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3 consecuencias del pecado

Pecar es muy fácil, tal vez sea por ese motivo que minimizamos las consecuencias que tiene, y sólo nos damos cuenta de ellas cuando llega el tiempo de enfrentarlas. C. S. Lewis escribió “Tenemos una extraña ilusión de que el mero tiempo cancela el pecado. Pero el mero tiempo no hace nada ni al hecho ni a la culpabilidad de un pecado.” En la Biblia encontramos que el único que puede perdonar y olvidar nuestros pecados es Dios; sin embargo, esto no nos hace exentos de sufrir las consecuencias.

En Génesis 3 se relata la historia de cómo Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén debido a su pecado. A partir de ese entonces, todos sus descendientes (nosotros), fuimos privados de gozar de muchos privilegios. De esa misma historia podemos aprender que el pecado tiene los siguientes efectos:

1. Te aleja de Dios:

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron de Dios. Esto demuestra que después de pecar, quien se aleja es el hombre y no Dios. Romanos 3:23 (TLA) dice: “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Dios no puede habitar en donde hay pecado. Además, cuando uno está en falta y ama lo malo del mundo, se vuelve enemigo de Dios (Santiago 4:4).

2. Te destruye:

El pecado afecta a la persona mucho más de lo que puede creer. El pecado trajo miedo y vergüenza a Adán y Eva; y eran sentimientos que ellos nunca antes habían experimentado. Usualmente cuando se comete un pecado procura esconderlo y mantenerlo en reserva; sin embargo, se ha comprobado que el guardar secretos es dañino para la salud y paz mental. Los pecados generan sentimientos negativos y destructivos para la persona; los cuales pueden llegar a ser difíciles de reparar.

3. Arruina tu relación con los demás:

Adán culpó a Eva, y ella a la serpiente. El pecado arruina la relación que tenemos con otros, no solo porque a veces preferimos culpar a otros; sino también porque la misma acción daña a los demás. Por ejemplo, las familias sufren por la infidelidad de uno de los cónyuges, un grupo se ve divide por un chisme o una mentira, el crimen de alguien afecta a la comunidad, etc.

¿Qué podemos hacer?

El pecado tiene una solución: Jesús. 1 Timoteo 2:5 dice que el único mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús; por lo tanto, si uno quiere ser perdonado de sus pecados debe acudir a Él y confesar todas sus faltas. 1 Juan 1:9 (NTV) dice: “pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” Dios es amor y quiere restaurar todas las consecuencias que trae el pecado. Para Él no hay nada imposible; sin embargo, no obliga a nadie a aceptar su amor. Dios te dice ahora Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.” (Apocalipsis 3:20, TLA)

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos sobre el perdón de Dios

Si una persona infringe la ley, las autoridades tienen el derecho y el deber de otorgarle una sentencia de acuerdo a su falta. De la misma manera, como todos somos pecadores, merecemos pagar por nuestras culpas. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que envió a Jesús para pagar ese precio en nuestro lugar. Es así como podemos obtener perdón y salvación.

La Biblia está llena de pasajes que cuentan la misericordia y la gracia de Dios; y éstos son algunos textos que demuestran que el perdón de nuestro Creador es gratuito e incomparable:

2 Crónicas 7:14 (NTV)

“Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.”

Salmos 86:5 (NTV)

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!”

Joel 2:13 (TLA)

¡Arrepiéntanse y vuelvan a mí, pero háganlo de todo corazón, y no sólo de palabra! Yo soy tierno y bondadoso, y no me enojo fácilmente; yo los amo mucho y estoy dispuesto a perdonarlos”.

Daniel 9:9 (NTV)

“Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y perdonador, a pesar de habernos rebelado contra él.”

Miqueas 7:18-19 (TLA)

No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvidas nuestro pecado. Tan grande es tu amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. ¡Vuelve a compadecerte de nosotros, y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar!”

Hechos 3:19 (NTV)

“Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.”

2 Corintios 5:17 (DHH)

“Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.”

Efesios 1:7 (NTV)

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.”

Colosenses 1:13-14 (TLA)

Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos salvó y perdonó nuestros pecados.”

1 Juan 1:9 (TLA)

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

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¿Quieres que el Señor te lleve a Su presencia cuando Él vuelva?

“Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años andando en íntima comunión con Dios. Y un día desapareció, porque Dios se lo llevó.” Génesis 5:23-24 (NTV)

Enoc es uno de esos personajes bíblicos de quien, aunque vivió 365 años, no se conoce mucho, pero lo poco que la Biblia dice de su vida es que él tuvo una vida digna y agradable delante de Dios. A tal punto que Dios se lo llevó sin que Enoc conociera la muerte física.

¿Qué hermoso verdad? Irse con el Señor y estar al lado de él todos los días de nuestra vida, sin tener necesidad de nada. Pues esa es nuestra esperanza: “Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Juan 3:16. (NTV)

“Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna. Los que no obedecen al Hijo nunca tendrán vida eterna, sino que permanecen bajo la ira del juicio de Dios.” Juan 3:36. (NTV)

“Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.” Romanos 6:23. (NTV)

Una de las características de Enoc, por la cual fue llevado al cielo, era que caminaba en íntima comunión con Dios. Y es que el Señor creó a la humanidad para que ésta tuviera en una relación personal de amor con él. Más que cualquier otra cosa, Dios desea que le amemos con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas.

No estoy aquí para juzgarte ni hacerte sentir mal, pero si no estás manteniendo una relación personal con Jesús, amándolo como Él se merece, ni siendo obediente a lo que el Señor te pide en Su palabra, entonces terminarás mal.

No te puedes pasar la vida diciendo que todo está bien cuando tú sabes que en tu interior las cosas no están tan bien como tú piensas. No podemos engañarnos a nosotros mismos, cada uno sabe cómo esta nuestra relación con Dios y qué cosas están impidiendo que caminemos como Dios quiere que lo hagamos.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” Salmos 139:23-24. (NTV)

Es hora de que te levantes en el nombre del Señor y que comiences a vivir en íntima comunión con Dios. Tus errores no te van alejar de Dios si tu no lo permites, Él siempre está dispuesto a perdonar y levantar a aquellos que se arrepienten.

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¿Qué hacer para heredar la vida eterna?

“Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Marcos 10:17 (NTV)

En su respuesta Jesús enumera seis cosas (versículo 19): “No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” Las escrituras nos muestran, que cuando este hombre escuchó las palabras de Jesús, le respondió de una manera muy particular diciendo (versículo 20) “Maestro, todo esto lo he cumplido desde que era joven. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” Marcos 10:21

Pero el hombre se sintió muy mal porque no quería deshacerse de sus cosas terrenales y no quería tomar su cruz, debido a que sólo quería heredar la vida eterna, sin entender el costo ni pagar el precio de ser un hijo de Dios.

Este hombre guardó los mandamientos de Dios, pero su amor por las cosas terrenales le llevó a tomar decisiones equivocadas. No pudo ser obediente a lo último que Jesús le había pedido y terminó alejándose por completo.

Muchas veces Dios nos pide lo que más amamos como prueba de fidelidad para ver qué es lo que más ama nuestro corazón y por quién se decide. Si hoy Dios te pidiera aquello que más amas, ¿se lo darías? o ¿tomarías la actitud del hombre rico?

“Abraham fue probado, Dios le dijo: Toma a tu hijo, tu único hijo, a Isaac, a quien tanto amas y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré.” Génesis 22:2 (NTV) Aunque era el único hijo de Abraham y había esperados años por él, nunca dudó en obedecer a Dios. Si el hombre rico hubiera obedecido, con seguridad habría heredado la vida eterna.

Quiero que sepas que la obediencia a medias no trae ninguna recompensa, Dios quiere que seamos obedientes en todo el sentido de la palabra. Solamente si somos obedientes a Su palabra podremos heredar la vida eterna.

Si hasta ahora has obedecido a medias a Dios, hoy es un buen día para tener un encuentro personal con Jesús, dejemos que Él examine nuestro corazón y nos diga aquello que nos falta hacer. Y aunque sea doloroso lo que  nos pida, hay que obedecer, porque en la obediencia está la salvación.

“Jesús dijo: El que me ama, mi palabra guardará…”  Juan 14:23

 

 

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Mar en vez de charco

Kenneth Hildebrad, un elocuente predicador, dijo: “…el que carece de sueño… [Es como] una gran nave construida para el poderoso mar pero que intenta navegar en un charco. Carece de un puerto lejano para alcanzar, de un horizonte que se perfile, de un cargamento preciado que llevar. Sus horas son absorbidas por tiranías rutinarias e insignificantes. En nada sorprende que el tal se torne insatisfecho, contencioso y esté harto.”

Como hijos de Dios a veces solemos navegar en un charco, en vez de aferrarnos en un mar de bendiciones duraderas y eternas.

Génesis 2.16b, 17 NVI dice: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.» La consecuencia de la elección de Adán de navegar en el charco fue la muerte, esclavitud y maldición; en cambio Jesús eligió navegar sobre el mar, para lo que Dios lo había enviado y trajo vida, libertad y vida eterna.

Existen obstáculos en nuestro recorrer en la vida que es preciso que sean derribados por la fe en Dios y no sólo en nuestras propias capacidades humanas, “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” Isaías 40: 29-31 Si nos aferramos al carácter de Dios tendremos la victoria asegurada bajo cualquier situación que nos aleja de la bendición plena que tenemos cerca.

Pese a cómo estés hoy no olvides que eres hijo de Dios y como tal tienes el apoyo, la fuerza, la gracia y el amor de tu Padre Celestial, acércate confiadamente y pídele que te lleve al lugar donde quiere que estés, que tu vida cumpla el propósito por el cual fuiste creado.

¡Vive tu vida a la altura de tu Creador!

“…Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13

 

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¿Qué tal si es verdad?

Muchas personas aún tienen dudas en cuanto a la existencia de Dios, a las promesas de Jesús de vida eterna e incluso acerca de la resurrección. Evidentemente a muchos les cuesta creer en lo que no han visto.

Sin embargo, no tienen que “creer” para estar seguros que el sol saldrá al día siguiente en la mañana. No les cuesta creer que lo que dice en los libros de historia de su país es verdad aunque no estuvieron ahí.

Entonces ¿porqué les cuesta creer en ese maravilloso libro de historia que es la Biblia?

Yo les pregunto: ¿Qué tal si es verdad? ¿Qué tal si es cierto todo lo que dice la Biblia, y lo vienes a saber después que ya moriste? ¿No te parece mejor asegurar que al irte de este mundo vas a ser recibido por los brazos de un Dios amoroso?

Otra pregunta: ¿Qué explicación me puedes dar al hecho de que un carpintero en un lugar totalmente inhóspito, al otro lado del mundo, rechazado por tantos, haya logrado el impacto que ha tenido Jesús, aún antes de las comunicaciones asombrosas que tenemos hoy día?

Yo te digo algo, yo prefiero creer, aferrarme a la esperanza maravillosa que nos da ese Dios creador de todo lo existente, al que hasta Einstein, el científico reconoce. Yo prefiero decirle a todos los que no conocen a Jesús, que Él es la verdad, Él es el amor y que Él; quien siempre ha cumplido las promesas que hizo en la Biblia, nos ha prometido tener vida eterna junto a Él con tan solo creer en Su existencia.

Te invito a que tomes unos minutos a solas y le pidas a Dios que perdone tu incredulidad y que entre en tu vida, que la rija y se haga Su voluntad en ella. ¡Él nos ama tanto! Nos ama tal como somos y en el lugar que estamos. Sabemos que hemos hecho mal y posiblemente seguiremos equivocándonos, pero Él nos ayuda a fortalecernos para no caer más en acciones con las que luego nos sentimos mal. Hacerlo te va a dar una paz, una tranquilidad que no te vas a explicar. Por otra parte, qué rico saber que tenemos un propósito. Él te lo dará a conocer.

Déjame saber si te decidiste a tener ese encuentro con Jesús. Escríbeme a [email protected]

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La mayor expresión de amor

Más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Isaías 53:6-7

Cuando llevaron a Jesús al Gólgota, iban dos criminales más para ser ejecutados con él. Al llegar al lugar llamado “La Calavera”, lo clavaron en la cruz y a estos dos hombres los crucificaron también, uno a su derecha y otro a su izquierda.

En ese momento Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y los soldados sortearon su ropa, tirando los dados.

La multitud observaba y los líderes se burlaban. “Salvó a otros –decían-, que se salve a sí mismo si de verdad es el Mesías de Dios, el Elegido”. Los soldados también se burlaban de él, al ofrecerle vino agrio para beber. Y exclamaron: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Encima de su cabeza, colocaron un letrero que decía: “Este es el Rey de los judíos”.

Uno de los criminales colgados junto a él se burló diciendo: “¿Así que eres el Mesías? Demuéstralo salvándote a ti mismo, ¡y a nosotros también!”. El otro ladrón le respondió: ”¿Ni siquiera temes a Dios ahora que estás condenado a muerte?  Nosotros merecemos morir por nuestros crímenes, pero este hombre no ha hecho nada malo”. Luego dijo: -Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Jesús respondió:  – Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Nuestro Salvador no sólo pidió al Padre que perdonara a las personas que lo habían golpeado, insultado y se habían burlado de Él sino que también tuvo misericordia de uno de los criminales, de aquel que había reconocido que Él era el Hijo de Dios, un inocente que no merecía estar en ese lugar y quien le pidió humildemente que no se olvidara de él cuando volviera al paraíso.

No hay ni habrá persona que ame tanto a la humanidad como lo hizo Jesús, porque Él vino al mundo con el único propósito de morir por nosotros para que fuéramos salvos. Hasta el último segundo de vida, demostró amor, misericordia y otorgó perdón.

Este día te invito a reconocer a quien te demostró la mayor expresión de amor, al dar su vida por ti, su nombre es Jesús, sólo necesitas reconocer que le fallaste, pídele perdón por todos tus pecados y confiesa con tus propios labios que lo recibes como tu único Señor y Salvador, sentirás una paz indescriptible en tu corazón y nunca más te sentirás solo.

Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados. 1 Juan 4:9-10 (NTV)

Este día que es tan especial reconozcamos, agradezcamos y celebremos el incomparable amor que nuestro Señor Jesús tuvo y tiene por cada uno de nosotros.

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Amar es una decisión

Nadie puede decir que conoce a una persona sino pasa tiempo con ella, sino le habla, no la escucha ni se interesa en sus cosas. Tampoco puede decir que la ama sino confía en ella.

Tanto en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 6:5) como en el Nuevo (Marcos 12:30) tenemos el mismo mandamiento: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Esto quiere decir que si verdaderamente amo a Dios debo demostrárselo con mis pensamientos, sentimientos, intenciones, actitudes, con todo lo que soy y lo tengo. En otras palabras, amo a Dios al obedecer su Palabra, al darle el primer lugar en mi corazón y al vivir agradándole a Él.

No seamos como el joven rico (Lucas 18:18-30) quien decidió no seguir a Jesús porque las riquezas eran lo más importante para él y no estuvo dispuesto a renunciar a ellas.

Es muy importante que diariamente nos hagamos un autoanálisis y respondamos sinceramente preguntas como estas: ¿Qué es lo que ocupa mi mente todo el tiempo?, ¿Estoy amando a Dios por sobre todas las cosas o hay algo o alguien que está ocupando su lugar en mi corazón?, ¿A quién trato de agradar todos los días? ¿Cuánto valor tienen para mí, mi Creador y mi Salvador?

Si alguien afirma: “Yo conozco a Dios”, pero no obedece los mandamientos de Dios, es un mentiroso y no vive en la verdad; pero los que obedecen la palabra de Dios demuestran verdaderamente cuánto lo aman. Así es como sabemos que vivimos en él. Los que dicen que viven en Dios deben vivir como Jesús vivió. 1 Juan 2:4-6 (NTV)

Correspondamos al amor de Dios, sin condición alguna, reconociendo y agradeciendo su infinita bondad y misericordia porque merecíamos morir por nuestros pecados, pero gracias a que Cristo ocupó nuestro lugar en aquella cruz, fuimos perdonados y reconciliados con nuestro Padre Celestial, y ahora podremos gozar de vida eterna al lado suyo.

Sólo quien conoce a Dios, hace su voluntad y vive cada día agradándolo.

 

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Un solo corazón

Mi tía y mi mamá son gemelas, una doble bendición en mi familia y sólo quienes las conocemos muy bien somos capaces de reconocer las pocas diferencias que existe entre ellas; incluso cuando tenemos alguna reunión familiar vienen vestidas del mismo color sin que se hayan puesto de acuerdo.

Lo que no deja de sorprenderme es la conexión que existe entre ellas porque cuando mi tía está triste, mi mamá lo presiente o cuando mi mamá está enferma, mi tía es la que tiene los síntomas.

1 Corintios 12:26-27 dice: “Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él. Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo”.

Al igual que los hermanos gemelos que sienten lo mismo, nosotros como hermanos en Cristo deberíamos preocuparnos los unos por los otros, interesarnos más en la vida de los demás, orar e interceder por sus necesidades y apoyarlos cuando tienen algún problema.

Si ustedes se odian unos a otros, son asesinos, y ya saben que ningún asesino puede tener la vida eterna. 1 Juan 3:15 (TLA)

Cada uno es consciente de los sentimientos negativos que guarda en su corazón en contra de otras personas. Posiblemente tengas razones suficientes para hacerlo pero también puede existir la posibilidad de que hayas supuesto determinadas cosas y eso te haya llevado a albergar odio, resentimiento, venganza y envidia en tu corazón. Hoy te animo a entregarle a Dios cada uno de esos sentimientos para que Él te libere de esas ataduras y así cumplas con lo que dice su Palabra a fin de experimentar su perdón, misericordia y bondad, y también puedas compartirlos con los demás.

Pidamos cada día a Dios que nos enseñe y ayude a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y como Él nos ama, sin condición alguna.

 

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Ha llegado el tiempo

Como hay un tiempo específico para sembrar y otro para cosechar, Jesús también les dijo esto a sus discípulos:

– “Despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha. A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha! Ya saben el dicho: “Uno siembra y otro cosecha”, y es cierto. Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha. Juan 4:35-38 (NTV)

No podemos seguir perdiendo el tiempo, ahora es cuando debemos compartir con otras personas del amor de Dios y del sacrificio que Jesús hizo en la cruz para darnos salvación.

¿Estás cumpliendo con la misión? Te la recuerdo si la olvidaste: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado”. Mateo 28:19-20 (NTV)

Nadie puede decir que la comisión es solo para algunos, porque todos fuimos llamados a evangelizar. Posiblemente tienes miedo al rechazo, quizás vergüenza, no te sientes capacitado e incluso temes perder a tus amigos. Pídele a Dios que quite de tu mente este tipo de pensamientos porque sólo son mentiras que el enemigo utiliza para que tú no cumplas la tarea que te fue encomendada, acercar a tu familia y amigos a Cristo para que lo reconozcan como su único Salvador.

Nadie falla en el evangelismo, pues es el Espíritu Santo quien hace la obra en el corazón de cada persona. Empieza contando tu testimonio, hablando de todo lo que Dios ha hecho en tu vida y de la transformación que vas experimentando día a día; de lo demás nuestro Señor se encargará.

Dejemos de levantar murallas, más bien construyamos puentes que acerquen a las personas a Cristo para que sean salvas.

 

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Quiere destruirte

El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Juan 10:10 (DHH)

Está claro que el único propósito de satanás es acabar con toda la creación de Dios, en especial contigo que has aceptado a Jesús como tu Señor y Salvador. Quiere terminar con tu vida física y espiritual. Robarte todo lo que Dios quiere que tengas: Salvación, vida nueva, comunión con Él por la eternidad, reino de los cielos para siempre y paz eterna.

Satanás es tu peor enemigo, te desprecia y quiere destruirte. Para eso buscará un punto débil para atacarte, desánimo en medio de la prueba, falta de sabiduría para resolver un problema y acusación por algún pecado que has cometido. Usará todos los medios posibles para que sigas en ese estado de comodidad, sin que busques a Dios como antes lo hacías, no habrá en ti dolor por las vidas que se pierden,  el amor a Dios y a tu prójimo cada vez será menor. Y lo peor es que creerás que estás bien. No te dejes engañar, satanás sólo quiere terminar con tu vida y mandarte al infierno.

Recuerda que fuiste creado a imagen y semejanza de Dios, con inteligencia, con razonamiento y con una persona interior que es inmortal, que se salvará o perderá; Dios te dio vida eterna y  abundante, te otorgó el derecho de ser su hijo y  te libró del poder de satanás. Él dijo: “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10

Analiza por un momento tu vida y toma conciencia de todo lo que estás haciendo. Pregúntate, ¿Es correcto todo lo que hago delante de Dios? ¿Le agrada a Jesús que viva de esta manera? ¿Busco con frecuencia su ayuda para salir de mi problema? ¿Soy agradecido con lo que Dios me dio? ¿Le doy el primer lugar que se merece? ¿Realmente me esfuerzo por serle obediente?

“Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal, y guíame por el camino eterno.” Salmo 139:23-24 (DHH)

Dios es amor, no importa cuán equivocado estabas o qué pecado hayas cometido, si hoy tienes la oportunidad de acercarte a Él, ¡hazlo! Reconoce tus faltas y sé sincero con Él.

“En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Lléname de gozo y alegría; alégrame de nuevo, aunque me has quebrantado. Aleja de tu vista mis pecados y borra todas mis maldades. Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un espíritu nuevo y fiel!” Salmo 51:6-10 (DHH)

 

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La Gracia de Dios

¿Sabe usted qué significa la gracia de Dios? La biblia dice:

Por cuanto todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios. Romanos 3:23

Vemos que existe una separación entre Dios y nosotros, la misma que es producida por el pecado.

¿Qué es lo que Dios hace? Es importante entender su amor, comprender  por qué debemos valorar a Dios, debemos entender que Él no es cualquier cosa, no es alguien a quien sólo acudimos los fines de semana de forma religiosa;  Dios es todo, en todos, su amor es lo que nos permite seguir vivos. Debemos saber que si Dios nos manda al infierno en este mismo momento  Él sería totalmente justo, no dejaría de ser justo porque “yo” merezco ir al infierno.

 ¿Qué es la Gracia? Que yo mereciendo ser enviado al infierno, soy llevado al cielo. Siendo culpable, estando en pecado, condenado, mereciendo el castigo,  Él viene y paga el precio que yo debería pagar. La Gracia es un “favor inmerecido”, porque yo no merezco ir al cielo ni ser salvo, pero aún así Él me salva, para que  “yo” pueda tener acceso a la vida eterna.

¡Él murió nuestra muerte, para que vivamos su vida!

No debemos mirar el sacrifico de Jesús sólo como una película, un dibujo animado o un cuento histórico ¡La condenación que era para nosotros cayó sobre Jesús! Debemos mirar a aquel hombre siendo atormentado en la cruz en nuestro lugar, porque éramos nosotros quienes deberíamos estar allá. Él descendió al infierno cuando éramos nosotros quienes deberíamos haberlo hecho. Sobre Él cayó un castigo que no le pertenecía.

Y me dijo bástate mi Gracia. 2 Corintios 12:9

Lo que Dios nos está tratando de decir es “mi gracia te basta”, “mi Gracia es suficiente”. Nosotros decimos: Señor cúrame, Señor libértame, Señor dame un auto, Señor dame esto y el otro, pero Dios muchas veces nos dice NO, ¿por qué? “Porque mi gracia te basta”.

¿Qué es lo que Dios intenta decirnos? “El sólo hecho de que Yo haya cancelado todos tus pecados TE BASTA, sólo el hecho de que Yo haya dado a mi hijo para morir  por ti TE BASTA, sólo el hecho de que Yo haya comprado la salvación tuya BASTA .El hecho de que Yo haya escrito tu nombre en el libro de la vida BASTA.

Querido amigo lo único que necesitamos en esta vida, es la gracia de Dios.

 

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