, aportamos los siempre indispensables recursos financieros y ejercimos nuestros oficios institucionales con suma diligencia.
Bien adentro, la sangre se hacía costra y la costra hierro. Algo dentro de nosotros se hacía duro pedernal y por eso seguíamos respirando a la mañana siguiente. Nos afirmamos en la tradición, la costumbre y en los viejos códices. Así pudimos seguir adelante.
La procesión va por dentro decíamos un poco un broma pero era desoladora verdad. Ya vendrán tiempos mejores solíamos repetirnos ensayando una mueca que aparentaba una sonrisa.
Se lo cuento a usted no más. Para que ore…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Eres reflejo de Dios?

“Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio”. Marcos 1:40-42 (RVR1960)

Este hombre, cuyo nombre no aparece, estaba enfermo de lepra, una enfermedad incurable y muy contagiosa. La persona que llegaba a tenerla quedaba terriblemente marcada porque poco a poco iba perdiendo su aspecto humano.

Debido a que era una enfermedad contagiosa, quien la padecía era separado de su familia y de toda la sociedad. Por esta razón, habitualmente eran compañeros de los muertos y de los endemoniados en las tumbas.

Y al tratarse de una enfermedad incurable en esos días y cuyo fin era la muerte, se entendía que un leproso era un muerto en vida. Pero una de las cosas que me apasiona de este corto relato es la actitud de Jesús a la petición de un hombre sin esperanza: “si quieres puedes limpiarme”.

Contrariamente  a lo que habría hecho cualquier rabino o persona de su tiempo, Jesús no se alejó de él, sino que permitió este acercamiento, e incluso, cuando llegó el momento, también Él se acercó al leproso al punto de tocarle para sanarle: “Quiero, sé limpio”.

Jesús es un ejemplo de amor incondicional, nunca repudió al leproso por su condición y situación, al contrario, tuvo compasión y comprendió que no era fácil estar aislado de su familia y de la sociedad por esa cruel enfermedad que lo deformaba.

Más allá de ese hermoso milagro que Jesús hizo y de los muchos que están escritos en su Palabra, la actitud de Jesús con todos los que se acercaban a Él nos enseña que no debemos ignorar a las personas por su condición. Jesús recibió a todos los que decidieron acercarse y con seguridad lo seguirá haciendo, porque Dios no hace excepción de personas.

Muchas veces nosotros ignoramos a un desahuciado, un enfermo, a personas en situación de calle, religiosas, etc. y esa no debe ser nuestra actitud. La palabra de Dios nos manda a poner en práctica el amor:

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lucas 10:27.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Juan 13:34.

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8 (RVR1960)

Ese amor  debe llevarnos a cubrir multitud de faltas, darnos la valentía para llevar el evangelio a los necesitados sin importar su situación y condición. Si hasta hoy no hemos puesto en práctica el amor, es un buen día para empezar a hacerlo, comienza por tus seres queridos.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.  Efesios 2:10  (RVR1960)

Oremos:

“Señor amado, hoy aprendí que tu amor me llama a cuidar de aquellas personas a quienes el mundo rechaza, enfermos, pobres y marginados, por favor lléname de ti para amar a todos por igual y perdóname si hasta hoy he ignorado a alguien. Quiero ser un canal de tu amor, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Su plan es perfecto

“Pero los planes del Señor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternos.” Salmo 33:11 (NVI)

Muchas veces cuando nos toca planificar algo, cambiamos de parecer hasta encontrar algo que se adecúe a nuestras comodidades, pero Dios obra de una manera diferente. Cuando Él planifica no cambia de parecer, sus pensamientos son firmes; pero como  conoce tus puntos débiles, pone a tu alcance su misericordia. Dios te ha dado dones y talentos para que puedas lograr tus objetivos y tus proyectos no queden solo en eso. Confíale tus planes, para que los tome en sus manos y los bendiga.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

4 cosas que aprendí del trabajo voluntario

Hacía mucho tiempo que no era parte de una labor voluntaria, pero la semana pasada tuve la oportunidad de participar en un viaje misionero a las afueras de mi ciudad. Como era algo que iba a hacer después de años, no sabía qué expectativas tener; sin embargo, siento que he aprendido y crecido durante esos días. Éstas son algunas de las lecciones que puedo rescatar de mi experiencia:

1. No necesitas tener mucho para dar a otros:

Hasta hace unos días, yo creía que debía tener muchos conocimientos en teología para hablar de Jesús a los demás y/o bastantes recursos materiales y económicos. Sin embargo, aprendí que con lo poco que uno tiene, se puede ayudar al prójimo. No es necesario tener en abundancia para compartir, sino más bien una actitud dispuesta a dar lo mejor de sí. Lo que cuenta en una labor voluntaria es la motivación y la disposición que se tiene. Además, no importa cuán talentoso seas ni las habilidades que puedas tener. El trabajo voluntario requiere el apoyo de todo tipo de personas, por lo cual, recibe con brazos abiertos a cualquiera que quiera participar.

2. Si estás dispuesto, Dios puede usarte:

Antes de ser voluntaria, pensaba que Dios sólo empleaba a las personas que tenían mayores títulos o grados que yo. Sin embargo, al segundo día del trabajo misionero recordé la historia que se encuentra en Números 22, donde se cuenta cómo Dios utilizó a un burro para enviar un mensaje a un hombre llamado Balaam. A partir de ese momento me puse a pensar que si Dios podía usar a un animal para llevar su mensaje, ¿por qué no podría hacer lo mismo conmigo? Entendí que Dios siempre había estado dispuesto a utilizarme, pero que era yo quien impedía que eso ocurriera.

Ser voluntario significa colaborar en todas las áreas que requieran ayuda, pero sobre todo, significa dejarte usar por Dios. Sin importar el rol que uno desempeñe, el Señor puede utilizarnos como un medio para bendecir a los demás; no obstante, eso solo ocurre cuando uno cede el control.

3. Que no recibas un pago no quiere decir que seas irresponsable:

En ocasiones, estamos tan acostumbrados a actuar en base a una remuneración, que cuando no recibimos pago, pensamos que podemos hacer lo que queremos y nadie tiene derecho a reprocharnos. Sin embargo, he podido ver que el temperamento de varias personas puede medirse en base a la falta de dinero, pues, es allí cuando sale a relucir las verdaderas intenciones del corazón. Hacer una labor voluntaria va más allá de producir beneficios materiales y económicos. Las ganancias que se obtienen poseen mucho más valor y perduran por más tiempo.

4. Ayudar a otros, te ayuda:

Al principio del viaje, tenía dudas sobre mi desempeño. No quería ser un obstáculo para otros, y tampoco quería que por mi culpa las personas no llegaran a conocer a Jesús. Cada día oraba y le pedía a Dios que me ayudara a hacer un buen trabajo y dar lo mejor de mí. Conforme pasaron los días, me di cuenta que Dios estaba respondiendo cada una de mis preguntas, me hablaba a través de otros, y también mediante las cosas que yo hacía.

Realmente no esperaba que ayudar a otros fuese una forma que Dios utilizó para hablarme directamente y ayudarme. Así como dice el himno de William Cowper, “Dios se mueve de una manera misteriosa”. Ahora estoy segura que ayudar a los demás tiene doble beneficio: para uno mismo y para otros.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Palabras de amor

“El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias”. Proverbios 21:23 (RVR1960)

¡Cuántas veces nuestros impulsos son más fuertes que el amor que sentimos por los demás! Cuando nos ofenden, dejamos de ver con objetividad a la persona que nos lastimó y corremos el riesgo de responder causando una herida a nuestro agresor. En lugar de esto, podemos pedir que Dios nos ayude y de sabiduría para saber responder adecuadamente. Por eso antes de hablar y responder con más agresiones, pudiéramos preguntarnos ¿qué haría Jesús en mi lugar? Seguramente descubriremos que necesitamos más amor, misericordia y dominio propio de manera que nuestro carácter cada día sea más parecido al de Jesús.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dios compasivo

“Pero tú, oh Señor, eres Dios de compasión y misericordia, lento para enojarte y lleno de amor inagotable y fidelidad” Salmos 86:15 (NTV)

Si sientes vergüenza o pesar por las decisiones que has tomado o bien por tus malas acciones, recuerda que Dios en su infinito amor aún te mira con misericordia y antes de tener la intención de castigarte Él quiere perdonarte y restaurarte.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Corazón como diamante

¿Tienes compasión por las personas que necesitan ayuda? ¿Te pones en el lugar de aquellos que están sufriendo? ¿Sientes dolor por haber fallado a Dios o hacer algo que no era correcto?

“Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.
Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos.” Zacarías 7: 12-13

El pueblo del Señor endureció su corazón a tal grado, que la Biblia lo describe como un “diamante”. Estos corazones son duros, fríos e insensibles, no se  conmueven fácilmente, ni sienten compasión por el otro, se encuentran llenos de orgullo, rencor, celos, envidias y contienda, por lo que no quieren perdonar, ni escuchar corrección alguna.

Lo peor de esta situación es que ellos estaban conscientes del mal que hacían, pero aun así prosiguieron, tapando sus oídos para no escuchar a Dios. Por supuesto que esto trajo consecuencias y sufrimiento, y cuando llegó ese tiempo e Señor no escuchó sus plegarias.

Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26

¿Cómo está tu corazón? El corazón duro enoja  al Señor y por tanto te aleja más de Él y su voluntad. Si no tienes compasión por aquel que te pide apoyo, si no quieres perdonar, si tienes rencor,  orgullo o no sientes dolor por los pecados que te apartan del Señor, entonces tu corazón está tan duro como un diamante.

En esta oportunidad recibe una buena noticia: ¡Dios puede darte un nuevo corazón! Solamente debes tomar la decisión de volver a Él con todo tu corazón, es posible que te hayan lastimado o herido, por lo que no deseas perdonar, pero Dios quiere sanarte y bendecirte, solamente debes escuchar su voz y obedecerle.

¡Cambia tu corazón y deja de sufrir!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres que te perdone multitud de pecados?

Como humanos, cada día enfrentamos una constante batalla contra nuestras debilidades; a veces caemos de manera constante y nos preguntamos si Dios podría perdonar tantos errores. La respuesta es ¡Sí!, Él puede perdonarte una multitud de pecados porque te ama, solamente te pide que tu también sepas amar.

La palabra de Dios dice: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” 1 Pedro 4:8

La ausencia de amor paraliza el perdón porque impide tener compasión por el otro, sólo se observan las debilidades o errores y no las virtudes o fortalezas que  la persona tiene. Aquel que no ama, no podrá perdonar.

Matthew Henry dijo que el ferviente amor es un afecto sincero, fuerte y duradero, que quiere y busca el beneficio de otra persona. Este amor nos lleva a cubrir no sólo las debilidades de otros, sino también sus pecados; nos lleva a cubrir más de dos o tres pecados, una multitud de ellos.

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Mateo 6:14-15

El no perdonar a otros nos separa de Dios. Un requisito para el perdón de nuestros pecados es que perdonemos y solamente podremos hacerlo si tenemos un “ferviente amor” por el otro, así como ese amor que Cristo tiene por nosotros.

La palabra de Dios dice que “el amor verdadero no guarda rencor.” 1 Corintios 13:5 Es por esto que Cristo no guardó rencor cuando fue crucificado injustamente, al contrario, antes de morir dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”

¿Quieres que Dios te perdone? Solamente aprende a amar como Él te ama, “fervientemente”, perdona, apoya y cuida a las personas que lo necesitan, entonces no solamente te perdonará uno, sino multitud de pecados.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Blancos como la nieve…

Hay quienes al saber que alguien recibe a Jesús en su corazón, de inmediato comienza a revisar ¡dónde falla, cuándo se cae, cuándo comete algún error! No se sientan mal. Es parte de recibir a Jesús en nuestra vida. Muchos querrán hacer ver que nos equivocamos.

Pero, ¿quién les dijo que quien recibe a Jesús en su corazón de inmediato se transforma en un santo? Primero, nadie lo dice, ni la Biblia; segundo, no es así. Hay quienes al recibir a Jesús sufren una transformación inmediata, pero a muchos nos cuesta tiempo. Ese tiempo es de prueba, de duras experiencias. Es como el diamante bruto, que tiene que pasar por muchos tipos de pulidas fuertes hasta transformarse en una piedra de algún valor. Tal cual somos nosotros. No olvidemos que somos seres humanos y vamos siendo transformados paso a paso. Además tenemos un Dios que tiene tanta compasión que es capaz de perdonarnos mucho más de lo que nosotros somos podemos imaginar y mucho más de lo que nosotros podemos perdonar.

Esto no significa que podemos pecar por el hecho de que sabemos que vamos a ser perdonados. Evidentemente tenemos que poner de nuestra parte, tenemos que ejercer el auto control y mantenernos muy firmes en nuestra relación con Dios, pidiéndole a diario que nos ayude a ser mejores personas y nos llene de Su Espíritu Santo para poder ser ejemplos, ya  que llevamos Su nombre como estandarte. Somos cristianos, no somos perfectos, pero con el favor de Dios estamos siendo perfeccionados y llegaremos ante Él blancos como la nieve.

Como dice en Isaías 1:18 ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Detente ante la necesidad

“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Juan 4: 39-42.

Cuando leemos la historia del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, muchas veces se nos escapan varios detalles que son importantes. Jesús, siendo el gran Maestro, se detuvo a hablar con una mujer, lo cual iba en contra de las costumbres de la época, además era samaritana, conociendo la enemistad entre judíos y samaritanos. Y si algo faltaba para completar esta extraña situación, se trataba de una mujer de mala reputación, ya que había vivido con varios hombres y el que tenía ahora tampoco era su marido. Sin embargo era una mujer que necesitaba de manera urgente un encuentro con Jesús.

Por el contrario, los discípulos presentaban una actitud muy distinta y hasta egoísta, no entendían porqué Jesús se detuvo a hablar con esa mujer y ni siquiera identificaron la necesidad que había en ella. Jesús se dedicó a escucharla, le dio tiempo e identificó su necesidad, rápidamente la conversación se fue al plano espiritual y luego esa mujer fue el instrumento para que muchos samaritanos creyeran en Jesús.

Leyendo esta historia pienso, cuánto fruto podríamos dar si simplemente siguiéramos el ejemplo de Jesús, escuchando, venciendo las barreras de prejuicio, identificando necesidades, dedicando tiempo y compartiendo el mensaje del Evangelio. Que distinta fue la actitud de los discípulos, ellos respondieron como si la mujer molestará o ni siquiera mereciera la pena de detenerse para hablar.

Cuando hablamos de evangelismo, creo que lo primero que debemos hacer es imitar el ejemplo del Maestro, se trata simplemente de ser obedientes a la gran comisión, contando en todo el proceso con la ayuda del Espíritu Santo. Imita a Jesús, no pases de largo ante la necesidad, detente hay alguien que necesita de lo que tu tienes para compartir.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Él es misericordioso y compasivo

“Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto. No se desgarren la ropa en su dolor sino desgarren sus corazones. Regresen al Señor su Dios, porque él es misericordioso y compasivo, lento para enojar y lleno de amor inagotable. Está deseoso de desistir y no de castigar.” Joel 2:12-13 (NTV)

Dios conoce aquello que te hizo tropezar, que te llevó a pecar, sabe que te encuentras en el suelo, sin fuerzas, sin animo, triste y derrotado. Conoce los pensamientos que susurran en tu mente en este momento, que todo se acabó para ti, que ya no tienes más perdón.

Y es que a satanás le encanta golpear a las personas recordándoles su pecado, le gusta vernos derrotados y sin esperanza. Es especialista en condenar y un maestro para convencer de que todo está perdido. Pero Dios es amor y dador de nuevas oportunidades. Por eso nos dice: “Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto.” Si hoy estás leyendo este mensaje es porque Dios quiere que te levantes, vuelvas con un corazón arrepentido y sigas adelante.

No pienses que Dios te rechazará por haberle fallado reiteradas veces, todos hemos fallamos más de una vez. ¿Sabías tú que el Apóstol Pedro fracasó miserablemente? ¡El que camino sobre el agua se equivocó! Cuando Jesús más lo necesitaba, Pedro lo negó, ¡no una vez, sino tres veces!

Después de que Jesús resucitó de entre los muertos fue a Galilea y encontró a un abatido y derrotado Pedro, lo restauró y lo encamino de nuevo. No muchos días después de haber sido lleno con el Espíritu Santo, este mismo hombre, Pedro, predicó el primer mensaje de la iglesia y tres mil personas entregaron sus vidas a Cristo Jesús. Este relato sobre Pedro se encuentra en Mateo 26:69-75; Juan 21:1-17; y Hechos 2:14-41.

Y no sólo Pedro falló, hay muchos hombres de la Biblia que le fallaron a Dios, pero cuando se arrepintieron y volvieron a Él, fueron usados en gran manera.

Hoy puedes comenzar de nuevo,  levántate y vuelve a Dios;  Él conoce tu corazón y tu disposición para ser moldeado. No permitas que el enemigo te robe todo lo que Dios tiene preparado para ti y, sobre todo, no pierdas tu salvación  sólo porque volviste a caer. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:16

Nunca pierdas la esperanza.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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