reflexion Archives | CVCLAVOZ

All posts in “reflexion”

10 preguntas que debes hacerte todos los días

Los niños tienen la habilidad de maravillarse de todo. Cuando son pequeños, todo es nuevo y fascinante para ellos. Sin embargo, cuando comienzan a crecer, se acostumbran a lo que se encuentra a su alrededor y ya no se asombran con facilidad. Si antes les parecía extraordinario la manera en que funcionan las cosas, una vez que aprenden cómo se realiza, ya no tienen más admiración por ellas.

De adultos, estamos tan acostumbrados a despertar y seguir viviendo, que olvidamos que el simple hecho de abrir los ojos cada mañana es un milagro. Al entender esto, debemos aprender a ser más considerados y agradecidos con cada nuevo día. De esta manera, podremos vivir de manera diferente y productiva. Estas son algunas preguntas que ayudan a reflexionar sobre la vida y a darse cuenta de lo que realmente importa:

  1. ¿Qué aprendí de ayer?
  2. ¿Qué puedo cambiar hoy?
  3. ¿En qué pienso invertir mi tiempo libre?
  4. ¿Cómo puedo mejorar mis relaciones interpersonales?
  5. ¿Las decisiones de hoy tendrán repercusión a largo plazo?
  6. ¿Estoy orgulloso de los planes que tengo para hoy?
  7. ¿Tengo algún problema con alguien que deba solucionar?
  8. ¿Qué puedo hacer para ayudar a otros?
  9. ¿De qué manera quiero recordar este día?
  10. ¿Qué mal hábito debo cambiar hoy?

Tampoco debemos dejar de lado la oración, el ejercicio y la lectura de la Biblia. Ésos son los tres ingredientes para comenzar el día de la mejor manera posible.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Pensar o no pensar

Creo que la reflexión filosófica no debe alejarse de la coyuntura política de este tiempo. Por eso también creo que… tiene que intentar dar un paso adelante sobre el mero análisis para convocarnos en la irritación, en la incomodidad, en la necesidad de exigirnos pensar. Porque si la filosofía no incomoda, no es filosofía, dice Emmanuel Taub, doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires), filósofo, poeta y editor en una entrevista del domingo en un matutino nacional.
Como el Quijote, ya medio loco por tanta lectura de libros de caballería, quisiera ponerle mi firma a esta declaración como si yo la hubiera escrito. Trayéndola a nuestros círculos evangélicos diría que si la reflexión entre los cristianos no incomoda, no irrita, no obliga a pensar no es reflexión para nada. Hay demasiada complacencia y superficialidad en el tipo de cuestiones y preguntas que se plantean en los medios evangélicos.
Debo haberles hablado aquí de aquel profeta antiguo que nos cuenta cómo la gente le pedía que les dijera cosas livianas, halagüeñas, agradables. No querían que les hicieran pensar sobre el deterioro político, humano y religioso de Israel y mucho menos que les hicieran acuerdo de sus pecados – nacionales y personales.
En otro pasaje del reportaje mencionado se lee, …(I)nvitar a un cambio de perspectiva o a una forma distinta de ver el mismo problema. En palabras de Slavoj Zizek, ayudar a corregir las preguntas más que dar respuestas. Desafiar a la complacencia y reformular las preguntas son dos cosas que hemos planteado aquí – en una suerte de voz en el desierto, claro está. Nuestra audiencia considera que la reflexión y el serio cuestionamiento de los asuntos revela que uno no ha sido bautizado por el Espíritu Santo. Nunca he podido comprender por qué los evangélicos creen que el don del Espíritu Santo es sinónimo de no pensar; y que pensar es contristarlo!
Pensar la Biblia, pensar la iglesia, pensar la vida, pensar el país, pensar el mundo para que el resultado de ese pensamiento – potenciado por el Espíritu Santo – nos mueva a ser testigos vivientes y comprometidos de Cristo en la realidad pública; porque pensar por pensar es, para citar de nuevo al mismo profeta, embarazarse y llegado el tiempo tener dolores de parto y dar a luz viento! En otras palabras, un esfuerzo y un gasto inútil de recursos.

Eso, en este espacio, no lo tratamos.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Meditación

Tengo un amigo que escribe unos Devocionales en pijamas. El devocional es una de las variadas formas que la gente cristiana tiene para acercarse al texto bíblico. Se toma un pasaje de las Escrituras y se le da un breve tratamiento, que usualmente tiene que ver con la consagración, la fe, el amor, la fidelidad, la paciencia o las relaciones humanas.
Quise hacer algo parecido hace algún tiempo. El concepto de pijamas lo veía relacionado con la intimidad del hogar, un espacio privado a saludable distancia de la cotidianidad del trabajo, la ciudad, el mundo exterior. Así que los quise titular Devocionales en overol, con el fin de instalar la idea de una Palabra militante, en interacción en la política, la economía, la cultura, los problemas sociales y otras cosas públicas. Envié uno o dos y me di cuenta que no iba a tener el tiempo para hacer algo así, pensando en los tres artículos que publicamos aquí cada semana en medio de mis otros asuntos de vida personal y trabajo. Así que me propuse otra cosa: incluir en esta columna uno de esos devocionales, quizá cada semana.
Es un hecho sabido que mi lectura de la Biblia me lleva casi siempre por derroteros distintos a los que la mayoría de los cristianos transitan cuando consideran su mensaje. Eso se debe yo creo a que los creyentes son instados a entender la Biblia de la manera en que se la explican los mediadores (maestros, predicadores), por lo que las interpretaciones se ven reducidas al material que han producido los que piensan la Palabra.
Entonces llamé a estas breves entregas Meditaciones inconvenientes. Lo de “inconveniente” se explica porque su lectura provoca casi siempre reacciones contrarias lo cual me pone, supongo, en entredicho con las personas acostumbradas a una lectura predecible del texto. Y a veces la reflexión que uno hace fuera de los márgenes lo pone en una situación incómoda. Inconveniente.
Finalmente he resuelto llamarlas Meditaciones impertinentes porque a pesar de leer los mismos episodios y pasajes que leen todos, siempre hallo una mirada inesperada, un punto invisible, o quizá una conclusión que no se acomoda con la de los señores de la Palabra.
Van a salir a lo menos una vez por semana y voy a usar el modo de las series de TV: Meditaciones impertinentes – Temporada 1 – Episodio 3 (que ya apareció en este blog el lunes pasado).

Palabra fácil

Esta mañana, viniendo al trabajo, leí un grafitti, un rayado en el muro de una panadería: “No hay revolución sin evolución de conciencias”. Esas frases se encuentran todos los días en Twitter, Facebook, Instagram y otros muros inefables que nos ha ofrecido desde hace tiempo la internet. Son parte de esa cultura pop que ha usurpado el espacio del pensamiento, la reflexión y el rigor conceptual y ha instalado un nutrido rosario de frases hechas de a peso la docena que han sido sacadas de algún libro o de una recopilación de frases famosas, o bien efectivamente han sido escritas por un febril activista de masas en una mesa de café a las tres de la mañana.
Son fragmentos del discurso emotivo y visceral que mueve a la masa, que le ahorra el trabajo de pensar y la prepara para obedecer ciegamente a los dictados del agitador o demagogo de turno. Esas frases del tipo el pueblo al poder, avanzar sin transar, somos más y vamos a ganar, son capaces de generar un desorden o un estallido que cambiará el curso de la historia, en la mayoría de los casos para mal y unas pocas veces para bien.
No deja de sorprendernos, aunque el cuero se va acostumbrando a todo, cómo el lenguaje se va reduciendo cada vez más, la palabra se va transformando en emoticones y términos abreviados que nos remiten al lenguaje gutural de los bebés o de las primitivas comunidades cavernícolas.
No se trata solamente del deseo obsesivo de esquivar el tiempo y el espacio y mucho más el trabajo de la lectura y la reflexión, porque hay muchas otras manifestaciones de la cultura que van por el mismo derrotero. Lo más angustiante de todo esto es que uno se da cuenta (y la mayoría de la gente no) que esa reducción acelerada y la progresiva destrucción del hábito de pensar críticamente da como resultado una masa manipulable, un agregado de seres humanos a los que se puede convencer con un tuit, un meme, una frase ardiente en un discurso político o en una predicación emocionada.
Posiblemente la revolución sí requiera de conciencias más evolucionadas. Entonces la tragedia de este grafitti no es únicamente su brevedad; lo es también la imposibilidad de que haya conciencias evolucionadas porque la palabra y la imagen se van reduciendo hasta el punto en que desaparece el ser y predomina el mero sentir.

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación. Que resume la vida en esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que enjuicia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica.
En fin, tanta gente…

¿Eres orgulloso?

Hay mucha diferencia entre la clase de orgullo que Dios odia (Proverbios 8:13) y la clase de orgullo que podemos sentir por un trabajo bien hecho.

El orgullo con el que nos vanagloriamos y nos jactamos de lo que hemos logrado es pecado y Dios lo odia porque se convierte en obstáculo para nuestra búsqueda de Él.

Cuando las personas solo se preocupan por sí mismos y piensan al tomar decisiones solo en sí mismos; cuando no consultan con Dios y tampoco con su pareja o en otros casos con sus superiores en el cargo o puesto de trabajo, están cayendo en la clase de orgullo que Dios detesta. Ese tipo de orgullo es lo opuesto al espíritu de humildad que Dios busca. Los orgullosos llegan a pensar que no necesitan de Dios o que Dios los debe aceptar tal como son, porque ellos se lo merecen.

Hemos visto en las escrituras las consecuencias del orgullo. Precisamente por orgulloso, Satanás fue echado del cielo. Lo vimos en la historia de Nabucodonosor en Daniel 4. Si no lo has leído, es una historia fascinante con extraordinaria lección.

El orgullo ha impedido que muchos acepten a Jesús como su Salvador, y tienen el concepto de que la historia de Jesús fue creada por los seres humanos para controlar. Muchos piensan que el poder está en ellos. Es como toda esa nueva ola de personas que dicen que el poder está en ti, que “lo declaras y lo reclamas”. Son todas guías hacia el orgullo, pues dan a ver como que tenemos el poder de Dios en nosotros. Son conceptos errados.

Tenemos un Dios maravilloso que nos ama y si es cierto que muchas veces nos consiente, pero no debemos creer que nos merecemos lo que nos da. La humildad es una de las cualidades que Dios más ama. Pídele a Dios que te revise y te deje ver si tienes algo en ti que haya que cambiar. ¡Es bueno hacerlo a diario!

¿Corazón partido?


Solo con mirar a nuestro alrededor podemos darnos cuenta de que mucha de la gente que nos rodea tiene el corazón roto.

“SE QUE HAS SUFRIDO AMARGAMENTE EL DOLOR Y EL Desengaño, AMASTE A ALGUIEN Y LUEGO TE DEJO. DESILUSIONES Y MENTIRAS, HAN MARCADO TU VIDA. YO IGUAL QUE TU HE LLORADO Y NO ME HE RENDIDO.”

Así comienza la canción que sonaba una y otra vez en mi cabeza. Decidiendo ser escucha, en los últimos días pude ser el hombro de muchos de mis amigos pasando por situaciones difíciles.

Desilusiones amorosas, desengaños, problemas familiares, sentimientos de culpa, dolor, rencores y abandono, son moneda corriente en la sociedad actual. Pareciera que solo eres tu el que pasa por una situación difícil sin embargo si prestas atención a tu alrededor descubrirás que no es así.

Ayer una persona muy importante en mi vida, se enteró de una noticia de un miembro de su familia, que le cambiaría su vida. Entre lágrimas y abrazos, nos pusimos a orar, siendo lo único que se puede hacer en los momentos difíciles, cuando te sientes impotente.

Jesús dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Mateo 11:28

“Estar cansando” no es sólo una condición física. ¿No es cierto que nos cansamos más de intentar seguir luchando en un mundo en el que pareciera que nadie nos entiende? ¿Tener el corazón roto una y otra vez? O ¿Seguir viviendo situaciones donde nadamos contra la corriente constantemente? ¿Tener que recibir noticias malas injustamente? Preguntarnos una y otra vez ¿“Por qué a mi?”

“SINO, QUE ESTOY DE PIE, POR MÁS FUERTES QUE FUERON LOS VIENTOS, VINIERON AGUAS TURBULENTAS Y ME GOLPEARON FUERTE CONTRA LA PARED, PERO ESTOY DE PIE. POR DIFÍCIL QUE FUE EL CAMINO, ES MAS GRANDE EN DIOS MI DESTINO , ESTOY DE PIE PORQUE CONFIE EN DIOS Y NO EN EL HOMBRE.

SE QUE HAS TENIDO MUCHAS LUCHAS Y HAS INTENTADO DEVOLVERTE, TENIENDO AÚN EN MANOS LO QUE DIOS TE PROMETIÓ, PORQUE NO INTENTAS LEVANTARTE, OLVIDANDO TU PASADO , YO IGUAL QUE TU HE LLORADO Y NO ME HE RENDIDO.

ESTOY DE PIE PORQUE CONFIÉ EN DIOS Y NO EN EL HOMBRE.”

Una sonrisa se dibujó en mi rostro al escuchar el final de la canción. Dios siempre envía algo que te haga saber que El esta allí teniendo cuidado de ti. ¿Has llorado? ¿Has querido abandonar? ¿Te has sentido que las aguas estaban a punto de voltearte?

Hoy quiero decirte a ti también, como le dije a mi amigo, que no solamente no estas solo, sino que también Dios te extiende una mano hoy.
El sabe lo que estas pasando, y para eso te dice:

“Como una madre consuela a su hijo, así te consolaré”  Isa. 66:13

Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás. Salmo 50:15

Amigo, ¡sonríe que ya tienes la victoria!

Obra en construcción

Sabes que todos los cambios que hacemos en nuestra vida son producto de un proceso.

Actualmente con la tecnología “instantánea”, todo lo queremos ¡ ya! ¿Verdad? Cuando una página de Internet tarda en cargar, entonces nos desesperamos y pensamos que algo anda mal. Y así con todo. Antes esperaban días, y a veces hasta meses para poder leer una carta que tanto esperaban recibir. Ahora, con un simple clic estamos en otras ciudades, otros países.

Pero cuando hablamos de cambios personales, tenemos que tener en cuenta que no se encuentran al alcance de un clic , y que quizá tengas que ser más paciente contigo mismo.

Hablo por experiencia, ya que cuando busco hacer un cambio personal espero que sea rápido, y cuando no lo logro muchas veces me frustro.

Sea cual sea el cambio que quieres hacer hoy, te felicito. ¡TE FELICITO! El primer paso es poder reconocerlo, y buscar trabajarlo.

Lo segundo seria que pongas en practica ese cambio, un día a la vez.

Hay un versículo que habla de algo así:

“No se mientan unos a otros, porque ustedes ya se han quitado la vieja naturaleza pecaminosa y todos sus actos perversos. Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a él.” ( Colosenses 3: 9-10)

A medida que conozcas más a tu creador y pases más tiempo con Él, seguro que se te irá pegando su manera de ser hermosa.

¡Tómate el tiempo que necesitas, y siempre sigue firme hacia tu meta!  Tu vida sigue siendo una “obra en construcción”.

¿Preocupado o distraído?

¿Estás distraído últimamente? ¿Un poco preocupado por algunas cosas?

Ansiedad, incertidumbre y mal humor, parecen moneda corriente en estos tiempos. Puede ser porque quizá hacemos demasiadas cosas a la vez y esperamos que todas estén bien hechas. También influye que no sepamos que sucederá en el futuro.

Pero hubo alguien que una vez dijo algo muy cierto:

“Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy”. 

Su nombre es Jesús.

Cada vez que leo estas palabras me obligan a hacer un alto y soltar todas mis cargas y preocupaciones, para que Él se encargue de lo que viene mañana.

Si tu crees que Dios está ahí, también creele que se hará cargo de tu futuro.

Ponlo en practica hoy. ¡Escríbeme y cuéntame que cosas estás dejando en las manos de Dios! (Puedes comentar aquí abajo.)

¡Que tengas un excelente resto de semana!

Send this to a friend