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Salomón es el único hombre a quien Dios le dijo que le pida lo que quisiera. De su historia podemos aprender cómo recibir bendiciones de parte de Dios y ser personas que actúan con sabiduría:

1. Ama a Dios:

“Salomón amaba al Señor…” 1 Reyes 3:3 (NTV)

El primer paso para ser bendecido por Dios no es recibir, sino dar. Al igual que Salomón, debes amar a Dios con todo tu corazón, alma, mente, pensamientos y acciones. Después de poner eso en práctica, entenderás que si recibimos cosas de parte de nuestro Señor, no es porque lo merecemos, sino porque Él quiere dárnosla. Esto significa que nuestro amor debe ser por quién es Dios y no por lo que podemos recibir a cambio.

2. Asume tu responsabilidad:

“…y seguía todos los decretos de su padre David…” 1 Reyes 3:3 (NTV)

Salomón nunca huyó de su responsabilidad ni esperó que Dios delegue a otro en su lugar. Él asumió sus deberes y los cumplió, tal como se lo había enseñado su padre. De la misma manera, si deseas recibir la bendición de Dios, comprométete con tus obligaciones y da lo mejor de ti. Esfuérzate en cada cosa que hagas y no realices las cosas a medias.

3. Que tu vida sea una ofrenda:

“…sin embargo, él también ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares de culto de la región.” 1 Reyes 3:3 (NTV)

Puede parecer incomprensible tener que dar para recibir, pero así es como funciona. Dios no necesita nada de ti, pero sí le importa la actitud con la que das. Solo Él conoce las verdaderas intenciones de tu corazón y sabe si tus ofrendas y sacrificios son con el único propósito de recibir algo a cambio, o si lo haces porque realmente quieres honrar a Dios y lo amas. Esto no necesariamente quiere decir que debas dar dinero o bienes materiales, sino hacer que tu vida sea una ofrenda agradable ante Dios.

4. Entiende que Dios no está a tu disposición:

“Esa noche, el Señor se le apareció a Salomón en un sueño y Dios le dijo: —¿Qué es lo que quieres? ¡Pídeme, y yo te lo daré!” 1 Reyes 3:5 (NTV)

Muchas personas creen que Dios debe estar a su disposición y complacer todos sus deseos, pero al hacer esto, están convirtiéndolo en un esclavo. Sin embargo, Dios es Señor, no siervo. La historia dice que Dios vio el amor, comportamiento y ofrendas de Salomón, y que después fue Él quien se acercó para preguntarle lo que quería. Salomón no amaba a Dios porque esperaba algo a cambio, sino que lo hacía de todo corazón y con honestidad. Esto se vio reflejado al momento de hacer su pedido, pues lo que pidió no fue algo para sí mismo, sino para los demás.

5. No seas egoísta:

Ahora pues, Señor mi Dios, tú me has hecho rey en lugar de mi padre, David, pero soy como un niño pequeño que no sabe por dónde ir. Sin embargo, aquí estoy en medio de tu pueblo escogido, ¡una nación tan grande y numerosa que no se puede contar! Dame un corazón comprensivo para que pueda gobernar bien a tu pueblo, y sepa la diferencia entre el bien y el mal. Pues, ¿quién puede gobernar por su propia cuenta a este gran pueblo tuyo?” 1 Reyes 3:7-9 (NTV)

En su respuesta, Salomón hace tres cosas:

  • Admite sus carencias.
  • Reconoce que lo que tiene no es suyo, sino de Dios.
  • Pide sabiduría para hacer algo en beneficio del trabajo de Dios.

Hubiera sido fácil para Salomón pedir cosas que le favorecieran personalmente, pero en lugar de eso, él pidió algo que lo ayudara a administrar bien la responsabilidad que tenía. Su intención no era enriquecerse ni hacerse famoso, sino hacer bien una labor que ya le había sido encomendada.

En los versículos posteriores, Dios le concede no sólo su petición, sino que también le da más de lo que él pidió. Cuando Dios da, lo hace de manera abundante y nunca es mezquino.

6. Sé de bendición a otros:

“Cuando el pueblo se enteró de la decisión que había tomado el rey, todos en Israel quedaron admirados porque reconocieron la sabiduría que Dios le había dado para impartir justicia.” 1 Reyes 3:28 (NTV)

El pedido de Salomón no fue egoísta y los demás lo comprobaron. Cuando recibes una bendición y la usas para el bien, los que te rodean podrán ver que Dios está contigo y es Él quien te da lo que tienes. Es así como la bendición se convierte en un regalo que se comparte con otros y va pasando de persona en persona. Las bendiciones de Dios no son para guardarlas, sino para usarlas como ayuda para los que nos rodean.

 
 
Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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