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Gris

Lugares, aromas, emociones, episodios dramáticos, horas felices, descubrimientos azorados. Espasmos de la piel, la imaginación desbordada en alas de la lectura, los capítulos iniciales del amor (cuando uno todavía no sospecha su epílogo de agraz), el recuerdo del tiempo como imaginación. La reverberación del sol de la tarde que ilumina en los veranos el territorio inexplorado del aire, el misterio todavía inaccesible del futuro, el temblor de las primeras cosas que con los días devienen rutina y languidez insoportable.
Ya tantas veces lo hemos citado aquí: todo lo que termina, termina mal. Se me acaba de ocurrir que hasta la tan mentada “muerte por causas naturales” tiene su lado mal.
¿Con que soñamos? o mejor, ¿Por qué soñamos con lo imposible? Lo posible no invoca la belleza de la imaginación porque si ocurre es porque así tiene que ser. Lo imposible parece ser lo único que merece el dolor de la esperanza. Así, vivimos en medio del aire como las lámparas que cuelgan del techo, ni arriba ni abajo, o terminamos por resignarnos a la plomiza aridez de la chatura.
Alguien escribió – dice Umberto Eco en su Diario íntimo – que cuando estamos enamorados, amamos a toda el mundo. Qué sombrío panorama, pienso, para quienes nos exiliamos para siempre de esa desmesurada e ingenua condición. No nos queda más que caminar por las orillas y compadecernos – secretamente – de quienes todavía creen. Nos quedamos en los ensayos de sonrisas educadas, respuestas diplomáticas, dedicando el tiempo justo a las situaciones sociales para por fin retornar a nuestro cubil, al silencio, al discreto encanto de la privacidad.
Ayer vi la película Expiación deseo y pecado, en la que Briony Tallis vive la mayor parte de su vida signada por la culpa de haber destruido para siempre los anhelos de su hermana Cecilia y su enamorado Robbie. Pero en realidad lo que capturó mi mirada y que, supongo, inspiró esta nota gris, es ese gran fresco de fondo que describe la fragilidad de las cosas queridas a causa del hecho demencial de la guerra y de la muerte.
Hay días así. Los otros, se inventan…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Enumeraciones

Nuestra pequeñez en la profunda inmensidad del universo. La cruda evidencia del cuerpo que se deteriora. El agudo filo del adiós sin retorno. La fría estocada de la razón sin sentimientos. Todo lo que termina, termina mal. Queda clara la inevitabilidad de la muerte. El descubrimiento de la mentira. La ilusión que se hace trizas en el duro cemento de la realidad. Nuestro nombre que no aparece en la lista ganadora.
Leemos el informe que dice que lo nuestro no tiene cura. Un niño muerto es fotografiado en la playa. Resultó que nuestro personaje inolvidable era un redomado estafador. Lo que abrazamos tibio y sereno devino tempestad y cenizas. La sonrisa era una mueca inventada. El amor se congela a la intemperie. Lo soledad es la única puerta sin llave.
El necio gana millones y tiene buena prensa y el sabio recibe una pensión miserable y es denigrado en las redes sociales. La patética reverencia que hay que hacer para conservar el puesto. El inmenso y flagrante imperio del mal. Las inmensas riquezas con su macabra estadística de almas muertas.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. La mascarada de los discursos y las predicaciones. La hora del lobo y las ocho horas de insomnio. La violencia y el hambre que nunca dicen: “¡Basta!” Nos reducimos a una mínima pantalla táctil. La “Matrix” que está en todas partes y permea todo. Los ceremoniales hipócritas y las condecoraciones desvergonzadas. Los diligentes emprendimiento de la superchería. A veces, ¡qué ganas de no tener más ganas!
Las vanas repeticiones de slogans, clichés y lugares comunes en las solemnes convocaciones (“Las tiene aborrecidas mi alma”, dijo una vez Dios). Sísifo que sube una y otra vez la piedra a la cima del monte para verla, una y otra vez, caer.
Tenemos dolores de parto y damos a luz viento. El estremecedor sonido de la hojarasca en los pasillos de los templos. La picazón por escuchar. La avalancha de pronunciadores de palabras halagüeñas. Las Sagradas Tecnologías de la Información, al alcance de todo entendimiento y a precios módicos. El tremendo invierno que se viene y nosotros en tenida de playa. La arenga cultural de Goliat domina el teatro de la guerra y David anda en un congreso internacional.

Cambio

La dinamita es una sustancia volátil muy potente compuesta principalmente por nitroglicerina, un líquido inestable que al ser absorbido en un medio sólido se convierte en un explosivo. Su inventor fue Alfred Nobel en el año 1866, en ese entonces la dinamita sustituyó rápidamente a otros compuestos en la excavación de montañas, la construcción de carreteras, demoliciones y en general cualquier obra pública que requiriera el movimiento de masas rocosas.

Sin embargo su uso como arma de guerra no se dejó esperar. La dinamita se utilizó por primera vez en el año 1870 durante el enfrentamiento franco-alemán y pronto se extendió a las revoluciones hispanoamericanas.

Desde ese momento los combates armados nunca más fueron iguales. La invención de un explosivo pequeño, fácil de manipular y con un gran poder de destrucción, lo cambiaría todo.

La Biblia también habla de un evento que cambió radicalmente la vida de un puñado de hombres y la historia de la humanidad.

Hechos 2:2-4 dice: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Versión Reina-Valera 1960

Cualquiera en ese entonces podía decir que Jesús hizo un trabajo poco eficiente en la vida de sus 12 discípulos: uno se suicidó, otro lo negó y todos salieron huyendo. Parecía todo un fracaso hasta que vino sobre ellos el Espíritu Santo.

Muchos ministerios a lo largo de la historia de la humanidad no comenzaron verdaderamente a tener un impacto con la predicación de la Palabra de Dios sino hasta después de recibir la promesa del Espíritu Santo.

No fue el compromiso o la motivación de sus integrantes, ni las buenas ideas o las intenciones que tenían, no fueron sus recursos o la gran cantidad de contactos que poseían, fue Espíritu de Dios actuando a través de ellos.

Los discípulos por ejemplo pasaron de cobardes a ser hombres aguerridos y dispuestos a predicar la resurrección de Jesús sin miedo a la muerte.

Hechos 2:14 dice: “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras…” Versión Reina-Valera 1960

Así como la pólvora cambió la forma de hacer la guerra, el potente toque del Espíritu Santo de Dios puede cambiar definitivamente a un hombre en su forma de ver la vida y de enfrentar al mundo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Delicia

¿Cuál es tu alimento o postre favorito? Se encuentra satisfacción al consumir un alimento apetecible para uno mismo, e incluso se obtiene un gran placer al sólo imaginarlo. Así mismo puede suceder con la Palabra de Dios, cuando se ha convertido en una delicia para tu vida:

“!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” Salmos 119:103 (RVR 1960)

El rey David menciona que la Palabra de Dios es como la miel, dulce al paladar, por lo cual, en diferentes partes de la Biblia manifiesta la desesperación que tenía por conocer las escrituras; aunque se encontrara en guerra o en una tribulación para él lo más importante era estar con Dios y aprender su Palabra.

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:4 (RVR 1960)

Una de las súplicas de David, era estar en la casa del Señor todos los días, para estar delante de su presencia y servirle.

¿Asistes a una iglesia? Si las palabras del Señor no son dulces para ti, entonces seguramente no tendrás la necesidad de escucharlas, ya sea en tu congregación o donde te encuentres. Si has abandonado el estudio de la Palabra de Dios, te animo a tomar la decisión de volver a empezar y pedirle ese amor genuino por Él.

¡Recuerda que el que ama a Dios, es el que guarda sus mandamientos!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Entrenados para la guerra

“Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos.” 1 Timoteo 6:12 (NVI)

En estos días hemos podido ver a países que han empezado con desacuerdos y que han terminado en guerras, lo cual ha puesto a una gran multitud de luto. Vemos el sufrimiento de aquellos que han perdido seres queridos y aun sus bienes materiales, pero pocos vemos a quienes han dado su vida para que esto no empeore, nos somos muchos los que nos preocupamos por los soldados.

¿Qué sucede con los soldados que han peleado en la guerra? Unos mueren, otros quedan traumatizados por el hecho, algunos con heridas leves que con el tiempo sanan y tal vez pocos quedan mutilados, pero los que han podido librar la buena batalla y han salido victoriosos, quedan vivos, sin rasguño alguno, listos para el próximo enfrentamiento. De la misma forma al cristiano desde el momento que recibe a Cristo en su corazón, se le es declarada una guerra espiritual permanente y sólo depende de cada uno, el salir en victorioso.

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8)

Todo soldado necesita entrenamiento para librar la batalla. Nosotros como soldados de Jesús necesitamos ejercitarnos y no bajar la guardia porque nuestro adversario no perderá ninguna oportunidad para intentar derrotarnos. ¿Qué estás haciendo para entrenarte? O dicho de otra forma. ¿Cómo está tu vida de oración? ¿Estás meditando en su palabra? No olvides que la Palabra de Dios es el mejor manual de instrucciones para vencer a nuestro adversario.

Si no estás preparado y aun continúas conviviendo con la mentira, el adulterio, los vicios, etc. Créeme que tu fin será la muerte espiritual, ni los choques eléctricos que te den en tu congregación serán útiles para levantarte, pues la decisión está en ti.

Si eres de aquellos soldados que ha caído en el combate y vive imaginando que lo matan finalmente quedarás enfermo mentalmente y no sólo eso, sino que también, perderás la batalla o en el peor de los casos, saldrás sin haberla peleado.

Si como soldado de Jesús te han herido o tal vez han conspirado en contra tuya, es hora de que le permitas al Señor que limpie tus heridas para que con amor pueda vendarlas y suavizarlas con la unción de su Espíritu Santo.

Tal vez has sido mutilado en medio de la batalla y el enemigo te ha quitado el gozo de servirle a Dios en un ministerio y ahora te conformas con congregarte cuando en realidad tienes tiempo para más. Recordemos que en medio de la mutilación se pierde bastante sangre hasta quedar sin vida, y eso es lo que satanás está haciendo en estos días. Por ello debemos estar firmes y preparados para la batalla.

Un buen soldado de Jesucristo es aquél que entró con una mente sana, peleó la batalla y pudo salir bien librado de ella. Este es el soldado que Dios está buscando para hacerlo parte de su ejército real. Y para que al final le sean entregadas las bendiciones que vienen de lo alto. ¿Cómo se logra entrar a la buena batalla y salir sin rasguños? Llevando por completo la armadura de Dios y tan pronto termine la batalla sigamos firmes sin la necesidad de ir a terapia intensiva (Efesios 6:10-20). Si hay algo que le impide al soldado estar firme es el dolor que aqueja su cuerpo. No vayas a la guerra con heridas en tu corazón, necesitas una sanidad completa, de lo contrario, serás presa fácil y el blanco perfecto del diablo, porque él sabrá donde apuntarte para darte por vencido.

¿Quieres ser un soldado que va de victoria en victoria? Prepárate y entrena, tus tiempos de oración y de ayuno y con la palabra en tus labios podrás lanzar misiles para derrotar al enemigo.

Por Ruth  Mamani

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Naufragio de sueños

“Por los sueños que se hundieron allá”.
Cuando vine por primera vez a Villa María, la ciudad donde vivo ahora, vi este grafitti a un par de cuadras de la casa donde paraba. Eso fue hace diez años y por esas cosas raras del tiempo y de la vida permanece intacto en esa pared. Nadie lo ha borrado y continúa desafiando no se qué. Tal vez esté allí para recordarnos que el destino seguro de la mayoría de los sueños es el naufragio.
Una vez pensé que pudo ser escrito por un ex combatiente de la Guerra de las Malvinas, un sobreviviente de la crueldad política y de la loca esperanza por la soberanía. Es posible que allí haya visto hundirse sus propios sueños, no sólo los de la patria. Enfrentado a la iniquidad de la guerra, quizá sintió para siempre perdido el sueño de la inocencia, un amor correspondido, una carrera, un proyecto de vida compartido.
Alguna otra vez lo remití a mi propia experiencia. Para mí, “allá” vino a ser el lugar donde viví prácticamente toda mi historia de vida y donde todas las cosas que eran inconmovibles y permanentes hasta el fin de los días se fueron derrumbando primero poco a poquito y después con un estrépito feroz. Incluso algunos sueños que llegaron a cristalizarse, andando el tiempo, se hundieron siendo incluso realidad concreta, confirmando la regla de la exasperante liquidez de las cosas.
Me digo de tanto en tanto que los sueños que se frustran son la constatación palmaria de que la vida es fiel a sí misma. Vivimos demasiado lejos de la perfección. Estamos demasiado a este lado de las cosas. Sigue habiendo esa inasible distancia entre lo que nos gustaría que fuera y lo que efectivamente es.
Nos ahorraríamos mucho sufrimiento moral si tuviéramos una mejor disposición a aceptar que es así. Los sueños son, a lo más, una posibilidad, un ensayo de dirección, un estímulo a no morir. Son un modelo que hace posible un logro, aunque eso ocurre más en el plano de las cosas prácticas, como la ciencia o la industria. El corazón nunca aprendió a ser práctico…

¡Una salida!

Ante una situación de necesidad queremos encontrar a toda costa una puerta salida ¡Ojalá así fuera cuando enfrentamos una tentación!

La tentación es todo impulso a hacer algo atrayente que no es correcto delante de Dios y, como se caracteriza por ser irresistible, es difícil negarla por lo cual muchos se quedan cediendo a sus deseos.

No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla“. 1 Corintios 10:13

Es alentador saber que Dios proveerá una salida cuando enfrentes un momento de tentación, una forma de escapar; lo que indica que aunque tengas deseos o estés a punto de fallar, Él continúa pendiente de ti.

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.

Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella.” 2 Samuel 11:1-4

David fue tentado al ver desde su terrado a una mujer hermosa bañándose y no pudo resistir la tentación de preguntar por aquella mujer. En ese momento recibió una advertencia: “es esposa de uno de tus servidores” ¡Esta era la puerta de salida que Dios le dio! Betsabé era  casada y por lo tanto era prohibida; además, era mujer de uno de  los siervos que se encontraban luchando en la guerra por su nación, por consiguiente, había un mayor motivo para respetar a la esposa de Urías. Lamentablemente David ignoró la puerta de salida.

En la Biblia dice: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Marcos 14:38

Israel se encontraba en guerra y David estaba durmiendo, mandó a todos a la batalla pero él no fue. Después de dormir todo el día se le presentó la tentación a la que no pudo resistir. Es por este motivo que Jesús nos pide que estemos despiertos y oremos porque nuestra carne es débil; David olvidó que se encontraba en una guerra y por tanto fue un blanco fácil del enemigo.

Si estás enfrentando situaciones de tentación, debes estar alerta a las advertencias o puertas de salida que te brinda Dios. Por otro lado, te animo a despertar, ponerte de rodillas y dedicar un tiempo considerable a la oración, porque como hombres somos débiles pero la oración nos fortalece.

Si eres tentado ¡ora! Porque si eres débil con Jesús serás fortalecido.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El salario del miedo

El título de la película “V de Venganza” tiende a oscurecer un poco su fondo conceptual porque enfatiza la venganza de “V” contra sus anteriores torturadores. Sin embargo hay en ella otros momentos estelares que tienen una actualidad asombrosa.
Primero valdría la pena el trabajo de ver “V for Vendetta” (su título original). Hay instantes en que el protagonista parece estar comentando la realidad política y social de nuestros países. Uno de las más sobresalientes es el discurso inicial de “V” al intervenir la televisión nacional. Aquí un extracto:
“Cómo sucedió esto? (la dictadura) ¿Quién tiene la culpa? Hay algunos más responsables que otros y tendrán que pagar. Pero si de verdad buscan al culpable, sólo necesitan mirarse al espejo. Sé por qué lo hicieron. Tenían miedo. Es comprensible: guerra, terror, enfermedad. El temor les corrompió la razón y el sentido común. El miedo les ganó y acudieron a la figura del ahora dictador, canciller Adam Sutler. Les prometió orden y paz a cambio de su consentimiento callado y obediente…”
Sostuve una conversación con Angel Galeano en su programa el jueves pasado. Cité el documental “Bowling for Columbine” en donde el cantante Marilyn Manson hace una breve reflexión sobre la relación que el miedo tiene con el consumismo y con el otorgamiento de atribuciones al poder político más allá de la justicia y la libertad para que les garantice orden y paz.
Los gobiernos dictatoriales y en un pasado más reciente algunas “democracias” autoritarias tienen una historia común. Llegan al poder en tiempos de acelerada descomposición social. Tiempos en que la justicia, la paz y otros bienes de la vida social se ven amenazados. El miedo que experimenta la gente ante la incertidumbre del futuro encuentra eco en el discurso de los oportunistas del poder que les ofrecen orden y paz frente a la guerra, el terror, la inseguridad económica, la inmigración descontrolada. Como escribimos hace un tiempo, el clamor de la gente es “hágannos dioses que nos conduzcan”. Y dioses le son hechos.
Pero los dioses no son filántropos ni altruistas. Son codiciosos y déspotas. Se hacen pagar un alto precio por sus – digamos – servicios institucionales. Las más de las veces, sólo a través de grandes sufrimientos y un costo inmenso es posible destronar a los dioses y recuperar el verdadero sentido de la vida social. Costo que, tristemente, no estamos muy dispuestos a pagar.

No abandones

“Pero nosotros no somos de los que se apartan de Dios hacia su propia destrucción. Somos los fieles, y nuestras almas serán salvas.” Hebreos 10:39 (NTV)

Qué fácil es abandonar la carrera cuando uno está debilitado, desanimado, sin fuerzas y sin ganas de seguir peleando la batalla. Es muy sencillo tirar la toalla cuando estás pidiendo a gritos socorro y parece que nadie te escucha. Pero cuán difícil es entender que todos esos sufrimientos dispone Dios para el bien de quienes lo aman, a los cuales Él ha llamado conforme a su propósito.

La vida cristiana se trata de sufrir y soportar penalidades por amor a Él, aunque a veces no entiendas porqué Dios permite tal situación. Es en esos momentos de dolor donde Dios ve tu fidelidad y dependencia.

Un claro ejemplo es Job, un hombre intachable, de absoluta integridad, que era un fiel servidor de Dios y se mantenía apartado del mal. (Job 1:1) Un día perdió todo lo que tenía: hijos, sirvientes, ganados y por último fue herido con terribles llagas en la piel, desde la cabeza hasta los pies.

La pregunta es: ¿Qué hizo Job cuando se encontró en esa terrible situación? ¿Le reclamó a Dios por los problemas que tenía? Acaso le dijo: ¿Mientras más te busco y vivo según tu palabra más problemas me vienen?

“Job dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo estaré cuando me vaya. El Señor me dio lo que tenía, y el Señor me lo ha quitado. ¡Alabado sea el nombre del Señor!».” Job 1:21 (NTV)

A pesar de todo, Job no pecó y permaneció fiel y firme en el Señor. No abandonó su fe y Dios lo bendijo más que al principio.

Sea cual sea tu situación no abandones tu fe, no te rindas y sigue adelante. Aunque te falten las fuerzas, aunque estés débil y las circunstancias no sean favorables, sigue avanzando al propósito divino de Dios, mantente firme y con la mirada puesta en tu Salvador. Él no te trajo hasta aquí para que te rindas sino para conquistar, para salir victorioso, para ser cabeza y no cola, para demostrar que eres capaz y que tienes un Dios más grande que tus problemas.

Confío en que estarás bien, que Dios hará un gran milagro en tu vida y será glorificado Su nombre por las  maravillas que hará en ti.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El origen de los dioses

“Hágannos dioses que vayan delante de nosotros.”
Dígannos lo que hacer. Tenemos miedo. No queremos tener hambre. No queremos tener sed. No queremos morir. No queremos saber. No queremos pensar cosas difíciles. Cuéntennos cosas agradables. Muéstrennos futuros promisorios. Queremos que nos vaya bien. Queremos un buen pasar. No queremos pelear ninguna guerra. Asegúrennos nuestras inversiones. Provéannos lo que necesitamos, todos los días. Nos hace falta una figura a la que mirar. Invéntenla si es necesario pero queremos a alguien que nos conduzca.
Entonces se concertaron los consejeros de la mesa chica, los asesores de imagen, los publicistas y los medios masivos para construir salvadores o salvadoras para el rebaño asustado. Les atribuyeron títulos, crearon emotivas historias familiares, les dotaron de diplomas imaginarios, escribieron crónicas de grandes hazañas, les dieron un nombre, una plataforma, un partido, una denominación, una facción, lo que fuera para galvanizar los sentidos del pueblo atemorizado.
Invirtieron enormes sumas en videos y audios promocionales, cantos institucionales, desfiles, globos y banderas. Escribieron discursos encendidos, contrataron espacios de radio y televisión, coparon las calles y avenidas con letreros y consignas. Inventaron enemigos internos y externos, señalaron traidores, dividieron las aguas, colocaron funcionarios claves en posiciones estratégicas. Construyeron un idioma, inventaron palabras, rebautizaron antiguos conceptos y se apropiaron de sus significados para siempre.
Hicieron alianzas, destruyeron antiguas coaliciones y escribieron de nuevo la historia. Anunciaron con grandes titulares la segunda independencia, la salvación definitiva, el fin de las viejas tradiciones, el mundo nuevo, la dinastía de los mil años. Formularon planes quinquenales, diseñaron proyectos formidables, construyeron represas gigantescas, aeropuertos colosales e inmensos desarrollos industriales.
Y como los dioses no mueren los diligentes asesores tejieron la historia sin fin de la sucesión y la continuación del proyecto. La maquinaria de la propaganda trabajó sin interrupción, organizó las exequias, alabó las innumerables virtudes del dios que fue y las del nuevo dios porque cuando el dios ha muerto viva el dios.
Las cosas nunca cambiaron mucho para la inmensa mayoría pero al menos hubo orgullo colectivo, una saga que contar, una memoria que exaltar, un norte al que mirar porque las generaciones condenadas al miedo no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra…

El manzano

“He aquí en definitiva la libertad, la única libertad pero también la más preciosa, de la que nos priva la cárcel: poder respirar así, poder respirar en un lugar como éste. Ningún alimento terrestre, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire embriagado de flores, de humedad, de frescura … Dejo de oír el escape de las motocicletas, el aullido de las radios y la monserga de los altoparlantes … ¡Mientras se pueda respirar así, después de la lluvia, bajo un manzano, todavía vale la pena vivir!” (Fragmento de “La respiración” en Cuentos en Miniatura, Alexander Solzhenitzyn).
Este precioso pasaje me remite sin transición alguna a una mañana lejana en el tiempo y remota en los mapas del mundo, cuando estudiaba un postgrado que nunca terminé. Había vivido hasta entonces bajo el despotismo iletrado – no ilustrado – de los dirigentes religiosos. Por primera vez, con desgarradora claridad entendí que había sido un triste clon de fórmulas aprendidas y me decreté en mí mismo un estado de guerra permanente contra cualquier imposición conceptual. En cierto modo (la frase es muy cursi, es verdad), fue como el primer día del resto de mi vida. Lloré horas tendido de espaldas debajo de unos manzanos silvestres, mi suéter quedó lleno de mocos y desde entonces respiro este aire distinto de una progresiva libertad.
Progresiva porque aquel fue apenas el comienzo. Los miedos y las costumbres tienen muchas vidas y no se dejan así no más. Las rejas más resistentes están en la cabeza. Cuarenta años de reglas institucionales se dejan sentir. Hace unos días me obligué a pedir permiso para no asistir a un servicio religioso en el sitio donde estaba de paso haciendo un trabajo profesional; no quería participar, pero no deseaba que se viera como falta de respeto mi evidente ausencia.
Mientras sigo leyendo las memorias de García Márquez, me pregunto mil veces cómo es que dejé tanto tiempo que me controlaran la vida. Me martirizo con la idea de por qué no aflojé antes las amarras del ser.

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¿No era desde siempre que sentía tan adentro el olor embriagante de la libertad, el magisterio danzante de las palabras y la urgencia de las cosas erizándome la piel todas las horas…?

En Dios Confiamos

Una reseña cuenta que en 1861, cuando los Estados Unidos se hallaba en medio de la crisis de la Guerra Civil, el secretario del Tesoro escribió al director  de la Casa de la Moneda de Filadelfia y le dijo: “No hay ninguna nación que pueda ser fuerte, excepto bajo la defensa de Dios. Recomiendo que la confianza de nuestro pueblo en Dios sea declarada en nuestras monedas. Prepare  un emblema para expresar el reconocimiento nacional de Dios y nuestra  confianza en Él”

El primer lema preparado decía: “Dios es nuestra confianza” Pero éste después  fue cambiado por: “En Dios confiamos”,  que todavía  puede leerse en los billetes de esa nación.

Si este año fue muy bueno o si sigues enfrentando una guerra en tu familia, en el trabajo, con tus finanzas, problemas de salud o de cualquier otra índole, no olvides que sin importar lo dura que sea la batalla tu victoria está asegura si confías en Dios.

Todos tenemos sueños, metas, propósitos para el próximo año y ninguno de nosotros piensa en el fracaso cuando consideramos que empieza un nuevo año, por el contrario, tendemos a verlo con esperanza, como una nueva oportunidad.

Sin importar cómo estás terminando este año, te invito a adoptar el mismo lema que aún se usa en la moneda Norte Americana: “En Dios confiamos”. Si tu confianza está puesta en Él no importa la situación política o económica de tu país, si surgen problemas familiares, laborales, de salud,  ni ninguna otra dificultad que enfrentes porque nada podrá vencerte, sino que podrás ver la mano de Dios obrando a tu favor siempre.

“Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor  ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes  y nunca dejan de producir fruto”. Jeremías 17:7,8 (NTV)

¡Confía en Dios, permite que pelee tus batallas y te defienda porque no hay nada imposible para Él!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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