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Contagia tu alegría

“Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría”. Salmos 94:19 NVI

Nuestro diario vivir siempre estará  lleno de cosas buenas y malas, pero es nuestra decisión dejar que esto nos derrote y crezca al punto de afectar todo nuestro ser. Si sientes que esto pasa, la Palabra nos dice: “Dejen todas sus preocupaciones a Dios” 1 Pedro 5:7-9 (DHH) al depositar todo lo malo en Dios, el cambia nuestro semblante por un gozo que no solo nos bendice, sino contagia a nuestro alrededor.  Decide dejar que Dios te inunde con su alegría.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Informe de coyuntura Nº 20

El alma no tiene sosiego de vivir ni consuelo de sentir. Todos los temblores de la piel y del cuerpo no tienen vocero designado por defecto. Hay tumulto de idas y vueltas, un desparramo de angustias y un borbollón de ansias que no tienen canal oficial. Se hace insufrible hasta el más mínimo respiro.
El cuerpo que se va enemistando día a día de la mente y que retrocede naturalmente hasta su última estación. El dolor de los achaques recurrentes de los cuales uno no tenía memoria antes de los cincuenta años. El ritual de levantarse de a poquito, convocando despacio la estructura de los huesos para coordinar la vertical y esperar que pase el agite de los latidos.
La pregunta recurrente para saberse querido o desechado, para entender si todavía por este rumbo vamos bien o estamos derrapando miserablemente. El círculo de los afectos que se achica y reduce consistentemente los compromisos de la noche y del fin de semana. El frío que se instala entre la piel y el esqueleto. Ensayar el cotidiano oficio de mantener distancia de cualquier desborde del sentimiento y la emoción.
La creciente decepción del sistema social. La ciudad poluta, los ruidos, los policías que te cobran por darte protección, la verdura que vale tres pesos en la chacra y que se vende a treinta en la góndola, los pitutos, los curros, los testaferros, los papeles de Panamá, los asesinos de mujeres, los perros abandonados, los homeless hopeless, la gente que pregunta leseras a los gurús mientras el mundo se desangra en las calles, la pelea por trepar en la escalera del éxito “cristiano”, el camello que no pasa por el ojo de la aguja, la ubicua obscenidad de la violencia, el odio y la mentira.
Los libros que te salvan cada noche con su universo paralelo, con su silencio prudente, con su olor de papel y fantasía. Las películas que te hacen pensar y las otras que anestesian por un rato el rigor de la conciencia. Alguna foto que evoca la esperanza que había en la vida antes y que se enfermó de desconsuelo.
Por último y no por eso menos importante, la discreta bendición del río, el helecho, la reverberación del sol a la tarde, la neblina en la cima de las montañas, la profusión de los árboles, las nubes y el viento, el aire, el agua transparente.

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¡El estrés te está matando!

Todos tenemos razones para estar estresados. A medida que pasa el tiempo y comenzamos a adquirir mayores responsabilidades también incrementan las preocupaciones. Aunque por un lado el estrés tiene beneficios; por otro, el exceso de tensión puede causar serios daños en tu cuerpo, y algunos de ellos son irreversibles.

La Asociación Médica Americana informó que el estrés es la causa primordial del 60% de todas las enfermedades humanas. Asimismo, un grupo de investigadores de la Universidad de Yale descubrió que el estrés puede causar la pérdida de conexiones cerebrales, lo cual resultaría en el encogimiento del cerebro. Este hecho fue confirmado por otro estudio realizado por la Universidad de California en Berkley, donde se demostró que el estrés cambia la estructura del cerebro y aumenta el riesgo de sufrir de depresión y ansiedad. El estrés causa las siguientes reacciones físicas:

  • Dolor de cabeza, mareos, ansiedad, irritabilidad, enojo, y pánico.
  • Tensión en la mandíbula y crujir de dientes.
  • Incremento en el ritmo cardíaco, derrames cerebrales, enfermedades del corazón, hipertensión, diabetes de tipo I y II, y arritmias.
  • Desórdenes digestivos, dolores estomacales, dolor abdominal, e irritación en el intestino.
  • Aumento de peso y obesidad.
  • Disminución del deseo sexual.

Cada uno de estos síntomas pueden pasar desapercibidos por el que sufre de estrés excesivo, y puede creer que las señales son más bien enfermedades pasajeras. No obstante, el estrés afecta a la persona a largo plazo; mejor dicho, le causa una muerte lenta.

Hoy en día hay muchas maneras de eliminar el estrés, y en Salmos 94:19 dice que si clamas a Dios, Él te brindará la paz que necesitas: En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría.” Recuerda que hay aflicciones que no debemos pasar en soledad y que siempre podemos acudir a Dios o alguna persona que pueda ayudarnos.

Si deseas algún consejo para salir de una situación difícil, puedes escribirnos a [email protected]

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cadena de favores

“Cadena de Favores” es  una película que en lo personal me encantó. Realizando una sinopsis, se trata de  una tarea que da el profesor Simone a los niños de su clase, la misma que consiste en que ellos hagan un trabajo final en el piensen en una idea para cambiar el mundo.

Uno de los estudiantes llamado Trevor toma en serio su trabajo, se dirige en su bicicleta a un basurero y lleva a un indigente a su casa para alimentarlo. El hombre agradecido le pregunta cómo puede devolverle el favor, así que Trevor responde que haga tres favores para tres personas como una cadena: “si cada persona hace otros tres favores y así sucesivamente en un tiempo habrá muchas buenas acciones”.

“… De gracia recibisteis, dad de gracia.” Mateo 10:6-8

Esta película muestra un claro ejemplo de lo que quiere decir el Señor con este versículo. “Dar de gracia”.  Gracia quiere decir “un favor concedido por Dios para ayudar al hombre”, a pesar de que no lo merecíamos,  Él por amor hizo un sacrificio para salvarnos y pide que demos así como hemos recibido.

Es interesante analizar de qué manera sería bendecida mayor cantidad de personas si hiciéramos una cadena de favores; dar sin esperar nada a cambio, sino conscientes de que lo que hacemos es en agradecimiento al favor que hemos recibido de Dios, dar alimento, abrigo, amor, apoyo, ánimo, consuelo y más a los que nos rodean.

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. Mateo 10:7-8

De gracia tu alma ha sido salvada, ¿Por qué no salvar a más? De gracia has recibido y de la misma forma debes dar a otros. Si en este momento no has continuado la cadena de favores por las bendiciones que has recibido, entonces ¿De qué manera muestras que estás agradecido? Te animo a apoyar al que necesita, no sólo materialmente, sino a quienes  precisan salvar su alma,  preséntales a Cristo.

Si nos ayudamos unos a los otros el mundo y la sociedad serían mejores, el reto debe empezar por nosotros ¡No rompas la cadena!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

4 lecciones que aprendí de la muerte de mi abuelo

Hace pocos días murió mi abuelo. Esto me hizo dar cuenta de que sólo pensamos en la muerte cuando alguien más fallece. Sin embargo, es importante tener presente este aspecto, pues al final ése será el destino de todos. Esto no significa que debemos vivir con temor, o dejar de hacer nuestras labores con el pretexto de que al final no servirá de nada, ni tampoco provocar la muerte propia o ajena; más bien, vivir una vida digna y ejemplar en el tiempo que tenemos en esta Tierra.

Éstas son algunas lecciones que aprendí de la muerte de mi abuelo, y de otros seres queridos:

1. La muerte no es el final:

Jesús tiene preparado un lugar especial para aquellos quienes aman y obedecen sus preceptos (Juan 14:2-4, Apocalipsis 22:3-7), por lo cual, la muerte no debería atemorizarnos ni causarnos tristeza. Fallecer es un proceso natural para todo ser humano, y debemos estar preparados para la vida que nos espera.

2. Decir adiós sin remordimientos:

Es importante perdonar y pedir perdón. Si alguien muere, debemos estar tranquilos de que no tenemos asuntos pendientes con esa persona; de lo contrario, viviremos con culpa y pesar. Es por ello que no debemos dejar que las pequeñas riñas y disputas arruinen nuestras relaciones con los demás.

3. Dar honra en vida:

De nada vale dedicar discursos, construir lujosos mausoleos, o comprar la mejor caja mortuoria, pues una vez que morimos, nuestros cuerpos son sólo representaciones materiales de lo que alguna vez fuimos. Si realmente deseas honrar a alguien, hazlo cuando ellos estén vivos y mientras tengas la oportunidad. Esto será mucho más apreciado por esa persona, que si se hace cuando ya han fallecido.

5. Nada es realmente nuestro:

Todos tenemos bienes materiales que cuidamos y adquirimos con esfuerzo. No obstante, cuando dejamos este mundo, no llevamos nada. Así que, evitemos acumular cosas que al final perecerán, en cambio, fijemos nuestra vista en aquello que perdura por la eternidad (Mateo 6:19-21).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Eliminemos los “clichés”

Estaba hoy conversando con un compañero de trabajo, acerca de lo fácil que se nos hace a veces caer en clichés, y lo terrible que pueden sonar esos clichés para las personas a las que se los decimos.

Es muy común que cuando alguien pierde a un ser querido, les digamos: “Dios te dé consuelo” o “Cuando Dios decide llevarse a alguien, nos tenemos que conformar” o tal vez les digamos: “Está en un mejor lugar ahora y ya no sufre”. Y aunque muchas de esas afirmaciones las digamos con mucho amor y muchas sean ciertas, no les brindan consuelo. Cuando esas cosas ocurren, tenemos que entender que muchos se sienten incluso defraudados por Dios porque… no escuchó sus oraciones o porque sencillamente sienten mucho dolor de saber que no van a ver más a esa persona que murió.

Debemos ser un poco más delicados a la hora de hablarle a alguien intentando dar consuelo o ánimo ante las diferentes batallas que afrontamos en la vida.

Es muy común también escuchar que cuando alguien está en una situación económica muy difícil, alguien le diga: “no te angusties, Dios proveerá”. Hay que ponerse en el lugar de la persona. Es difícil pensar que hay que darle la cara a quien le tienes que pagar una deuda y no tienes el dinero para cubrir la cuota. Evidentemente que quienes hemos recibido a Jesús y hemos estudiado la Biblia, tenemos una paz que nos da el saber que Dios nos va a proveer… pero entonces comencemos por contarles por qué nosotros no nos angustiamos tanto y tal vez podemos hablarles acerca de lo negativo que es para la salud la angustia y el estrés. Contarles que abriendo su corazón a Jesús, Él les puede dar esa paz y una diferente actitud ante las adversidades que se puedan presentar. Pero no caigamos en los clichés ni pretendamos que todo el mundo entienda lo que a nosotros nos ha costado años entender. Y dejemos claro que recibir a Jesús, hacerse cristianos no es algo que les va a solucionar todos los problemas, ni significa que ya no tendrán que enfrentar dificultades. Dejemos muy claro que simplemente Dios les irá moldeando a tener una actitud diferente ante esos problemas y dificultades.

Otra de las cosas que pido que no repitan sin pensarlo es: “Dios está en control”. Nosotros lo podemos entender, pero si lo decimos a alguien que no ha recibido al Señor, que no se congrega y que no ha abierto nunca una Biblia, de inmediato nos van a preguntar: ¿Y si está en control, por qué pasan las cosas horribles que están pasando en el mundo? Querer poner sobre la mesa un conocimiento que a nosotros mismos nos ha costado entender puede caer muy pesado. Tengamos mucha delicadeza al expresarnos, pensemos muy bien cómo puede recibir la persona a la que le vamos a hablar, lo que le vamos a decir.

Recordemos esta porción de escritura: Efesios 4:15

“En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia”.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un herido no puede curarse solo

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.” Juan 5:1-9

Es difícil que una persona herida pueda curarse sola, generalmente precisa de un doctor que le ayude en este proceso, ya que su lesión puede infectarse rápidamente. El hombre del estanque se encontraba paralitico y por mucho tiempo estuvo esperando que alguien lo ayudara a entrar al agua para ser sano ¡y tuvo la oportunidad de recibir la propia presencia de Jesús para su sanidad!

Así como precisamos de un doctor que ayude a desinfectar las heridas externas que podemos tener, de igual forma precisamos a alguien que nos apoye en las heridas emocionales. Es posible que en este momento existan a tu alrededor personas que se encuentren deprimidas, con resentimiento, o con alguna enfermedad y dolencia ¡Tú puedes ser esa persona que le ayude a empezar su sanidad! ¿Qué esperas para hablarle de Cristo?

¡Levántate y ayuda! Bríndale lo que necesita, pero recuerda lo más importante ¡Acércalo al único que puede sanarlo completamente! Preséntale a Jesús y su poder.Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Juan 5:1-9

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nos tocó muy cerca… Tiroteo de Orlando

No puedo dejar de hablar de este acontecimiento que nos ha afectado a todos. Y no sólo por el hecho de vivir cerca del lugar donde ocurrió, porque estamos en el país en el que ocurrió, sino porque fueron muchas vidas inocentes perdidas y eso, nos afecta a todos. Inocentes, porque no estaban en una guerra, no estaban armados ni se esperaban lo que les vino. Nos llena de congoja y dolor, nos llena de pena y de pesar por las familias de aquellos que perecieron y por lo que están sufriendo los que están en cuidados intensivos en una clínica. Nos llena de coraje porque es un acto deleznable de un desalmado cobarde que con armamento violó vidas. No solo las que estaban dentro del club, sino las de las familias y amistades de todos. No nos tocó muy cerca por la distancia a la que estamos del lugar, sino porque nos tocó violentamente el corazón.

Es el irrespeto a la vida lo que nos da el zarpazo. La planificación con mala intención y alevosía. Gente que no le hizo absolutamente nada al autor de la masacre. Ninguno de ellos probablemente ni tan siquiera se habría topado con él anteriormente. Esa maldad que lleva a la elaboración de un plan con el solo fin de hacer daño, de creerse Dios para terminar con vidas que él, consideraba menos o que le molestaban por su etnia o por su preferencia sexual. Es terrible, es fuerte, es doloroso y es algo que además nos trae temor, porque vemos una vez más, por si se nos había olvidado, que somos vulnerables. Vemos una vez más que el mal está infiltrado y cuando decide actuar, nos sorprende y sentimos impotencia.

Hay que orar incesantemente, hay que orar por que no hayan más eventos como éste, hay que orar por todas las almas perdidas, por todas las vidas cortadas, por las familias que perdieron seres amados. Hay que orar por el país, por el futuro de nuestros hijos, nietos. Hay que orar y jamás dejar de hacerlo. Y hay que tomar acción y llevar la palabra de Dios a todo aquel con el que nos encontremos. Oremos por quienes no conocen aún la verdad de Jesús. Mostremos a todos la gracia y el amor de Jesús sin importar las diferencias de cualquier tipo. Llevemos el Evangelio a todos sin timidez y con mucha claridad. Y que Dios nos ayude, ampare y proteja.

 

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No quedaste solo

Cuando leemos o escuchamos sobre Jesús, cómo  fue su vida desde que nació y cómo fue creciendo en estatura y sabiduría, nos maravillamos y desearíamos haber podido nacer en esa época para poder verlo y estar con Él.

En el momento en que tenemos problemas o pasamos por tribulaciones creemos que estamos solos y que a pesar de tener personas en nuestro entorno no habrá nadie que nos comprenda así como Jesús lo hacía cuando caminaba entre sus discípulos. Para ellos era muy difícil creer que el Maestro tenía que irse y dejarlos, pensaban que se quedarían solos pero Jesús se los explicó claramente: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Juan 16:7 (RVR-1960)

Con estas palabras quiso decir que si bien moriría , Él resucitaría y ascendería a los cielos para ser nuestro abogado frente al Padre, pero que no nos dejaría solos, pues dejaría al consolador, el Espíritu Santo, quien estaría con nosotros en todo tiempo, circunstancia y lugar, y que a la vez también estaríamos con Él.

Esta palabra que dejó dicha a sus discípulos es también para nosotros, aunque ya hayan transcurrido muchísimos años, esa promesa es válida hasta hoy.

La promesa de enviarnos al consolador, quien nos acompañará en momentos de tristeza y dolor, aun se cumple; no es una promesa que se concreta una vez y ya no vale más. Lo que Cristo prometió es eterno y permanente, hasta hoy se sigue haciendo real en nuestras vidas y seguirá para el tiempo postrero.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26 (RVR-1960)

Si sentías que estabas solo y que no tenías a alguien que te comprenda, tienes al Espíritu Santo que secará tus lágrimas, sólo es necesario anhelarlo y creer que en verdad Él está con nosotros.

 

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Cuando las palabras no son suficientes

Ana, esposa de Elcana no podía tener hijos, la biblia no menciona las razones, simplemente dice que el Señor no le había concedido ser mamá. Cuando la esterilidad forma parte de una mujer, es devastadora, porque cada joven sueña con ser madre, y es que es un anhelo que desde niña se observa cuando tiene muñecas y en sus juegos, por así decirlo, las transforma en bebés donde ella las cuida y alimenta. Cuán difícil era para Ana saber que no podía engendrar hijos, que ese sueño tan añorado no se estaba cumpliendo. La palabra dice que ella tenía el semblante decaído, vivía con tristeza, y lloraba por su situación hasta el punto de no querer probar comida.

Elcana al ver a su esposa en ese estado, quiso consolarla, en el versículo 8 de 1ra Samuel dice: Ana ¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué esta afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Palabras de un hombre que en su intento trató de apaciguar el alma afligida de Ana pero que no fueron suficientes. Como esposo quiso ayudarla a que pueda sentirse mejor, a que no le de tanta importancia a este asunto pero fue en vano.

Cuántas veces nos ha pasado que en los tiempos difíciles, muchas personas han intentado darnos palabras de consuelo y aliento pero que no han llegado a ser capaces de tranquilizar nuestro desesperado corazón. Y es que en varias ocasiones sucede que el dolor es tan fuerte que no todos comprenden la magnitud de nuestro sentir.

La historia relata que Ana después de haber escuchado a su esposo, con amargura en el alma fue a orar al templo, lloró abundantemente y le encomendó su causa al Señor. Dice que oró largamente delante de Jehová; y desde ese momento comió y no estuvo más triste.

Desconocemos el dolor que aflige tu alma, aun la dimensión de tus congojas, y tal vez no tenemos las palabras precisas para calmar tu corazón abatido; pero como Ana, animarte a que al primer lugar donde puedas descargar y hablar con alguien de lo que sientes, sea con Dios, él mejor que nadie conoce lo más profundo de tu ser. Él entiende como estas, comprende tu enojo, sabe de tu tristeza y lo que te llevó a vivir así. En su omnisciencia es quien mejor conoce lo que hay en ti. Dice su palabra que “…Porque él conoce los secretos del corazón” (Salmos 44:21) La palabras del hombre pueden no ser suficientes para ayudarte pero el consejo de Jehová puede transformar y restaurarte. Búscalo en intimidad, encomienda tu causa y permite que pueda apaciguar tu afligido corazón. Él es experto en estos asuntos.

En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. (Salmos 18:6)

 

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Seguridad completa

Leyendo información acerca del funcionamiento del cinturón de seguridad, encontré algo interesante que dice: La idea básica de un cinturón de seguridad es bastante sencilla: impide que salgas volando por el parabrisas delantero o te desplaces por el interior del auto de forma incontrolada en una parada o vuelco.

Según algunos estudios, los cinturones de seguridad reducen el riesgo de morir en los asientos delanteros en un 50 por ciento. Cuando se piensa en ello, uno no puede dejar de sorprenderse. ¿Cómo puede una pieza de fabricación tan simple ser la diferencia entre la vida y la muerte en un accidente de auto?

Los expertos coinciden en que llevarlo puesto eleva dramáticamente las posibilidades de sobrevivir a un accidente de auto. Esto es lo que más me llama la atención, pues se puede contrastar con la seguridad que Dios nos brinda, cuando vivimos bajo su gracia y el peligro que corremos cuando nos alejamos de Él.

Recuerdo a un taxista que me comentaba muy presumidamente que no usaba el cinturón porque él manejaba anteriormente camiones de alto tonelaje y que un taxi no era nada para él, ¡qué idea tan equivocada!

Aunque unos usan el cinturón hay también otros que no lo hacen, y ocurre también con los cristianos, pues dejamos de lado a Dios y confiamos más en nuestras habilidades, pero el Salmo 91:1-2 dice claramente “Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso…Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío.”

¿Dónde hallaremos seguridad constante? Claramente sólo con Dios, Él es nuestro protector y ayuda.

Si no has estado usando el cinturón de seguridad de Dios, debes hacerlo, cualquiera que sea la situación que estás pasando, en su presencia estás seguro pues “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.” Salmos 46:1

¡No confíes en tus propias capacidades confía en Dios!

 
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