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¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cuál es tu título?

¿Has depositado todo tu esfuerzo en alcanzar una posición elevada o un título? En diferentes empresas suelen brindar un reconocimiento al “empleado del mes”; e imagino que es encantador para los jefes observar cómo sus empleados usan toda su energía para obtener este nombramiento.

Y, ¿cómo agradar a Dios? En la Palabra del Señor sucede exactamente lo contrario:

“…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26

El Señor menciona que el que quiere ser grande debe ser servidor.

Es interesante notar que cuando Pablo escribió la primera y segunda carta a los Tesalonicenses, él no se pone ningún título; sin embargo, en la carta hecha a los Filipenses el primer título que Pablo se pone es “siervo de Jesucristo”.  “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos.” Filipenses 1:1

El siervo, es el más humilde de la casa, el que atiende a las personas importantes y lava los pies de las visitas o del  dueño de la casa cuando llegan.

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

En el último día de trabajo de Jesús en esta tierra, Él no se sentó a descansar, sino que  lavó los pies de los discípulos, ocupó el puesto de siervo y esclavo, por tanto, deberíamos aprender de Él y el verdadero título que deberíamos esforzarnos por obtener es: siervos y esclavos de Jesucristo.

¿Cuál es tu título? ¿Cómo te conocen las personas? Posiblemente como un magnífico profesional, doctor, auditor, ingeniero o una excelente cocinera, madre o esposa pero ¿Tienes el título que Dios quiere que obtengas? Te animo a esforzarte por conseguirlo, solamente ¡sirve!, acércate a las personas y ayúdalas como si fueran más importantes que tú, con humildad y mansedumbre te parecerás más a Cristo.

Recuerda: ¡Si no sirves, no sirves!

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El tamaño de la espada

Antiguamente en las batallas los primeros hombres que iban al ataque eran los más fuertes y estaban armados con un escudo robusto y una enorme espada que solía tener medidas desproporcionadas. Esta primera línea de soldados debía estar formada por personas bastante fuertes ya que sus armas podían llegar a pesar varios kilos. Su función era la de romper la línea enemiga asentando golpes para herir a sus adversarios e intimidar a todos los que se le atravesaran.

Entre los diferentes modelos de espadas grandes que existieron quizá la más conocida era la Claymore: Era un arma que sólo se podía dominar usando las dos manos por su gran tamaño y peso, tenía doble filo y sólo podían empuñarla hombres con una gran destreza y fuerza muscular.

Los herreros de la época no sólo se ocuparon de hacer un arma letal, sino que también querían hacer una verdadera obra de arte. Aunque el trabajo les podía llevar bastante tiempo por tener que usar metales purificados, encender y mantener el carbón a altas temperaturas para poder forjar la espada, darle un balance perfecto entre empuñadura y punta, y agregarle toques artesanales, al final todo el esfuerzo valía la pena al ver el resultado.

La Claymore es sólo un ejemplo de los varios tipos de espadas que se usaban en las batallas de la época medieval y la época del renacimiento. Aunque sabemos que posteriormente y con la invención de las armas de fuego poco a poco dejaron de usarse, nunca dejará de ser un símbolo de poder.

El apóstol Pablo hace una ilustración sobre la armadura del Dios en Efesios 6:10-18, sobre todo el verso 17 dice: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” Versión Reina-Valera 1960

La comparación hecha entre una espada y la Palabra de Dios mejora la comprensión del poder que nos es dado. Así como la Claymore era un arma poderosa para batallas cuerpo a cuerpo y dependiendo de quien la empuñara podía ser tremendamente letal, de la misma manera el conocimiento que uno pueda tener de la Biblia podrá ser efectivo en manos de quien lo use.

La pregunta en torno a esto es: ¿Qué tan grande es el conocimiento que se tiene de Dios a través de su palabra?, de la respuesta depende que uno pueda librar batallas espirituales: mucho conocimiento será igual a una gran y poderosa espada, poco conocimiento será igual a una espada mucho más pequeña y quizás hasta inofensiva.

Somos herreros y también soldados, nosotros mismos forjamos el arma con la que defenderemos nuestra salvación y a la vez con la que avanzaremos para llegar a la meta del supremo llamamiento.

“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” 2 Corintios 10:4  Versión Reina-Valera 1960

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Las pequeñas decisiones

En agosto del año 1945 fueron lanzadas dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, ambas son ciudades Japonesas las cuales fueron devastadas en tan sólo algunos segundos. Nunca antes la humanidad había visto un arma tan devastadora y con tanto poder de destrucción.

¿Cómo funciona esta arma? Una bomba nuclear consiste en una esfera hueca de plutonio. En su interior se encuentra un mecanismo detonante de uranio y el exterior está revestido de un material explosivo.

Cuando se activa la detonación, la esfera colapsa hacia el centro formando una masa que se condensa al instante y entonces comienza una reacción en cadena: los átomos, tanto del uranio como del plutonio, salen disparados en todas direcciones provocando una enorme bola de energía radioactiva.

En el momento de la explosión el centro de la esfera de plutonio alcanza los 10.000.000 de °C y se expande 80 Km. a la redonda. El aire caliente sale expulsado formando el famoso hongo que puede verse a muchos kilómetros de distancia. Lo increíble es que un arma de este tipo pesa tan sólo 64 Kg. y puede ser manipulada fácilmente entre dos personas, pero puede llegar a provocar una gran destrucción.

Así como la bomba atómica puede ser pequeña pero provoca un cambio radical en su entorno al ser detonada, las decisiones en la vida ya sean buenas o malas, pueden causar una gran victoria o una gran derrota, la fortuna o la pobreza, la grandeza o la humillación.

Por ejemplo, se ha visto que una leve distracción en el móvil mientras se está al volante provocó la muerte de un inocente, por un momento de pasión desordenada muchos hombres perdieron a sus familias, por un arrebato de ira se destruyeron relaciones amistosas, por un instante de duda muchos perdieron la oportunidad laboral que tenían en frente, etc. Por otro lado: la universidad se logra vencer en base a pequeños esfuerzos continuos, el matrimonio se fortalece con pequeños detalles de cariño, los hijos crecen con la autoestima sana por esas pequeñas palabras de confianza que uno da, un cuerpo se tonifica aumentando cada vez pequeñas cantidades de peso, etc.

Realmente no deberíamos subestimar el poder que hay en las pequeñas decisiones que se nos permite tomar en el día a día, porque cada elección que tomemos hoy cuenta como oportunidad para construir el futuro.

Sigue acumulando buenas decisiones ya que en algún momento se expandirán y serán notorias para ti y para los que te rodean.

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:5-6 Versión Reina-Valera 1960

 

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Pequeñas grandes heridas

Tener heridas sin sanar en nuestro corazón es igual que tener lesiones físicas sin el debido cuidado, las mismas que, con el pasar del tiempo, afectan notoriamente nuestra salud.

Basta una herida pequeña que no ha sanado correctamente para que todo nuestro cuerpo se vea afectado; no interesa si es en una mano, un pie o cualquier otro lugar, el dolor producido por  la lesión afecta a todo tu cuerpo y es imposible seguir con las actividades físicas normales e incluso tu vida puede correr peligro.

De la misma manera sucede en nuestro interior, cuando has sido lastimado por una decepción, rechazo, traición, culpa, etc. El no reconocer ni tratar de manera correcta  las heridas pueden afectar tanto tu vida hasta el punto de destruirla. Admitir que tenemos una herida que necesita ser curada, es el primer paso hacia la sanidad y acudir a Dios por ayuda es lo que nos dará victoria. No podemos vivir de buena manera el presente sin antes estar en paz con el pasado.

Tal vez para ti sea solo una pequeña herida y sin importancia, pero a la larga puede llegar a afectarte mucho, llegando a ser pequeñas grandes heridas que te impedirán tener una buena relación con Dios y, por consecuencia, vivir sin paz.

“Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.” Jeremías 30:17 (RVR-1960)

El único que puede curarte es nuestro Médico de médicos, entrégale tu carga y comienza con ese proceso, puede no ser fácil y dependiendo de la situación en que te encuentres podrías necesitar perdón, humildad, quererte y aceptarte tal y como eres para ser sanado. ¡Dios te sanará!

 

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¿Tienes una gran montaña delante de ti?

¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.” Zacarías 4:6-7

¿Qué es lo que estás enfrentado? ¿Existe alguna montaña que interfiere en tu camino? Algunas veces en la Palabra de Dios las montañas representan obstáculos, conflictos, en este caso una gran dificultad, ya que la montaña simboliza un impedimento que sobre pasa nuestra capacidad o fuerza física.

Lo interesante es que un hijo de Dios tiene la posibilidad de que su montaña sea reducida a ceniza. Entonces ¿Cómo mover montañas o deshacerse de ellas? Antes de esta promesa El Señor le da un mandato a Zorobabel:

“…No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Dios nos recuerda estas palabras: “No lo vas a lograr con tus fuerzas, ni aunque un ejército estuviera a tu favor, sino con mi Espíritu” Nuestras fuerzas tienen su límite, es posible que te estés esforzando demasiado por solucionar el conflicto que tienes, pero la verdad es que no tendrás los mismos resultados que tendrías aferrándote al Señor.

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.  Por tanto, os digo que todo lo pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” (Marcos 11:23-24)

Si aprendemos de Jesús vamos a entender que no depende de cuánto sabemos de ÉL, sino cuanto creemos en ÉL. Si no dudamos que nuestro DIOS es grande y que nuestros problemas no tienen una oportunidad para vencernos, ¡entonces podremos mover montañas! Debemos pensar más grande que la montaña y recordar que tenemos un padre que es más grande que nuestros problemas.

Te animo a depositar en Dios tus cargas y a confiar en Él, recuerda que nuestras fuerzas tienen su límite así que ya no sigas intentado todo, es hora de rendirnos a Dios.

¡Sólo un poquito de fe en un gran DIOS, como el tamaño de un grano de mostaza, es la fórmula para poder mover montañas!

 

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¿A qué altura quiero llegar?

¿Has sido admirador de alguna persona? Seguramente personas con diferentes talentos son parte de quienes admiras. Quizás artistas por la habilidad que tienen con las manos al realizar hermosos cuadros o adornos, deportistas por lo bien que juegan al futbol o hasta un cantante internacional. La pregunta es: ¿A qué personaje quisieras parecerte?

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (LBLA) Efesios 4:11-13

Muchos soñamos con ser como famosos artistas, pero ignoramos la altura a la que Dios quiere que lleguemos. Podemos tener muchos talentos y conocer a Cristo por muchos años, pero seguir siendo inmaduros, como niños que requieren un control para no pecar, con un carácter difícil de dominar y con las mismas debilidades de años atrás.

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:25-28

Estoy segura que tienes un gran talento y en medida que lo desarrolles tendrás grandes logros, lo que quisiera que pongas en tu corazón ahora es que el Señor desea que alcances la condición de un hombre maduro, que puedas parecerte más a Cristo.

Nuestra meta de ser “grande” puede estar enfocada en tener autoridad, quizá en ser el centro de atención y admiración sobre mucha gente; sin embargo, ese sueño puede resultar muy superficial cuando no tenemos madurez. El Señor te dice que si quieres ser grande seas como Jesús, que vino para servir y no para que le sirvan, quién dio su propia vida para rescatar a muchos.

La verdad es que el primero al que deberíamos admirar es a Jesús, quién no se hizo conocer por estar en un escenario, hacer un espectáculo o un show, sino por salvar vidas. Si realmente deseas ser un hijo de Dios, acepta el reto de madurar y buscar ser como aquel hombre a quién le debemos nuestra vida.

¿Estás dispuesto a aceptar el reto?

 

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El problema es cada vez más grande

“Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo…” Jueces 7:2-4

Los israelitas estaban atravesando por un tiempo de mucha dificultad,  nuevamente,  porque no habían obedecido a Jehová. Los madianitas se hicieron más poderosos que ellos y les causaban daño; así que los israelitas pidieron ayuda a Jehová y Él oyó su clamor.

Jehová le dijo a Gedeón que consiguiera un ejército, así que él  juntó a 32.000 guerreros, pero el ejército en contra de Israel tenía más 135.000 hombres y pese a la diferencia, Dios le dijo a Gedeón que tenía demasiados hombres y le ordenó: ‘Di a todos los que tengan miedo que vuelvan a su casa.’ Cuando Gedeón lo hizo 22.000 guerreros se marcharon. Eso lo dejó sólo 10.000 hombres para pelear contra el numeroso ejército enemigo.

¿Por qué hizo esto el Señor? La biblia dice que si ellos hubieran ganado la guerra, no reconocerían que Dios estuvo ayudándolos y se hubieran atribuido la victoria.

¡Pero no se quedó ahí! Jehová dice: ‘Todavía tienes demasiados hombres.’ Así que ordena a Gedeón que haga que los hombres beban de la corriente del río y mande a casa a todos los que bajen su cara al agua para beber, quedándose los que habían seguido vigilando mientras bebían, de los cuales sólo quedaron 300 hombres.

Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar. Jueces 7:7

Parece ilógico que Dios haya disminuido a los guerreros en lugar de aumentarlos, haciendo que el problema se vea cada vez más grande e imposible de vencer. Sin embargo, era necesario que esto pase, puesto que no fue una victoria cualquiera, sino una que quedó en la historia para siempre, demostrando así que no vencieron por su propia fuerza, sino con el poder de Dios.

Si te encuentras en una situación donde el problema parece estar cada vez  más grande, entonces es tiempo de buscar a Dios porque con tus propias fuerzas no vas a poder vencer. En el tiempo indicado Él te dará la victoria, no te desanimes, no te desesperes, recuerda que sólo los pocos hombres que se mantuvieron en la batalla vieron el poder de Dios.

¡Si tu problema parece grande, dile cuán grande es Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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