corazón Archives - CVCLAVOZCVCLAVOZ

All posts in “corazón”

¿Dónde estás Dios?

“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?  ¿A dónde podría huir de tu presencia?” Salmos 139:7 (NVI)

“Te necesito Dios, ¿Dónde estás?” Cuántas veces nos hemos hecho esa pregunta, aun sabiendo que Él está en todas partes. Nuestro Padre en su infinito amor nos responde: “…Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15;  significa que Dios está con nosotros en todo momento, si te has sentido solo recuerda esta verdad, pues  Él te responde: contigo hijo.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sin medida

Se cuenta que en una aldea de Madrás, en el día de Acción de Gracias, un nativo pobre ofreció para el Señor un saquito de arroz, el principal alimento de los humildes en la India.

Un pastor que estaba de paso y quien era el encargado de recibir las ofrendas que iban llegando, le preguntó:

      – ¿Cuántos kilos trae hermano?

      – No lo sé…. – fue la respuesta.

      – ¿No lo sabe? Debería saberlo, porque así no sabe cuánto está dando al Señor.

El humilde hombre continuó:

      – Nosotros, aquí, los cristianos de esta aldea, nunca medimos lo que damos a Dios.

La actitud de este hombre es una hermosa lección para todos nosotros pero no solamente en el hecho de dar recursos económicos sino en que deberíamos tratar de dar lo mejor de nuestra vida sin medida, ya sea nuestro tiempo, fuerzas, dones y talentos.

Dios conoce acerca de nuestras posibilidades y nunca nos pedirá más de lo que podemos dar. En 2 Corintios 8:11, 12 dice: “Ahora deberían terminar lo que comenzaron. Que el anhelo que mostraron al principio corresponda ahora con lo que den. Den en proporción a lo que tienen. Todo lo que den es bien recibido si lo dan con entusiasmo. Y den según lo que tienen, no según lo que no tienen”. (NTV)

No importa si es mucho o poco, lo importante es que al momento de dar lo hagamos con un corazón sincero y agradecido, que todo lo que hagamos para Dios sea con amor, sin mezquinarnos en el tiempo ni dando prioridad a otras cosas. No permitamos que otros afanes nos roben el tiempo que le corresponde al Señor.

El dar sin medida no se refiere a cuantiosas sumas, sino a dar lo que tenemos como agradecimiento, sin estar llevando la cuenta de cuánto le damos a Dios (en tiempo, dinero, fuerzas, etc.) para después “recordárselo” o “cobrárselo” en nuestras oraciones. Dar sin medidas es más una actitud de un corazón agradecido.

Recuerda que el Señor nos da mucho más de lo que imaginamos y muchas de sus bendiciones no las consideramos como tales, olvidándonos que la salud, la vida, la familia, el trabajo, los amigos, son dones de Dios.

Cuando vayas a darle algo al Señor o a hacer algo por Él no te midas y dentro de tus posibilidades, entrégale lo mejor que tienes.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Para que ore

Se llevan en el alma como fuego inextinguible. En un viejo desván al final del corazón, un poco más allá de la dignidad, se guardan por meses, por años, toda la vida. Diariamente nos entregan su pequeña cuota de vergüenza, de culpa y de miedo. Silencios del alma, mudez de los sentidos, severa mordaza de la memoria. Triste y cotidiana constatación de nuestra incompletitud.
Porque así vivimos algunos de nosotros. Como analfabetos del perdón, iletrados de la misericordia, eternos alumnos aplazados de la cátedra de la compasión. Desconociendo la violenta manifestación de eso que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. No sabíamos nada de eso aunque lo proclamábamos como cosa aprendida. Nos quedamos en la orilla, anhelando la inmensidad de un océano que nunca surcaremos.
Y qué va a hacer. No nos apretó el abrazo hermanable que funde todos los pecados. No recibimos la mirada dulce y paciente del otro en nuestra desnuda realidad. No nos venció la bondad, administrada como sutura imprescindible a la hora de la violencia perpetrada en nuestra carne desesperadamente imperfecta. No hubo un trapo doliente que enjugara la sangre, el sudor y las lágrimas.
Nos dijeron una vez cuando niños que alguien allá arriba lo había hecho por nosotros. Pero no los hermanos y por eso no supimos cómo hacerlo a los hermanos.
Así que nos pusimos las máscaras de la alegría, nos vestimos con atuendos de santidad, nos ataviamos con dones y talentos y entramos en la corte para llevar participar en la mascarada semanal. Nos contamos historias de éxito y nos decimos “aquí estamos todos bien”. Aprendimos a sonreír convenientemente, a decir la palabra justa, a sancionar – mesuradamente si era posible – los desvaríos ajenos, aportamos los siempre indispensables recursos financieros y ejercimos nuestros oficios institucionales con suma diligencia.
Bien adentro, la sangre se hacía costra y la costra hierro. Algo dentro de nosotros se hacía duro pedernal y por eso seguíamos respirando a la mañana siguiente. Nos afirmamos en la tradición, la costumbre y en los viejos códices. Así pudimos seguir adelante.
La procesión va por dentro decíamos un poco un broma pero era desoladora verdad. Ya vendrán tiempos mejores solíamos repetirnos ensayando una mueca que aparentaba una sonrisa.
Se lo cuento a usted no más. Para que ore…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Te bendeciré en gran manera

“…El Señor ha dicho: Puesto que has hecho esto y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo  que te bendeciré mucho. Haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar. Además, ellos siempre vencerán a sus enemigos. Génesis 22:16-17 (DHH)

Cuando hacemos que nuestra fe sea más grande que nuestros problemas podemos experimentar la bendición de Dios como le sucedió a Abraham, le creyó a Dios, le obedeció y aún cuando pudiera parecer que lo que Dios le pedía no tenía sentido. Sin embargo, confió hasta lo último y pudo mantenerse firme en su peor momento. Como Dios conocía su corazón, honró su confianza, proveyendo un milagro y una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo. Te animo a creerle a Dios, quien nunca dejará tu convicción sin recompensa.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tesoros en el cielo

“No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Mateo 6:19-21 (NVI).

Esta  ilustración que Jesús hizo fue para hacernos entender que los bienes de este mundo son temporales e inciertos, por ello, no debemos darles más valor del que en verdad merecen.

Cuando Jesús habló de tesoros no hizo referencia solamente a cosas materiales de mucho valor económico, como joyas, dinero, automóviles lujosos, etc. Más bien, creo que se refirió a todo aquello que ocupe un lugar excesivamente importante en nuestro corazón y que ha llegado a convertirse en nuestro tesoro personal.

No podemos negar que cuando poseemos un tesoro, buscamos cuidarlo, preservarlo y, si es posible, acumularlo. Pero debemos entender que concentrarnos sólo en las riquezas, hará que nos comportemos de manera muy egoísta, sin ver las necesidades de los demás, podrá hasta quitarnos el tiempo que merecen nuestras familias, amigos, hermanos, padres y le restamos importancia a aquello que realmente importa y lo trasladamos ese valor a nuestro tesoro (éxito, logros, posesiones, posición laboral, social y eclesiástica).

Si hasta el día de hoy has puesto tu esfuerzo, tu tiempo y tu corazón sólo en alcanzar cosas materiales ¡detente! Porque así como le dijo al rico insensato, Jesús te dirá: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” Lucas 12:20 (NVI)

Las riquezas pueden llegar a convertirse en rivales del Señor. Él nos ama tanto que no quiere compartirnos con nada ni nadie, pero cuando nuestra mente y todas nuestras energías están concentradas en las cosas temporales de este mundo, lastimamos el corazón de nuestro Salvador, quien desea ser el centro de nuestros pensamientos.

Es necesario que hoy recapacitemos sobre dónde hemos puesto nuestro corazón y revisemos nuestra lista de prioridades.

Te invito a que puedas poner tu corazón y cada uno de tus anhelos en Cristo Jesús, permite que Él sea el tesoro de tu vida; no cabe duda de que su riqueza es inagotable, la que puedes compartir con los demás.

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mostremos y demos amor

“Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31-32 (DHH)

Muchas veces uno puede cargar con ciertas actitudes por causa de que fuimos lastimados o defraudados por los demás. Podemos  pensar que no dejaremos que nos hieran nuevamente y que no volverá a ocurrir. Sin darnos cuenta estamos cobrando factura a las personas de nuestro alrededor y a nosotros mismos por esas acciones del pasado. La palabra de Dios nos dice: “no dejemos que esas cosas nos impidan correr la meta” Dios desea que perdonemos el pasado y que actuemos con misericordia hacia nosotros mismos y las demás personas, aprendiendo a perdonar y perdonándonos, y junto a Él empezar la mejor historia de nuestras vidas. Es un buen momento para dejar el odio, la ira, el temor, pánico, baja autoestima, amargura y entregarlos a nuestro Padre; permitiendo que Él sane, haga latir nuevamente nuestro corazón.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Puede alguien esconderse de Dios?

“¿Puede alguien esconderse de mí en algún lugar secreto? ¿Acaso no estoy en todas partes en los cielos y en la tierra?», dice el Señor.” Jeremías 23:24 (NTV)

Muchos creemos que podemos escondernos del Creador de la vida y de todo lo que existe; sin embargo, olvidamos que Dios es omnisciente, que significa que lo sabe todo. Él conoce el pasado, el presente y el futuro. Salmo 139:2-3 dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos”. En los versos 7-12 dice: “¿a dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del Mar, aún allí me guiara tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aún la noche resplandece alrededor de mí. Aún las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”.

Adán y Eva trataron de esconderse de Dios, pero no lo lograron y terminaron siendo expulsados del paraíso (Génesis cap. 3). Ocultarnos cuando cometemos algún pecado no es la solución, es mejor humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Salomón escribió: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Juan añadió: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Mientras haya vida y esperanza no hay razón suficiente para esconderse de un Dios amoroso y perdonador. Él puede vestirnos nuevamente con ropas blancas (Apocalipsis 7:14) y lino fino (Apocalipsis 19:8). Sólo necesitamos despojarnos del pecado y recurrir a la sangre de Cristo.

No sé cuál es tu situación en este momento, pero no olvides que no puedes esconderte de Dios (Salmo 139:11-12), regresa a Él con arrepentimiento y fe.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR1960)

Oremos:

“Señor Jesús, tú conoces mi vida, examíname hasta lo más íntimo de mi ser y mira si hay pecado en mí, corrígeme de acuerdo a tu verdad y muéstrame la senda que debo seguir. Quiero vivir para ti y agradarte a partir de hoy. Amén. “

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tono menor

“En mi mente y mi corazón me siento y sigo siendo joven” dice una señora de cierta edad en una conversación informal con unos amigos. Comento que eso me parece muy bien siempre y cuando no se trate en esa suerte de negación social que impera en la cultura acerca de la vejez y de la presencia inocultable del deterioro del cuerpo. Después pensé que tal vez no era oportuno decir eso ahí mismo.
Me voy a mi casa y pienso en este asunto otra vez. Cuando cumplí sesenta años, el hecho me golpeó como ninguna otra transición de década en el pasado. Las inevitables evidencias del paso del tiempo están ahí, no las puedo ignorar. Por más jogging que haga, por más alimentación sana y ejercicios, el cuerpo es absolutamente honesto con el tiempo. No me sale vestirme con ropa deportiva y zapatillas air o lucir rozagante con ropa juvenil.
Sin duda que mi mente es más fuerte, más amplia, más educada. Los años han agregado algo de sabiduría pero también de conciencia de mis recurrentes carencias en las relaciones humanas, en la sensibilidad, en las costumbres, en los miedos. También se va haciendo más fácil pedir perdón o darme cuenta que le hago daño a veces a las personas y todavía busco maneras de aliviar esas aristas y esas debilidades.
Resisto con toda mi alma esa tendencia general a negar la vejez como una realidad. Suena lindo eso de los años dorados, de la mejor época de la vida, de que el tiempo es un estado mental. Pero el hecho es que efectivamente la vejez reduce los espacios y las posibilidades. Lo sabio parece ser aprender a gozar de las cosas que sí se pueden hacer todavía; sin embargo no hay que tener mucha inteligencia para entender que no se puede vivir con la misma intensidad de hace treinta años atrás.
Calidad en vez de cantidad también suena lindo, pero tiene un resabio de resignación parecido a aquel que contaba Benedetti en “La tregua”: cuando respondes a la pregunta de cuántos años tienes la gente te suele decir, “Pero usted es joven todavía”. Ese “todavía” suena como una sentencia.
La sabiduría, la paz, ese ablandamiento del carácter son, sin duda, algunas bendiciones de los años. Pero el cuerpo no es el mismo.
Qué quiere que le diga…

Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Biblia y lágrimas

Hay una escena en la Biblia (Nehemías 8:1-20) que nunca deja de conmoverme. Al regreso del exilio los judíos encontraron una Jerusalén completamente devastada. Los escombros eran la triste huella de un pasado glorioso. Abocados al trabajo de reconstruir y restaurar la nación desde sus fundamentos se encuentran una madrugada todos reunidos en una plaza para algo que la mayoría de ellos nunca había experimentado: oír la lectura de la ley de Dios.
En una tarima de madera construida para la ocasión, el escriba Esdras lee durante al menos seis horas diversas porciones de la Torá. Algunos levitas se distribuyen entre la gente para ir explicándoles lo que no entiendan de la lectura.
A medida que avanza la mañana, la gente comienza a llorar, a gritar “¡Amén, amén!” y algunos se inclinan con su rostro a tierra. Tanto, que los dirigentes les dicen que por favor no lloren, que es un día de alegría, de celebración, de comer y beber. Al fin los convencen y se van a su casa, invitan a los más pobres del pueblo y comparten algo nuevo y reconfortante en sus vidas. No hay que olvidar que vienen de regreso de un exilio oprobioso que ha durado al menos setenta años.
No puedo dejar de pensar en el efecto que produjo en esa gente el oír por primera vez la palabra de Dios. Muchos de ellos habían nacido en cautiverio y allí no había libertad para practicar la fe. Ese encuentro con el pensamiento de Dios expresado en palabras les parte el corazón. Descubren su propia realidad, la triste distancia entre sus vidas y la ley de Dios. Son iluminados con la verdad y no pueden ocultar su emoción. Por eso lloran: la palabra ha comenzado a transformar sus vidas.
Hoy, que tenemos Biblias en innumerables versiones, desde ediciones de lujo hasta las más baratas, que se la predica semana a semana en los templos, la palabra de Dios no nos produce nada. Un video de YouTube que nos recomendaron, una película de Netflix, el mínimo episodio de un animal que muestra rasgos humanos nos conmueve y le damos miles de veces Me gusta, lo compartimos y comentamos cuánto nos emocionó. Pero la ley de Dios es una rutina en nuestros oídos, un trámite ritual, pequeñas cápsulas de palabras que al fin nos hacen inmunes al poderoso impacto de su significado.

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón. (Del tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo).

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¡Tengo miedo!

“En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”. Salmos 94:19 (TLA)

El miedo no solo nos paraliza sino que además nos sumerge en un profundo abismo, haciéndonos olvidar las promesas que Dios tiene para nuestras vidas. Cuando esto pasa, entra la duda, nuestra fe se debilita y comenzamos a ver nuestro problema como un gigante mucho más grande que nuestra fe. Es en estos momentos cuando debemos rendirnos ante Dios, reconociendo que no podemos que en todo necesitamos de Él. La Biblia nos dice que Su amor es todo lo que necesitamos y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Es allí que nuevamente nuestra fe se activa y empezamos a creer que pronto El actuará. Quizás estés pasando por algo parecido en tu vida, sientes que el tiempo pasa, no hay cambio y el problema sigue allí parado como un gigante amenazador infundiendo temor en tu vida. Sin embargo Dios no dejará que enfrentes solo esta situación sino que estará contigo para darte la victoria.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Su gloria

Todos en algún momento hemos querido experimentar un milagro en diferentes áreas de nuestras vidas.

Creerle a Dios no es un sentimiento,  es una decisión basada en la convicción que produce la verdad de la palabra del Señor en nuestras vidas.  Confiar en Dios nos lleva a ser sus amigos, nos hace sentir seguros a su lado  y también podemos ver su poder  manifestarse en respuesta a lo que le pedimos.

Hay situaciones que nos impiden creerle a Dios, como las malas experiencias vividas, ver milagros en las vidas de otros que están pasando la misma necesidad que uno, una oración no contestada y podemos mencionar muchos casos más que hacen que nuestro corazón se llene de duda.

Puede ser que delante de ti se encuentre una piedra que te impide ver lo que Dios quiere hacer en tu vida.  La duda, la falta de fe y el no creer al Señor son obstáculos muy fuertes que nos imposibilitan poner nuestra confianza en Él; toma la decisión de quitarlas de tu mente y corazón  para que puedas ver la gloria del Padre.

Posiblemente  tu situación no tiene solución, probablemente tu matrimonio se esté desmoronado, tus hijos se encuentren presos de  los vicios y  económicamente no estés bien. Muchas  situaciones pueden agobiar tu corazón e impedir que  creas  que Dios va a responder a tu petición, pero lo importante es confiar en lo que el Señor promete en su palabra: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Marcos 9:23.    Aún en el peor momento de tu vida, cuando no veas una salida a lo que estás atravesando, tienes que poner tu mirada en Jesús.

La mujer con flujo de sangre,  Jairo, Bartimeo y muchos  más creyeron en el peor momento de sus vidas.  Pusieron su confianza en Jesús y no en las personas,  su situación no los detuvo y  los llevó creer mucho más que recibirían lo que buscaban.

¿Quieres ver la gloria de Dios?   El secreto está en creer, no dejes que la duda y los acontecimientos diarios desvíen tu mirada de Jesús.

“Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Send this to a friend