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3 consecuencias del pecado

Pecar es muy fácil, tal vez sea por ese motivo que minimizamos las consecuencias que tiene, y sólo nos damos cuenta de ellas cuando llega el tiempo de enfrentarlas. C. S. Lewis escribió “Tenemos una extraña ilusión de que el mero tiempo cancela el pecado. Pero el mero tiempo no hace nada ni al hecho ni a la culpabilidad de un pecado.” En la Biblia encontramos que el único que puede perdonar y olvidar nuestros pecados es Dios; sin embargo, esto no nos hace exentos de sufrir las consecuencias.

En Génesis 3 se relata la historia de cómo Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén debido a su pecado. A partir de ese entonces, todos sus descendientes (nosotros), fuimos privados de gozar de muchos privilegios. De esa misma historia podemos aprender que el pecado tiene los siguientes efectos:

1. Te aleja de Dios:

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron de Dios. Esto demuestra que después de pecar, quien se aleja es el hombre y no Dios. Romanos 3:23 (TLA) dice: “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Dios no puede habitar en donde hay pecado. Además, cuando uno está en falta y ama lo malo del mundo, se vuelve enemigo de Dios (Santiago 4:4).

2. Te destruye:

El pecado afecta a la persona mucho más de lo que puede creer. El pecado trajo miedo y vergüenza a Adán y Eva; y eran sentimientos que ellos nunca antes habían experimentado. Usualmente cuando se comete un pecado procura esconderlo y mantenerlo en reserva; sin embargo, se ha comprobado que el guardar secretos es dañino para la salud y paz mental. Los pecados generan sentimientos negativos y destructivos para la persona; los cuales pueden llegar a ser difíciles de reparar.

3. Arruina tu relación con los demás:

Adán culpó a Eva, y ella a la serpiente. El pecado arruina la relación que tenemos con otros, no solo porque a veces preferimos culpar a otros; sino también porque la misma acción daña a los demás. Por ejemplo, las familias sufren por la infidelidad de uno de los cónyuges, un grupo se ve divide por un chisme o una mentira, el crimen de alguien afecta a la comunidad, etc.

¿Qué podemos hacer?

El pecado tiene una solución: Jesús. 1 Timoteo 2:5 dice que el único mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús; por lo tanto, si uno quiere ser perdonado de sus pecados debe acudir a Él y confesar todas sus faltas. 1 Juan 1:9 (NTV) dice: “pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” Dios es amor y quiere restaurar todas las consecuencias que trae el pecado. Para Él no hay nada imposible; sin embargo, no obliga a nadie a aceptar su amor. Dios te dice ahora Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.” (Apocalipsis 3:20, TLA)

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Ayudarás o mirarás?

“Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.” Mateo 4: 23.24 (NTV)

Es impresionante la actitud de todas estas personas que escucharon el mensaje de Jesús y vieron lo que Él hacía. No esperaron con los brazos cruzados a que llegara el milagro a sus seres queridos que necesitaban ayuda, al contrario, no tardaron en transmitirles lo que habían oído y los llevaron a Él.

No les importó la distancia que tenían que recorrer, ni el tiempo que tardarían en llegar a Jesús, simplemente la compasión y el amor que tenían por sus seres queridos los impulsó a emprender ese viaje. Ellos sabían que no era en vano llevarlos a Jesús, porque Él estaba sanando a todos los que se le acercaban.

¿Acaso tú no harías lo mismo si alguien de tu familia estuviera enfermo, sabiendo que Jesús es la única solución? ¿No le dirías que Jesús puede liberarlo si tan sólo se acerca a Él? ¿Serías tan egoísta que viendo su estado, pasarías de largo?

Tristemente muchas veces actuamos mal, vemos a nuestros familiares, amigos, personas en la calle con problemas, sin esperanzas, enfermos, adictos, etc. y no somos capaces de acercarlos a Jesús. Sabemos que  “Jesucristo nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre.” Hebreos 13:8. Y que sigue sanando, restaurando y dando vida a todo el que se le acerca, pero preferimos pasar de largo y los dejamos ahí con su problema.

Olvidamos que Jesús está en todas partes y que no es necesario recorrer largas distancias para que el enfermo o necesitado llegue a Jesús, sólo basta con compartirles del amor de Dios y de lo que puede hacer en sus vidas.

Pedro y Juan, estaban de camino al templo y en la puerta un hombre cojo y  necesitado les pidió dinero; entonces Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». Una vez que le dijo eso, Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-11)

Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda, si ves en tu familia, círculo de amigos o en el camino a alguien que necesita de Jesús, acércate, ofrécele tu apoyo y comparte el plan de salvación que Dios tiene para su vida.

Recuerda que nada de lo que haces para el Señor es en vano. (1 Corintios 15:58) y que todo lo que hagas por una persona, es como si  ayudaras a Jesús mismo. (Mateo 25:40)

Oremos:

Dios amado, te pido perdón por mi actitud equivocada frente a la necesidad de mi familia, amigos y personas en la calle. Perdóname por no compartirles de ti y de lo que puedes hacer en sus vidas. Por favor cambia y renueva mi corazón, lléname de tu amor que cuando vea la necesidad de las personas pueda correr y transmitirles tu palabra. Quiero ser como tú, siempre dispuesto a ayudar, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Protegido

Existen especies de animales que son capaces de remplazar partes de su cuerpo. El ejemplo más conocido es el de las estrellas de mar que cuando pierden alguna extremidad tardan pocos días en volver a regenerarla. Otro caso muy conocido es el de las colas de algunos reptiles que crecen después de haber sido cortadas.

También se cree que los caracoles terrestres pueden cambiar de concha, pero eso no es verdad. Estos animalitos son muy frágiles y no pueden sustituir por ningún motivo la cubierta que tienen, pero sí son capaces de regenerar cualquier rotura, brecha o imperfección que pueda presentarse ya que han sido dotados por el creador con los mecanismos necesarios para reponer o arreglar desperfectos que puedan sufrir por caídas, golpes fuertes o ataques inesperados.

Sin ese caparazón no podrían protegerse de las inclemencias del tiempo, la acción de los depredadores y serían incapaces de conservar la humedad que necesitan para subsistir. En otras palabras estarían destinados a morir.

La vida cristiana dentro del ámbito espiritual también es frágil y necesita protección.

1 Pedro 1:5 dice: “Por la fe que ustedes tienen en Dios, él los protege con su poder para que alcancen la salvación que tiene preparada, la cual dará a conocer en los tiempos últimos.” Versión Dios Habla Hoy

Nacer a una nueva vida en Cristo no nos hace inmunes a los ataques del diablo, pero no estamos solos porque la fe puesta en Dios se convierte en un escudo para que podamos llegar a la meta de la Salvación.

El Apóstol Pablo también habló de esto en Efesios 6:16: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.” Versión Reina-Valera 1960

La protección de Dios está con quienes tienen fe. Sin embargo, es posible decaer en algún momento de prueba, algo así como las roturas que sufre el caparazón de un caracol. Ese es quizás el momento más peligroso que puede tener cualquier cristiano porque su principal línea de defensa está debilitada ante los ataques de un enemigo que viene a robar, matar y destruir.

La respuesta este problema está en Romanos 10:17 que dice: “Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo.” Versión Dios Habla Hoy

¿Te sientes desprotegido? Una lectura corta de la Biblia, acompañada de una oración de gratitud, asistir frecuentemente a la iglesia y procurar una vida de obediencia a Dios, son algunos de los ingredientes más importantes para restaurar y fortalecer la fe.

 

 

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Busca lo eterno

“Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre” 2 Corintios 4:18  (NTV)

El afán de este mundo nos lleva a enfocar nuestra mirada en las riquezas materiales como un auto de lujo, una casa enorme, etc. quizás para este tiempo estas son las riquezas que el hombre debe anhelar y lograr; pero recuerda que la visión de los hijos de Dios va más allá de lo material y de lo visible, como creyentes debemos buscar tesoros eternos como la salvación, la identidad que tenemos en Dios, etc. Comienza a mirar y buscar aquello que permanecerá para siempre.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tus acciones eclipsan tus palabras?

En ocasiones decimos frases que luego no cumplimos, o que contradicen totalmente nuestras acciones. Podemos ser buenos oradores y decir las palabras justas en el tiempo adecuado, pero si no hacemos lo que decimos, no tienen valor alguno.

Como seguidores de Cristo debemos amar a todos sin excepción. En ocasiones, esto resulta difícil de lograr, especialmente cuando se trata de amar a quienes nos hacen daño, rechazan, u odian; sin embargo, nuestro deber es demostrar aquel amor que recibimos de parte de Dios. Es por ello que, tal vez, en nuestro intento por cumplir este mandato, intentamos amar por medio de nuestras palabras mas no por nuestras acciones.

De nada vale tener los mejores deseos si nuestros hechos eclipsan nuestras palabras. 1 Juan 3:18 (PDT) dice “Hijitos, nuestro amor no debe ser sólo de palabras, pues el verdadero amor se demuestra con hechos.” Por lo tanto, procuremos llevar un mensaje coherente a los demás y no practiquemos lo que dice Juan 13:34-35 (TLA): Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo.  Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.”

 

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Elegido

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”. Lucas 10:1 (RVR1960)

Jesús llamó a setenta hombres, los designó porque tenían cualidades diferentes al resto de las personas, y les dio autoridad sobre todo. En sus corazones ardía la pasión por las almas; lo que los hacía diferentes era su compromiso con la obra de Dios y no con el hombre. ¿Tienes cualidades que te hacen diferente?

Por Miguel Ángel Veizaga

 

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Versículos sobre el perdón de Dios

Si una persona infringe la ley, las autoridades tienen el derecho y el deber de otorgarle una sentencia de acuerdo a su falta. De la misma manera, como todos somos pecadores, merecemos pagar por nuestras culpas. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que envió a Jesús para pagar ese precio en nuestro lugar. Es así como podemos obtener perdón y salvación.

La Biblia está llena de pasajes que cuentan la misericordia y la gracia de Dios; y éstos son algunos textos que demuestran que el perdón de nuestro Creador es gratuito e incomparable:

2 Crónicas 7:14 (NTV)

“Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.”

Salmos 86:5 (NTV)

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!”

Joel 2:13 (TLA)

¡Arrepiéntanse y vuelvan a mí, pero háganlo de todo corazón, y no sólo de palabra! Yo soy tierno y bondadoso, y no me enojo fácilmente; yo los amo mucho y estoy dispuesto a perdonarlos”.

Daniel 9:9 (NTV)

“Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y perdonador, a pesar de habernos rebelado contra él.”

Miqueas 7:18-19 (TLA)

No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvidas nuestro pecado. Tan grande es tu amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. ¡Vuelve a compadecerte de nosotros, y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar!”

Hechos 3:19 (NTV)

“Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.”

2 Corintios 5:17 (DHH)

“Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.”

Efesios 1:7 (NTV)

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.”

Colosenses 1:13-14 (TLA)

Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos salvó y perdonó nuestros pecados.”

1 Juan 1:9 (TLA)

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ser o nada

Ser en el mundo.

Sólo para confrontar por enésima vez la manida frase aquella de que no somos del mundo. Está bien: no somos del mundo, pero tenemos la responsabilidad bíblica e histórica de ser en el mundo. Y así como El – el Señor Jesús – renunció el privilegio y el status de Hijo de Dios para encarnarse en la realidad de las criaturas humanas, así nos toca a nosotros. No sé de qué otro modo o en qué otro lenguaje se puede insistir en esto; o somos eso o no somos nada. No es posible haber recibido una salvación tan grande y darse el lujo de guardarla para sí y que el mundo se vaya a buena parte.
Hay quienes, con el mejor espíritu posible, nos dicen que hay que evangelizar más intensamente pero sin participar en la gestión social. Se agradece. Pero eso es insuficiente. Dos mil años de evangelización no han logrado que el mundo sea distinto de lo que es ahora. Así que convengamos en algo: sí hay que evangelizar. Pero me parece que hay que hacerlo de una manera diferente a como se ha estado haciendo hasta ahora porque de los 6.500 millones de personas que hay en el mundo, sólo 1.500 millones (siendo generoso en las cifras) “conocen” a Jesús en la manera que los cristianos entienden eso hoy. Y no solo eso: todo el sistema político, económico, social y cultural es controlado, promovido y financiado por personas que “no conocen” a Jesús. Algo no se está haciendo bien.
Hay por supuesto una batería de pasajes bíblicos, puntos de doctrina y tradiciones institucionales que justifican, tranquilizan y conforman a los seguidores de Jesús respecto de estas realidades: no hay nada más que hacer sino esperar.
Queda pendiente en nuestras conciencias la potente declaración de Martín Lutero: “Si confesamos con la voz más alta y la exposición más clara toda la verdad de Dios, excepto precisamente en ese pequeño punto en que el mundo y el enemigo están atacando en este momento, no estamos confesando a Cristo, no importa cuán fuerte queramos profesar nuestra cristiandad.”

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Título de honor

El 14 de junio de 1917, el rey Jorge V en Inglaterra estableció un título de honor dirigido a las personas que no pertenecen a la monarquía o a la familia real. Se trata de un reconocimiento especial para ciudadanos civiles o militares que hicieron algo significativo por su país, ya sea dentro del campo de la ciencia, el arte, la política, los deportes, la literatura, etc.

Este reconocimiento concede el título de “Sir” (abreviatura de señor en inglés) dentro de la realeza británica a quien lo reciba. Algunas de las personas que ganaron este reconocimiento son: el científico Isaac Newton, el actor y comediante Charles Chaplin, el cineasta Alfred Hitchcock, el político y escritor Winston Churchill, el entrenador de futbol Alex Ferguson entre otros.

Las personas que recibieron esta condecoración han escrito su nombre en los libros de la corte suprema de ese país, ganándose el reconocimiento de sus compatriotas por haber puesto el nombre de su nación en alto.

Pero esto no es nada nuevo. Desde hace mucho tiempo Dios quiso otorgarnos un título dentro de su reino.

1 Juan 3:1 dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.” Versión Reina-Valera 1960

A diferencia del reconocimiento Inglés, para ser nombrado “Hijos de Dios” y pertenecer a Su familia no tuvimos que hacer nada, Jesús hizo todo lo que se debía hacer en la Cruz del calvario dejándonos como única responsabilidad el decidir si queremos o no aceptar ese regalo.

Contrario a los títulos de este mundo que muchas veces son entregados para designar posiciones de superioridad en comparación al resto, el regalo que Dios nos da por su Gracia debe ser un recordatorio de la misericordia que tuvo con nuestras vidas: sin buscarlo Él fue quien nos encontró, nos salvó, nos restauró y aunque fallamos, aún nos sigue preparando para ver la Gloria de su Reino.

1 Pedro 2:9 dice: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Versión Reina-Valera 1960

No existe ningún otro título en el mundo que pueda causar un cambio tan profundo, completo, eterno y gratuito en la vida del hombre. Es definitivamente algo incomparable.

Cuidemos con honor y responsabilidad el regalo que nos fue dado.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por amor…

En una ocasión me encontraba en compañía de mi padre cuando se descargó la batería de la movilidad;  lamentablemente estuvimos detenidos bastante tiempo porque nadie quiso parar para ayudarnos, hasta que finalmente un señor se detuvo para proporcionarnos auxiliarnos, y cuando lo hizo, no tardo en cobrar por su ayuda.

Es interesante pensar que nadie quería hacer un favor y el único que se detuvo fue esperando recibir algo a cambio.

Generalmente uno “espera recibir algo” después de brindar un servicio o un favor, de lo contrario es probable que no se haga nada. Sin embargo, es interesante analizar ¿Qué haría Jesús? Él ayudaba por amor, por esto daba sin esperar, se encontraba en el momento de necesidad y no le importaba si recibía algo por su esfuerzo, sino que se preocupaba en apoyar al que lo necesitaba.

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” 1 Corintios 15:58 (RVR 1960)

A veces sucede lo mismo en el servicio a Dios, esperamos algo a cambio por parte de los líderes o pastores, como un aplauso, unas palabras como: “lo hiciste bien, eres el mejor”, y cuando no recibimos aquello, nos desanimamos y vacilamos; por esto, en este pasaje el Señor nos pide que sigamos adelante, firmes y constantes, porque el trabajo que realizamos para Dios no es en vano.

Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.” Hebreos 6:9-10 (RVR 1960)

Cuando sirves a Dios No esperes aplausos, tarima o que te tomen en cuenta, sírvele por amor. Dios sabe lo que haces, y Él no es injusto para olvidar el trabajo que realizas con amor; aunque el hombre no reconozca tu trabajo, hay un Dios que sí lo hace, que está viendo tu trabajo.

Te animo a servir al Señor con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, sin esperar nada a cambio de tus autoridades o de la persona a quien estás apoyando, sirve con un corazón humilde y seguro porque en su tiempo recibirás la recompensa y no de un hombre, sino de Dios.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un error que cometen los cristianos

En Mateo 25:14-30 se encuentra una parábola muy conocida donde Jesús hace una comparación entre el reino de los cielos y la actitud de un hombre y sus siervos. En la historia, antes de irse de viaje, un hombre le entregó cinco talentos a un siervo, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresó de su travesía, pidió que sus siervos le explicaran qué habían hecho con sus talentos. “El que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. El que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” (v. 17-18, RVR1960) El hombre estuvo complacido con la actitud de los dos primeros siervos, pero recriminó al que había escondido un talento (dinero).

Algunos pueden pensar que la actitud del hombre en la historia es un poco drástica; después de todo, el siervo que recibió un solo talento fue precavido y cuidadoso con lo que se le había encomendado. No obstante, en el versículo 24, el siervo afirma que conocía el carácter de su señor; pese a ello, él escogió no hacer la voluntad de su amo.

El error que cometen los cristianos:

Aquellas personas que ya tienen años en el cristianismo muchas veces caen en el error de hacer lo contrario a lo que Dios espera de ellos. Al igual que el siervo, estos cristianos tienen un conocimiento firme sobre Dios; sin embargo, no ponen en práctica los talentos que recibieron y prefieren pasar una vida pasiva y sin acción.

En la parábola, los dos siervos que generaron ganancias lo hicieron por medio de los negocios; por otra parte, cuando el amo reclama al tercer siervo, no le exige hacer lo mismo que los demás. En cambio, le sugiere otro método de ganancia igual de efectivo (v. 26-27). Asimismo, Dios no espera que todos desarrollemos nuestros talentos de la misma manera que otros. Lo que a Él le interesa es que no enterremos esos talentos y nos quedemos de brazos cruzados. No podemos hacer la voluntad de nuestro Padre si no estamos dispuestos a ejercer aquello que ya tenemos.

No seas como el siervo que desaprovechó lo que recibió de su señor. Usa tus talentos y da lo mejor para que Dios se muestre a través de todo lo que haces y, al final de todo, tendrás la dicha de ser parte del grupo de siervos fieles que gozan en la presencia del Creador.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

40 preguntas: Examina tu relación con Dios

El hecho de ser cristianos no nos hace perfectos ni libres de problemas. Al igual que cualquier otro ser humano, los cristianos pasamos por momentos buenos y malos. No obstante, lo que hace la diferencia entre alguien que tiene a Jesús como su salvador, del que no lo tiene, es que los cristianos podemos disfrutar de la esperanza y paz que sólo Dios puede dar.

Conocer a Dios de manera personal y darle el primer lugar en nuestra vida debe mostrarse en nuestro comportamiento, autoestima, carácter, relaciones con la familia, compañeros, amigos y demás personas. Lamentaciones 3:40 (NVI) dice: “Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor.” Cada cristiano debe estar en constante evaluación de su relación con Dios y con los demás, para que pueda corregir sus malas acciones y pedir perdón a Dios.

Éstas son algunas preguntas que te ayudarán a darte cuenta si realmente estás reflejando el carácter de Jesús y si es que Él es el Señor de tu vida:

  1. ¿Le he entregado a Dios todas las áreas de mi vida?
  2. ¿Quién ocupa el primer lugar en mis pensamientos?
  3. ¿Realmente Dios es el dios de mi vida?
  4. ¿En qué forma reflejo el mensaje de Dios?
  5. ¿Adoro a Dios en todo momento?
  6. ¿Busco a Dios solo cuando tengo problemas o está presente en cada momento de mi vida?
  7. ¿Alguna vez me he avergonzado de ser cristiano y/o he negado a Dios?
  8. ¿Hay algún pecado que me niego a dejar?
  9. ¿Pongo excusas para mis pecados?
  10. ¿Soy obediente a Dios, incluso cuando me es difícil?
  11. ¿Oro con sinceridad, humildad, y fe?
  12. ¿Leo la Biblia porque quiero aprender de Dios o por obligación?
  13. ¿Leo la Biblia con un corazón dispuesto?
  14. ¿Cuál es mi motivación para asistir a la iglesia?
  15. ¿Estoy conforme con mi apariencia física?
  16. ¿Soy alguien que critica y causa división o alguien que fomenta la unidad?
  17. ¿Pongo al chisme como una excusa para ayudar a otros?
  18. ¿Perdono a otros así como Dios lo hizo conmigo?
  19. ¿Guardo resentimiento o rencor hacia otros?
  20. ¿Las demás personas saben que soy cristiano?
  21. ¿Soy de ejemplo para otros?
  22. ¿Qué dicen otros de mí? ¿Tengo un buen testimonio?
  23. ¿Mi lenguaje refleja amor?
  24. ¿Me regocijo en mi trabajo, estudios, o en la labor que realizo?
  25. ¿Soy obediente y respetuoso con mis padres, tutores o alguna otra figura de autoridad?
  26. ¿De qué manera cuido mi pureza sexual?
  27. Cuando tengo problemas, ¿mi primer recurso es acudir a Dios o a los hombres?
  28. ¿Estoy acostumbrado a mentir? ¿Por qué me es tan difícil decir la verdad?
  29. ¿Soy compasivo y paciente con otros?
  30. ¿Le he entregado mi carácter a Dios?
  31. ¿Soy humilde?
  32. ¿Agradezco a Dios en todo momento?
  33. ¿Veo a los demás cristianos como a mis hermanos o como competencia?
  34. ¿Estoy predicando con mi ejemplo?
  35. ¿Doy un buen testimonio en mi familia?
  36. ¿En mi trabajo me conocen por mi carácter intachable?
  37. ¿Todo lo que hago es como para Dios?
  38. ¿Soy justo en mis acciones?
  39. Hasta este momento, ¿mi vida ha reflejado el carácter de Jesús?
  40. Si mi relación personal con Dios no ha sido la mejor ¿cuán dispuesto estoy de entregarle mi corazón, mente y pensamientos?

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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