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¡Una promesa de amor!

“Y sus discípulos le preguntaron: Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Ni él pecó, ni sus padres respondió Jesús, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” Juan 9:2-3 (NVI)

Cuando experimentamos el amor de Dios, nos damos cuenta que aún las cosas malas que nos han sucedido o las dificultades, pueden convertirse en una perfecta oportunidad para que veamos la gloria de Dios en nuestra vida. Es posible ser pleno, cuando le entregamos a nuestro Padre todo lo que nos está dañando o deteniendo. No dejes que pase un momento más sin poner toda circunstancia delante de Dios, decídete a ser libre y disfrutar de los planes que Él tiene para tu vida.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Sin esperanza en medio de la enfermedad?

Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Lucas 13:10-11 (RVR1960)

Dieciocho años tuvo que esperar esta mujer para ser libre de su enfermedad, probablemente ya resignada a vivir toda su vida de esa manera, pero “cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.” Lucas 13:12-13.

Es importante notar, ¿Dónde estaba la mujer encorvada para que Jesús la viera e hiciera  su obra de sanidad? En la sinagoga y en plena presencia de Jesús. ¿Qué significa eso? Que la verdadera libertad y victoria ante cualquier situación consiste en  estar en la presencia del Señor.

La palabra de Dios dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17 (DHH)

Para la mujer del relato, su condición o el dolor que sentía  nunca fueron un obstáculo para  acercase a Jesús, su amor por estar con el Señor era más importante que lamentarse por la situación que tenía. Ella decidió ir al encuentro con Jesús y recibió sanidad.

Si tienes problemas de salud, no dejes que eso te impida acércate a Dios, recuerda que el Señor nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre. ¡Es hora de buscarlo y recibir su sanidad!

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” Jeremías 33:6. (RVR1960) 

Dios desea que tengas vida y vida en abundancia (Juan 10:10). No olvides que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por amor a nosotros, llevó nuestros pecados y enfermedades en la Cruz del Calvario y  por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:4-5.)

Él sigue siendo el mismo y quiere restaurar tu vida. ¡Acércate a su presencia!

Oremos:

Padre nuestro que estás en los cielos, reconozco que sólo tú eres Dios y que para ti no hay nada imposible. Por eso hoy te pido que extiendas tu mano sanadora hacia tu hijo (a) que está delicado de salud; por favor quita el dolor o cualquier enfermedad de su cuerpo. Tengo fe que tú, Dios, tienes el poder para sanar y restaurar vidas. Confío que tu obra de sanidad está hecha. Gracias por tu amor y por tu misericordia. Que sea haga tu voluntad, en el nombre de Jesús, amen.

 

 

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La fuente del milagro

“«¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su dificultad, y él los salvó de su aflicción. Envió su palabra y los sanó; los arrebató de las puertas de la muerte” Salmos 107: 19-20 (NVI)

¿A quién acudes cuando tienes problemas o cuando estás enfermo? Muchos depositan toda su confianza en una persona o en la medicina, olvidan que Dios es insuperable y que puede hacer un milagro en medio de los tiempos difíciles y dolorosos. Recuerda que Dios es la fuente del milagro y cuando lo recibas, no olvides darle a Él toda la gloria.

Por Judith Quisbert

 

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¿Ayudarás o mirarás?

“Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.” Mateo 4: 23.24 (NTV)

Es impresionante la actitud de todas estas personas que escucharon el mensaje de Jesús y vieron lo que Él hacía. No esperaron con los brazos cruzados a que llegara el milagro a sus seres queridos que necesitaban ayuda, al contrario, no tardaron en transmitirles lo que habían oído y los llevaron a Él.

No les importó la distancia que tenían que recorrer, ni el tiempo que tardarían en llegar a Jesús, simplemente la compasión y el amor que tenían por sus seres queridos los impulsó a emprender ese viaje. Ellos sabían que no era en vano llevarlos a Jesús, porque Él estaba sanando a todos los que se le acercaban.

¿Acaso tú no harías lo mismo si alguien de tu familia estuviera enfermo, sabiendo que Jesús es la única solución? ¿No le dirías que Jesús puede liberarlo si tan sólo se acerca a Él? ¿Serías tan egoísta que viendo su estado, pasarías de largo?

Tristemente muchas veces actuamos mal, vemos a nuestros familiares, amigos, personas en la calle con problemas, sin esperanzas, enfermos, adictos, etc. y no somos capaces de acercarlos a Jesús. Sabemos que  “Jesucristo nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre.” Hebreos 13:8. Y que sigue sanando, restaurando y dando vida a todo el que se le acerca, pero preferimos pasar de largo y los dejamos ahí con su problema.

Olvidamos que Jesús está en todas partes y que no es necesario recorrer largas distancias para que el enfermo o necesitado llegue a Jesús, sólo basta con compartirles del amor de Dios y de lo que puede hacer en sus vidas.

Pedro y Juan, estaban de camino al templo y en la puerta un hombre cojo y  necesitado les pidió dinero; entonces Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». Una vez que le dijo eso, Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-11)

Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda, si ves en tu familia, círculo de amigos o en el camino a alguien que necesita de Jesús, acércate, ofrécele tu apoyo y comparte el plan de salvación que Dios tiene para su vida.

Recuerda que nada de lo que haces para el Señor es en vano. (1 Corintios 15:58) y que todo lo que hagas por una persona, es como si  ayudaras a Jesús mismo. (Mateo 25:40)

Oremos:

Dios amado, te pido perdón por mi actitud equivocada frente a la necesidad de mi familia, amigos y personas en la calle. Perdóname por no compartirles de ti y de lo que puedes hacer en sus vidas. Por favor cambia y renueva mi corazón, lléname de tu amor que cuando vea la necesidad de las personas pueda correr y transmitirles tu palabra. Quiero ser como tú, siempre dispuesto a ayudar, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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¿Eres reflejo de Dios?

“Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio”. Marcos 1:40-42 (RVR1960)

Este hombre, cuyo nombre no aparece, estaba enfermo de lepra, una enfermedad incurable y muy contagiosa. La persona que llegaba a tenerla quedaba terriblemente marcada porque poco a poco iba perdiendo su aspecto humano.

Debido a que era una enfermedad contagiosa, quien la padecía era separado de su familia y de toda la sociedad. Por esta razón, habitualmente eran compañeros de los muertos y de los endemoniados en las tumbas.

Y al tratarse de una enfermedad incurable en esos días y cuyo fin era la muerte, se entendía que un leproso era un muerto en vida. Pero una de las cosas que me apasiona de este corto relato es la actitud de Jesús a la petición de un hombre sin esperanza: “si quieres puedes limpiarme”.

Contrariamente  a lo que habría hecho cualquier rabino o persona de su tiempo, Jesús no se alejó de él, sino que permitió este acercamiento, e incluso, cuando llegó el momento, también Él se acercó al leproso al punto de tocarle para sanarle: “Quiero, sé limpio”.

Jesús es un ejemplo de amor incondicional, nunca repudió al leproso por su condición y situación, al contrario, tuvo compasión y comprendió que no era fácil estar aislado de su familia y de la sociedad por esa cruel enfermedad que lo deformaba.

Más allá de ese hermoso milagro que Jesús hizo y de los muchos que están escritos en su Palabra, la actitud de Jesús con todos los que se acercaban a Él nos enseña que no debemos ignorar a las personas por su condición. Jesús recibió a todos los que decidieron acercarse y con seguridad lo seguirá haciendo, porque Dios no hace excepción de personas.

Muchas veces nosotros ignoramos a un desahuciado, un enfermo, a personas en situación de calle, religiosas, etc. y esa no debe ser nuestra actitud. La palabra de Dios nos manda a poner en práctica el amor:

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lucas 10:27.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Juan 13:34.

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8 (RVR1960)

Ese amor  debe llevarnos a cubrir multitud de faltas, darnos la valentía para llevar el evangelio a los necesitados sin importar su situación y condición. Si hasta hoy no hemos puesto en práctica el amor, es un buen día para empezar a hacerlo, comienza por tus seres queridos.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.  Efesios 2:10  (RVR1960)

Oremos:

“Señor amado, hoy aprendí que tu amor me llama a cuidar de aquellas personas a quienes el mundo rechaza, enfermos, pobres y marginados, por favor lléname de ti para amar a todos por igual y perdóname si hasta hoy he ignorado a alguien. Quiero ser un canal de tu amor, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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Mostremos y demos amor

“Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31-32 (DHH)

Muchas veces uno puede cargar con ciertas actitudes por causa de que fuimos lastimados o defraudados por los demás. Podemos  pensar que no dejaremos que nos hieran nuevamente y que no volverá a ocurrir. Sin darnos cuenta estamos cobrando factura a las personas de nuestro alrededor y a nosotros mismos por esas acciones del pasado. La palabra de Dios nos dice: “no dejemos que esas cosas nos impidan correr la meta” Dios desea que perdonemos el pasado y que actuemos con misericordia hacia nosotros mismos y las demás personas, aprendiendo a perdonar y perdonándonos, y junto a Él empezar la mejor historia de nuestras vidas. Es un buen momento para dejar el odio, la ira, el temor, pánico, baja autoestima, amargura y entregarlos a nuestro Padre; permitiendo que Él sane, haga latir nuevamente nuestro corazón.

Por Danitza Luna

 

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Agradecidos

Cuando Jesús se dirigía a Jerusalén, pasó por una aldea y allí diez hombres con lepra comenzaron a pedir su ayuda y fueron sanados, pero sólo una persona volvió para agradecer por el milagro que había recibido ¿Qué pasó con los otros nueve? (Lucas 17)

Esta historia nos muestra dos tipos de personas: los que saben agradecer y los que no lo saben hacer.

¿Qué es la gratitud? Es un sentimiento de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle.

Si hoy estás vivo, viste el amanecer y tuviste el privilegio de ver a los seres que amas ¡Ya tienes muchos motivos para agradecer!

1 Tesalonicenses 5:18 señala: Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús” (DHH), la palabra nos dice que debemos dar gracias por todo.

Quizás creas que no tienes una razón para agradecerle a Dios porque estás atravesando problemas físicos, espirituales, sentimentales, económicos, etc. resulta fácil agradecer por las cosas que recibimos y cuando estamos en tiempos de bendición pero ¿Podrías agradecer en medio de los problemas?

Reconocer el favor de Dios debe ir más allá de las circunstancias que atravesamos, el sólo hecho de amanecer con vida es un motivo enorme para dar gracias.

Demostrar agradecimiento en circunstancias dolorosas es una decisión personal, es la actitud que uno toma porque está totalmente seguro que No está solo y que Dios lo sostendrá. Agradecer también es una muestra de fe.

“Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre”
Salmos 100:4 (RVR 1960)

Por Judith Quisbert.

 

 

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Estoy enfermo, ¿por qué Dios no me sana?

“Estoy enfermo. Le he pedido a Dios me sane, pero aún así no veo respuesta ¿Por qué?”

Ante todo, debemos entender que las enfermedades tienen diversos orígenes. Algunas son hereditarias, otras se adquieren por contagio, otras se producen por el descuido y el exceso que la misma persona comete. Por ejemplo, si uno come algo que sabe que le hará daño, es lógico que después tenga algún malestar estomacal. Cuando uno entiende el origen de la enfermedad, se puede tener una mejor perspectiva de ella.

A nadie le gusta sufrir dolor ni malestar. Todos queremos tener salud completa para realizar nuestras actividades con normalidad y sin interrupciones. Es por eso que oramos y pedimos a Dios para que elimine la enfermedad de nuestras vidas y nos dé bienestar. Sin embargo, hay momentos en los que parece como si Dios no quiere ayudarnos.

En la Biblia hay diversos versículos que ofrecen paz y esperanza a los que buscan sanidad, y a veces nos aferramos a ellas y esperamos que se apliquen a nuestra vida. Aún cuando ponemos toda nuestra fe y confianza en que Dios así lo hará, es como si nuestras oraciones se quedaran en el techo de nuestras casas y nunca llegaran a sus oídos. Esto puede llevar al desánimo y a la amargura; no obstante, hay algo que estamos olvidando.

No hay nadie más sabio y poderoso que Dios. Sus planes son mayores que los nuestros, y aunque no los entendamos, debemos ser pacientes y aceptar su voluntad. 2 Corintios 12:9 (TLA) dice: “«Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí.” Si a Dios le place, obtendremos sanidad porque de esa manera estaremos cumpliendo con un propósito. Pero si no somos sanados, entonces es porque Él también tiene otros planes mayores para nuestra vida.

Dios no se olvida de nadie tan solo porque sufre de algún mal. Con enfermedad o sin ella, Dios tiene un propósito especial para cada uno de nosotros. Lo que podemos hacer es confesar nuestros pecados (Santiago 5:15-16), orar para alcanzar misericordia y gracia (Hebreos 4:16), pedir por paciencia y fe para comprender el plan de Dios (Romanos 8:28) y ser agradecidos (1 Tesalonicenses 5:18). Recordemos que Dios nos ama y siempre quiere lo mejor; es mejor confiar en sus planes que en los nuestros.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ora por ellos

Cuando la enfermedad toca a nuestros seres queridos es cuando comenzamos a pasar más tiempo en oración e incluso, en medio de la desesperación, las personas que decían no creer en Dios comienzan a elevar oraciones para que la persona que ama sea sanada.

¿Pero qué sucede cuando son otras las personas que están enfermas?

Una muestra de amor al prójimo es orar por ellos. Por ejemplo, una persona que estuvo muy enferma durante mucho tiempo dijo: “El dolor es tan fuerte que no puedo orar sólo puedo llorar, mi cuerpo me duele” En medio de su debilidad estaba comenzando a bajar los brazos y no porque no tenía fe sino que su estado físico era muy débil.

Santiago 5:14 dice: ¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.  (NTV) ¡Qué importante y necesario es orar por los demás! No solamente nos limitemos a pedir un milagro por alguien cercano a nosotros, oremos por todos los enfermos.

El amor no solamente se expresa en palabras sino también a  través de las acciones y orar por el otro es un acto de amor “Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22:39 (NTV).

Cada día de nuestras vidas es una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente, pero también es una ocasión para bendecir a los demás. No te cierres solamente a velar por tu bienestar y el de los tuyos, sino que tienes el deber de mirar más allá e interceder por quienes están pasando por tiempos de debilidad y dolor.

Tu oración puede ser la oportunidad para que el que sufre encuentre descanso y experimente un milagro en su vida, Santiago 5:15 dice: “Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado” (NTV)

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos significa tener con ellos la actitud que nos gustaría que ellos tengan con nosotros y darles el trato que desearíamos recibir “Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe” Gálatas 6:10 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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Eres el reflejo de lo que hay en tu corazón

Cuando te miras fijamente en un espejo puedes ver los detalles de tu rostro y, de alguna manera, tratarás de que su apariencia sea buena a pesar de lo triste o cansado que puedas estar.

En el mundo hay muchas personas que tienen una sonrisa dibujada en el rostro pero en su interior están derramando lágrimas y de alguna manera tratan de ocultar lo que verdaderamente sienten, pero las acciones y las palabras revelan realmente lo que uno tiene en el corazón.

Proverbios 27:19 dice: “Así como el rostro se refleja en el agua, el corazón refleja a la persona tal como es” (NTV).

Como seres humanos estamos limitados, solamente notamos lo que nuestros ojos alcanzan a ver, por ello es que muchas veces nos decepcionamos de las personas que creíamos que eran distintas, cuando en un momento determinado muestran lo que verdaderamente son y por ende lo que hay en su corazón.

Únicamente Dios conoce al hombre y su intención, “Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. (…) Jeremías 17:10 (NTV), quizás podemos engañar a los demás o a nosotros mismos, pero somos lo que hay en nuestro interior.

¡Qué importante es cuidar el corazón!, Proverbios 4:23 dice: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” (NTV). ¿Estamos poniendo atención a lo que dejamos que entre a nuestras vidas?

Puede que hayas sido testigo de muchas injusticias o hechos tristes y dolorosos que te provocan ira, tristeza, etc. tal vez no puedas evitar tener esas emociones pero eres  tu quien decide si esos sentimientos se quedan en tu corazón; y de ser así,  debes saber que  con el paso del tiempo provocarán dolor o alguna enfermedad espiritual.

Si sabes que hay algo en tu interior que te está provocando molestias y dolor, tienes todo el deber y derecho de sacarlo. Renuncia a la amargura, a la tristeza, a la ira, etc. y deja que Dios sane y restaure tu corazón “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas” Salmos 147:3 (NTV)

Refleja con tus acciones:

Amor, porque conoces el amor verdadero y puro que sólo Dios da.

Misericordia, porque Él ha sido bueno contigo.

Perdón, porque eso recibiste cuando estabas perdido.

Por Judith Quisbert.

 

 

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Si tocare el borde de su manto…

“…Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” Marcos 5:28 (RVR)

Entre la multitud de la gente, iba una mujer que había estado enferma durante doce años, había gastado en médicos todo el dinero que tenía, pero ellos no habían podido detectar su problema para sanarla. Al contrario, le habían hecho sufrir mucho, y cada día se ponía peor.

En el momento que la mujer había oído hablar de Jesús, pensó: «Si tan sólo pudiera tocar su ropa, quedaría sana.» Por eso, cuando vio al Maestro, no perdió la oportunidad buscando pretextos para no ir a buscar a Jesús, no se concentró en sus limitaciones, ni en los impedimentos que había a su alrededor, tal vez esta mujer pudo decir: estoy enferma, me siento cansada, no tengo dinero, no hay remedio para mí. Su situación era realmente triste y desesperante. Por otro lado, era mucha la gente que estaba apretando a Jesús y tal vez parecía  imposible llegar a Él, porque todos necesitaban de un milagro, pero sólo una mujer supo cómo tocar a Jesús para que su problema fuera resuelto, ella creyó que cuando lo tocara, jamás se volvería a sentir enferma, cansada o sin salida. Cristo era su única esperanza, qué más podría perder sino le quedaba nada.

¿Qué vas a hacer tú? Serás como la multitud y dirás: hoy la iglesia estuvo llena y vi cómo Dios se manifestaba y muchos enfermos recibían sanidad o prefieres ser como esta mujer que no sólo experimentó la sanidad que su cuerpo tanto anhelaba, sino también algo aún mucho más importante, la salvación de su alma.

Hoy te invito a acercarte a Jesús en medio de tu necesidad, no importa la multitud de obstáculos que se puedan presentar en tu camino, solamente toca su manto y su poder fluirá en ti.

Quizás llevas orando mucho tiempo y aún no ves los resultados, por lo cual crees que no podrás soportar más el dolor y aun si piensas  que ya no hay esperanza para ti, porque tal vez los médicos te han desahuciado o simplemente no hallas salida a tus problemas, este es el mejor momento para tocar el manto de Jesús, sólo Él te dará las fuerzas necesarias para que puedas llegar hasta el lugar donde lograrás encontrar tu propósito y donde Él comenzará a tomarte de su mano para mostrarte sus bendiciones.

Que los obstáculos en el camino no te detengan, Jesús quiere hacer un milagro en tu vida, da un paso de fe y podrás experimentar de su amor, porque su poder fluirá para detener toda obra de maldad, entonces serás libre.

Por Ruth Mamani.

 

 

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¿Crees que puede hacerlo?

Dos hombres ciegos se enteraron que Jesús pasaba por su ciudad y comenzaron a dar voces pidiendo misericordia para poder recuperar su vista y Jesús les respondió:

“¿Creen que puedo darles la vista?(Mateo 9:28)

Una respuesta sincera y de fe puede determinar si tu petición tendrá una respuesta favorable de parte de Dios.

La duda es el principal enemigo de aquellos que esperamos ver un milagro de Dios ¿Cuántas de nuestras oraciones están llenas de desconfianza? La excesiva preocupación es una muestra de cómo la inseguridad va ingresando a la mente y al corazón de aquella persona que espera en Dios.

¿Te imaginas si estas personas ciegas no hubiesen respondido con fe? Jamás hubiesen podido volver a ver, pero gracias a que su respuesta fue sincera y positiva, recuperaron la visión.

Si en este momento Jesús te haría la misma pregunta ¿Crees que puedo hacerlo? ¿Cuál sería tu respuesta? La fe no solamente se expresa en palabras sino a través de las actitudes del corazón.

Quizás estás esperando un milagro de Dios pero por el tiempo que ha pasado y el momento que vives la duda ha comenzado a inundar tu corazón y tu mente y has llegado a la conclusión de que Dios no te escucha o que se ha olvidado de ti. No te permitas dudar del Poder y la Misericordia de Dios que tu respuesta no sea “Tal vez” o “Quizás pueda”

Responde con fe:   “Sí Señor lo creo”

Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad.  ¿Hay algo imposible para mí?”  Jeremías 32:27 (NVI)

Por Judith Quisbert

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