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Llega primero

A veces se pierden oportunidades grandiosas por descuido, podría ser: un empleo por llegar tarde a la entrevista, los mejores lugares en el cine porque  se adelantaron a nosotros,  perder el ingreso al partido de tu equipo favorito porque no comparaste las entradas con anticipación.

Es preciso comprender que así como nosotros anhelamos obtener oportunidades valiosas,  hay más gente que busca lo mismo y por lo tanto, perderemos muchísimo si nos descuidamos.

Este aspecto me recuerda a una historia:

Carla y Kathy eran amigas desde la infancia hasta que formaron sus hogares. Cuando Carla se enteró que Kathy se encontraba en serios conflictos, decidió presentarle a Jesús para que reciba consuelo y bendición, pero ella no quiso conocer a Dios.

Anteriormente Kathy había sido invitada a una secta, y por tanto, vivió una terrible experiencia: le hicieron bastantes prohibiciones y le pusieron reglas que no estaban en la Biblia,  le exigían más de lo ella tenía y cosas que el Señor jamás le hubiera pedido. Por esto fue que se decepcionó.

Carla conocía a su amiga desde la infancia, pero esperó demasiado tiempo para compartir la verdad y lamentablemente, alguien llegó primero.

Así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz para las naciones,
a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra
.” Hechos 13:47 (NVI)

La vida de un cristiano no termina con conocer a Jesús y aceptarlo como su salvador, ese es sólo el principio. El Señor manda que seamos luz, con la finalidad de que muchos puedan salvarse, y es lamentable que las personas que conocemos y nos rodean hace mucho tiempo, aún no sepan que existe salvación.

Recuerda que alguien puede llegar antes que tú, el enemigo no duerme, él desea que las personas se pierdan, por lo tanto, hará todo lo posible para que reciban el mensaje equivocado.

No pierdas las oportunidades que el Señor te da para compartir su Palabra. Empieza a obedecer el mandato del Señor y presenta el mensaje de Jesús a las personas que te rodean.

¡No esperes demasiado tiempo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mi arbolito de Navidad

Mi arbolito de navidad.

por Sarai Llanes

Cuando yo era niña, en mi país, no se permitía celebrar la Navidad. Si le preguntas a los niños cubanos de mi generación, pocos tendrán memoria de esta fecha. Simplemente no existía. Pero mi infancia fue un poquito, un poquito diferente.

Crecí literalmente en una iglesia, mi abuelo era el pastor y mi casa era el templo, así que si en algún lugar del pueblo hubo siempre Navidad fue en mi hogar.

Uno de los recuerdos que me quedan de esa época es el momento de armar el arbolito. No era como ahora, que los venden en las tiendas con lucecitas y todo. Nuestro arbolito nunca fue un pino tampoco. Nos íbamos al campo a cortar algún arbusto sabe Dios de qué especie, que tenía unas hojitas chiquiticas que se caían y llenaban todo el piso.

Primero cubríamos el arbusto de algodón, algodón que se reciclaba de año en año, porque a mi abuela siempre le gusto el árbol blanco, y porque además tampoco aquellas ramas eran muy tupidas, apenas unos gajos tristes, así que había que rellenar.

Luego le poníamos las bolas. Nosotros teníamos guardadas desde tiempos inmemoriales, fácilmente anteriores a 1959, unas bolas de cristal, algunas de hecho ya medio rotas y reparadas que teníamos que poner de lado para que no se viera el arreglo. Como eran pocas, tocaba hacer adornos caseros, con papel aluminio, lazos, estrellas, lo que se nos ocurriera. El asunto era que el árbol tenía que brillar. Nuestros árboles siempre fueron muy, muy humildes. Nunca tuvieron lucecitas, si acaso un bombillo incandescente disfrazado de una estrella hecha a mano. Y bajo el árbol un pesebre, sin María y sin José, solo un pesebre que mi abuelo, pastor y también carpintero, había construido y que mecía a uno de mis muñecos.

Aquella imagen rústica ahora pudiera parecer intrascendente, cuando todas las calles se llenan de luces y los árboles compiten en belleza y altura. Pero en ese entonces, por ser único y prohibido, y porque nadie tenía, durante todo diciembre pasaba el pueblo entero a ver aquel arbolito de mi casa.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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