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VOCES: Oscar Obregon

Voces es el nuevo proyecto de CVCLAVOZ en el cual los oyentes tienen la oportunidad de compartir el impacto que ha tenido nuestra programación en su vida. Esta idea nace con el propósito de hacer que más personas conozcan a Dios y compartan a otros su mensaje.

En esta primera entrega conoceremos la historia de Óscar Obregón, un hombre que tuvo una infancia difícil y que desde muy temprana edad vivió en un mundo de perdición que lo llevó a la cárcel. Sin embargo, el plan de Dios no era que Óscar siguiera en esos caminos sino que su vida sea transformada para impactar a la sociedad. Mira la historia completa aquí:

Si deseas que tu historia sea parte de Voces, envía un correo electrónico a [email protected], y cuéntanos de qué forma nuestra programación ha sido de ayuda en tu vida. Estaremos gustosos de ayudarte y difundir tu voz para que otros también sean inspirados por lo que tienes que decir.

Amapolas en el trigo

(Al músico principal – Sobre “El valle de los leones”)

Entre los intersticios del dolor se halló un pequeño sendero hacia la luz. Una luz pequeña que vino a aliviar la oscuridad de milenios. La pesada penumbra que se cernía por los siglos de los siglos retrocedió despavorida y de todas partes salieron voces, interjecciones, gritos, lamentos escondidos, lágrimas guardadas hasta aquel instante en que la redoma de la palabra se abrió para recibirlas sin preguntas, cuestionamientos o juicios.

Todas las voces, todas las canciones, todos los poemas, todas las declaraciones aparecieron como amapolas entre el trigo y fueron evidentes para el observador perceptivo. Fueron recogidas con mano atenta, con delicadeza suma. Fueron traídas al altar de las respuestas. Cada una de ellas encontró un consuelo, una explicación, un alivio, una esperanza.

Fue un alboroto mágico, un desbande alegre y colorido, una manifestación con alas. Una explosión de sentimientos que sólo ellas podían explicar porque hay cosas que les pertenecen y nadie más puede descifrar hasta que son pronunciadas en el lenguaje que les es propio, su idioma singular.

Un caminante vino desde lejos. Traía antiguas canciones en su morral y las ofreció. Por el precio de una les dejo dos, decía, pero era en broma. Se las regaló no más. Porque a lo mejor querían aprenderlas y luego podrían cantarlas en su propio país, en su territorio original. Eso tienen las canciones y los poemas: abren puertas inimaginables según el talante de quien pronuncia sus notas y sus versos. Se remontan mucho más allá del pobre poeta que las inventó.

Eran las hilanderas de la luna. Eran las balsameras que sonaban sus copas antes del asalto de David al lugar fuerte. Eran las espigadoras en el campo de Booz. Eran las diligentes voluntarias que recogían los cuerpos de los heridos y los curaban en las tiendas de la retaguardia. Eran las sobrevivientes de Lamec. Eran las mártires de la violencia del levita de Jueces. Eran las heroínas que abatieron a Sísara y las otras, que vieron a Jesús resucitado antes que cualquier hombre en la tierra.

A la hora del adiós se acallaron todas las voces, todos los sonidos. En el largo camino de regreso hubo tiempo para los pensamientos, para el silencio del después, para la recopilación de memorias, para retomar más tarde el duro oficio de la realidad.

Sólo que esta vez un ramillete de amapolas iluminaría la cruda luz del día siguiente y bajito – bien bajito – la canción.

La canción.

Fragmentos

Cuestiones inconclusas, ideas a medio hacer en cuadernos viejos o en un archivo digital con ingenuidades de principiante. En ese astroso talego encontré unas cosas patinadas por el tiempo y con un olor parecido al perfume de Flaño. Aquí las consigno, aunque nada más las vean tres seguidores o alguien diga con evidente despiste, “Qué poco espiritual…”

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¿Qué hace la soledad cuando se siente sola?

¿Cómo se llama el maquinista del viento?

Uno tiene miedo de creer en los otros, de entrar en su mundo, de tropezarse con ellos, de caer en sus brazos y aprender a amar…

Le embargaba la urgente tentación de huir, de seguir pretendiendo que esa habitación sólo existía en su imaginación. Pero era el tiempo de volver a entrar y enfrentar lo que fuera que hubiera allí escondido.

“Dejad a los poetas venir a mi y no se lo impidáis.”

…Pero ellos siguen caminando. Sólo se detienen para recoger a los que van encontrando en las puertas laterales y acompañar sus latidos angustiados.

Hay que nacer, hermano. Hay que parir idea, palabra, acción. Hay que reventar cadena y atadura. Hay que rehacer. Hay liberar. Hay que gritar.

Las palabras son picotas y palas que construyen caminos y puentes

Atraen mi atención las voces, todas las voces y los rostros de los años en que nada es verdad y las pequeñas cosas resultan penas.

Palabras, palabras tan queridas, déjenme en el alma sus murmullos infinitos, dispongan de mí como les parezca, vengan a visitarme en esta noche con una taza de té y una vela, con una pena antigua por allí escondida y por qué no, también con alguna cosa buena.

Poesía amiga, visítame otra vez con tus emociones dilatadas, con tus sugestiones tan íntimas. Poesía compañera, te quiero!

Salgamos a mortificar a las tinieblas usurpadoras, salgamos para hacer una ronda universal de pensamientos pequeñitos, como rosarios multicolores, como auroras boreales, como tardes incendiadas entre los álamos.

Ved… un libro, un arte de ser, volcado en la superficie de las planas ordenadas. Para invitar. Para incitar. Para provocar.

Estallan en fronteras invisibles nuevos mundos, se dispara la imaginación más allá de las paredes, creando universos paralelos, territorios para la vida que no reconoce límites, lugares remotos donde todos los sueños son posibles, donde la realidad se somete a la libertad, sin tiempo, sin razones, sin pausas…

(Publicado en junio de 2012)