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Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Eliminemos los “clichés”

Estaba hoy conversando con un compañero de trabajo, acerca de lo fácil que se nos hace a veces caer en clichés, y lo terrible que pueden sonar esos clichés para las personas a las que se los decimos.

Es muy común que cuando alguien pierde a un ser querido, les digamos: “Dios te dé consuelo” o “Cuando Dios decide llevarse a alguien, nos tenemos que conformar” o tal vez les digamos: “Está en un mejor lugar ahora y ya no sufre”. Y aunque muchas de esas afirmaciones las digamos con mucho amor y muchas sean ciertas, no les brindan consuelo. Cuando esas cosas ocurren, tenemos que entender que muchos se sienten incluso defraudados por Dios porque… no escuchó sus oraciones o porque sencillamente sienten mucho dolor de saber que no van a ver más a esa persona que murió.

Debemos ser un poco más delicados a la hora de hablarle a alguien intentando dar consuelo o ánimo ante las diferentes batallas que afrontamos en la vida.

Es muy común también escuchar que cuando alguien está en una situación económica muy difícil, alguien le diga: “no te angusties, Dios proveerá”. Hay que ponerse en el lugar de la persona. Es difícil pensar que hay que darle la cara a quien le tienes que pagar una deuda y no tienes el dinero para cubrir la cuota. Evidentemente que quienes hemos recibido a Jesús y hemos estudiado la Biblia, tenemos una paz que nos da el saber que Dios nos va a proveer… pero entonces comencemos por contarles por qué nosotros no nos angustiamos tanto y tal vez podemos hablarles acerca de lo negativo que es para la salud la angustia y el estrés. Contarles que abriendo su corazón a Jesús, Él les puede dar esa paz y una diferente actitud ante las adversidades que se puedan presentar. Pero no caigamos en los clichés ni pretendamos que todo el mundo entienda lo que a nosotros nos ha costado años entender. Y dejemos claro que recibir a Jesús, hacerse cristianos no es algo que les va a solucionar todos los problemas, ni significa que ya no tendrán que enfrentar dificultades. Dejemos muy claro que simplemente Dios les irá moldeando a tener una actitud diferente ante esos problemas y dificultades.

Otra de las cosas que pido que no repitan sin pensarlo es: “Dios está en control”. Nosotros lo podemos entender, pero si lo decimos a alguien que no ha recibido al Señor, que no se congrega y que no ha abierto nunca una Biblia, de inmediato nos van a preguntar: ¿Y si está en control, por qué pasan las cosas horribles que están pasando en el mundo? Querer poner sobre la mesa un conocimiento que a nosotros mismos nos ha costado entender puede caer muy pesado. Tengamos mucha delicadeza al expresarnos, pensemos muy bien cómo puede recibir la persona a la que le vamos a hablar, lo que le vamos a decir.

Recordemos esta porción de escritura: Efesios 4:15

“En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia”.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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