Soledad Archives | CVCLAVOZ

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Favor sin límites

“Haré con ellos un pacto eterno: Nunca dejaré de estar con ellos para mostrarles mi favor; pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí. Me regocijaré en favorecerlos, y con todo mi corazón y con toda mi alma los plantaré firmemente en esta tierra.” Jeremías 32:40-41 (NVI)

Tal vez has escuchado a alguien decirte: “Estoy cansado ya no puedo seguir ayudándote, hice lo que pude” Despertando en ti un fuerte sentimiento de soledad. Lamentablemente el ser humano tiene un límite. Aun teniendo buenas intenciones, llegará un momento en que sus fuerzas o capacidades para ayudar se agoten. Contrariamente, nuestro Dios nunca cesa de ofrecernos su amor y bondad, sus fuerzas no decaen y nunca se cansa de brindarnos su ayuda y protección. Por lo tanto, si tienes una necesidad, puedes ir delante de Él con la seguridad de obtener su socorro.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Necesitas una oportunidad más?

Juan 8: 1-11 relata que  cuando Jesús estaba enseñando en el templo, los escribas y los fariseos llegaron con una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Según la ley debía ser apedreada; entonces preguntaron a Jesús cuál era su postura, su respuesta hizo que la conciencia de ellos los acusara y abandonaran el lugar, porque les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra a ella.”  Después viendo que nadie se quedó, preguntó a la mujer “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” y ella dijo que ninguno, entonces Jesús le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más. “

Jesús quería perdonar, mostró compasión hacia una mujer débil, despreciada y acusada por sus pecados, mientras los escribas y fariseos querían condenarla, aplicando la ley fríamente sin tomar en cuenta la gracia. A pesar de todo, ella necesitaba ayuda para salir de su mala vida.

Un comentarista dice:”…De hecho, Jesús no le dijo: “No te preocupes; todo está bien… Dijo: “No voy a dictar una sentencia definitiva ahora; ve, y demuestra que puedes mejorar. Has pecado; vete, y no peques ya más, y Yo te ayudaré todo el tiempo. Cuando llegue el final, veremos cómo has vivido.”

¿Alguna vez sentiste que nadie confía en ti por errores que cometiste? Cuando la gente ya no tiene esperanza en ti, ni cree que puedes mejorar debes tener la confianza de que a pesar de tus tropiezos Dios mismo cree en ti, porque Él tiene el poder para transformar tu vida, no superficialmente o momentáneamente, sino para la eternidad. Pero es indispensable que le entregues tu vida y  permitas que su Palabra sea la que guíe tu vida.

¡Cree en el perdón de Dios y en la nueva oportunidad que te da hoy!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Chiloé, cielos cubiertos

Así se llamaba una obra de teatro que vi hace muchos años en Chile. Pasó mucho tiempo para que un día, en una lancha de 13 metros, cruzara por vez primera los canales y viviera el misterio profundo de Chiloé y sus cielos cubiertos. En un libro peregrino* que alguna vez escribí hice un retrato que décadas después aún me parece dulce e ingenuo. Este es un fragmento de ese ensayo:

Estalla el continente en millares de promontorios verde oscuro, un archipiélago de innumerables sílabas de tierra y orillas de arena mojada.
Azota sus formas insulares un viento de tremendas energías, una letanía de gotas persistentes que acompaña el rito constante de la soledad…
Islas lejanas, mis lejanas historias se unen a las tuyas para hilvanar un extraño y curioso encuentro, de algunos miedos, alguna poesía breve, alguna polifonía de voces y emociones humanas.

Pese a la aclimatación que experimento a los invisibles mandatos del cuerpo y a los dictados de la buena razón, no muere dentro de mí la urgencia de la distancia, el reclamo feroz de la geografía loca y lejana. Todavía me alborota la sangre el viaje y su inagotable seducción:

¡Ah, la estupenda incitación de la geografía! Meridianos que traspasan el capricho oceánico y el perfil terrestre. Paralelos que se acuestan sobre los desiertos y las cumbres vertiginosas…
Los ojos que beben la incansable manifestación de las formas y los colores; los oídos que reciben sonidos exóticos y auténticos. Sobre todo el silencio abismado ante tanta diversidad diseminada.

Chiloé se abrió para mí con un clima salvaje, con la noche que reducía la vida a un punto remoto en el universo, con silencios rotos por el latigazo feroz de la lluvia y el viento. Ahí se estaba lejos de la cruz de las razones, se encontraba uno ajeno a las demandas del buen sentido, los horarios y las tareas.
Su perfil encabritado me redimía de la hoya de cemento, de los ruidos, del deber ineludible, de reverencias y besamanos y decretaba mi libertad en su laberinto de los canales y atardeceres de fuego.

(*“Impresiones” fue un invento privado para dar a luz un sueño literario que apenas vieron algunos ojos generosos y que desapareció sin pena ni gloria. Un solitario ejemplar queda en mi repisa para recordarme que hay locuras que no se deberían repetir).

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¡Tengo miedo!

“En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”. Salmos 94:19 (TLA)

El miedo no solo nos paraliza sino que además nos sumerge en un profundo abismo, haciéndonos olvidar las promesas que Dios tiene para nuestras vidas. Cuando esto pasa, entra la duda, nuestra fe se debilita y comenzamos a ver nuestro problema como un gigante mucho más grande que nuestra fe. Es en estos momentos cuando debemos rendirnos ante Dios, reconociendo que no podemos que en todo necesitamos de Él. La Biblia nos dice que Su amor es todo lo que necesitamos y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Es allí que nuevamente nuestra fe se activa y empezamos a creer que pronto El actuará. Quizás estés pasando por algo parecido en tu vida, sientes que el tiempo pasa, no hay cambio y el problema sigue allí parado como un gigante amenazador infundiendo temor en tu vida. Sin embargo Dios no dejará que enfrentes solo esta situación sino que estará contigo para darte la victoria.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No camines solo

Un bebé de tan sólo un año empezó a experimentar sus primeros pasos y quiso hacerlo sin la ayuda de su padre, pensando que lo lograría; sin embargo,  cayó y se lastimó. Este accidente sucedió porque el  niño decidió soltarse de la mano de quien lo sostenía.

Muchos cristianos,  después de haber crecido espiritualmente, deciden caminar solos sin la ayuda de Dios, soltándose de su mano y creyendo saberlo todo;  llegan a ser autosuficiente en su propia opinión sin tomar en cuenta que eso es una mentira que el enemigo quiere que crean.

El orgullo y la soberbia son malos consejeros que te hacen creer que no necesitas de la gracia del Padre. Esto sucede cuando uno se aleja de Dios en su corazón. Muchas veces cometemos el error de caminar sin la ayuda del Señor  y creemos que estamos en lo correcto, sin darnos cuenta que así vamos poco a poco hacia un callejón sin salida.

Es necesario reconocer que nuestra seguridad se encuentra en Dios, el buscarlo con un corazón arrepentido nos acercará una vez más  a Él y volveremos a  caminar junto a nuestro Padre.

El Señor quiere cuidar de ti en todo momento como a un niño que necesita ser protegido en todo tiempo.  Hoy es el mejor día para estar a solas con Jesús y decirle: “No quiero caminar solo, deseo que vayas conmigo, no me sueltes de tu mano”.

Si  Dios va contigo,  ninguna cosa prosperará contra ti, tu vida se llenará de su luz  y podrás caminar sin temor en medio de la oscuridad.  Él estará contigo y no te desamparará, tu refugio seguro está en la mano del Padre. ¡No camines solo!

“Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”. Proverbios 3:6 (RVR1960)

Por Miguel Ángel

 

 
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¡Alístate y marcha!

“..¡Adelante! Éste es el día en que el SEÑOR entregará a Sísara en tus manos. ¿Acaso no marcha el SEÑOR al frente de tu ejército?…” Jueces 4:14 (RVR1960)

Muchas veces, en nuestro diario vivir nos sentimos frenados, ya que las situaciones difíciles que debemos enfrentar nos infunden temor al punto de congelarnos y quitarnos la paz. Si algo de esto sucede en tu vida, te animo a confiar que Dios te dará la victoria porque Él va delante de ti.

Por Danitza Luna

 

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¡La soledad agrava las enfermedades!

A menudo las enfermedades tienen mucha relación con el estado de ánimo del paciente; por ejemplo, es un hecho conocido que el 60% de las enfermedades humanas son causadas por el estrés. Recientes investigaciones han demostrado que la soledad también es un factor importante.

Un estudio dirigido por el psicólogo Chris Fagunders y Angie LeRoy, reveló que la calidad de relaciones interpersonales afecta a la de salud de una persona. “La soledad pone a las personas en riesgo de mortalidad prematura y a todo tipo de otras enfermedades físicas”, afirma LeRoy. Los investigadores señalan que no importa la cantidad de amistades o familiares se tenga, sino la fortaleza del vínculo. Asimismo descubrieron que “diferentes factores psicosociales como sentirse rechazado o sentirse marginado o no tener fuertes lazos sociales con otras personas hacen que la gente se sienta peor física, mental y emocionalmente.”

El efecto de la soledad fue particularmente estudiado en las personas con resfriados. Aquellas que se sentían solas tenían síntomas más graves que aquellos que tenían una buena relación con otras personas. Después de esta investigación, los estudiosos recomiendan a los médicos y pacientes tener en cuenta los factores psicológicos al momento de hacer una evaluación de salud. Además, aconsejan que las personas se dediquen a construir relaciones personales sanas y fuertes para enfrentar mejor, no solo las enfermedades, sino también las diversas situaciones de su vida.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Refugio seguro!

“Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás”. Salmos 32:7 (RVR1960).

Cuando atravesamos situaciones difíciles o dolorosas, solemos creer que estamos solos y sentimos un peso tan grande sobre nosotros que casi nos ahoga. Sin embargo, no es verdad que estemos solos, sino que es en esos momentos cuando más cerca está Jesús. Él está dispuesto a llevar tus cargas, por lo cual ya no tienes que soportar tanta presión sobre tu vida. Deja sobre el Señor tu carga y Él te sostendrá, no dejara para siempre al caído al justo. (Sal 55:22)

Por Cesia Serna.

 

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Soledad

El salto tecnológico que la humanidad ha dado es impresionante, el internet se ha convertido en una herramienta poderosa para superar los límites de espacio y tiempo; todo parece indicar que por las facilidades que tenemos todos estamos en contacto con alguien.

Pero ante este gran avance, hoy son muchas las personas que dicen sentirse solas ¿Qué está sucediendo? Lo que parecía un gran adelanto para el hombre se ha convertido en un motivo de preocupación.

¿Te sientes solo?

El sentimiento de soledad no discrimina a niños, adolescentes, jóvenes o personas adultas, esa sensación de vacío en el corazón puede llevarte a encerrarte voluntariamente en una prisión. Quizás tu madre, tu padre, amigos, hijo, novio y compañero te haya abandonado voluntaria o involuntariamente y hoy estás desesperado pensando que tu vida no tiene sentido y no encuentras una razón para vivir.

Recuerda estás palabras ¡NO, ESTARÁS SOLO JAMÁS! “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, tú, Señor, te harás cargo de mí” Salmos 27:10 (DHH), elimina esa sensación de vacío reconociendo que Dios estará contigo siempre.

Jesús en el momento en que se encontró solo, sin la compañía de sus discípulos porque habían sido dispersados, nos enseña una verdad “(…) Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo” Juan 16:32 (NTV).

Si estás luchando contra esa sensación de soledad y tus heridas te duelen demasiado por lo sucedido, decide hoy ya no vivir así, no te acostumbres a ese estado y comienza a llenar ese vacío con el amor de Dios.

¡Él está contigo! Aunque todos te hayan dado la espalda, Dios no te ha dejado y no lo hará y quiere que comprendas esa verdad.

Dios te dice hoy: “Mi presencia irá contigo” Éxodo 33:14 (NTV)

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La epopeya de Picotto

¡Vamos todos!, dijo Picotto… Pero estaba solo.
Así suele decir un amigo cuando hay que responder a algún llamado o necesidad del momento. Un día le pregunté acerca de este dicho local. Me intrigaba por qué se agregaba que estaba solo. “Ese – me respondió con cierta picardía – es un misterio escondido desde antes de la fundación del mundo”. Pasó mucho tiempo hasta que me fuera revelado el enigma, bastante simple pero inesperado: nadie podía afirmar jamás que Picotto dijo lo que dijo por una sencilla razón: estaba solo (aunque si hubiese sobrevivido, capaz le hubiera contado a sus amigos en el bar que lo había dicho).
Yendo un poco más allá de la simpleza de este aforismo provinciano y superando lo anecdótico diría que tengo un afecto especial por Picotto. Lo veo abordando el asalto final a las naves imperiales o lanzándose a campo abierto contra la artillería del enemigo, creyendo de todo corazón que sus camaradas corrían con él y que les esperaba una victoria de épicas proporciones sólo para descubrir con horror – al volver la vista atrás – su soledad y su muerte inminente en el campo adversario.
Vamos todos, dijo, pero estaba solo.
Hay un momento inolvidable en la película “Corazón Valiente”, cuando Wallace se lanza al asalto de los ingleses y descubre que ninguno de los batallones de los Lords con los que se supone había hecho alianza se mueve de su lugar. Eran nada más él y su puñado de rebeldes frente a una ignominiosa derrota.
Hay confrontaciones que no serán jamás abordadas por todos. A veces ni por un grupo. Está escrito que sólo algunas mujeres y unos pocos hombres deberán hacerse cargo del peso de su tiempo y de las circunstancias presentes y saltar a la arena solos, por más deseos que tengan de gritar como el ingenuo Picotto: “¡Vamos todos!”
No. No van a ir todos. Hay posiciones de privilegio que cuidar. La comodidad de una casa confortable, un buen pasar y un futuro apacible son tesoros demasiado caros para arriesgarlos en aventuras sin destino. Hay compromisos políticos, alianzas secretas, pactos innumerables, contubernios invisibles que deben ser sostenidos, aún si eso significa el dolor, la miseria y la destrucción de lo poco bueno que queda en el mundo y la vida.
Así, algunas pocas personas seguirán el camino de Picotto y afrontarán la triste y necesaria misión de lanzarse al combate en infausta pero augusta soledad.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Todo tiene su precio

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Génesis 22:1-3

Cuando leemos este pasaje, seguramente nos suena muy fuerte, ¿cómo después de todo lo que esperó Abraham, Dios le pide su único hijo, el de la promesa y además teniendo en cuenta que Dios le había dicho que sería padre de multitudes? Pareciera no tener sentido, pero la fe de Abraham era tan grande, que creía que aún si sacrificaba a Isaac, Dios era poderoso para resucitarlo.

Dios tenía preparadas naciones para que salieran de la descendencia de Abraham, pero previamente hacía falta una prueba más, la de su fe, obediencia e integridad. ¿Sería capaz de entregar a su único hijo y ofrecerlo a Dios?

Muchas veces, estudiando la vida de determinadas personalidades, ya sean deportistas, o bien alguien dedicado al arte y que seguramente admiramos por su destreza, podemos ver el precio que han tenido que pagar, para alcanzar el lugar que hoy desempeñan. Conozco el caso de un futbolista, que tuvo varias lesiones de larga recuperación, una vez festejando un gol, se le cayó una pared encima por lo cual se fracturó su pierna, luego tuvo pérdidas de familiares muy queridos. Varias veces, el periodismo dio por terminada su carrera, pensando que la historia de su vida había concluido, pero siempre volvía a la actividad y seguía alcanzando logros cada vez mayores. ¿Cuantas veces habrá pensado en dejar todo? ¿Cuantos lo dieron por perdido? ¿Cuantos momentos de soledad y tristeza? sin embargo, cada vez que superaba una dificultad, eso significaba alcanzar un nuevo nivel y agregar una meta cumplida a su historia.

En el ámbito espiritual, también vemos siervos con ministerios exitosos, pero cuando nos adentramos en las profundidades de su historia personal, vemos cuantos momentos difíciles, de crítica, incomprensión, frustración, seguramente pensando en su interior en dejar todo, sin embargo, al lograr superar estos tiempos, pudieron alcanzar las promesas de Dios para su vida.

En el ámbito académico, vemos como algunos jóvenes, tienen que pasar “privaciones” en cuanto a salir o acostarse tarde, porque necesitan prepararse para sus exámenes. Luego se lo puede ver ejerciendo su profesión y hasta alguien irreverentemente puede decir “que suerte que tiene” pero obviamente no es cuestión de suerte, sino de precios que estuvo dispuesto a pagar. Precios de constancia, privaciones, determinación para lograr su meta.

Si hay cosas que te cuestan, o estás a punto de bajar los brazos, o quizás hasta te comparas con otros que a tus ojos son más exitosos que tú, recuerda que hay precios que pagar, al igual que Abraham, después de la prueba, viene un nuevo nivel de bendición que Dios te quiere dar. No temas en pagar el precio, porque grande es la recompensa.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Melodia (en tres tiempos)

En el primer tiempo fue el cataclismo, la ruptura, el dolor diseminado. La arrancada vertiginosa de los hechos de la vida que parecían inmutables, que durarían hasta el fin de todas las cosas. Fue la violencia de las palabras, la rotura del corazón, el grito feroz del desamparo, el fin de todas las promesas y de todas las lealtades. No hubo linimento alguno. Hizo falta el bálsamo que aliviara el escozor de la piel. Escaseó el sueño, se hizo implacable de la tortura de la conciencia. Entonces la soledad fue una compañera indeseable, un estertor de madrugada, un infierno entre las sábanas, el sol que se hacía esperar eternamente.

Con los días vino alguna esperanza, el anhelo que todavía buscaba realidad. Fluyeron la poesía, la creatividad y los proyectos. Tal vez la vida regalaría otra oportunidad de compartir la piel y el sentimiento. ¿Avistaría por fin la luz de los faros lejanos para acercar el alma perdida a las orillas del descanso? No. Los puertos eran sólo estaciones para desestibar el peso de los días. Tenía uno que lanzarse otra vez a mar abierto para proseguir el viaje, porque todavía esperaba que en algún remoto atardecer en llamas las playas de Ítaca anunciaran el fin de todos los viajes y habría valido la pena la promesa hecha un amanecer entre lágrimas y sueños.

Finalmente vino el tiempo de la paz. De a poco entró en el hielo de los huesos el abrigo calentito de la soledad. Rotos todos los lazos comunes, liberado el corazón de los requerimientos del amor y conjuradas las obligaciones inevitables de los pactos permanentes, quedaba uno a disposición de una libertad costosa, definitiva, violenta y atrozmente conquistada. Fue la hora de firmar con sangre la declaración de independencia, instruir a los embajadores para responder vigorosamente a las exigencias del protocolo, anunciar que en este territorio la soberanía estaría desde ahora escondida de la inteligencia de los dictadores y que jamás volvería a someterse a nación alguna ni a extranjero dominio.

Sí, de verdad era el tiempo de la paz. Dolorosa, imperfecta, pero por fin inaccesible a los artificios y pretensiones del sentido común. Alejada para siempre del trajín de las oficinas, las alcobas y los santuarios…

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