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“Mi poder se perfecciona en tu debilidad”

Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.  2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Pablo escribió con toda sinceridad la lucha con su carne, tal vez se sentía tan desesperado como nos sentimos nosotros cuando nos encontramos en medio de una situación difícil de enfrentar y estamos tan cargados por las cosas que nos acontecen que por un momento olvidamos quién es el centro de nuestras vidas.

¿Cuál es ese problema que parece consumir tus fuerzas? ¿Qué es lo que te roba la paz y quiere hacer que pierdas la esperanza? ¿Qué es eso que en tu interior te molesta tanto que te hace pensar que Dios no escucha tus oraciones y que tampoco está junto a ti? ¿Hay algo que actualmente está desestabilizándote de tal manera que sientes que vas a perder la cordura?

Si es así, al igual que a Pablo, Dios te dice:

“…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…”.

Sólo su amor y su gracia te llevarán a escalar nuevos peldaños de victoria.

Hoy te animo a rendirte delante Dios y no frente a tus problemas, tal vez el dolor que estás sintiendo es incomparable y nadie más lo entiende, pero créeme que Dios sí, Él quiere llevar esa carga por ti.

Pablo entendió que su fuerza no venía de él sino de Dios, por ello pudo gozarse en medio de cualquier situación que haya estado pasando, porque  sabía que la tribulación era momentánea.

Recuerda que cuando eres débil, entonces eres fuerte, porque mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.

Por Ruth Mamani

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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Nada que perder

Los griegos cuentan de un soldado enfermo que en tiempos de Antígono se destacó mucho en la guerra. Era siempre el primero en la batalla, valiente entre valientes. La razón de ello era que sufría tanto por motivo de una enfermedad, que luchaba en la guerra con el fin de olvidarla. Sabía que tenía poco tiempo de  vida, así que  no temía a la muerte.

Antígono, gran admirador de este valiente soldado, al enterarse de su enfermedad,  lo hizo curar por uno de los más eminentes médicos de Grecia pero, desde ese día, ya no apareció más el guerrero en el frente de batalla. El antes valiente y destacado soldado buscaba comodidades y descanso, pues, como  lo expresó a sus camaradas, habiendo recobrado la salud, deseaba vivir para gozarse de ella y no estaba dispuesto a arriesgar su vida.

Lo mismo sucede con muchos de nosotros que durante el tiempo de pruebas estamos comprometidos, valientes, trabajando y dando lo mejor de nuestras vidas para Dios, pero cuando nuestras oraciones son respondidas o llegan los momentos de calma, decidimos disfrutar de la vida y dejamos de lado todos nuestros compromisos.

Si bien a nadie gusta enfrentar problemas, hay que reconocer que pueden ser la mejor motivación para mantenernos cerca de Dios y buscarlo de todo corazón. Cuando tenemos todo en contra y ya no tenemos nada que perder es cuando nuestra búsqueda de Dios se hace más sincera e incesante.

Quizás muchas veces los problemas parecen eternos y la respuesta de Dios no es inmediata porque si quitara de nuestras vidas todas aquellas cosas que nos  preocupan, inquietan y duelen daríamos un paso al costado, alejándonos de Dios y perdiendo nuestra vida.

“Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12: 9,10 (NTV)

Vive cada día como si no tuvieras nada que perder, dando lo mejor de ti, gozándote tanto en las pruebas como en los tiempos de paz, sabiendo que todo nos ayuda a ser mejores y nos acerca a lo que Dios quiere que seamos. No temas ni te desanimes, recuerda que en Él está nuestra fortaleza.

 

 

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No tengo nada que darte

¿Alguna vez te has sentido insignificante por tener poco que dar? Al compararnos con otras personas y observar nuestras propias carencias podemos sentirnos pequeños y débiles. La pregunta es: ¿Cómo te mira Dios?

Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

Cuando anochecía, se acercaron a Él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá.

Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Mateo 14: 13-21

Estaba oscureciendo y  por esta razón los discípulos querían despedir a la gente prontamente para que  pudieran comprar comida; pero Jesús, teniendo compasión de las personas, quiso darles alimento. Los discípulos se asustaron, puesto que la gente era mucha, pero, Él solamente les pidió que entregaran lo que tenían, en este caso, cinco panes y dos peces, con los cuales ocurrió el milagro.

Jesús hizo un milagro con lo poco que tenía el pueblo de Dios para dar, Él bendijo esto y se hizo el milagro. A veces, nos sentimos pequeños, débiles y pensamos que tenemos muy poco para dar Dios, pero olvidamos que Él quiere mostrar su poder por medio nuestro.

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Corintios 12:10

En una ocasión fuimos con algunas personas a hablar de Dios a un hospital, entre ellos se encontraba un amigo, quien manifestaba ser nuevo y tener poco conocimiento como para predicar. Uno de los lideres le dijo: “comparte sólo lo que tienes” Él recordó el único versículo que sabía (Juan. 3:16) y comenzó a predicar, las personas al escuchar este mensaje tan claro y sencillo se pusieron a llorar y pedir que se manifieste el amor de Dios.

Dios conoce tus debilidades, sufrimientos, necesidades, así que no escapes de su presencia, Él no quiere que te alejes, al contrario, te pide que le entregues solamente lo que puedes dar porque en sus manos es muy valioso y sucederán milagros.

¡No te sientas débil o pequeño porque con Cristo eres invencible!

 

 

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Soy vulnerable

Las lágrimas suelen mostrarnos frágiles, pero es parte de nuestra naturaleza ante la impotencia, injusticia, angustia, dolor, desesperación o algo que nos afecta emocionalmente; y en ocasiones cuando por alguna razón lloramos no nos gusta demostrarlo o sentimos vergüenza.

Muchas veces resistimos a no demostrar lo que en realidad sentimos, solamente para que los demás no nos vean vulnerables porque la perfección y el carácter firme siempre son bien vistos, y esto no está mal, pero que en ocasiones es una barrera para llegar a las personas de nuestro alrededor con empatía, ya que nos ven tan arriba de ellos mismos que prefieren mantener distancia a pesar de que podrían necesitar nuestra ayuda.

Jesús al ver a María y a los judíos que la acompañaban en su dolor por la muerte de su hermano Lázaro, se estremeció en espíritu y se conmovió, entonces “Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.” Juan 11:35-36

La vulnerabilidad que Jesús demostró no cambió su virtud o poder. En otra ocasión también mostró enojo cuando derribó las mesas de los cambistas y los expulsó del templo;  cuando los habitantes de Jerusalén lo rechazaron, Él lloró porque sabía que esa ciudad sería destruida pronto y nuevamente  expresa sus emociones en el huerto de Getsemaní poco antes de su muerte.

Como cristianos no somos perfectos aún, estamos en ese proceso, pero no tengamos vergüenza mostrarnos como somos, pues aunque la sociedad demande perfección las personas somos propensas a equivocarnos. Recordemos que tenemos un Padre que, a pesar de nuestra imperfección, nos ama. ¡Eso es una maravilla! Y debe ser nuestro motor para que nos levantemos después de cada caída y también para ayudar a otros a levantarse.

Creo que nuestras caídas o equivocaciones deben ayudar a otros a levantarse, porque si Dios tiene compasión de ti o de mi seguro que también con todos los que le busquen de corazón.

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha.” Salmos 126:5-6 (NTV)

 

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¡Atrapado!

Muchas jóvenes escriben pidiendo asesoramiento por haber avanzado demasiado en una relación, empezaron con tomarse de la mano, abrazos, posteriormente caricias y besos hasta encontrarse en una situación donde les resulta difícil poner un alto o retroceder.

“¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?” Proverbios 6:27-28

La realidad es que jugar con fuego es peligroso, grandes bosques se han incendiado simplemente por una pequeña chispa que fue encendida en ignorancia. El ser humano, como hombre, presenta diferentes debilidades y en su falta de conocimiento o madurez le gusta jugar con ellas; lo que no se dan cuenta es que continuar arriesgándose puede tener terribles consecuencias.

“Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. ” Mateo 5:29-30

En este pasaje el Señor no nos está llamando a auto-mutilarnos, sino a ser radicales; es decir, exagerados en las medidas que tomemos para apartarnos de ese pecado.

Si tienes una debilidad que ha avanzado; ya sea la pornografía, dependencia al alcohol o drogas, una relación que no está caminando conforme lo que Dios ordena o no es aprobada por Él, o cualquier otra, es preciso que tomes medidas extremas si quieres salvar tu alma.

Te pondré un ejemplo: si tu debilidad es haber ido demasiado lejos en una relación, es preciso que por un tiempo dejen de salir a solas, que no se encuentren en lugares oscuros o aislados. Si es una relación que no es aprobada, entonces tendrás que cambiar de número, no frecuentar lugares donde puedan encontrarse, eliminar todas las cosas que puedan recordarte a esta persona.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Josué 1:7

Ser radical no es fácil, pero Dios te pide que te esfuerces y seas valiente. Si estás luchando contra algo o has permitido que tu debilidad avance a tal punto que piensas que no podrás vencer, escribirnos, nos gustaría acompañarte en este proceso porque ¡Nada es imposible para Dios!

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¿Qué es la depresión y qué podemos hacer al respecto?

La depresión se puede describir como el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado. La mayoría de nosotros se siente de esta manera de vez en cuando durante períodos cortos y esto se puede considerar normal, pues hay diversas razones que pueden ocasionar estos breves episodios.

Pero existe la depresión clínica, que es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de algunas semanas o más.

Los síntomas de la depresión abarcan:

  • Estado de ánimo irritable o bajo la mayoría de las veces.
  • Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño.
  • Cambio grande en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso.
  • Cansancio y falta de energía.
  • Sentimientos de inutilidad, odio a sí mismo y culpa.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Movimientos lentos o rápidos.
  • Inactividad y retraimiento de las actividades usuales.
  • Sentimientos de desesperanza y abandono.
  • Pensamientos repetitivos de muerte o suicidio.
  • Pérdida de placer en actividades que suelen hacerlo feliz, incluso la actividad sexual.

Estos síntomas pueden aparecer en todas las edades.

También existen diversos tipos de depresión clínica, en las que podemos incluir la depresión posparto, la depresión premenstrual o TDP (trastorno disfórico premenstrual), la depresión estacional TAE (trastorno afectivo estacional), la depresión mayor con características psicóticas (las personas pierden el contacto con la realidad por momentos) y el trastorno bipolar, que ocurre cuando la depresión se alterna con manías.

La depresión puede ser transmitida de padres a hijos, puede ser desencadenada por hechos estresantes o una combinación de factores. Uno sabe que necesita a un médico profesional cuando la persona afectada con depresión:

-Escucha voces que no existen.

Llora con frecuencia sin motivos.

-Falta al trabajo, a la escuela o a eventos familiares por más de dos semanas.

-Siente que algún medicamento le causa depresión pero no deja de tomarlos.

-Tiene varios de los síntomas que indican depresión.

Si el nivel de depresión no es mayor, varias de las cosas que podemos hacer para mejorar ese estado de ánimo son:

-Recordar que somos una creación maravillosa de un Dios asombroso que nos ama incondicionalmente

-Pensar en momentos agradables, positivos, alegres de su vida.

-Caminar al menos 15 minutos en un parque, bosque o en cualquier lugar abierto cada vez que se sientan así.

-Tomar suficiente agua. El sentirnos fatigados, deshidratados, muchas veces aumenta la posibilidad de trastornos anímicos.

-Reducir el consumo de lácteos, chocolate, café; pues el exceso de estos, a veces trastornan químicamente nuestro organismo y nos pueden dar sensación de desánimo.

-Dormir bien es muy importante.

Hay varios pasajes Bíblicos que recomiendo leer cuando se sientan así:

“Regocíjense por su santo nombre; alégrense ustedes, los que adoran al Señor”. 1 Crónicas 16:10

“¡Así que alégrense mucho en el Señor y estén contentos, ustedes los que le obedecen! ¡Griten de alegría, ustedes de corazón puro!” Salmos 32:11

“¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo!” Mateo 5:12

Y por encima de todo, busquen a Dios, Él siempre estará ahí para nosotros.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cuida tu mente y corazón

Son muy pocas las personas que al cometer un error reconocen que se equivocaron y piden perdón por ello; la mayoría trata de encontrar un culpable en vez de asumir su responsabilidad. Un claro ejemplo es lo que pasó con Adán y Eva en el huerto del Edén, quienes en vez de arrepentirse por haber desobedecido a Dios echaron la culpa a un tercero por su mal proceder.

No podemos negar que el enemigo conoce muy bien nuestras debilidades, nos tienta con cosas y personas agradables y deseables a nuestra vista, trabaja sutilmente en nuestra mente y es ahí donde gana las batallas. Como hijos de Dios no debemos permitírselo, necesitamos pedirle diariamente al Espíritu Santo que nos de discernimiento para rechazar todo aquello que no viene de Dios y nos aparta de Él porque al pecar sólo lastimamos su corazón y le causamos mucho dolor. Aunque nuestro Padre Celestial siempre trate de evitarnos sufrimiento somos nosotros los que al final de cuentas decidimos usando el libre albedrío.

Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. 1 Pedro 5:8-9 (NVI)

Cuando dejamos de orar, de leer la Biblia, ayunar y asistir a la iglesia, nos vamos debilitando espiritualmente y es cuando más vulnerables nos hacemos a los ataques del enemigo. Erróneamente llegamos a pensar que Dios se alejó de nosotros, cuando en realidad fuimos nosotros los que nos distanciamos de Él.

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. Deuteronomio 30:19 (RVR 1960)

Debemos estar conscientes de que no podremos ganar ninguna batalla si estamos en pecado porque Dios lo aborrece, incluso nuestras oraciones se ven afectadas. Necesitamos confesárselos para que nos purifique y santifique, para que nuestra relación con Él sea restaurada y escuche nuestro clamor además para inhabilitar los planes del enemigo sobre nuestras vidas y familias.

No permitas que un pensamiento negativo entre a tu mente y permanezca en tu corazón.

 

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¡Ya no puedo más!

Creo que en algún momento de nuestra vida dijimos o escuchamos decir a alguien: ¡Ya no puedo más! Estas palabras que manifiestan rendición, cansancio y agotamiento se hacen parte de nosotros cuando sentimos que las dificultades han sobrepasado nuestras fuerzas.

Ya no hay fuerzas para seguir, el silencio y el vacío se han apoderado de nuestros pensamientos y la luz de un futuro dejó de brillar; no concebimos esperanza, entonces nos vemos estancados por los problemas y ya no queremos seguir, creyendo que el dolor que tenemos es lo único a lo cual podemos aferrarnos.

Elías vivió algo similar, después de haber escuchado que Jezabel lo perseguía para matarlo y había jurado frente a sus dioses que lo cumpliría, escapó para salvar su vida hacia el desierto. Un día de camino, sentándose bajo un enebro y deseando morirse dijo “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres.” (1 Reyes 19: 1-4)

¿Un hijo de Dios puede expresar estas palabras? Y aunque tal vez nos cueste aceptarlo es así, pero esta declaración no es de cobardía sino, es un reconocimiento que somos tan frágiles y débiles que necesitamos de alguien para poder vencer. Cuando llegamos a este punto entonces no sólo entendemos sino comprendemos que únicamente Dios puede ayudarnos y darnos la fortaleza para continuar. En Joel 3:10 el Señor se dirige a aquellos que están débiles, que se sienten sin fuerzas y les exhorta a decir “fuerte soy”, en 2 Corintios Pablo dice “…por el amor a mi Salvador me gozo en las debilidades, en afrentas, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Versículos más delante de 1 Reyes dice que Elías estaba durmiendo cuando vino un ángel a alimentarlo por dos veces y él fortalecido se levantó y continúo su camino.

Hoy quiero animarte a que si te encuentras en una situación donde ya no puedes más y quieres renunciar a todo, recuerdes que la fortaleza y el poder de Dios están contigo, no estás solo; por ningún instante pienses que el Señor te abandonó porque Él que te hizo, cuida de ti y no te dará más allá de lo que puedas soportar.

 

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Frágiles

2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

La debilidad es cualquier limitación que tenemos y no poseemos poder para cambiarla; todos tenemos una o varias, ya sea por herencia, alguna situación incontrolableo por otros factores.

De una u otra forma no nos gusta exponer nuestras debilidades para no mostrarnos frágiles, pues queremos ser personas fuertes, firmes, valientes que todo lo logran y no hay obstáculo que nos impida.

Sólo que no podemos ocultar a Dios lo que realmente somos,pero a Él no lo detienen nuestras limitaciones, al contrario es un medio de que se manifieste su poder. Solamente debemos reconocer que, como humanos, tenemos debilidades;  a manera de reflexión ¿podrías mencionar alguna de ellas?

Tener debilidades es un problema cuando no dependemos de Dios y cuando nos creemos autosuficientes, esa es la limitación más grande que podemos tener.

La debilidad de Moisés era su temperamento, eso lo llevó a matar a un egipcio, golpear la roca cuando se suponía que debía hablarle, sin embargo Dios lo transformó en “el hombre más manso de la tierra” (Número 12:3)

La debilidad de Gedeón era su baja autoestima y una inseguridad profunda, no obstante, Dios lo transformó en “un varón esforzado y valiente” (Jueces 6:12).

No creas que no serás usado solo por alguna limitación que tienes, al contrario deja que Dios sea quien transforme ese “aguijón” en tu mayor fortaleza. Depende de Él y verás que lo imperfecto se vuelve perfecto.

Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos. 2 Corintios 4:7 (NTV)

 

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Vivir con humildad

Oyendo un joven campesino inglés que el doctor Morrison, misionero en la China, pedía un ayudante, vino a ofrecer sus servicios a un miembro del comité misionero, quién quedó asombrado de ver a un joven falto de instrucción, y cubierto con malos vestidos, aspirar a ser el auxiliar del traductor de la Biblia al idioma Chino.

Por otra parte había en este ofrecimiento tanta sencillez, buena fe y resolución, que no se sintió libre para despedirle y acabó por decirle:

-Amigo, ni yo ni mis compañeros podemos consentir en enviar a usted a china como misionero, pues para esto se necesita instrucción y dotes especiales que usted no tiene; pero si no le repugna ir allí como criado del señor Morrison gustoso le proporcionamos los medios de acompañarle.

-Señor, contestó humildemente el joven, lo que deseo es servir al Señor en China, sea como misionero, sea como criado. Seré, lo que usted disponga que sea, para servicio de mi adorable salvador.

Dios bendijo su humildad, y ratificó su decisión de tal manera, que el joven campesino, pobre e ignorante, llegó a ser más tarde el célebre Doctor Milne; uno de los misioneros más distinguidos de la iglesia contemporánea.

Al igual que la historia Dios anhela usar a personas humildes para su servicio, busca gente que reconozca su dependencia por Él y que en su corazón haya esa convicción de decir “sin Él nada soy”.

La palabra humildad significa modestia, humillación de mente; es la virtud que consiste en conocer las propias limitaciones y debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento.

Filipenses 2:5-7 nos dice “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo.”

Nuestro Salvador nos instruyó con su vida misma cuán importante es vivir con humildad. Él mostró que no necesitaba exaltarse para ser conocido, tomó forma de siervo, se despojó a sí mismo y no se aferró a su divinidad.

Recordemos que la humildad tiene una gran recompensa, el Señor mismo nos dijo “Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”(Mateo 23:12 NVI)

Para que realmente disfrutemos la vida cristiana es de vital importancia ser humildes porque esta virtud nos ayuda a someternos a la dirección del Espíritu Santo y nuestra voluntad doblegarla al Señor Jesucristo.

 

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“Yo puedo solo”

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.” 2 Corintios 12:7 (RVR-1960)

Este pasaje nos habla de que nosotros no somos perfectos, que así como somos susceptibles al pecado y tenemos debilidades, esas molestias en nuestra vida que hacen que los problemas se nos hagan más difíciles de resolver, que nos sintamos impotentes, frustrados, etc.

El propósito por el cual tenemos esas debilidades es para no enaltecernos o que el orgullo se apodere de nosotros. Cuando el mundo nos alaba, felicita o aplaude, nuestro ego comienza a crecer y sentimos que cada vez estamos más lejos del piso. Creemos que no necesitamos de nada, ni de nadie. La Biblia dice que Dios mira al altivo de lejos, así que nuestras debilidades son útiles para mantenernos sencillos, para reconocer que somos polvo y que sin Dios no somos nadie, para mantenernos más humildes y más cerca de nuestra Padre.

Cuando reconocemos que no tenemos el control de todo y que varias cosas escapan de nuestras manos es donde comenzamos a depender de Dios y darle la gloria a Él y no a nuestros logros.

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:9-10 (RVR-1960)

En la debilidad podemos sentirnos más fuertes porque dejamos de hacer las cosas en nuestras fuerzas y comenzamos a hacer las cosas con su fuerza, con el poder de Dios, con la fe. El Señor utiliza nuestra debilidad para mostrarse al mundo, para demostrar que a través de personas imperfectas puede mostrar su perfección.

Hoy te animo a darle gloria a Dios por tus debilidades y falencias, reconócelas y entrégaselas, con ellas Dios puede hacer grandes cosas.

 

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