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¡Vívelo!

“Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis propios ojos” Job 42:5 (NTV)

¿Cuántas veces has oído acerca de las maravillas que Dios hizo en otros? Pero mucho mejor que oír es experimentar el poder de Dios y que con nuestros propios ojos podamos ver sus milagros, prodigios y Señales. Si hasta ahora, sólo hablas de las bendiciones que otros reciben, sigue clamando a Dios y pídele ver su poder glorificarse en cada una de tus circunstancias.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El tiempo que no volverá

John Randolph dijo: “El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos”

Hoy al despertar varios de nosotros hemos tenido la necesidad de mirarnos en un espejo y muchos nos dimos cuenta que el rostro y el color de cabello son la clara señal de que los años han pasado, pero lo que realmente debiera importarnos es cómo y en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo.

Si le diéramos la importancia que se debe al “tiempo” podríamos invertirlo y no malgastarlo, ya sea en un vicio, en el rencor, en las peleas o haciendo maldad. No podemos vivir ligeramente sabiendo que la hora, los minutos y segundos que pasan jamás volverán.

El apóstol Pablo, conocía el valor incalculable del tiempo, por eso nos dice “(…) aprovechen bien el tiempo” Colosenses 4:5 (DHH), porque sabía que el enemigo es astuto y utilizará distracciones para hacer que perdamos aquello que nunca recuperaremos (tiempo).

Hoy varias personas se encuentran sentadas viendo cómo su vida pasa porque se detuvieron a lamentar su pasado, otras se encuentran tratando de sobrevivir lo que viven en el instante o peor aún algunos se quedan quietos por temor al futuro.

No permitas que los temores del pasado, los problemas del presente y el miedo a lo que vendrá te detengan y te hagan perder tu tiempo, toma la mano de Dios y confía en su provisión, protección y ayuda.

Si eres joven y estás comenzando a dar pasos para alcanzar lo que anhelas, recuerda que tu mirada debe estar en Dios y lo demás vendrá por añadidura. Esto no significa que no te debes esforzar y trabajar para alcanzar logros; tu juventud es el mejor tiempo para dar lo mejor de ti en el servicio, en tus estudios y en tu familia.

1 Timoteo 4:12 dice: “Evita que te desprecien por ser joven; más bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor, fe y pureza de vida” (DHH)

Si ya los años han pasado y quizás no tienes lo que un día soñaste ¡Tranquilo! disfruta el presente y lo que tienes, pero haz planes para mejorar tu futuro, trabaja en tu relación con Dios y sirve junto a tu familia.

En realidad no importa en qué parte del camino te encuentras, lo importante es que inviertas el tiempo que tienes en lo que de verdad tiene valor. Recuerda que el tiempo que pasa no volverá, hoy podemos estar aquí y mañana no.

¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma” Santiago 4:14 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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Él espera por ti

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.” Salmos 51:1 (RVR1960).

Cuántas veces hemos fallado en nuestro andar cristiano, al anteponer nuestros deseos a la voluntad de Dios; sin darnos cuenta nos alejamos y perdemos contacto con Él, perdemos de vista Su propósito para nuestras vidas. Si te encuentras en esta situación, te animo a acercarte nuevamente a Dios, reconociendo que necesitas Su guía y presencia en tu vida, Él te espera con los brazos abiertos.

Por: Cesia Serna

 

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Por amor…

En una ocasión me encontraba en compañía de mi padre cuando se descargó la batería de la movilidad;  lamentablemente estuvimos detenidos bastante tiempo porque nadie quiso parar para ayudarnos, hasta que finalmente un señor se detuvo para proporcionarnos auxiliarnos, y cuando lo hizo, no tardo en cobrar por su ayuda.

Es interesante pensar que nadie quería hacer un favor y el único que se detuvo fue esperando recibir algo a cambio.

Generalmente uno “espera recibir algo” después de brindar un servicio o un favor, de lo contrario es probable que no se haga nada. Sin embargo, es interesante analizar ¿Qué haría Jesús? Él ayudaba por amor, por esto daba sin esperar, se encontraba en el momento de necesidad y no le importaba si recibía algo por su esfuerzo, sino que se preocupaba en apoyar al que lo necesitaba.

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” 1 Corintios 15:58 (RVR 1960)

A veces sucede lo mismo en el servicio a Dios, esperamos algo a cambio por parte de los líderes o pastores, como un aplauso, unas palabras como: “lo hiciste bien, eres el mejor”, y cuando no recibimos aquello, nos desanimamos y vacilamos; por esto, en este pasaje el Señor nos pide que sigamos adelante, firmes y constantes, porque el trabajo que realizamos para Dios no es en vano.

Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.” Hebreos 6:9-10 (RVR 1960)

Cuando sirves a Dios No esperes aplausos, tarima o que te tomen en cuenta, sírvele por amor. Dios sabe lo que haces, y Él no es injusto para olvidar el trabajo que realizas con amor; aunque el hombre no reconozca tu trabajo, hay un Dios que sí lo hace, que está viendo tu trabajo.

Te animo a servir al Señor con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, sin esperar nada a cambio de tus autoridades o de la persona a quien estás apoyando, sirve con un corazón humilde y seguro porque en su tiempo recibirás la recompensa y no de un hombre, sino de Dios.

 

 

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Afirmar

Hemos visto grandes cruzadas de milagros y sanidades en las que multitudes reciben al Señor como su Salvador; pero en algunos casos no se   hace un seguimiento para poder  afirmar   a los nuevos convertidos en la fe.

El afirmar a nuevos creyentes es parte de nuestra labor como discípulos  para poder tener personas realmente comprometidas con la obra del Señor.

¿Qué es afirmar?

Afirmar es: cimentar, establecer, asegurar, consolidar  y fortalecer la decisión del nuevo convertido.  Es hacerle el seguimiento apropiado hasta que crezca  y pueda  sostenerse por sí mismo en la fe, a pesar de todo lo que pueda pasar en su caminar con Cristo.  También es formarlo  para que pueda  ser discípulo y un líder en el reino de Dios, instruido en los valores cristianos,  renovando así su mente para que de  esa forma sea transformado por completo.

El nuevo cristiano, tiene que estar enteramente preparado  e instruido con la palabra de Dios y ser un  discípulo  que no tenga de qué avergonzarse; si no se afirma nunca podrá dejar de ser un seguidor y no estará dispuesto a hacer todo por amor al Señor. “…a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.  2 Timoteo 3:17

Los doce discípulos se afirmaron aprendiendo a orar para tener una comunicación e intimidad con Dios,  estaban comprometidos con el reino de nuestro Señor,  vivieron  en  obediencia y sumisión. Estaban dispuestos a pasar procesos que iban a moldear sus vidas,  eran  valientes en las pruebas  porque sabían a quién seguían.  Tenían  un corazón adorador; no importaba el momento ni el lugar para adorar a su creador, su fe estaba puesta en Jesús y  aprendieron a esperar en Dios; pero sobre todo anhelaban ser mejores cada día.

El afirmarse es cumplir con lo que Dios manda en su palabra, es estar dispuesto a seguir sin importar lo que uno pueda pasar. Seguir a Cristo es confiar plenamente en Él  y estar seguros de que nada nos puede separar de su gran amor.

 “Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”. Jeremías 17:7-8

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

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Derribando Fortalezas

La Gran Muralla China o Chángchéng (“larga fortaleza”), fue edificada en la Dinastía Qin, 200 años antes de Cristo, con el fin de protegerse de los ataques de los habitantes de la actual Mongolia. El emperador Qin Shi Huangdi, unificó el Imperio en el año 221 antes de Cristo y unió los trechos de muralla construidos previamente. Durante los siguientes mil años que duró la reconstrucción, la muralla llegó a tener 7300 km de longitud, con aproximadamente 6 metros de ancho y 8 metros  de altura; características que  la convertían en un  gran lugar de vigilancia.

Con la construcción de esta gran fortaleza no era fácil que el enemigo atravesara para derrotar al imperio Chino.

De una forma similar, en medio de todo conflicto, somos nosotros quienes creamos fortalezas en lugar de fortalecernos en el Señor.

¿Qué es una fortaleza? Es una estructura pensante que tenemos dentro de la mente que se convierte en una creencia.

Cuántas veces pensaste que tu vida no tiene sentido y dijiste: ¿Para qué seguir? Tal vez son incontables las oportunidades que de tus labios salieron estas palabras: “no puedo hacerlo”, aun sabiendo que tenías la habilidad y las herramientas necesarias para ejecutar aquello. No hay duda que estas son fortalezas que necesitan ser derribadas.

La mente es un campo de batalla, por ello, estamos en una guerra espiritual donde debemos pelear con armas espirituales.

“Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas.  Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” 2Corintios 10:3-5 (NVI)

El apóstol Pablo en esos versículos está instruyendo a la iglesia de Corinto sobre cómo batallar y “derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” Lo cual no se hace mediante las armas del mundo, sino por el “poder divino” y los recursos que Dios pone a disposición de sus hijos, esto es la armadura de Dios. (Efesios 6:10-18)

Si en verdad quieres ser libre de toda fortaleza, debes aprovechar los recursos de Dios y fortalecerte en el Señor y en el poder de su fuerza, porque mientras nos enfocamos en ello, podemos ver que Dios nos da la victoria.

Ninguna fortaleza del mal puede resistir a los cristianos que oran y que se visten de la armadura de Dios, luchando con Su Palabra y llenos de su Espíritu Santo.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Tu ángel guardián

“Pues el ángel del Señor es un guardián; rodea y defiende a todos los que le temen.” Salmos 34:7 (NTV)

Muchas veces en medio de alguna situación difícil creemos estar solos y desprotegidos, olvidando que  Dios mandará a sus ángeles para cuidarnos y librarnos de todo mal. Cuando un soldado se encuentra en guardia no duerme ni se distrae; Dios hace lo mismo con nosotros, sus hijos, Él jamás está distraído a tu clamor. Si te sientes rodeado por las dificultades y el temor, ¡No te desesperes! Recuerda que el Señor acampa alrededor tuyo defendiéndote de todo dardo del enemigo.

Por Ruth Mamani

 

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Llamados para reconstruir

“Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” Nehemías 1:2-4.

Después de un desastre natural o catástrofe provocada por una guerra, en cualquier lugar del mundo, se hacen labores de reconstrucción rápida para levantar esa ciudad afectada. Pero lamentablemente las cosas nunca vuelven a ser iguales, todo cambia para siempre. Muchos se marcharán del lugar y otros vivirán llorando por la pérdida de sus seres queridos. En momentos así el único consuelo es Dios, quien promete llevar nuestro dolor.

En el pasaje que acabamos de leer vemos a un hombre de Dios llamado Nehemías llorando por la destrucción de su pueblo, su ciudad había sido quemada y dejada en ruinas. ¿Cómo reaccionas tú cuando ves que tu vida, familia y ciudad están en ruinas?

“Oh Señor, Dios del cielo, Dios grande y temible que cumples tu pacto de amor inagotable con los que te aman y obedecen tus mandatos, ¡escucha mi oración! Mírame y verás que oro día y noche por tu pueblo Israel. Confieso que hemos pecado contra ti. ¡Es cierto, incluso mi propia familia y yo hemos pecado! Hemos pecado terriblemente al no haber obedecido los mandatos, los decretos y las ordenanzas que nos diste por medio de tu siervo Moisés.” Nehemías 1:5-7. Fueron las palabras de Nehemías al ver la situación de su pueblo. Si seguimos leyendo más de esta hermosa historia, encontraremos a un hombre que a pesar de su dolor se mantuvo en pie, confiando en el Dios grande y poderoso que él tenía, capaz de restaurarlo todo.

Nehemías era un hombre de oración que nunca dudó de Dios y sabía que en toda situación hay un propósito. Tenía un deseo y una visión grande de lo que Dios podía hacer a través de su vida. Con la fe y la ayuda de Dios se propuso restaurar Jerusalén y lo logró.

Si tenemos fe, nosotros también podemos lograr la restauración no sólo de nuestra propia vida, sino de la de otras personas que están destruidas por problemas, vicios, malas decisiones y falta de confianza en Dios.

Nunca es tarde para que puedas ser un instrumento de Dios, solamente necesitas disponer tu vida. Tú y yo estamos llamados a dar esperanza a aquellos que no la tienen.

Oremos: Señor amado gracias por tu palabra, quiero ser un hombre lleno de fe y con las cualidades de tu hijo Nehemías, para que pueda ayudar a mi familia y nación. Obra en mi vida y dame sabiduría para conducir a mis seres queridos a tus pies, porque sólo tú puedes restaurar sus vidas. Gracias por tu amor y por escucharme, te encomiendo mi vida en tus manos, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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¡Tengo miedo!

“En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”. Salmos 94:19 (TLA)

El miedo no solo nos paraliza sino que además nos sumerge en un profundo abismo, haciéndonos olvidar las promesas que Dios tiene para nuestras vidas. Cuando esto pasa, entra la duda, nuestra fe se debilita y comenzamos a ver nuestro problema como un gigante mucho más grande que nuestra fe. Es en estos momentos cuando debemos rendirnos ante Dios, reconociendo que no podemos que en todo necesitamos de Él. La Biblia nos dice que Su amor es todo lo que necesitamos y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Es allí que nuevamente nuestra fe se activa y empezamos a creer que pronto El actuará. Quizás estés pasando por algo parecido en tu vida, sientes que el tiempo pasa, no hay cambio y el problema sigue allí parado como un gigante amenazador infundiendo temor en tu vida. Sin embargo Dios no dejará que enfrentes solo esta situación sino que estará contigo para darte la victoria.

Por Danitza Luna

 

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Tienes que crecer

El famoso parque nacional de Yellowstone fue creado por el congreso de los Estados Unidos el 1 de marzo de 1872. Tiene una superficie total de 8.983,17 Km2 haciéndolo el más grande de esa nación y también es considerado el más antiguo del mundo.

Está ubicado en un área montañosa de temperaturas bajas durante casi todo el año, haciendo de ese lugar un sitio agradable para el hábitat de lobos, bisontes y especialmente osos.

El parque recibe alrededor de 160.000 turistas por año, tiene 3.700 personas encargadas de atender a los viajeros y del mantenimiento de toda el área forestal. Existen varios lugares que fueron habilitados exclusivamente para acampar, también hay cabañas, se hacen caminatas de grupo, exploraciones y todo tipo de actividades para proveer una experiencia única.

Sin embargo, a cada viajero se les hace una petición al ingreso del parque: “No le dé de comer a los osos.” Esta recomendación se la puede ver en un cartel grande en la recepción, en cada cabaña, a lo largo de los recorridos y también el mismo guía la hace en forma verbal.

Una vez, en una entrevista, un periodista le preguntó al director principal del parque por qué no se podía dar de comer a los osos. Este le contestó que además de los bisontes, lobos o cualquier otro, esos animalito suelen acostumbrarse a recibir la comida que las personas les dan e instintivamente se quedan parados junto al camino esperando que pase algún grupo de visitantes lanzando algo a sus garras. El problema comienza en la temporada baja de turistas. Los osos no desarrollan su capacidad de buscar alimento en forma natural y terminan muriendo de hambre. Cientos son recogidos cada año y aunque nosotros insistimos que no se les dé de comer, la gente simplemente decide ignorar esta petición.

El problema que atraviesa el parque Yellowstone con los osos es el mismo que tienen muchas las personas hoy en día, pero en un sentido más intelectual. Existe demasiada información comprimida, resúmenes, videos de 1 minuto y hasta publicaciones en redes sociales intentando explicar en pocas palabras un gran concepto. Todo esto ha provocado que ya no se busque información completa y fidedigna, sino que haya conformidad con una perspectiva demasiado amplia y muchas veces errónea de la verdad.

Lo peor es que este mal ha ingresado a la iglesia. La información que nos provee la Biblia sobre los mandamientos de Dios, su voluntad con la humanidad, la idea de la creación y los eventos venideros, no se puede sintetizar en dos versículos. Aspectos de la vida del hombre como el matrimonio, el ministerio, la vida social, la salvación, etc. fueron desarrollados por varios hombres a lo largo de muchos años, e intentar encontrar un atajo para comprender todo esto en un resumen corto es una forma de búsqueda equivocada.

Lucas 2:52 dice: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” Versión Reina-Valera 1960       

Este pasaje ubica a Jesús cuando tenía 12 años, pero el siguiente versículo (Lucas 3:1) habla del inicio de su ministerio, cuando tenía 33 años. Esto quiere decir que Él pasó 21 años haciendo tres cosas: Creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia con Dios y con los hombres.

¿El Hijo de Dios necesitaba crecer? Si Él necesitaba hacerlo, cuánto más lo necesitaremos nosotros como pecadores arrepentidos.

No te conformes con información escaza y resumida, no seas como los osos esperando que alguien más te lance algo preparado, más bien sigue el ejemplo de Jesús quien no subestimó ser igual a Dios, sino que buscó crecer.

 

 

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Desarrolla aún más

“Así sucedió. Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y con el rocío llenó de agua una vasija”. Jueces 6:38 (BLPH)

Cuando nuestros oídos no son sensibles a la voz de Dios, lo primero que solemos hacer es dudar. Gedeón dudó y probó a Dios en dos oportunidades, porque no reconoció que era el Señor quien le estaba hablando. Si conociéramos la voz de Dios sería más fácil obedecer lo que nos manda.  Hoy te animo a que tus oídos se vuelvan más sensibles para reconocer la voz de Dios y cuando esto pase no habrá lugar para la duda. Recuerda que dudar es falta de fe y podría desenfocarte del plan de Dios para tu vida.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

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Dios, ¿por qué a mí?

Arthur Ashe, fue un gran tenista afroamericano nacido en 1943, en Virginia, Estados Unidos.

Ashe se convirtió en una leyenda del tenis profesional. En 1963 fue el primer jugador afroamericano en formar parte de un equipo estadounidense de Copa Davis; en 1968 ganó el Abierto de los Estados Unidos (su primer Grand Slam) y llevó al equipo norteamericano a consagrarse campeón de Copa Davis; en 1970 obtuvo su segundo Grand Slam, al ganar el Abierto de Australia; y en 1975 ganó el título en Wimbledon.

Además de estos y otros éxitos en el tenis, Arthur Ashe fue un gran luchador contra las políticas de segregación racial en Sudáfrica, debido a que en 1969 le fue negada una visa de parte del gobierno sudafricano por ser negro.

Pero su prueba más difícil la enfrentó en 1988 cuando un examen reveló que había contraído el VIH (Sida) por unas transfusiones de sangre que recibió a raíz de una operación de corazón abierto.

Al ser una importante figura pública en el ámbito deportivo norteamericano, recibió grandes cantidades de cartas de todo su país. En uno de los mensajes un fan le dijo: ¿Por qué Dios tuvo que seleccionarte a ti para tan fea enfermedad?

Arthur Ashe respondió:- En el mundo hay 50 millones de niños que comienzan a jugar al tenis, 5 millones aprenden a jugarlo, 500.000 alcanzas un nivel profesional, 50.000 entran al circuito profesional, 5.000 logran jugar en torneos importantes, 50 llegan a Wimbledon, 4 a las semifinales y 2 a la final. Cuando yo estaba levantando la copa nunca pregunté: “Dios, ¿por qué a mí?” Y hoy con mi enfermedad y mi dolor tampoco preguntaré: “Dios, ¿por qué a mí?”

Generalmente los seres humanos nos dedicamos a culpar e interrogar a Dios por nuestras desventuras, por las cosas que salieron mal, por una enfermedad, la pérdida de un empleo, la partida de un ser querido, la traición de un ser amado, por los problemas económicos y muchas cosas más. Pero cuando estamos siendo bendecidos, cuando recibimos un reconocimiento, estamos rodeados de gente que nos ama, cuando podemos despertar y gozamos de salud o cuando hemos alcanzado un gran éxito no le preguntamos a Dios ¿Por qué a mí? Es más, pensamos que es algo merecido, que tenemos mucho mérito y  que Él tenía la obligación de bendecirnos

Este gran tenista nos deja una lección muy valiosa, porque no sólo se trata de interrogar a Dios cuando algo malo nos sucede, ni que nos acordemos de Él sólo en las tribulaciones, sino que debemos ser agradecidos en todo tiempo, reconocer que si hemos recibido cosas buenas son por su gracia.

“dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” Efesios 5:20

Da gracias a Dios siempre y confía en sus planes perfectos, que si Él permite una prueba es porque tienen un gran plan para tu vida.

 

 

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