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En equipo

Cuentan que hace muchos años, un organista muy famoso fue a una gran ciudad para dar un doble concierto en la Sala del Palacio de la Música. Era en los días cuando los órganos tenían que moverse con las manos, con fuelles, por lo que se buscó a un muchacho muy fuerte para tal trabajo.

El músico dio su primer recital y el entusiasmo de los asistentes fue bien notado por sus fervorosos aplausos. Al concluir su saludo, el músico  sintió que le tiraban de su levita y vio que era el muchacho de los fuelles quien, con una sonrisa le dijo:

   – ¡Qué bien lo hicimos!

   – ¿Qué estás diciendo? ¿Qué es esto de “bien lo hicimos”? ¿Qué has hecho tú?- le respondió el músico burlándose del joven.

   – Ah, perdón, yo creía… – dijo el  muchacho mientras se apartaba.

Al día siguiente llegó el segundo recital. El organista había guardado la mejor pieza para la despedida. Era la misma partitura queriendo expresar qué es una tempestad, y este era precisamente su nombre.

Pero cuando estaba tocando se dio cuenta de que los fuelles fallaban. El músico, enfadado, ladeó la cabeza y dijo al muchacho:

   – ¡Por favor… sopla fuerte, chico!

   – Bueno, soplaré más fuerte…. Pero el concierto lo hacemos ente los dos, ¿sí o no?

   – ¡Sí, claro que sí! ¡Sopla, sopla… o estoy… estamos perdidos!

El recital fue un éxito extraordinario y el organista acabó por abrazar a su ayudante a la vista de todos.

Al igual que en este recital, sucede en la iglesia, donde somos un solo cuerpo y nadie es mayor que el otro, sino que todos tenemos una función que nos ha sido encomendada.

Así mismo, en muchas áreas de nuestra vida tratamos de ser como este famoso organista, queremos hacer las cosas solos, que la gente nos reconozca y alabe nuestro trabajo y olvidamos a los demás, a la gente que está respaldándonos,  que forma parte del equipo.

No hay nadie que pueda salir adelante solo, todos tenemos personas que  trabajan visiblemente con nosotros o que lo hacen en tras escena, otros en silencio, y quizás sin que lo sepamos, nos respaldan con sus oraciones.

Pero lo más importante es recordar que no podríamos hacer nada sin Dios, si pensamos dar el mejor recital de nuestra vida, sin considerarlo, lo único que encontraremos es un gran fracaso. Dios es quien mueve los fuelles para que podamos cumplir nuestro propósito y es de necios ignorar su palabra y pretender hacer todo por nuestra cuenta.

“Podemos hacer nuestros propios planes, pero la respuesta correcta viene del Señor. La gente puede considerarse pura según su propia opinión, pero el Señor examina sus intenciones. Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito.” Proverbios 16:1-3 (NTV)

Reconoce a Dios en todos tus caminos y permite que Él te guíe para que puedas ver cómo todo lo que haces es prosperado y alcanzarás el propósito con el que fuiste creado.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lo que nunca volverá

Una mujer dejó su país para ir a trabajar y tener  mejores ingresos, dando a su familia la oportunidad de tener una vida mejor. Cuando volvió, sus hijos ya eran jóvenes e independientes, por lo cual, a pesar de tener una casa lujosa, automóviles y una buena economía, nunca pudo compensar el tiempo perdido.

El tiempo vale más que el oro, el escritor argentino José Ingenieros lo expresó así: “Nada hay que iguale el valor del tiempo. El dinero mismo no puede comparársele, pues éste vuelve y aquél no; en una vida se pueden rehacer diez fortunas, pero con diez fortunas no se puede recomenzar una vida”. Siempre que pase quedará “perdido” por lo cual, es importante invertirlo sabiamente.

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5:15-16 (RVR1960)

La Palabra de Dios menciona que observemos cuidadosamente nuestro caminar, con sabiduría porque estamos viviendo tiempos muy malos. Es importante tener cuidado, poner atención a cada paso que damos y en las decisiones que tomamos, puesto que en ellas podría invertirse gran parte de nuestra vida que nunca volverá.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.” Eclesiastés 12:1 (RVR1960)

La mayoría de las personas quiere acercarse a Cristo después de “disfrutar su juventud”; sin embargo, la realidad es que no la están aprovechando como creen, lejos de eso la están desperdiciando. Es importante considerar: ¿en qué inviertes tu juventud y fuerzas? La palabra de Dios dice  que te acuerdes de Él cuando eres joven, porque necesitarás fuerzas para experimentar el maravilloso propósito que tiene tu vida.

Si consideras haber “perdido” bastante tiempo, te animo a establecer prioridades:

Para empezar, pon tu relación con Dios en primer lugar, separa un tiempo para leer la Biblia, orar y congregarte en la iglesia, vive para lo que has sido creado. Segundo, piensa en lo que es importante para ti y te recomiendo empezar por tu familia. Recuerda que tus hijos, padres, hermanos, o esposa (o) no estarán para siempre en tu vida y el tiempo que pierdas lejos ellos no volverá jamás.

 

 

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¡Que no te falte Dios!

“Si el Señor no construye la casa, el trabajo de los constructores es una pérdida de tiempo. Si el Señor no protege la ciudad, protegerla con guardias no sirve para nada” Salmo 127:1 (NTV)

Si Dios no está presente en todo lo que haces, tu trabajo es tiempo y esfuerzo perdido, pues sin su presencia y ayuda, tienes muchas probabilidades de caer o salir lastimado. Te invito a construir en Dios, a tenerlo presente en tus sueños, anhelos, propósitos y tu victoria estará asegurada.

Por Judith Quisbert

 

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El valor de esperar

A un niño al que le gustaban las plantas, le regalaron la semilla de una flor de luna, la plantó y cuidó, esperando ansioso poder verla florecer. Pasó el tiempo y vio que brotaba una rama pequeña y delicada, entonces el niño la arrancó y la puso en un vaso con agua esperando que brotara la flor pensando que ya era su tiempo, pero la rama murió.

Al igual que este niño que no pudo esperar para ver la flor, muchos actuamos de la misma manera, caemos en desesperación y angustia cuando las cosas no están sucediendo como queremos y en el tiempo que planeamos y dejamos que la frustración y la ira nos invadan, llegando incluso a dudar de Dios y de su existencia.

El ritmo que lleva este mundo, impulsa al ser humano a buscar los medios para saciar el deseo que tiene, sin importar el tiempo o si está preparado para recibir lo que anhela.

El apóstol Pablo nos enseña acerca del valor de esperar, “Por lo tanto, no desechen la firme confianza que tienen en el Señor. ¡Tengan presente la gran recompensa que les traerá! Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido” Hebreos 10:35-36 (NTV).

¡Qué difícil es esperar! hoy varias personas caen en la desesperación por tener un compañero de vida, una casa, estabilidad económica, hijos, profesión, etc. y corren presurosos para alcanzar aquello que sueñan, sin importar lo que pueden perder en el trayecto a su objetivo.

Cuando la desesperación toma el control puede causar grandes e irremediables daños a uno mismo y a las personas que uno ama; Dios conoce cada anhelo y sueño que sus hijos tienen y como buen Padre desea complacerlos y darles mucho más de lo que imaginan, pero es necesario esperar para ver su obra.

¡Si la confianza está en Dios, no existe lo inmediato, sino el momento justo!

La paciencia es necesaria si realmente uno desea tener una vida plena; todos tenemos anhelos, metas y sueños que necesitan tiempo, algunos más de lo que planeamos, pero esperar es muestra de confianza en Dios.

Él promete recompensar tu paciencia “(…) Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” 1 Corintios 2:9 (NTV)

El período de espera es un tiempo de preparación para recibir lo que anhelas, no procures lo inmediato, camina en el tiempo de Dios y da pasos según su ritmo.

¡Esperar traerá su recompensa!

Por Judith Quisbert

 

 

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¿Este versículo bíblico se aplica para ti?

Muchos versículos bíblicos nos ofrecen consuelo, ánimo y esperanza cuando estamos pasando por momentos difíciles. Probablemente uno de los más famosos se encuentre en Filipenses 4:13 (RVR1960): “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Este texto ha sido ampliamente utilizado para infundir fortaleza en tiempos de dolor; sin embargo, en algún punto se ha perdido el verdadero significado de sus palabras.

De acuerdo a lo que se puede analizar de la Biblia, Pablo estaba bajo arresto en el tiempo que escribió la carta a los filipenses. Aunque él admite no estar viviendo en escasez (Filipenses 4:11-12), los expertos historiadores afirman que las condiciones carcelarias en Roma en aquel tiempo eran precarias. Los castigos físicos eran una práctica común dentro del régimen penitenciario y los derechos de los reos era casi inexistente. Es en este ambiente en el cual Pablo escribe una carta “a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (1:1).

En la primera parte de su carta, Pablo no se queja de su situación, sino más bien habla de ellas como si fueran una bendición (1:12-14). En los textos siguientes, él presenta un informe sobre su estado y la de sus compañeros Epafrodito y Timoteo (2:19-29); y en los capítulos que siguen, expresa palabras de ánimo y exhortación a los filipenses. A partir del versículo 10 del capítulo 4, Pablo agradece las atenciones y regalos de los filipenses. Es allí donde afirma: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Lo que Pablo reconoce durante toda su carta, es que sus proezas y las fuerzas que tiene para enfrentar las cosas no vienen de sí mismo sino de Dios. En ningún momento Pablo pide que ser librado de estas situaciones; de hecho, él asegura que los problemas de este mundo son insignificantes comparados con la alegría que representa conocer a Jesús cara a cara (3:7-11). Es así como tiene la seguridad de decir: “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones” (TLA).

Como hijos de Dios debemos concentrarnos más en las cosas que tienen valor eterno que en las situaciones pasajeras de la vida. Jesús no es un talismán de buena suerte, ni una máquina expendedora de la cual podemos obtener lo que queremos al depositar una moneda. En lugar de verlo como una ayuda extra, aprendamos a verlo como la fuente de nuestras fuerzas. Por nosotros mismos no podemos hacer nada. Somos insignificantes comparados a la gloria de Dios, pero si empezamos a depender y a vivir en Él, estaremos cumpliendo el propósito por el cual fuimos creados.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡El tiempo de Dios es perfecto!

“Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.” Eclesiastés 3:11 (NVI).

Todo lo que Dios permite en tu vida, aun la tristeza tiene un propósito. En momentos cuando nos encontramos en situaciones muy tensas, hasta llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, pero en realidad, Él ha fijado el momento exacto para que tales acontecimientos ocurran con un propósito mayor al que nosotros podamos imaginar. Aunque no lo entiendas solo confía en Dios, porque Él te conoce mejor de lo que tú mismo te conoces.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Se rompió algo en tu vida?

Se cuenta que una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su carro comenzó a detenerse hasta quedar estático.

El hombre bajó, revisó el auto, trató de averiguar qué era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto, pues hacía muchos años que lo conducía. Sin embargo, después de mucho tiempo se dio cuenta de que no hallaba la falla del motor.

En ese momento apareció otro automóvil, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer carro le dijo: “Mira, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú, sin ser el dueño, puedas o sepas hacer algo”.

El otro hombre insistió con una sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo: “Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto”.

El segundo hombre se puso manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar.

El dueño del carro quedó atónito y preguntó: “¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es MI auto?”

El segundo hombre contestó: “Verás, mi nombre es Felix Wankel. Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto”.

Muchas veces, al igual que el primer hombre, queremos solucionarlo todo por nuestra cuenta, creemos que porque es nuestra familia, nuestra casa, nuestra deuda, nuestro trabajo, nuestros hijos, nuestros corazones, etc. nosotros podremos reparar y solucionar todos los problemas que se presenten y olvidamos que es Dios quien nos creó, que fue Él  quien nos dio las bendiciones que tenemos y creemos que nosotros podemos hacer un mejor trabajo que Él.

Pero lo cierto es que por más que luchemos y nos esforcemos en solucionar un problema, nadie lo hará mejor que Dios, porque Él nos conoce mejor de lo que nosotros mismos podremos conocernos un día, nos ama infinitamente y sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros.

Permite que Dios pueda sanar tu corazón, restaurar tu familia, hacerte soñar de nuevo, entrégale la vida de tus hijos, tu matrimonio y permítele que repare todo lo que está dañado.

Recuerda que la misericordia de Dios es para siempre y que Él cumplirá su propósito en nuestras vidas y ¿cómo no lo haría si somos creación especial suya, hechos a Su Imagen y Semejanza?

“Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos”. Salmos 138:8 (RVR1960)

¿Se rompió algo? Nadie mejor que Dios, tu creador,  para ordenar tus caminos, sanar tu corazón herido, restaurar tu familia, cumplir tus sueños y darte aún mejores. Nunca olvides que Él lo sabe todo de ti, conoce cada detalle y tiene grandes planes para tu vida.

 

 

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El tiempo que no volverá

John Randolph dijo: “El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos”

Hoy al despertar varios de nosotros hemos tenido la necesidad de mirarnos en un espejo y muchos nos dimos cuenta que el rostro y el color de cabello son la clara señal de que los años han pasado, pero lo que realmente debiera importarnos es cómo y en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo.

Si le diéramos la importancia que se debe al “tiempo” podríamos invertirlo y no malgastarlo, ya sea en un vicio, en el rencor, en las peleas o haciendo maldad. No podemos vivir ligeramente sabiendo que la hora, los minutos y segundos que pasan jamás volverán.

El apóstol Pablo, conocía el valor incalculable del tiempo, por eso nos dice “(…) aprovechen bien el tiempo” Colosenses 4:5 (DHH), porque sabía que el enemigo es astuto y utilizará distracciones para hacer que perdamos aquello que nunca recuperaremos (tiempo).

Hoy varias personas se encuentran sentadas viendo cómo su vida pasa porque se detuvieron a lamentar su pasado, otras se encuentran tratando de sobrevivir lo que viven en el instante o peor aún algunos se quedan quietos por temor al futuro.

No permitas que los temores del pasado, los problemas del presente y el miedo a lo que vendrá te detengan y te hagan perder tu tiempo, toma la mano de Dios y confía en su provisión, protección y ayuda.

Si eres joven y estás comenzando a dar pasos para alcanzar lo que anhelas, recuerda que tu mirada debe estar en Dios y lo demás vendrá por añadidura. Esto no significa que no te debes esforzar y trabajar para alcanzar logros; tu juventud es el mejor tiempo para dar lo mejor de ti en el servicio, en tus estudios y en tu familia.

1 Timoteo 4:12 dice: “Evita que te desprecien por ser joven; más bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor, fe y pureza de vida” (DHH)

Si ya los años han pasado y quizás no tienes lo que un día soñaste ¡Tranquilo! disfruta el presente y lo que tienes, pero haz planes para mejorar tu futuro, trabaja en tu relación con Dios y sirve junto a tu familia.

En realidad no importa en qué parte del camino te encuentras, lo importante es que inviertas el tiempo que tienes en lo que de verdad tiene valor. Recuerda que el tiempo que pasa no volverá, hoy podemos estar aquí y mañana no.

¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma” Santiago 4:14 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Esta palabra

Varias veces he sido interpelado por amigos y amigas acerca de mi renuencia a hablar el lenguaje que predomina en espacios como éste. Extrañan la referencia a las citas del canon, los entusiasmos de la fe, las experiencias espirituales que deben, según esta óptica, ser el asunto preferente, el tema único sobre el cual elaborar párrafos y sentencias.

Me apresuro a decir que recibo aquellas intimaciones con respeto y aprecio porque provienen del cariño y no de una crítica gratuita. Temen que se haya diluido alguna pureza, que haya perdido alguna señal distintiva en mi vida. Sobre este punto en particular sólo es posible entrar en un diálogo profundo persona a persona; sería inapropiado elaborar aquí argumentos sobre mi condición “interior”.

De sobra conocen las amables personas que leen este blog mi recomendación al público general que busca aquellos escritos: hay cientos, miles de sitios donde pueden encontrar lo que necesitan para vivir, de muy buena calidad. Harán un uso mucho más efectivo y provechoso de su tiempo acudiendo a aquellas fuentes.

Hay sangre en las esquinas y en ocultas fosas en las montañas; hay hambre veterana en las villas y campamentos de miseria; hay materia corrompida en las asambleas de dirigentes, magistrados y legisladores; hay trabajo esclavo, hay trata de personas, hay negocios transnacionales que destripan y destrozan el planeta dejando tras de sí muerte, silencio institucional y miseria. En la intimidad hay tedio, desasosiego, cansancio, miedo, violencia reprimida y a veces no. Hay una tan profunda destrucción en el tejido y la trama de la vida social que es imposible resolverla con palabras y canciones. Tengo la extraña sospecha que a Alguien muy importante estas cosas le preocupan sobremanera y estaría bastante bien servido si sus seguidores atendieran personalmente estos asuntos.

El oficio – a veces arte – que pongo en práctica, sin obsesiones mesiánicas ni llamado alguno, es convocar aquellas materias de diversas maneras: a través de un relato ficticio, una prosa poética, una experiencia personal, una crónica breve, un ensayo minúsculo. Me siento, simplemente, compelido a describir, a traer a esta tribuna cuestiones que son la realidad de toda la gente y dejarlas allí. Si muerden, si alteran, si molestan, si acarician, si inspiran, si no producen ningún efecto, ya está servido el propósito para el que generosamente fui invitado a este espacio.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

¿Acero o chatarra?

A un herrero que había entregado su vida a Jesús le gustaba hablar de su fe y cierto día uno de sus amigos le dijo: “Explícame por qué tu Dios, quien dices es todo amor, ha permitido que pases por tantas pruebas”.

Tomando un trozo de hierro le respondió: “Para que este trozo de hierro sea útil es necesario que lo pase por fuego para luego martillarlo, si resiste vuelvo a hacer lo mismo muchas veces pero si no resiste entonces es chatarra”

Cada vez que vivimos tiempos difíciles o dolorosos en las distintas áreas de nuestra vida pensamos que estamos siendo castigados o que simplemente hemos sido olvidados por Dios.

Quizás alguna vez escuchaste o te hiciste estás preguntas:

Si mi relación con Dios es buena, ¿por qué tengo problemas?

Si cumplo con mi diezmo y ofrenda, ¿por qué me pasan estás cosas?

Si le sirvo a Dios, ¿por qué tengo que pasar por todo esto?

Y así podríamos seguir mencionando las preguntas que uno se hace cuando está pasando por la prueba.

El apóstol Pedro señala una gran verdad que pocos estamos dispuestos a aceptar y comprender, Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo” 1 Pedro 1:7 (NTV).

En el tiempo de prueba es cuando debes demostrar de qué está hecha tu fe, aleja toda de idea equivocada sobre el castigo o el olvido de Dios, esa es una mentira del enemigo para debilitarte y vencerte.

Cuán difícil es mantener el gozo cuando hay muchos motivos para llorar y que complicado es permanecer de pie cuando todo está cayendo a tu alrededor, pero es justamente en esos momentos en los que tu fe debe ser de acero, a prueba del fuego y de los golpes de la vida.

Dios no quiere destruirte con la prueba, pero desea hacerte fuerte y a diferencia del herrero que desecha el hierro que no soporta el fuego y los martillazos, Él no te desecha sino que sigue trabajando en tu vida porque quiere sacar lo mejor de ti.

Es una realidad inevitable que seguiremos pasando pruebas a lo largo de nuestra vida, pero debemos tener presente que Dios ha prometido caminar con nosotros para enseñarnos que todo es parte de un plan maravilloso.

“Cuando pases por aguas profundas,  yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad,  no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán” Isaías 43:2 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
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¿Por qué me siento triste?

¿Te ha pasado que una que otra vez sientes un desánimo que no sabes de donde viene? Todo te está saliendo bien y sin embargo no logras sentirte satisfecha, no logras quitarte esa especie de nube oscura que sientes sobre ti.

Hay muchas causas que te pueden hacer sentir así. Siempre se trata de un déficit o falta de algo. A veces puede ser incluso deshidratación.

El trastorno también puede ser causado por las hormonas, o puede ser por un exceso de calcio. Si consumes muchos lácteos, te sobreviene una hipocalcemia, y entre tantos otros factores que afecta, te puede poner triste o irritable. Otro de los síntomas de éste déficit son calambres en las extremidades.

El cuerpo debe estar siempre con un balance entre el calcio y el magnesio para que esto no ocurra.

Cuando no conseguimos la razón de nuestra desazón, de nuestra falta de alegría, y si no es por largos períodos, puede ser este único factor.

Analiza si has comido un exceso de lácteos o si has ingerido grandes cantidades de comidas ricas en magnesio, como almendras, salvado de trigo, semillas de calabaza, nueces de Brasil o semillas de girasol.

Y mucho más allá… cuando no has tenido un encuentro con Jesús, si no dedicas un tiempo a diario con Él y por ende no llegas a saber, a descubrir tu propósito en la vida, eso te puede hacer sentir así, vacía. Pero Él está ahí a tu lado. Sólo tienes que hablarle y pedirle que entre en tu corazón.

Déjame saber qué te pareció el blog o si deseas conocer más acerca de Jesús y tu propósito.

Dios te bendiga.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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