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Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Remanente se busca

Una sociedad funciona si tiene un sólido fundamento de valores, y esos valores son normalmente de carácter religioso. Si esos valores se van debilitando, los seres humanos pierden sus raíces espirituales. El islam está en auge porque desde el punto de vista espiritual tiene un fundamento muy fuerte. En Europa en cambio el cristianismo está en retroceso.

Lo leí en un periódico y recorté el fragmento. Olvidé anotar el nombre del entrevistado; tal vez era un escritor o pensador francés. Fue magnánimo al mencionar el retroceso del cristianismo en Europa. Es políticamente incorrecto decir esto pero hay que hacerlo de tanto en tanto: El cristianismo en realidad está en retroceso en todo el mundo. No la religiosidad cristiana o algunos aspectos culturales de su presencia. Lo que está diluyéndose es el cristianismo que revolucionó a Jerusalén en el año primero, que dio forma al mundo occidental durante casi mil años y que inspiró la Reforma del siglo 16. Ese cristianismo experimenta su mayor debilidad histórica.
El debilitamiento se refiere a la progresiva licuefacción del compromiso radical que los cristianos tenían para confrontar la cultura y penetrar el tejido social y el ámbito público. Los modos y costumbres de la postmodernidad han entrado profundamente en la mentalidad y en la vida de los creyentes.
Se expresa asimismo en la decadencia de contenido tanto en el mensaje como en la música de los cristianos. Hay una apelación cada vez mayor a los únicos valores que dominan a la gente de hoy: prosperidad y paz personal. En sus mensajes y producciones artísticas hay una constante referencia al bienestar psicológico y emocional. Por otro lado se nota más que nunca la ausencia de participación pública.
Los valores a que alude el autor del fragmento que encabeza estas líneas van siendo más y más discurso, menos y menos acciones. Hay sociedades y comunidades que se llaman a sí mismas cristianas pero de eso no queda mucho más que un residuo al que la Biblia llama el remanente.
Seguramente cause escozor la referencia al auge del islam, más que nada porque se asocia con el terrorismo. Pero no es inexacta la observación: el islam tiene una cosmovisión integral, es decir la fe abarca todos los aspectos de la vida pública y privada.
Retornar a una visión más amplia de la gente y del mundo permitiría a los cristianos aportar los conceptos que faltan a la sociedad en que vivimos.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

El nombre de la rosa

A pesar de todo, brotó una mínima rosa en el jardín.

Sin pretensiones se abrió un poquito cuando yo no estaba. La vi, pequeñita bajo la lluvia cuando recién llegaba después de una breve ausencia. La había esperado por un par de semanas, desde que apareció la forma de un brote chiquito. Es casi blanca, con un poco de rosado en las puntas. Dicen que los locos hablan solos. Tal vez es así; igual le hablé algunas cosas que sólo conciernen a ella y a mí. No va a durar mucho seguramente. Una rosa es un asunto breve. Pero me alegró la tarde, cuando ya oscurecía.
No sabría decir con precisión por qué me hizo bien verla. Es posible que se trate del empeño de la vida a pesar de las pocas opciones que hay. Una idea, una tentativa de proyecto, una posibilidad arroja un poco de luz. Una puerta entornada, un curso de acción posible mueve algo dentro de uno. Se aguza el oído, se guarda silencio, se espera expectante un movimiento al otro lado. ¿Es posible que alguien haya descifrado el mensaje?
O tal vez sea porque aunque siempre hubo rosas, ésta era una posibilidad incierta y sin embargo deseable. Una señal. Era francamente una rosa improbable en un rosal descuidado. Se presentó cuando había desistido de esperarla. Y vino justo ahora la tormenta. Truenos, relámpagos, una lluvia enorme. Tal vez no sobreviva pero no voy a cortarla. Dejemos que todo pase como debe. Hay una cierta belleza trágica en este destello sublime de vida que nace y muere así tan de repente.
Mirado desde esta parte de los años, el tiempo parece algo tan mínimo. Tan desesperantemente fugaz. Eso que parecía un mundo interminable ahora no es más que un pañuelo. Tan leve, un suspiro a lo más. Y tanta vida que supuso sin embargo. Tantas cosas acumuladas en sus pliegues que se necesitaría otra vida entera para siquiera empezar a comprenderla, a descifrar su sentido, a encontrarle el significado.
Si pudiera uno hacerse tan pequeño para entrar en el mundo de la rosita ésta y pudiera explorarla de principio a fin, qué inmensa parecería. Se perdería uno en su universo de filamentos, de humedad, de color, de nervios, de aroma. Entonces no parecería tan leve. Valdría la pena haberla conocido así. Y tal vez uno ya no tendría conciencia de esa cosa tan breve y pesada que es el tiempo.

El poder de la palabra

Rusell Morse, misionero en China, fue encarcelado durante casi 2 años y en todo ese tiempo vivió abandonado sin poder ver la luz del día ni disfrutar libremente de la noche e incluso no tuvo contacto con el exterior.
Cuando Rusell fue liberado declaró lo siguiente: “Probablemente me hubiese vuelto loco si no hubiese podido recordar los versículos de la biblia”.
“La enseñanza de tu palabra da luz (…)” Salmos 119:130 (NTV).
Nosotros que aún tenemos la posibilidad de poseer una Biblia, disfrutamos del privilegio de tener en las manos un tesoro especial; conscientes de tan grande honor, la pregunta que debemos hacernos es ¿Cuánto tiempo invertimos para meditar en la palabra? ¿Cuántos versículos tenemos memorizados? ¿Qué pasaría si nos quitaran la biblia?
En varias oportunidades, y a lo largo de los años y épocas, han tratado de eliminar la palabra de Dios, pero a pesar de todos los atentados contra este libro maravilloso hoy tenemos la oportunidad de tenerlo, pero ¿Cuál es nuestra actitud frente a la palabra?
Muchos buscamos una respuesta a los problemas, una guía para tomar decisiones o buscamos esperanza en medio de la aflicción y es en esos momentos tan importantes y determinantes que olvidamos que la respuesta, la luz y esperanza está en la palabra de Dios “Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino” Salmos 119:105 (NTV)
Si gozas de la oportunidad de tener una Biblia a tu disposición y tienes la libertad de leerla y compartirla con aquellas personas que necesitan un mensaje de vida, no dudes en abrir ese tesoro que Dios inspiró para ti.
No escondas o dejes de lado esa fortuna que Dios te dio a través de su palabra y recuerda que aunque muchos hayan tratado de destruirlo está ahí para ti.
“El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás” Mateo 24:35 Nueva Traducción Viviente (NTV)

Por Judith Quisbert

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Medio de comunicación

Con el pasar de los años, los medios de comunicación se han ido perfeccionando, permitiendo que la comunicación entre las personas se realice de una forma más simple.

La distancia ha sido un problema en la comunicación de las personas,  para poder hacerle frente en la antigüedad se utilizaban diferentes medios como mensajeros, humo, palomas mensajeras y piedras en las que escribían. Con el transcurrir del tiempo han surgido inventos como la imprenta, el telégrafo, teléfono, la radio, el fax, televisor y el Internet que han hecho mucho más fácil el poder estar en contacto con los que se encuentran en lugares alejados en  tiempo real.

En nuestros días podemos ver que la tecnología ha hecho mucho más accesible el poder estar comunicados  con los demás de forma más directa e inmediata.

Es muy necesario estar en contacto con nuestros seres queridos y, de igual forma, necesitamos estarlo con Dios. El medio por el cual podemos comunicarnos con nuestro Padre es la oración, y podemos decir que es mucho mejor que el telégrafo, una paloma mensajera o un teléfono inteligente en nuestros días.

La oración nos lleva a una relación más íntima con Dios, la distancia no es un impedimento porque podemos sentirlo muy cerca de nosotros. Jesús nos enseñó que debemos pasar tiempo con el Padre para poder contarle cómo nos fue en el día o si tenemos algún problema, Dios siempre estará dispuesto a escucharnos cuando decidamos buscarlo en oración.

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias…” Colosenses 4:2

¡Nuestra comunicación con Dios debe ir perfeccionándose cada día!

Por Miguel Ángel Veizaga

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprendamos de Felipe

“Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.” Hechos 8:40.

Felipe es mencionado por primera vez como uno de los 7 elegidos para el trabajo de benevolencia en la iglesia en Jerusalén. Tenía buen testimonio, era lleno del Espíritu Santo y de Sabiduría. (Hechos 6:3-5)

Aunque era un trabajo muy importante el área en la que estaba sirviendo, no se conformó simplemente con “servir mesas”. Sino que, al ver la persecución encabezada por Saulo de Tarso, él fue a la ciudad de Samaria y predicó a Cristo.

 “Felipe, se dirigió a la ciudad de Samaria y allí le contó a la gente acerca del Mesías. Las multitudes escuchaban atentamente a Felipe, porque estaban deseosas de oír el mensaje y ver las señales milagrosas que él hacía. Muchos espíritus malignos fueron expulsados, los cuales gritaban cuando salían de sus víctimas; y muchos que habían sido paralíticos o cojos fueron sanados. Así que hubo mucha alegría en esa ciudad. Un hombre llamado Simón, quien por muchos años había sido hechicero allí, asombraba a la gente de Samaria y decía ser alguien importante. Todos, desde el más pequeño hasta el más grande, a menudo se referían a él como «el Grande, el Poder de Dios». Lo escuchaban con atención porque, por mucho tiempo, él los había maravillado con su magia. Pero ahora la gente creyó el mensaje de Felipe sobre la Buena Noticia acerca del reino de Dios y del nombre de Jesucristo. Como resultado, se bautizaron muchos hombres y mujeres. Luego el mismo Simón creyó y fue bautizado. Comenzó a seguir a Felipe a todos los lugares a donde él iba y estaba asombrado por las señales y los grandes milagros que Felipe hacía.” Hechos 8:5:13 (NTV)

Hay varias lecciones que podemos aprender de Felipe, pero en estos pasajes lo que más me llama la atención es su disposición y el corazón para servir al Señor obedeciendo su mandato de predicar el Evangelio al mundo.

A Felipe no le importaron los problemas, ni las consecuencias que iba a sufrir, lo único que él quería era anunciar el evangelio, dar esperanza a esas personas perdidas y mostrar el poder de Dios por medio de los milagros que hizo.

Nosotros también podemos y debemos ser obreros dedicados y dispuestos a anunciar el mensaje de Jesús por donde vayamos.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Meditación

Tengo un amigo que escribe unos Devocionales en pijamas. El devocional es una de las variadas formas que la gente cristiana tiene para acercarse al texto bíblico. Se toma un pasaje de las Escrituras y se le da un breve tratamiento, que usualmente tiene que ver con la consagración, la fe, el amor, la fidelidad, la paciencia o las relaciones humanas.
Quise hacer algo parecido hace algún tiempo. El concepto de pijamas lo veía relacionado con la intimidad del hogar, un espacio privado a saludable distancia de la cotidianidad del trabajo, la ciudad, el mundo exterior. Así que los quise titular Devocionales en overol, con el fin de instalar la idea de una Palabra militante, en interacción en la política, la economía, la cultura, los problemas sociales y otras cosas públicas. Envié uno o dos y me di cuenta que no iba a tener el tiempo para hacer algo así, pensando en los tres artículos que publicamos aquí cada semana en medio de mis otros asuntos de vida personal y trabajo. Así que me propuse otra cosa: incluir en esta columna uno de esos devocionales, quizá cada semana.
Es un hecho sabido que mi lectura de la Biblia me lleva casi siempre por derroteros distintos a los que la mayoría de los cristianos transitan cuando consideran su mensaje. Eso se debe yo creo a que los creyentes son instados a entender la Biblia de la manera en que se la explican los mediadores (maestros, predicadores), por lo que las interpretaciones se ven reducidas al material que han producido los que piensan la Palabra.
Entonces llamé a estas breves entregas Meditaciones inconvenientes. Lo de “inconveniente” se explica porque su lectura provoca casi siempre reacciones contrarias lo cual me pone, supongo, en entredicho con las personas acostumbradas a una lectura predecible del texto. Y a veces la reflexión que uno hace fuera de los márgenes lo pone en una situación incómoda. Inconveniente.
Finalmente he resuelto llamarlas Meditaciones impertinentes porque a pesar de leer los mismos episodios y pasajes que leen todos, siempre hallo una mirada inesperada, un punto invisible, o quizá una conclusión que no se acomoda con la de los señores de la Palabra.
Van a salir a lo menos una vez por semana y voy a usar el modo de las series de TV: Meditaciones impertinentes – Temporada 1 – Episodio 3 (que ya apareció en este blog el lunes pasado).

Voces extrañas

No estábamos ahí cuando los profetas solitarios morían de sobredosis, ahogados en su vómito”, escribí en el artículo Ser en el Mundo. Pensé luego que, por la naturaleza de la audiencia mayoritaria de este sitio, debería extenderme un poco en cierta reflexión.
La religión es donde se ha usado más el concepto de profeta, por lo que relacionamos siempre esta función con alguien que habla en nombre de una deidad, mayormente en lo referente a hechos futuros. Profétes, sin embargo, es una voz griega cuyo significado es mensajero o portavoz. Ajustados estrictamente a esta definición, un profeta es alguien que entrega un mensaje que no siempre está vinculado al orden religioso.
Un profeta habla desde la filosofía, la pintura, la música, el cine, la política o desde los movimientos sociales. Su mensaje es anticipatorio o bien denuncia un hecho presente. Apunta por lo general a la injusticia, la maldad, la opresión, las fallas fundamentales de un sistema social, político, económico o cultural, o se anticipa a cambios en la forma de pensar y sentir el mundo. Puede ser expresado a través de imágenes, formas, recursos musicales o palabras. En muchos casos, el mensaje está encriptado, está expuesto con ciertos códigos que no buscan necesariamente hacerlo inaccesible, sino cerrado para quienes no quieren pensar o no están dispuestos a reflexionar sobre su sentido. Así, resultan voces extrañas en un mundo donde impera la razón como única fuente del conocimiento.
Una sensibilidad enervante y poco común. Una historia personal o familiar dolorosa. Un lenguaje difícil expresado en palabras, colores, formas, notas musicales, ideas complicadas. Cuando la gente no comprende algo, tiende a rechazarlo, a estigmatizarlo mal. Eso hace aún más difícil la vida de estos portavoces. En muchos casos optan por la muerte, o les llega como resultado de los excesos que resultan del dolor, la rabia o la incomprensión.
Un honor que nunca hacemos a estos profetas es examinar su obra honestamente. Horrorizados por la tragedia que representan, vivos o muertos, los etiquetamos y lamentamos que no hubiera nadie para alcanzarles y abrazarles en su dolor.
Saber más acerca de su historia personal. Leer lo que escribieron e intentar seriamente comprender qué es lo que trataban de decir. Mirar a su obra, escucharla. Después de un tiempo, sin prejuicios ni sistemas interpretativos previos, quizá descubramos que fueron legítimos – a veces trágicos – portavoces de verdades que creíamos nuestro exclusivo patrimonio.

Sejuela

“Si el café tarde te produce insomnio, si ingerir algunos líquidos te hacen ir directo al baño, si te parece que todo está muy caro, si te alteran los gritos de los niños jugando o de la música a todo volumen, si la comida picante te irrita, si la televisión te adormece, si en todas partes te dicen “señor” y a donde vayas prefieres los zapatos cómodos y llevas un suéter por si acaso”, dice entre otras cosas un mensaje que me enviaron, “es que sufres de sejuela: se jue la juventud…” Había otras situaciones descritas; las que les transcribo aquí definitivamente me reflejan.
Como todos suelo recibir mensajes así. La mayoría sólo ocupa mi cabeza el momento en que los leo; otros me hacen pensar algo. Este capturó mi interés porque, de un modo más gracioso que el que he usado para transcribirlo, se refieren a un tema del que me he ocupado antes aquí.
Lo he hecho con un tono sombrío demás a veces. Pero la verdad es que tiene su lado simpático. Por ejemplo, la sutil pérdida de la memoria reciente y la distracción. Encuentro a una joven madre en la tienda a la que fui a comprar unos pantalones. Nos quedamos mirando y estoy seguro que ella me reconoce, sabe mi nombre, sabe que soy de otro país y que he sido cliente por años de la tienda donde trabajaba. Pero mi cabeza no registra nada más que una vaga memoria de algo que posiblemente se ve en sus ojos o en la expresión de su cara. Así que la encaro y le digo directamente sé que nos conocemos pero no me acuerdo para nada de dónde ni cuándo. Las más de las veces las personas se ríen. Afortunadamente.
Salgo de la casa y al llegar a la calle del edificio donde vivo, no puedo registrar el momento en que cerré la puerta con llave. No me atrevo a seguir. Regreso y me aseguro que esté cerrada. Así que ahora, al salir y cuando me acuerdo, hago algún gesto o movimiento que me haga recordar que sí lo hice.
Hemos estado conversando de varias cosas en la oficina o en la casa de mis amigos; de pronto le pregunto a alguien algo como “Y qué pasó con tal cosa…?” Me miran con cara de extrañeza y me dicen: “¡De eso es lo que hemos estado hablando los últimos diez minutos!”

Aforismos de cuarta

Mantener el precario, urgente equilibrio para no desesperar, para llegar a buenos términos con los años. Aprender el oficio de no creer todo lo que se escucha, se lee o se habla. No hacerse tanto la cabeza con el infortunio de las malas decisiones. No molestarse así con la picana del remordimiento.
Las expectativas pueden convertirse en una continua frustración por lo que es necesario reducirlas al máximo. Exagerar en la esperanza, sea en uno mismo o en los demás, puede provocar diversos malestares. Al final los grises se desdibujan y un blanco y negro sin ambages se torna consuetudinario. La gente, para defenderse del deterioro inevitable, rotula como cinismo lo que no es otra cosa que realidad, quizá porque le teme o le parece vulgar.
El mensaje nunca supera el dato duro de la realidad porque apuesta demasiado alto al hecho humano. Las consignas y las frases hechas de las instituciones se disuelven al contacto con el aire. Lo que resta de humanidad cada vez alcanza menos para comprometerse. La decepción diluye el optimismo. Las ganas se van concentrando cada vez más en el pequeño espacio de lo que nos importa aunque mantenemos la etiqueta solidaria.
La costumbre oxida los instrumentos del cambio, inutiliza los recursos de la creación. Los oídos se hacen pesados y las elocuentes verdades devienen aburridas letanías. El verso se repite hasta la náusea y al final no dice más nada. La conversación inteligente se convierte en charla insustancial y lo único que merece es que le den algunos like. El sentido de las cosas se pierde en el griterío de los medios y las redes y todo termina siendo lo mismo. Lo estridente adquiere el estado de importante y lo espectacular se transforma en prioritario. La gente opina de todo y nutre con ello el sospechoso contenido de las encuestas.
Al final la letra no mataba; tan inocente era que se la llevaron por delante los libros resumidos, los textos de autoayuda y los teléfonos “inteligentes”. Fue masacrada por los discursos, mancillada por nuestros dudosos engendros literarios, hecha estereotipo en los mensajes dominicales.
En días como éste se hace evidente lo poco que queda. Enormes ruedas de carreta son servidas para que comulgue la inmensa mayoría, los dirigentes mantienen a salvo sus cuentas corrientes, los indignados juicios al comino son la fachada que protege los camellos de los dirigentes.
Qué va’cer…

La compleja trama

“¿Usted cree que le puedo ayudar? le pregunta el psicólogo a su paciente, un importante banquero europeo que espera en arresto domiciliario los resultados de un juicio de gran impacto público en su contra. “¿Que si usted puede salvarme?”, responde el hombre. “Voy a revelarle una importante conclusión a la que llegué recientemente: nadie puede salvar a nadie. Por una razón muy simple: nadie quiere salvarse.” Es posible que este diálogo, seguramente algo novelado para una película, haya ocurrido efectivamente. El banquero y el caso en su contra son reales y todo terminó con su importante carrera pública.
Que nadie quiera salvarse es una afirmación algo exagerada y por supuesto incorrecta políticamente por estos rumbos. Pero la mirada cruda y honesta con que el protagonista contempla el mundo del que es parte trasunta más verdad de la que estaríamos dispuestos a reconocerle. En alguna parte de la trama reflexiona sobre el idealismo con el que muchas personas inteligentes y promisorias comienzan su carrera y cómo éste se va desmoronando con el paso de los años. Las luchas internas de la institución, la ambición y las enormes debilidades del carácter humano van minando el optimismo con el que uno encara la vida cuando todavía no es confrontado con su lado oscuro.
Si uno ensaya esa mirada sobre las instituciones – políticas, sociales, económicas, culturales y religiosas – un poco más allá del discurso y se remite a la experiencia, no pocas veces toca pensar que los actos humanos parecen reflejar un absoluto desprecio por la salvación, no en el sentido que lo explica la religión sino en relación con el interés mayor de la sociedad. El daño que la gestión de sus dirigentes y miembros causan a la fe pública, a la confianza, a la seguridad y a la tierra lo tienta a uno a pensar que la comunidad humana misma no desea otra cosa que cometer suicidio.
El mundo es más complicado de lo que parece. En gran medida es sórdido y ajeno. Las fuerzas que luchan por su control y por su destrucción no tienen oídos ingenuos. Por lo mismo, el mensaje para tocarlo y estremecer su conciencia no puede ser simplista, azucarado, mágico. Debe entrar en la esfera del conflicto, penetrar su complejidad, comprender su lógica y construir puentes para la comprensión de una salvación que no se logrará con cuatro pasos y una plegaria tipo “Repita conmigo…”

Ironía del Adviento

Querían un guerrero, un conquistador rutilante, un triunfador de todas las batallas y vino un pacificador, un pálido galileo en sandalias. Querían un orador brillante, un articulador de discursos de victoria, un Marco Aurelio y vino un predicador itinerante, un provinciano de palabra templada y breve. Esperaban un Apolo estupendo, un Hércules invencible y vino un muchacho moreno y común que solía perderse entre la multitud. Esperaban un estadista, un legislador sagaz para la nación y vino un siervo, un carpintero de aldea.
Tendría que haber nacido en algún palacio señorial, de la matriz de una princesa, pero lo dio a luz una campesina en una cueva maloliente de la periferia. Su padre debería haber sido un noble cortesano, pero su origen fue estimado de dudosa moralidad. Debería haberse educado con maestros distinguidos y letrados de renombre, pero asistió a la escuela del pueblo y aprendió el uso de la sierra, el cepillo y la garlopa.
Debería haber dictado cátedra en la academia de los maestros y eruditos, pero charlaba con aldeanos, prostitutas y mercaderes. Debía juzgar y ejecutar a los malvados y expulsar al tirano, pero se ocupó del perdón, de ofrecer la mejilla y amar al enemigo. Debía salir al frente de un ejército libertador, pero recorría las aldeas y se internaba en el desierto con un grupo de vagabundos y mujeres.
Tendría que haber vivido en un palacio, servido por criados y doncellas, pero dormía a la orilla de los caminos o en una barca cruzando el lago y jamás se le conoció propiedad alguna.
En fin, tendría que haber terminado sus días como un venerable anciano, rodeado del cariño y respeto de la nación y sepultado con honores de Estado; sin embargo, acabó sus días colgado entre ladrones en el más oprobioso de los patíbulos. Sus acusadores y jueces no fueron los usurpadores extranjeros sino la institución religiosa que nunca comprendió ni aceptó su magisterio y que vio en él un peligro para el sistema, un agitador irresponsable, un enemigo público.
Sólo los siglos demostrarían que en la matemática del universo las cosas que cuentan para la posteridad no suelen ocurrir como creen los que saben, sino que vienen de lugares inesperados y dejan huellas imposibles de borrar.

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