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¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

A mí primero

Cuando se enfrenta un tiempo difícil, la mayoría de las personas no sabe qué hacer o por dónde empezar para recibir respuesta del Señor. La historia de una viuda nos muestra claramente lo que Dios quiere que hagamos primero en un momento de necesidad:

“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.” 1 Reyes 17:8-14 (RVR1960)

El Señor envía a Elías a pedir apoyo a una mujer viuda, ella era una persona en necesidad, tenía solamente un puñado de harina y un poco de aceite para preparar su comida, y después esperaría la muerte con su hijo; sin embargo, Elías le pide que ella primero sea obediente al Señor porque después le llegaría una gran bendición.

Cuando enfrentamos un tiempo de aflicción, generalmente ponemos nuestra necesidad en primer lugar, pero el Señor nos pide que antes de la necesidad esté la obediencia.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33 (RVR1960)

Esta es una hermosa promesa del Señor: “busca primeramente el reino de Dios y lo que Él quiere y todo lo que necesitas vendrá por simple añadidura”. Por tanto, si estás enfrentando una situación difícil y necesitas respuesta, te animo a poner en primer lugar a Dios, a buscarlo en oración, en la lectura de la Palabra y en tu iglesia.

Recuerda que primero es Dios y después siguen las bendiciones.

 

 

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¡De inmediato!

¿Cuántas veces “esperar” te ha desesperado?

Aunque se trate de realizar una actividad entretenida como ir al cine, al parque o a un concierto, nos desespera tener que esperar el ingreso porque queremos ser atendidos de inmediato. La realidad es que en diferentes sucesos de nuestra vida tendremos que aprender a ser pacientes, en especial si queremos recibir algo mayor.03

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” Hebreos 10:35-36 (RVR 19960)

Esperar demasiado desanima y a veces se pierde la esperanza, pero el Señor menciona que nuestra confianza tiene un gran premio; por lo que es necesario que seamos pacientes, haciendo la voluntad de Dios para conseguir la promesa.

Por muchos años he orado por la conversión de mi padre, siempre anhelaba verlo bautizarse de blanco y clamaba al Señor todo el tiempo por esta petición. Hace una semana pude festejar con mi familia su bautizo en agua. Esperar no fue fácil, a veces perdía las esperanzas, pero el Señor me ayudó a ser paciente para recibir su hermosa promesa.

“Mirad como el labrador espera el fruto precioso de la tierra siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía”. Santiago 5:7 (RVR 19960)

Si tienes una petición en tu corazón como: la salvación de tu familia, sanidad, ser libre de alguna dependencia u otros, debes ser como el labrador que espera el tiempo de la cosecha, después de haber trabajado tanto para sembrar los frutos. Recuerda que la paciencia tiene un gran premio, por tanto, no te desanimes.

¡No te desesperes! Recuerda que es necesario “esperar” antes de obtener lo que quieres.

 

 

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El arco iris

Un arco iris se produce cuando los rayos del sol atraviesan las gotas de agua que produce la lluvia. La luz del sol aparentemente es blanca pero en realidad está compuesta por rayos de diferentes colores y cuando uno de ellos atraviesa una gota de agua el color se desvía formando así un arco iris.

La aparición de esta escena maravillosa en el cielo es señal de que la tormenta ha cesado, pero para nosotros que amamos a Dios es señal de su fidelidad.

Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras.  He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra” Génesis 9:12-13 (NTV).

Los problemas, dificultades y tristezas pueden ser parte de tu vida diaria y esa tormenta que está sobre ti, sobre tu familia o trabajo parece cobrar más fuerza cada día y todo indica que los desastres que causará serán irremediables e incluso has llegado a pensar que no saldrás bien de ésta;  recuerda que el arco iris es un símbolo de esperanza para ti, pues así como la tormenta tuvo un inicio también tendrá un final y de lo mismo sucederá con tus problemas.

Confía en Dios y en sus promesas, porque como buen Padre y fiel amigo estará contigo hasta el último instante y no dejará que caigas a pesar de que la tierra tiemble o que los vientos sean fuertes. “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá” Salmos 121:3 (NTV).

Descansa en sus brazos con la certeza de que en su tiempo ese arco iris de esperanza saldrá para ti.

La próxima vez que veas un arco iris, recuerda:

¡Habrá un mañana y será mejor si confías en Dios!

Por Judith Quisbert.

 

 

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Alcanza tu promesa por fe

¿Qué es una promesa?

Es un compromiso que asume  una persona con otra a través de la palabra. Una promesa es un gesto que surge de lo  más profundo del corazón.

Dios, hace un compromiso por medio de su Palabra de cumplir cada  promesa, este es el deseo de su corazón. De seguro tienes promesas de parte del Padre y no has sabido cómo alcanzarlas.

Lo primero que tienes que tomar en cuenta para poder ver cumplida una promesa es  la fe,  ten la certeza y la convicción de que la recibirás en el momento que Dios disponga.

Tienes que aprender a llamar a las cosas que no son con si fuesen, esto es confiar totalmente en Dios porque Él es quien cumple a su palabra.

Es creer aunque la mente diga que es imposible, luchar contra todo aquello que se levanta  para impedir el cumplimiento de la promesa de Dios; no dejes de confiar en el Señor aunque todo se torne complicado para ti.

Fortalécete en la fe y no te debilites, no dejes que lo que pasa a tu alrededor te haga perder el sentido, la estabilidad y el conocimiento. Aunque creas que es demasiado tarde para recibir tu promesa y  parezca imposible a ojo humano, no dudes en tu corazón

Tienes que estar convencido que Dios es poderoso para cumplir sus promesas, cree firmemente y mantente seguro de que lo vas a recibir.

La llave maestra para poder recibir una promesa de parte de Dios es la fe, que está acompañada de la perseverancia; no debes dejar  que la duda pueda ingresar a tu corazón para entorpecer  el cumplimiento de lo que Dios te ha prometido.

“Y así, después de esperar con paciencia, Abraham recibió lo que se le había prometido”. Hebreos 6:15 (NVI).

Por Miguel Ángel Veizaga

 
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¿Qué es lo que más amas?

“Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” Génesis 22:2 (RVR)

La promesa se había cumplido en Abraham. Dios le había dado descendencia, lo había prosperado y bendecido muchísimo, pero llegó el tiempo de volver a ser probado.

Abraham había obedecido a Dios muchas veces en su caminar con Él, pero ninguna prueba había sido más dura y severa que esta: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:2).

Muchas veces Dios nos pide lo que más queremos en la vida, o nos demanda algo que nos cuesta entregarle, pero Abraham es un ejemplo de Fe y Obediencia. ¿Quién imaginaría que Dios le pediría a Isaac, el hijo de la promesa? y ¿Cómo respondería Abraham?  Sin ninguna duda en su corazón, muy temprano en la mañana siguiente, Abraham se puso en marcha con un asno cargado de leña y  su amado hijo Issac, tal vez este último preguntaría: Papá y ¿dónde está el cordero que será sacrificado? Puede que lágrimas hayan corrido de los ojos de Abraham, pues  Isaac era la promesa que Dios le había hecho pero, ¿por qué Dios se lo quitaría?

Tal vez te encuentres en una situación similar a la de Abraham, después de haber esperado por mucho tiempo la promesa de Dios para tu vida, Él la cumple para que la disfrutes, pero no pasa mucho tiempo y te pide de vuelta lo que te dio. Parece inexplicable, pero a veces Dios quiere asegurarse de cuán lejos llega tu amor por ÉL.

Pero, ¿Qué sucede cuando Dios nos está pidiendo algo que no es de tanta de bendición en nuestras vidas? Por supuesto que no nos cuesta dar.

La palabra del Señor dice en Hechos 10:23  “…Más bienaventurado es dar que recibir”.

Si anhelas un gran ministerio, tienes que entregarle algo a Dios primero, y no porque tengas que hacer cosas para que Él te bendiga, porque su misericordia es nueva cada mañana, pero quizás puede ser ese trabajo o esa persona que tanto le pediste a Dios te haya alejado de su presencia o te llevó a dejar de servirle cuando recibiste lo que tanto pediste.

Este es el momento de tomar una decisión, porque cuando obedecemos a Dios como lo hizo Abraham, confiando en que su plan es el mejor camino por el que debemos andar, seguro que todo obrará para bien.

Por Ruth Mamani

 

 

 

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Derrama tu corazón

Ana fue una mujer que nos enseñó una valiosa lección sobre la oración, tal fue su actitud al orar que el sacerdote la confundió con una mujer ebria, pero después de esa oración sincera, Dios hizo el milagro en su vida y pudo concebir un hijo llamado Samuel.

Esta mujer vivía en tristeza porque no podía tener hijos y de seguro que pasaba mucho tiempo orando y pidiendo a Dios que le dé la posibilidad de quedar embarazada, ¿Qué fue lo que hizo para que su oración fuera escuchada? ¿Qué hizo de diferente esta vez a las demás ocasiones en que buscaba el favor de Dios?

 “Oh no, señor! —respondió ella—. No he bebido vino ni nada más fuerte. Pero como estoy muy desanimada, derramaba ante el Señor lo que hay en mi corazón 1 Samuel 1:15 (NTV)

¡ANA DERRAMÓ SU CORAZÓN ANTE DIOS!

Ana habló con su corazón, no guardó nada y dijo lo que realmente en ese momento sentía y pensaba, fue sincera y le mostró a Dios lo que había en lo más profundo de su mente y corazón y fue en ese momento que Él hizo el milagro y aunque ella no sabía, su actitud cambió, “(…) Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no estuvo triste” 1 Samuel 1:18 (NVT)

Quizás por mucho tiempo estás orando por algo o alguien y no has tenido respuesta, piensas que Dios ya no oye tus oraciones porque nada ha cambiado o todo parece empeorar.

Debes preguntarte ¿Estás siendo totalmente sincero con Dios? ¿Estás dispuesto a aceptar su respuesta? Es en esta área donde fallamos, pues muchas veces oramos sin decirle la verdad a Dios sobre nuestras intenciones acerca de lo que queremos, y peor aún no estamos dispuestos a aceptar su respuesta porque queremos que dé el sí a nuestra petición aunque no sea buena y vaya en contra de su voluntad.

¿Quieres que tus oraciones tengan una respuesta? Entonces sé sincero con Dios y deja que Él tenga la última palabra.

“Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón,  porque él es nuestro refugio” Salmos 62:8 (NTV)

Por Judith Quisbert

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Yo estaré contigo, dice el Señor

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: No tengas miedo, aquí estoy para ayudarte.” Isaías 41: 10,13.

No importa cuán grande o desesperante sea tu situación, quiero que sepas que no estás solo (a) Dios promete que Su presencia estará siempre contigo. Él te ayudará, te guiará y protegerá aunque tu problema te muestre lo contrario. Por lo tanto, no te preocupes ni te afanes en este día. “…no te desampararé, ni te dejaré.” Hebreos 13:5

Jesús confió plenamente en las palabras de su Padre Celestial, quien al tercer día lo resucitó. Los tres jóvenes amigos de Daniel confiaron en el poder de Dios y el fuego del horno no les hizo daño. El mismo Daniel depositó su vida en las manos de Dios y los leones no lo tocaron. Él es quien tiene un verdadero cuidado de sus hijos, por eso nos dice: “No temas, yo estoy contigo”

Descansa confiando en Dios, en su poder y soberanía, Él siempre sabe qué hacer en el momento y lugar perfectos.  Nada escapa de Su mano y tiene todo bajo control. Busca su dirección y persevera aunque el tiempo sea difícil, Dios va contigo.

“…ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada.” Santiago 1:2-4

No desfallezcas, toma nuevo ánimo y confía, porque Dios ha prometido estar contigo todos los días de tu vida. “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 20:28

No estás solo y puedes estar seguro que Dios siempre estará a tu lado. “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán.” Isaías 43:2 (NTV)

 

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No quedaste solo

Cuando leemos o escuchamos sobre Jesús, cómo  fue su vida desde que nació y cómo fue creciendo en estatura y sabiduría, nos maravillamos y desearíamos haber podido nacer en esa época para poder verlo y estar con Él.

En el momento en que tenemos problemas o pasamos por tribulaciones creemos que estamos solos y que a pesar de tener personas en nuestro entorno no habrá nadie que nos comprenda así como Jesús lo hacía cuando caminaba entre sus discípulos. Para ellos era muy difícil creer que el Maestro tenía que irse y dejarlos, pensaban que se quedarían solos pero Jesús se los explicó claramente: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Juan 16:7 (RVR-1960)

Con estas palabras quiso decir que si bien moriría , Él resucitaría y ascendería a los cielos para ser nuestro abogado frente al Padre, pero que no nos dejaría solos, pues dejaría al consolador, el Espíritu Santo, quien estaría con nosotros en todo tiempo, circunstancia y lugar, y que a la vez también estaríamos con Él.

Esta palabra que dejó dicha a sus discípulos es también para nosotros, aunque ya hayan transcurrido muchísimos años, esa promesa es válida hasta hoy.

La promesa de enviarnos al consolador, quien nos acompañará en momentos de tristeza y dolor, aun se cumple; no es una promesa que se concreta una vez y ya no vale más. Lo que Cristo prometió es eterno y permanente, hasta hoy se sigue haciendo real en nuestras vidas y seguirá para el tiempo postrero.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26 (RVR-1960)

Si sentías que estabas solo y que no tenías a alguien que te comprenda, tienes al Espíritu Santo que secará tus lágrimas, sólo es necesario anhelarlo y creer que en verdad Él está con nosotros.

 

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Una promesa para tu familia

Personalmente creo que ninguno de los que conoce a Cristo quiere que su familia se pierda en este mundo y sea condenada al infierno eterno. Al contrario, anhelamos que cada integrante de nuestro hogar tenga un encuentro personal con Jesús y vivan para Él, según manda Su Palabra.

Quizás hoy te encuentras orando por tus padres, hijos, esposo (a), abuelos, nietos (as) u otros que forman parte de tu familia y sientes que tu clamor no es escuchado. Tal vez has orado por muchos años y no ves respuesta. Hoy quiero que sepas que Dios tiene su propio tiempo, sabe cuándo obrar y cómo hacerlo. Solo ten fe, sigue orando y cree en Su Palabra.

“Cree en el Señor Jesús y serás salvo, junto con todos los de tu casa.” Hechos 16:31 (NTV)

Dios conoce la situación de tu familia, sabe cuántas veces has clamado por ellos y ha contado las lágrimas que has derramado. Acaso, “El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?” Salmo 94:9 Sin duda, Dios tiene conocimiento de los anhelos que hay en tu corazón y del esfuerzo que haces por acercarlos a Él. “Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos.” Salmo 34:15

No te desanimes y sigue orando con más fuerza, sabiendo que un día nuestro Señor Jesucristo cambiará la vida de tus seres queridos y los salvará. No olvides que Él anhela que todos los de tu casa procedan al arrepentimiento y sean salvos.

Lo único que debes hacer cuando ores es, creer y tener fe que así será. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. 1 Juan 5: 14-15.

Génesis 7:1 dice: “Cuando todo estuvo preparado, el Señor le dijo a Noé: «Entra en la barca con toda tu familia, porque puedo ver que, entre todas las personas de la tierra, solo tú eres justo.”

Recuerda que es en el tiempo de Dios y no en el nuestro.  ¡Que la paz de Dios abunde en tu vida y que Su gracia este con tu familia!

 

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¿Qué voy a recibir?

Algo que podemos notar en todas las historias bíblicas de hombres y mujeres que obedecieron a Dios en sus vidas, es que sus acciones no sólo afectó únicamente sus vidas, sino también a las personas que los rodeaban.

El ejemplo más claro es el de Moisés: recordemos que regresó a Egipto por órdenes de Dios para pedir la liberación de Su pueblo, pero faraón se rehusó tajantemente, llamó holgazanes a los israelitas y aumentó el trabajo que debían hacer (Éxodo 5:1-20).

Después de todos esos incidentes, el pueblo encontró en Moisés al culpable. Criticado y rechazado, terminó dudando del llamado que tenía. Pero en ese momento de debilidad, Dios con amor de Padre, le dio nuevas fuerzas para que terminara su misión.

Al final sabemos que todo ese sacrificio fue bien recompensado. Los israelitas no sólo fueron libres del yugo egipcio, sino también vieron todas las maravillas que Dios podía hacer como no lo ha visto ningún otro pueblo sobre la faz de la tierra: el mar abriéndose, maná que aparecía día a día, las diez plagas, una columna de fuego, una nube que los guiaba, etc.

El sacrificio fue algo duro para Moisés y para la nación Israelí en ese entonces, pero podemos ver que la fidelidad a Dios tuvo su recompensa.

Esa conclusión nos lleva a hacernos preguntas, a pensar en las recompensas que podríamos recibir por los sacrificios que hacemos hoy. Uno quisiera acercarse a Dios con la intención de saber cuáles serán todos esos galardones, pero lo cierto es que parece una pregunta difícil de hacer ya que no estamos hablando de hacer negocios, contratos, acuerdos, alianzas o cosas similares, estamos hablando del servicio a nuestro Dios Todo Poderoso que con amor nos puso en la tierra para vivir el libertad y que después de nos perdimos en el pecado, Él personalmente nos volvió a recuperar a precio de Su propia sangre.

Alguien con un poco de cordura podría decir que no deberíamos pensar en premios o regalos, pero esa barrera no fue un impedimento para que el audaz Pedro levante la voz y exponga esa inquietud ante Jesús: “Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido. ¿Qué vamos a recibir? Jesús les respondió: Les aseguro que cuando llegue el tiempo en que todo sea renovado, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todos los que por causa mía hayan dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna.” Mateo 19:27-29 Versión Dios Habla Hoy

Jesús termina respondiendo con plena normalidad y siendo tremendamente honesto. Dicho sea de paso, recibir un trono para sentarse junto a nuestro Dios y juzgar a las 12 tribus de Israel, no es nada pequeño.

No tengamos miedo de pedirle a Dios que nos ayude a conocer sus promesas para nuestra vida, pero sobre todo, no tengamos temor de obedecer sus mandamientos cualquiera sea el sacrificio que nos pida.

La recompensa es segura porque Dios es fiel.

 

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Palabra loca

La palabra, en tanto pronunciada, deviene temblor definitivo, temor diseminado, inquietante factura pendiente de cobro. Adquiere vida propia, circula por bulevares y callejones, se mete en viejas librerías y aguarda en oscuros desvanes. Se queda grabada en corazones ansiosos y es un eco constante en los recovecos del recuerdo. No tiene fecha de vencimiento, no reconoce fronteras, es implacable.
La palabra dicha en la tibieza de una alcoba, al amor de una piel, en el estertor de la pasión, penetra el tiempo y la distancia como la misma simiente de la vida. Al pronunciarla, uno se veía como heraldo de buenas noticias. Era ni más ni menos el príncipe encantador, el caballero cruzado, el deshacedor de entuertos, el fin de todas las búsquedas y todos los viajes. Cuando pasó el tiempo, la palabra pronunciada vino a ser traición, promesa rota, discurso estéril, desilusión inconsolable.
La palabra escrita es ícono que identifica, resume, delimita y fija para siempre al escribiente. Es su monumento, su memorial, su panegírico, su testamento. Así como nos irrita cuando nos dicen, “Te lo dije”, así nos restriega el alma que nos digan, “Tú escribiste…” No es que dicen que dijiste o que suponen que pudiste haber dicho. Es que está escrito. Es objetivo. No está sólo en el tiempo, sino en el espacio, en papel o en registro digital.
La palabra hablada en plataformas y estrados es más que aire en movimiento; además es sonido grabado, imagen capturada. Semejante a la palabra escrita, gracias a la “magia” de la televisión y el internet, se la puede repetir hasta la náusea y machacar los sentidos de la audiencia para beatificarte o destrozarte hasta la muerte.
Pero para qué estamos con cosas: a veces es maravilloso que la palabra pronunciada viva para siempre. Y capaz que lo sea también el que recibas el crédito por ello. Pero la experiencia demuestra que en este terreno las oportunidades son harto más escasas.
¿Qué hacer cuando uno ya no prestó oído a la vieja admonición: “Sean pocas tus palabras”? Lo dicho es una cárcel: la única esperanza es que un día puedas salir… bajo palabra.

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